Fundamentos del Psicoanálisis en la Práctica Actual

María Eugenia F. Farrés[1]

Resumen

El presente trabajo aborda lo que cambia y lo que permanece en la práctica psicoanalítica actual. Para dar cuenta de los fundamentos de nuestra tarea rastrea los textos freudianos desde 1895 en adelante haciendo hincapié en el lugar de la influencia cultural, el valor del método psicoanalítico solidario de la lógica con las que leemos el material y el lugar privilegiado de la palabra en el corazón de la teoría.

Palabras clave: psicoanálisis – cultura – método psicoanalítico – inferencia – palabra

“La actividad psicoanalítica es difícil y exigente, no admite ser manejada como las gafas que uno se pone para leer y se quita cuando va de paseo”. (Freud, S. 1932 p. 141)

Les pido que presten especial atención al párrafo freudiano que voy a citar a continuación.

Manía de duda, nomofobia: Una joven que había sufrido escrúpulos luego de haber escrito un whatsapp y que por ese mismo tiempo sufría de “nomofobia”, explicó esto confesando un amor que antaño no quiso revelar. A fuerza de repetirse de continuo el nombre de su bienamado, le asaltó el miedo de que ese nombre se hubiera deslizado bajo su pulgar en el grupo equivocado, de que se hubiera tipeado en el grupo erróneo, en uno de sus momentos de ensimismamiento. De resultas, no podía dejar de chequear su celular ni un segundo suponiendo la respuesta viral devenida de la divulgación de su secreto. (Freud, S., 1895)

¿Suena actual? ¿Antiguo? ¿Discordante? Cómo que es Freud en 1895 (Obsesiones y fobias)… Con algún cambiecito “epocal”. Lo único que hice fue reemplazar “papeles” por “celular” y “temor a los papeles” por “nomofobia”. Observarán que, empezar con este jueguito es una manera de sentar posición respecto del tema que nos convoca.

En 1895, Freud descubría el inconciente mientras creaba un instrumento para “observarlo”. Entiendo que, en un mismo acto creativo- investigativo la creación de las herramientas pertinentes fue habilitando la construcción de un saber hasta ese entonces desconocido. Del mismo modo que el descubrimiento del telescopio permitió “descubrir-inventar-inferir” ideas acerca del Universo.

La cita que traigo modificada pretende jugar con lo que cambia y lo que permanece. Sosteniendo lo que Freud a esa altura de su obra llama el “estado emotivo”, modifiqué las “ideas sustitutas” que reemplazaron a la “idea inconciliable” que originalmente acompañaba al “estado emotivo”.

 Construyendo la teoría de la defensa el maestro vienés inventa-infiere-descubre el Inconciente (primero descriptivo y luego estructural). La sola idea de que la representación pueda ser reemplazada da cuenta de la contingencia de ésta. Y si la sabemos contingente, ¿por qué no pensar que su representación reemplazante puede estar asociada también a condiciones epocales? De hecho no creo haber forzado la moción pulsional que estaba en juego en el recorte al sustituir las representaciones palabra (aunque soy conciente del enorme salto metapsicológico y cronológico que estoy dando al cambiar ahora los términos estado emotivo e idea por otros posteriores en la obra).

 ¿Es atrevido decir que, siguiendo a Laplanche en el diccionario, al cambiar “papeles” por “celular”, alteré solamente el guión imaginario que da expresión a un deseo inconciente?

 Pensar sobre los fundamentos del psicoanálisis en la práctica actual implica muchas cosas. En principio da por sentado que aún lo practicamos en un mundo que, coincidiré, cambia.

 Se me abren varios caminos para recorrer. Una posibilidad es preguntarse qué es lo que cambia y ver si eso que está en cambio modifica de alguna manera las condiciones de la práctica. Eso es una pretensión demasiado amplia. En algún lado leí que los que tenemos más de 40 años somos la generación que a más cambios ha asistido.

Otra vía posible es la pregunta por la práctica actual que, como dije antes, se da por sentada…

Ahora bien, ¿que se practique el psicoanálisis implica que se haga del mismo modo que lo hacía Freud hace 120 años?

 Entiendo que la pregunta por el fundamento es la pregunta por aquello que define nuestra práctica como psicoanalítica, más allá de los cambios epocales que, acordaremos, refieren a las postmodernamente llamadas “condiciones de producción de subjetividad”.

 Creo ser justa si digo que Freud jamás las dejó de lado:

“Toda historia de la cultura no hace sino mostrar los caminos que los seres humanos han emprendido para la ligazón (Bindung), de sus deseos insatisfechos bajo las condiciones cambiantes y alteradas por el progreso técnico, de permisión y denegación por la realidad” (Freud, 1913. Pág. 188).

En el Esquema será aún más preciso

“… no es lícito olvidar la inclusión del influjo cultural entre las condiciones de la neurosis. (…) Y como las exigencias de la cultura están subrogadas por la educación dentro de la familia, nos vemos precisados a incluir también en la etiología de las neurosis este carácter biológico de la especie humana: el largo período de dependencia infantil” (Freud,1938. Pág.185).

La cita freudiana orienta nuestro pensamiento entonces no sólo hacia la influencia cultural, sino hacia la forma en que dicha influencia es injerida. Al hablar del largo período de dependencia infantil nos vemos conminados a incluir el desvalimiento (que Freud pone del lado de la prematurez biológica para satisfacer las necesidades) y las modalidades del “auxilio ajeno”, dentro de las formas en las que lo cultural toma parte en las condiciones de la neurosis.

 Es decir que más allá de lo que cambia, la permanencia, por lo menos desde la lectura freudiana, podríamos situarla en la búsqueda de satisfacción de las necesidades con la imposibilidad lógica que la prematuración agrega. Así el auxilio ajeno se torna una doble necesidad: para la subsistencia del niño y para su sujeción a la lógica cultural. Dicho de otro modo, de la mano de la leche llegarán también las palabras (o sea la propuesta de un entramado representacional) y la erotización.

Entendemos entonces la manera en que biología y cultura se entraman, tensionan e influyen necesariamente en los modos de satisfacción de las necesidades y deseos…. Pero eso ¿es equivalente a decir que las necesidades mismas han cambiado? ¿Eso dice algo de nuestra práctica?

Probemos otra vía.

Cuando Freud debió hablar sobre el psicoanálisis lo definió como

“…procedimiento que sirve para indagar procesos anímicos difícilmente accesibles por otras vías; un método de tratamiento de perturbaciones neuróticas, fundado en esa indagación y una serie de intelecciones psicológicas, ganadas por ese camino, que poco a poco se han ido coligando en una nueva disciplina científica.” (Freud, 1922. Pág. 231)

 Como decía antes, la historia de nuestra disciplina se inicia también en el descubrimiento del método y la validación de las inferencias teóricas a través de él obtenidas. Es decir, se fue generando teoría y técnica a partir de las indagaciones clínicas. Entender esto nos permite esclarecer también esa frase que ha sido tan trillada como descontextuada:

“… se nos planteará la tarea de adecuar nuestra técnica a las nuevas condiciones. (…) Y también es muy probable que en la aplicación de nuestra terapia a las masas nos veamos precisados a alear el oro puro del análisis con el cobre de la sugestión directa (…) Pero cualquiera que sea la forma futura de esta psicoterapia para el pueblo, y no importa qué elementos la constituyan finalmente, no cabe ninguna duda de que sus ingredientes más eficaces e importantes, seguirán siendo los que ella tome del psicoanálisis riguroso…” (Freud, 1918. Pág.163)

¿Cuáles serían entonces esos ingredientes que nos permitirían adecuar nuestra práctica a la época que nos toca? ¿Qué legitima nuestra intervención?

Freud establece dos supuestos a los que llama fundamentales, porque en ellos basa su comprensión de los procesos psíquicos: 1. El Aparato Psíquico con ubicación “extensa” y partes determinadas y 2. La consideración de lo Inconciente como lo genuinamente psíquico (Freud. 1938).

Entramar ambos supuestos implica despegarnos de la materialidad de los hechos, para considerar la obligatoriedad de las conjeturas (terreno propio de la especulación científica) y construir sobre estas conjeturas un saber que se ubica del lado de lo incierto (del mismo modo que en todas las ciencias). Seamos concientes entonces de que el psicoanálisis trabaja con modelizaciones, entidades conceptuales solo abarcables a través de una lógica determinada.

Como no es posible (ni deseable) abarcar todo en un ratito, me limitaré a uno solo de los supuestos básicos: lo Inconciente como genuinamente psíquico y su relación con las palabras.

En el camino de descubrimiento que Freud encaró se topó de lleno con el valor traumático y por lo tanto etiológico de la sexualidad (vía que nos lleva a las necesidades y deseos insatisfechos); de la mano del poder curativo de la palabra.

 Dejar hablar, escuchar y encarnar la demanda de las primeras histéricas hizo posible el descubrimiento del Inconciente. Esa otra escena que, más allá de acaecida o fantaseada, tenía efectos en el cuerpo y se manifestaba -cifrada- también en el decir. Había que poder escuchar más allá de mirar, jerarquizar el ritmo de la palabra, tomarse ese tiempo necesario para el despliegue discursivo.

Muchos años más adelante el mismo Freud afirmará taxativamente: “…mediante el enlace con palabras pueden ser provistas de cualidad aún aquellas investiduras que no pudieron llevarse cualidad ninguna de las percepciones…” (Freud, S. 1915. Pág. 199). Les pido que nos detengamos en el enorme valor que se le otorga a la palabra en esta cita y en la teoría en general.

Podemos decir que a medida que se inventaba el método se construía la ciudad conceptual que tenía al inconciente y a la sexualidad infantil en su centro mientras que las palabras se constituían en autopistas de acceso.

Inconciente y sexualidad infantil se fueron construyendo solidariamente y dieron lugar a la concepción freudiana de aparato psíquico en la que anida una lectura particular sobre la constitución subjetiva: objeto auxiliador y seductor, necesario para la vida que introduce el perverso germen de la sexualidad en un niño inevitablemente desvalido frente al mundo externo e interno, condenándolo desde entonces a la condición añorante. Condenado a buscar objetos que satisfagan sus necesidades corporales y afectivas… y volvemos a empezar: insiste la búsqueda de satisfacción… pulsional.

“… la pulsión nos aparece como un concepto fronterizo entre lo anímico y lo somático, como un representante psíquico de los estímulos que provienen del interior del cuerpo y alcanzan el alma, como una medida de la exigencia de trabajo que es impuesta a lo anímico a consecuencia de su trabazón con lo corporal” (Freud, S. Pulsiones y destinos de pulsión, 1915. pág. 117).

En otras palabras, decíamos con Norberto Lloves, que “el lenguaje resuena en lo somático y la excitación orgánica delega en lo psíquico” (Lloves y Farrés, 2012). Es a través de incorporar a nuestra manera de leer los hechos el concepto de pulsión que podemos encontrar justificada nuestra intervención verbal.

 Siguiendo la lógica freudiana (esa que no podemos ponernos y sacarnos como las gafas), la pulsión anuda cuerpo y palabra justificando nuestra herramienta privilegiada, independientemente del contexto.

Podríamos decir entonces que lo que permanece más allá de las condiciones de época es una determinada manera de leer los observables: una lógica. Asentado en la eficacia de lo inconciente, en su accesibilidad vía asociación libre y en una concepción sobre la constitución psíquica que sostiene la imposibilidad de satisfacción irrestricta de las necesidades y deseos inconcientes; el psicoanálisis valora a la palabra como su vehículo prínceps: su autopista a la ciudad de la furia.

Freud nunca dejó de pensar que tendríamos que adecuar nuestros métodos y siempre estuvo orgulloso de sus incertidumbres y dudas. La condición humana convoca a la satisfacción irrestricta e inmediata. Por definición, efímera. Como la sortija de la calesita, la felicidad deja de tener sentido cuando se la obtiene y pide “otra vuelta… y allí vamos desvalidos y niños eternos a seguir girando.

¿De qué se trata entonces nuestra práctica en el año 2016?

Frente a la inexorable e imposible búsqueda humana de la satisfacción irrestricta e inmediata, con elementos epocales cambiantes y por demás acelerados, creo que nuestra apuesta sigue siendo a la palabra y su eficacia para “tocar y nombrar” lo pulsional, haciendo a través de ella algo con esa insistencia que demanda descarga. Hablo por mí por lo menos. Sigo confiando en su capacidad para cualificar, crear realidad, introducir resignificaciones posibles que abran desvíos, nuevas facilitaciones.

Poco importa si transcurre por WhatsApp o a través de cartas, la joven del inicio deberá ser convocada a apalabrar su síntoma, a hacerlo hablar, para que en su “enderezamiento” (para utilizar la palabra freudiana de 1895) algo se anude de otra forma y permita una descarga atenuada. No casualmente Freud llamó a la asociación libre nuestra “regla fundamental” y hoy estamos acá para hablar de fundamentos.

La posesión de la lógica del psicoanálisis que privilegia la palabra, prioriza el lazo asociativo sobre el sentido común, propende y cataliza la espera como manifestación de la imposibilidad del ya, que pone pensamiento allí donde había acción, es una posición que ya tenemos ganada. Es también una herramienta portátil y que no requiere mucha parafernalia… solo tiempo. Un bien escaso admitiré… será pericia del analista conseguirlo.

Permítanme decirlo con Albus Dumbledore “Las palabras son, en mí no tan humilde opinión, nuestra más inagotable fuente de magia, capaces de infringir daño y de remediarlo…” (“Harry Potter y las reliquias de la muerte. Parte II”. Director: David Yates. 2011.) No veo por qué habríamos de ponerlas en cuestión.

Referencias

Freud, S. (1895). Obsesiones y fobias. Su mecanismo psíquico y su etiología. En J. Strachey (ed.) (1992) Obras Completas de Sigmund Freud, vol. 3. Buenos Aires: Editorial Amorrortu.

Freud, S. (1913). El interés por el psicoanálisis. En J. Strachey (ed.) (1992) Obras Completas de Sigmund Freud, vol. 13. Buenos Aires: Editorial Amorrortu.

Freud, S. (1915). Lo Inconciente. En J. Strachey (ed.) (1992) Obras Completas de Sigmund Freud, vol. 14. Buenos Aires: Editorial Amorrortu.

Freud, S. (1915). Pulsiones y destinos de pulsión. En J. Strachey (ed.) (1992) Obras Completas de Sigmund Freud, vol. 14. Buenos Aires: Editorial Amorrortu.

Freud, S. (1918). Nuevos caminos de la terapia psicoanalítica. En J. Strachey (ed.) (1992) Obras Completas de Sigmund Freud, vol. 17. Buenos Aires: Editorial Amorrortu.

Freud, S. (1922). Dos artículos de enciclopedia: Psicoanálisis y Teoría de la libido. En J. Strachey (ed.) (1992) Obras Completas de Sigmund Freud, vol. 18. Buenos Aires: Editorial Amorrortu..

Freud, S. (1930[1929]). El malestar en la cultura. En J. Strachey (ed.) (1992) Obras Completas de Sigmund Freud, vol. 21. Buenos Aires: Editorial Amorrortu.

Freud, S. (1933[1932]). Conferencia 34: Esclarecimientos, aplicaciones, orientaciones. En J. Strachey (ed.) (1992) Obras Completas de Sigmund Freud, vol. 22. Buenos Aires: Editorial Amorrortu.

Freud, S. (1938[1937]). Esquema del Psicoanálisis. En J. Strachey (ed.) (1992) Obras Completas de Sigmund Freud, vol. 23. Buenos Aires: Editorial Amorrortu.

LLoves, N. y Farrés M. (2011). El cuerpo en la psicosis. VI CongresoLatinoamericano Flappsip “Psicoanálisis, una experiencia de fronteras”. Buenos Aires.

Sternberg de Rabinovich, N. (2015). Psicoterapia y Psicoanálisis. Qué hay en la disyuntiva? VIII Congreso Anual AEAPG “Narcisismo. Interrogantes clínicos. Revisiones teóricas”. Buenos Aires: AEAPG.

Heyman, D; Barron, D y Rowling (productores) Yates, D. (Director) (2011) Harry Potter y las reliquias de la muerte. Parte II (cinta cinematográfica basada en la novela homónima de J. K. Rowling) Reino Unido.

[1] Lic. en Psicología. Psicoanalista de adultos y adolescentes. Docente, miembro de la Comisión Científica y coordinadora de la Comisión Organizadora del Congreso Anual de la AEAPG. Ex coordinadora del Equipo asistencial de Adolescentes y Adultos Jóvenes del Centro Rascovsky de la AEAPG. mariufarres@gmail.com Buenos Aires. Argentina.

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