Sueños de un Adolescente: Una Metáfora Edípica

Regina Tagliabue G. [1]

“…de sueños, que bien pueden ser reflejos truncos de los tesoros de la sombra, de un orbe intemporal que no se nombra y que el día deforma en sus espejos. ¿Quién serás esta noche en el oscuro sueño, del otro lado de su muro?”.

Sueños J.L Borges

Resumen

El presente trabajo da cuenta de dos sueños vinculados a la metáfora Edípica, relatados por un joven adolescente. El relato de estos sueños los hizo en su tercer año de psicoterapia y fue él mismo quien les dio nombre: “Asesinato en serie” y “Extirpación de los testículos”.

Al narrar sus sueños Ariel, no se da cuenta que está hablando de él mismo y de su drama inconsciente, semejante a lo que ocurrió con Edipo Rey. Freud lleva la metáfora Edipo Rey de Sófocles a la construcción de su teoría para dar cuenta de un conflicto de deseos infantiles inconscientes hacia uno de los progenitores y le atribuye universalidad y que estos contenidos viven en el inconsciente reprimido de todo ser humano. En esta línea planteamos que los contenidos de los dos sueños que Ariel trae a su sesión corroboran estas hipótesis de Freud.

Palabras clave: Adolescencia, sueños, Edipo, metáfora

El presente trabajo da cuenta de dos sueños vinculados a la metáfora Edípica, relatados por un joven adolescente de 21 años a quien llamaré Ariel[2] y que se encuentra en proceso analítico desde hace cinco años. El relato de estos sueños los hizo en su tercer año de psicoterapia y fue él mismo quien les dio nombre: “Asesinato en serie” y “Extirpación de los testículos”.

Ariel es el segundo de dos hermanos y vive con sus padres y hermano. Siempre tuvo una relación muy estrecha con la madre y distancia con el padre. Siempre se cuidó de que sus padres -especialmente el padre- tuvieran una buena imagen de él, explicitando sentirse diferente al hermano.

Ariel fue trabajando sus sueños, con la intención de comprenderlos. Sus asociaciones le llevaron a conectar con maneras de relacionarse con sus padres y con su hermano, dando cuenta de aspectos de su relación fraterna y de los vínculos con sus padres, reestructuración y resignificación de los mismos en miras a hacerse cargo de su propio crecimiento y consolidación de su autonomía y diferenciación. Más adelante, Ariel escribió cuentos con contenidos análogos a los de los sueños.

Cuando llevó sus sueños a su sesión, se encontraba en actitud de cuestionamiento hacia la figura paterna, especialmente, sobre la manera en que este se vinculaba y ejercía su autoridad. Decía: “Mi papá no sabe criar a un hijo varón”. Ariel también solía cuestionar los comportamientos de su hermano mayor. Si bien Ariel se ubica más cercano a la madre y siente que comparte las maneras que ella tiene de mirar el mundo y de establecer relaciones vinculares, también conscientemente que hace mucho esfuerzo por mantener la imagen de “el hijo que no da problemas”. Entre sus asociaciones verbaliza: “Estoy seguro que me ha salvado mirarme desde los errores de mi hermano”. Refiere que lo que lo hace diferente, tanto de su hermano como de su padre, es haber tomado el modelo afectivo de su madre: “Siento que el afecto lo tengo de parte de mi mamá”, calificando a su padre de ser “machista”. En este escenario es que Ariel comparte sus dos sueños, llamando la atención que no sólo los trae como un relato, sino que además, ya les había dado una nominación temática.

En la interpretación de los sueños Freud (1900) revela el sentido oculto de los sueños, planteando que son producciones de contenido inconsciente, hechas de otro material que el pensar consciente. A través del trabajo del sueño que traspone el significado latente en el manifiesto se notifica de algo que necesita ingresar a la conciencia, desde una lógica formal expresada en una narrativa particular propia de los procesos secundarios.

Freud, en su obra, hace mención a los sueños típicos, especialmente los referidos a la muerte de personas queridas. Así mismo, cuando alude a la tragedia Edipo Rey, de Sófocles, señala que en el contenido de sagas y mitos se encuentran representadas mociones, fantasías o prehistoria de la humanidad. Así mismo, plantea que los sueños de muerte de los padres, derivan de la primera infancia. Uno de los padres, se convierte en competidor “estorboso” para conseguir el amor del padre del sexo opuesto. Como si el hijo varón al ver en el padre al competidor de amor, sintiera que su desaparición le reportaría ventajas.

En la tragedia de Sófocles, el avance de la revelación de la verdad de Edipo se compara con el develamiento que se da durante el proceso analítico. Observamos que el análisis también implica un develamiento de verdades ocultas para el sujeto protagonista de su propio drama, como podemos apreciar en los dos sueños que trae Ariel a su sesión y los afectos correspondientes que compromete en ellos.

Primer sueño: “Asesinato en serie”

Mi hermano me está molestando porque no ganaba tanto dinero como yo. Quiso meterse al negocio de polos de marca como el que yo ya tenía, pero no consiguió tanto dinero como yo. De una parte de la tienda (Yo) saco una pistola y le disparo. Lo empujé… cayó de cara y le disparé. Aparece una viejita y le disparan mientras estaba volteada. Aparece mi mamá a felicitarme, no tengo idea de qué y le disparo en la cabeza. Yo no siento nada. Aparece mi papá detrás y él mismo se dispara… Nos miramos y se disparó. Y en eso, me empezó a rodear un círculo de amistades y yo salgo de allí, no sé si matándoles y me dirijo a una mampara y hay un abismo y allí me iba a tirar porque tenía ganas, sin comprender qué era un suicidio y una persona me dice “Soy el anticristo”, volteo y eran varias personas cada una simbolizando los sentimientos que yo no había sentido frente a lo que había pasado, enojada, feliz, llorando, riendo y otras más. Y me clavan varias estacas. Yo vi como tres y empiezo a caer, pero no llego a caer y allí me despierto. Me despierto y me sentí aliviado de que sea un sueño y no haber matado a nadie”.

En sus asociaciones siguientes recoge el afecto negado: “Ahora que lo estoy contando, siento que me duele cómo le disparé a mi mamá. -se toca el pecho mientras lo dice- Pero en ese momento, no tenía remordimiento, ni conciencia de lo que hacía.”

Observamos que en este primer sueño como en la tragedia de Edipo Rey, aparece un “coro” que lo acusa: “…me empezó a rodear un círculo de amistades… varias personas cada una simbolizando los sentimientos que yo no había sentido frente a lo que había pasado.” y lo confronta con sus afectos negados en momentos del acto de transgresión parricida.

Segundo sueño: “Extirpación de los testículos”

“Un asiático que hablaba en acento alemán estaba mirando. En su sueño estaba haciendo zapping con su mamá. Apareció un pata asiático que le cortaba los testículos a un pata y de pronto ese pata era yo e iban cortando los testículos a otros también. Era una mafia que le gustaba ver cómo les cortaban los testículos a los hombres y yo estaba ahí, me habían extirpado los testículos y desaparecían y de pronto nos ponen una chica desnuda y no nos podíamos excitar. Y de la nada nos organizamos para escapar y éramos como cinco personas y soltaron perros e iban eliminando a las personas y yo corría y de la nada aparece mi amiga al costado y no entiendo por qué, porque todos éramos hombres. Logré asociar que la chica con la que corría en mis sueños, tal vez me gusta. Corremos y encontramos un refugio de gente sobreviviendo a esto y cuando alguien nos dice que estamos a salvo, la persona tenía una voz de alemán y pensé que era una trampa y salí corriendo solamente yo y me metí a un arbusto para quedarme ahí, y después me quedé dormido y estando dormido me empezó a doler los testículos y desperté y en la vida real no me dolía nada.”

Resalta en este segundo sueño la castración representada por el corte de los testículos, como equivalente a arrancarse los ojos en la tragedia de Edipo Rey.

En ambos sueños Ariel pone acento en el alivio que siente al despertar y descubrir que fue sólo un sueño, calmando su angustia. Mientras relata los sueños durante la sesión, se le observa intranquilo y desconcertado por los contenidos de asesinato. Pero, a la vez, el tono afectivo de su discurso devela cierto deleite, por la transgresión cometida y los relata como una gran hazaña en la que se posiciona como más astuto que el hermano, situación que le confiere un nivel de triunfo. Las asociaciones que hace a partir de sus sueños, se vinculan con expresar un temor consciente que verbaliza: “me da miedo que esto indique que pueda convertirme en un psicópata”.

Ya en su autoanálisis Freud, analiza sus propios sueños Edípicos. En 1897 en una de sus cartas a Fliess, escribía: “Ser completamente sincero con uno mismo es un buen ejercicio. Un solo pensamiento de validez universal me ha sido dado. También en mí he hallado el enamoramiento de la madre y los celos hacia el padre, y ahora lo considero suceso de validez universal de la niñez temprana (…) Si esto es así, uno comprende el cautivador poder de Edipo Rey (…) la saga griega captura una compulsión que cada quien reconoce porque ha registrado en su interior la existencia de ella. Cada uno de los oyentes fue una vez en germen y en la fantasía un Edipo así, y ante el cumplimiento del sueño traído aquí a la realidad objetiva retrocede espantado, con todo el monto de represión (esfuerzo de desalojo y suplantación) que divorcia a su estado infantil de su estado actual.” Podemos apreciar, como Freud al recordar a Edipo Rey de Sófocles y relacionarlo con sus propias representaciones, lleva esta metáfora a la construcción de su teoría para dar cuenta de un conflicto de deseos infantiles inconscientes hacia uno de los progenitores y le atribuye universalidad y que estos contenidos viven en el inconsciente reprimido de todo ser humano. En esta línea planteamos que los contenidos de los dos sueños que Ariel trae a su sesión corroboran estas hipótesis de Freud.

Freud plantea, además, que los sueños expresan el cumplimiento de deseos o contenidos de fantasías infantiles y que se convierten en la vía regia de acceso al inconsciente. Dado que en los sueños las escenas aparecen deformadas o disfrazadas, absurdas, extrañas y hasta incoherentes, requieren de su análisis para revelar sus significados inconscientes.

Al narrar sus sueños Ariel, no se da cuenta que está hablando de él mismo y de su drama inconsciente, semejante a lo que ocurrió con Edipo Rey, quién iba declarando en sus diálogos lo que estaba ocurriendo sin darse cuenta de que él era parte de los hechos y sin tomar consciencia de la situación en la que se encontraba: Todos sabían, pero el único que no sabía lo que estaba diciendo era el mismo Edipo.

En las asociaciones de Ariel, a partir de narrar sus sueños, planteaba que siempre se ha sentido más cercano a la mamá, manteniendo distancia hacia el papá. Recordaba que cuando era niño tenía estos mismos sueños y no terminaba de comprender por qué nuevamente ellos “estaban regresando”. Y es allí cuando se pregunta si estaba en riesgo de convertirse en psicópata. Temor y angustia que se enlaza con el segundo sueño: “extirpación de los testículos”, por cuyos contenidos de deseos incestuosos puede ser castigado con “la castración”.

Continúan sus asociaciones: “Me asusta que a mi mamá le pase algo, quedarme sin mi mamá me asustaría, ella siempre estuvo ayudándonos, apoyándonos. Y aunque estos sueños son sueños que siempre he tenido por momentos, siento que mi papá no ha sido fuerte. Es autoritario, amenazador, pone advertencias y castigos duros. Siento que el afecto lo tengo de parte de mi mamá”

Los relatos de Ariel, dan cuenta de lo que Carvajal (1993) y Kancyper (2007) afirman acerca de que el verdadero drama edípico adolescente es el parricidio. Y lo observamos en los sueños de Ariel, cuyos contenidos son edípicos- parricidas y fraternos. Estos autores, sostienen que desde la pubertad, aparece la imperiosa necesidad de destruir la interrelación infantil con sus progenitores, dada la necesidad de mantener su identidad libre de contaminantes. Razón por la que el padre se convierte en un enemigo susceptible de ser destruido internamente, por ser un objeto que promueve la dependencia y también porque se le vive como un quien impone las normas que lo siguen infantilizando.

Así mismo, podríamos hipotetizar respecto al contenido del “asesinato de la madre”, en el primer sueño, que también estaría implicando la necesidad de “destruir” esta dependencia infantil con ambos padres para reemplazarlo internamente por un modelo de identidad propio, vinculado además con movimientos de tránsito, de la endogamia hacia la exogamia. Aunque sus asociaciones posteriores revelan su necesidad de cercanía hacia la madre y su necesidad de ser el hijo elegido por ella, sabemos que en el inconsciente pueden coexistir contenidos que no necesariamente guardan una lógica racional propia de la consciencia. Blos (1996), plantea que una de las tareas de la adolescencia es la disolución del complejo de Edipo, puesto que de esta disolución depende el logro de su identidad.

En el momento en que se abandona la identidad infantil y se construye la de adulto, al mismo tiempo que se elabora la separación de la familia de origen. Françoise Dolto (1992), describe este pasaje como un segundo nacimiento, en el que el joven necesita desprenderse gradualmente de la protección familiar, de manera semejante como al nacer se desprendió de la placenta. Doltó compara el tiempo de la adolescencia con el momento en que las langostas pierden su caparazón y quedan indefensas mientras construyen uno nuevo.

Los teóricos de la adolescencia afirman que el contenido de muerte en la adolescencia será de asesinato. En la fantasía inconsciente, el crecimiento es intrínsecamente un acto agresivo y, para que el adolescente pueda ser él mismo, necesita desaparecer al objeto parental infantil. Lo que implica la necesidad de fuertes dosis de agresividad parricida ligada al afecto que se tiene por la figura parental, necesitando además hacerlo a “sangre fría” como lo expresa Ariel en su primer sueño: “Pero en ese momento, no tenía remordimiento, ni conciencia de lo que hacía”. Configurándose en adelante una dinámica de relación ambivalente con los padres de la adolescencia.

Otra observación relevante, en los sueños de Ariel, es que también dan cuenta de un anudamiento con lo fraterno. En el primer sueño presenta contenidos de envidia y fantasías fratricidas en sus deseos de desaparecer al hermano y ocupar su lugar. Contenidos que si bien se juegan a nivel inconsciente, implica también una necesidad de colocarse en un lugar distintivo respecto del hermano, como parte de mecanismos propios de diferenciación durante el proceso adolescente: “Estoy seguro que si Yo hubiese sido el hijo mayor, fuera igual como mi hermano y él como yo. A mí me ha salvado mirarme desde los errores de él…me siento aliviado”. Para Moguillansky (2003) y Kancyper (2007) las fantasías fratricidas ocupan una posición medular en la organización de la experiencia interna y externa en el adolescente.

Para Ariel, soñar y traer a su sesión sus sueños le ha permitido recordar lo olvidado, y también la posibilidad de personalizar y re-elaborar sus experiencias emocionales significativas de la infancia, lo que se traduce en un crecimiento psíquico que lo coloca en nuevos escenarios y posibilidades de tramitar su tránsito hacia la adultez.

Referencias

Blos, P. (1996) La Transición adolescente. Buenos Aires: Amorrortu

Carvajal, G. (1993). Adolescer: La aventura de una metamorfosis. Bogotá: Ed. Tiresias.

Dolto, F. (1992). Palabras para adolescentes o complejo langosta. Buenos Aires: Atlántida.

Freud, S. Carta Nº50 a Fliess. En J. Strachey (ed.) (2004) Obras Completas de Sigmund Freud, vol. 1. Buenos Aires: Editorial Amorrortu.

Freud, S. (1900) La interpretación de los sueños. En J. Strachey (ed.) (2004) Obras Completas de Sigmund Freud, vol. 5. Buenos Aires: Editorial Amorrortu.

Kancyper, L. (2007). Adolescencia. El fin de la Ingenuidad. Buenos Aires: edit. Lumen.

Moguillansky, R (2003). Narcisismo, Complejo de Edipo y Complejo Fraterno. Extraído de la World Wide Web:  http://www.apdeba.org/wp-content/uploads/Moguillansky2.pdf

 

[1] Psicóloga Clínica y Psicoterapeuta Psicoanalítica de Niños y Adolescentes. Magister en Estudios Teóricos en Psicoanálisis. Egresada del Centro de Psicoterapia Psicoanalítica de Lima- CPPL. Estudiante del doctorado en Estudios Psicoanalíticos de la Pontificia Universidad Católica del Perú – PUCP. Miembro de APPPNA. Consulta privada y profesora de la carrera de Psicología en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas UPC. Correo electrónico: tagliabue.ry@gmail.com

[2] El paciente otorgó su consentimiento para publicar este material.

 

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