The Infinite Question

 

Título: The infinite question
Autor: [1]Christopher Bollas
Año de publicación: 2009
208 páginas.
Editora: Routledge
Ciudad de publicación: Londres, Reuno Unido
Edición traducida: La pregunta infinita, 2013, 248 páginas, Editorial Paidós, Buenos Aires
 
Comenta: Pablo Olmedo Martínez[2]

 

En La pregunta infinita, Christopher Bollas nos invita a introducirnos en la exploración sobre la capacidad del ser humano para generar preguntas y respuestas de carácter inconsciente, aspecto que, en el contexto del trabajo psicoanalítico, y de manera más o menos discontinua, puede adquirir una profundidad insospechada, tanto para el paciente como para el analista, en el empeño de dar cabida al devenir ser humano abierto a la experiencia.

El índice del libro se compone de los siguientes elementos:

  • Agradecimientos
  • Introducción
  1. Este mundo sin fin
  2. Una conexión especialmente intrínseca
  3. Tejer en la fábrica del pensamiento
  4. La escucha
  5. Captar la onda
  6. Categorías y subcategorías del inconsciente
  7. Arlene
  8. Caroline
  9. Annie
  10. El trabajo inconsciente
  11. La pregunta infinita
  • Apéndice
  • Bibliografía
  • Índice analítico

En la introducción, Bollas considera que la tradición psicoanalítica ha optado por concebir la gran mayoría de sus desarrollos sobre la base de una teoría conflictual del inconsciente. En éste sentido, la lógica que guía la comprensión del material clínico es la de la represión psíquica y sus derivados. A juicio del autor, no se ha insistido suficientemente en promover propuestas psicoanalíticas que se aboquen al trabajo con aquellas manifestaciones de lo inconsciente que no responden necesariamente a la lógica de la represión. No se trata de un desconocimiento del valor de éste puntal del psicoanálisis. Se trata de plantearse si la cuestión de la transformación del sujeto en el interior de la experiencia psicoanalítica, puede provenir exclusivamente de generar articulaciones diversas del sujeto en relación con lo reprimido, a partir de hacer consciente lo inconsciente, con la interpretación como mejor aliado del analista. Ésta línea de pensamiento lleva a Bollas a plantear el rescate de lo que llama la lógica de la secuencia, que a juicio del autor sería el sustento a través del cual se torna posible la asociación libre. Dentro de la lógica de la secuencia, se incluyen tanto contenidos como procesos, lo cual puede ser considerado en su globalidad como formas del pensamiento inconsciente. En los orígenes del psiquismo no operan distinciones entre contenidos y procesos. Un ejemplo de aquello se aprecia en la aproximación a obras creativas de artistas “El modo de componer (la forma) y sus ideas musicales (los contenidos) de Brahms fusionan proceso y contenido en una unidad orgánica” (Bollas, 2009, p. 19). Se pretende con ésta obra restaurar el interés en el método freudiano. Sobre todo, en la libre asociación de ideas. Se anticipa que los casos clínicos (capítulos 7 ,8 y 9) pretenden ilustrar cómo seguir la lógica de la secuencia para cada uno de ellos, con énfasis en la línea narrativa.

En el capítulo uno, Éste mundo sin fin, Bollas afirma (siguiendo premisas de textos clásicos freudianos, La interpretación de los sueños y Lo Inconsciente) que hablar de lo inconsciente no necesariamente implica hablar de lo reprimido. Pese a que se logra trazar una distinción entre reprimido e inconsciente, el psicoanálisis ha tendido a hacer prevalecer lo que cae del lado del conflicto, concentrándose en la búsqueda de hechos selectivos de carácter sexual o agresivo, simplificando, en cierto sentido la cuestión de la exploración en el vasto campo de lo inconsciente. Bollas conjetura que este estrechamiento de la noción de lo inconsciente freudiano tiene sus razones estratégicas de base, y es que Freud se mantuvo mucho tiempo en tensión por necesidades de reconocimiento de la disciplina que había fundado en el seno de la Viena científica.

Una conexión especialmente intrínseca, capítulo dos, mantiene la referencia a la interpretación de los sueños, y recuerda el recurso empleado por Freud de los frescos de Rafael, específicamente el de La escuela de Atenas, para ilustrar que hay un punto de convergencia de varias líneas de pensamiento que dan lugar a una posible articulación inconsciente.

En el capítulo tres, tejer en la fábrica del pensamiento, se resalta la importancia del método de la asociación libre para poder permitir la circulación del pensamiento. Desde la propuesta de Bollas, el analista se encuentra siguiendo muchas líneas de pensamiento a la vez, creándose en la psique del paciente “un tapiz de significación” y de despliegue de lo complejo.

La escucha, el capítulo cuatro, aborda de manera compleja la cuestión atingente a las bases de la recepción de los procesos inconscientes del analista en el encuentro con el paciente. Se distinguen dos formas de trabajo inconsciente: recepción y represión. La primera alude a la situación en la cual el analista dispone su escucha a recibir las comunicaciones del paciente, capacidad que proviene del mundo de comunicación recíproca entre el niño y la madre, fundamento del inconsciente mismo (Bollas, 2009). Es decir, los pilares que sostienen la relación de objeto. Es significativo recordar que la regla de asociación libre solicita tanto al paciente como al analista la suspensión de la actividad crítica, movilizando un proceso regresivo a modos más tempranos de relacionarse. La segunda de las formas de trabajo inconsciente, la represiva, moviliza a distorsiones de los deseos (en el sentido de su expresión menos directa) que primariamente circulaban por el psiquismo regidos por el principio del placer, pero que, a raíz del largo proceso de construcción de códigos de existencia, por el que pasan el infante y el niño, llevarán al analista a encontrarse implicado en un trabajo de traducción particular con cada paciente. Ésta última noción ha imperado como organizador de la escucha del trabajo psicoanalítico tradicional, abandonando una orientación desde la lógica de la secuencia. ¿Qué consecuencias pueden extraerse de aquello? La producción de lo que Bollas denomina una escucha selectiva, que imita a la actividad de la represión misma, con el impacto de transformar a la teoría de la represión en una “fuerza “represora ella misma”, que desaloja de la mente de ambos participantes un mundo de significación que es mucho más amplio y profundo” (Bollas, 2009, p.39). Se desencadenan de éste modo mermas en la posibilidad de profundizar el estudio de la percepción inconsciente, la organización del inconsciente y la comunicación inconsciente. Acto de autocastración notable, al decir de Bollas. El entramado de las experiencias corrientes de lo cotidiano, junto con ideas preexistentes y cómo esto se reorganiza en una nueva lectura, expresa un acto de creación de la mente que se deja entrever en el libro de los sueños de Freud. La sesión también puede llegar compartir éste estatuto.

En Captar la onda, capítulo cinco, siguiendo principios de trabajo psicoanalítico declarados por Freud en sus Dos artículos de enciclopedia (Freud, 1923), Bollas toma como punto de referencia la búsqueda de profundidad mientras permanecemos en escucha inconsciente. Dicha búsqueda es realizada por la diada analítica, o como ha preferido llamar el propio autor, el par freudiano. Se alienta al analista a encontrarse junto al paciente en un área intermedia, compartiendo parte del mismo marco mental. El analista debe evitar el deseo de ejercer una escucha selectiva, que es una defensa contra la complejidad de la sesión. Al mismo tiempo, aquí ingresa, se juega, el renunciar al deseo de dar sentido a lo que se va diciendo conforme avanza la sesión. Es un abandonar el pensamiento razonado en favor del pensamiento y habla asociativos. Ambos participantes hacen juntos la regresión (lo que es una original conceptualización en torno a ésta noción), a un punto tal que ninguno de quienes componen el par puede llegar a decir ciertamente de qué se ha venido tratando lo que ocurre en la sesión. Es claro que pueden manifestarse resistencias a la labor, la que en ocasiones se expresa en que el paciente pasa de hablar de su vida a reflexionar sobre su vida. Éste es un modo de empleo del pensamiento abstracto como defensa. En éste contexto, la asociación libre no podría existir sin curiosidad.

En Categorías y subcategorías del inconsciente, capítulo seis, se muestra un amplio abanico de formas de secuencia posible y de elementos que interactúan simultáneamente entre los que destacan: cadenas de pensamientos verbales; tonos de voz utilizadas para dar énfasis; modo en que usa el cuerpo el paciente; propósitos retóricos del discurso; la transferencia; la contratransferencia, la emoción como posibilidad de experiencia conmovedora; forma del carácter; estructuras inconscientes, como el súper yo, entre otros, generan configuraciones específicas, reconocibles sólo a condición de la receptividad y conocimiento inconsciente del analista. Tal vez valga la pena tener en cuenta la propuesta que hace Bollas respecto del uso de una imagen correspondiente a una partitura sinfónica, como modo de registro de las secuencias inconscientes que favorecen la discriminación de fenómenos diversos, y, que previene de lecturas del material clínico basándose en la pasión del analista por sus marcos teóricos, desatendiendo a la pasión por la escucha.

Los capítulos 7, 8 y 9, correspondientes a los casos clínicos “Arlene”, “Caroline” y “Annie”, pueden resultar de especial interés, por lo ilustrativo de su conexión con lo expuesto anteriormente. Hay vivacidad en el diálogo analítico y alto nivel de detalles en sus respectivas revisiones. El material se ve acompañado de comentarios hechos por el propio Bollas en una columna lateral, en donde se aprecia un esfuerzo de seguir punto por punto lo que va emergiendo desde la fuente del par freudiano. Cada caso finaliza con una revisión crítica (recapitulación) que se potencia a través de un método que el autor ha llamado microanálisis, un examen muy pormenorizado del material de cada sesión que persigue la lógica de la secuencia del pensamiento inconsciente. Existen momentos interesantes en donde se puede captar en las reflexiones de Bollas, advertencias sobre caídas comunes cometidas en el ejercicio de la práctica analítica, por parte del analista, como es el caso de la ultratransferización de los análisis, a partir de la interpretación sistemática de la transferencia, una vez que emergen atisbos de lo transferencial, y que de acuerdo a lo presentado en el capítulo anterior, constituyen en realidad una dimensión dentro de muchas otras existentes a considerar, mientras se desarrolla la percepción inconsciente del analista acerca del pensamiento del paciente, en sus diversas categorías y órdenes. Por ello, se distingue entre trabajar dentro de la transferencia e interpretar la transferencia. Además, afirma que respecto de las intervenciones del analista, que permanece en receptividad inconsciente, éstas deben orientarse por un incesante juego de preguntas – respuestas inconscientes que el propio paciente tiene a su haber. Éste es el terreno sobre el cual se emitirían señales para formular una interpretación, que no es ni más ni menos que una búsqueda de sentido en torno a una lógica de secuencia dada por el paciente. Dentro de una secuencia encontramos deseos, defensas contra el dolor mental, recuerdos y expectativas relacionales.

El penúltimo de los capítulos, El trabajo inconsciente, versa sobre el modo en que éste procede en la sesión a través de la asociación libre, teniendo en cuenta que parte fundamental del trabajo es descubrir configuraciones de pensamiento o de conducta que son causa del sufrimiento mental. El paciente a través de la asociación libre, crea la sesión. Aporta sin darse cuenta, una serie de pautas, cada una de las cuales constituye una línea de pensamiento que provee de detalles que provienen desde lo inconsciente. Es conveniente aquí tener presente que las asociaciones surgen en el espacio potencial dado por el par freudiano. Las articulaciones de lo simple, común y corriente del paciente alertan al inconsciente del analista, poniendo a éste en la misma longitud de onda. Bollas hace mención a algunas de las situaciones típicas que operan como resistencias a la libre asociación. Entre ellas encontramos la abstracción inconexa, que da cuenta de la producción de una vacuidad discursiva en el paciente impidiendo el nacimiento de preguntas sobre sí mismo. Bollas vincula este fenómeno resistencial con la aparición de un vínculo referido por Bion como (–) K (liberación del sí mismo de su capacidad de conocer). Según Bollas, los microanálisis de los casos clínicos revisados en esta obra permiten afirmar que “el pensamiento inconsciente hace preguntas aparentemente incesantes que ponen en marcha secuencias de respuestas, las cuales a su vez disparan nuevas preguntas” (Bollas, 2009, p.168). ¿Qué sería el trabajo inconsciente? Una forma de pensamiento que está fuera de la conciencia y que ha sido fruto de una acomodación de conjuntos de impresiones provenientes del ambiente externo y de nuestro mundo interno. El par freudiano al trabajar como una unidad inconsciente, con un alto grado de creatividad puede favorecer la adquisición de significaciones frescas en el contexto de las organizaciones que producen las libres asociaciones del paciente. En otras palabras, se trata de una labor cuya misión es la de cambiar la onda del inconsciente del paciente.

Finalmente, la pregunta infinita, nombre del último capítulo del libro, plantea un interesante juego que pone en asociación el derrotero seguido por el autor a lo largo de los diez capítulos anteriores, y un par de producciones literarias fundamentales del pensamiento occidental: Edipo rey y Hamlet. En el primero de ellos, Bollas advierte el horror de la pérdida de la función interrogativa del pueblo de Tebas en su relación con su destino, siendo aquella un patrimonio del que se ha apropiado la Esfinge, lo que ha dejado al pueblo ciego, ignorante e impotente. El deseo de saber permitiría relanzar respuestas frente al desconocimiento. ¿Por dónde pasa la recuperación de lo expropiado – extraído? Por el ejercicio de la libertad imaginativa infantil y los poderes cognitivos (relativos al conocimiento inconsciente) de la mente adulta, que combinados conforman el elemento interrogador que es parte de la pulsión por conocer. En Hamlet surgen preguntas: “¿Quiénes somos? ¿Dónde estamos? ¿Por qué estamos aquí? ¿Qué se supone que debemos hacer con nuestro ser? Y, ¿Cómo podemos afrontar nuestro fin?” (Bollas, 2009, p.187), preguntas que alguien se hace sobre la existencia, pero conviene consignar también lo siguiente: las hace un hombre que está sólo y sumido en el dolor. Ya finalizando, una especial mención hace Bollas de una escena presentada por Winnicott en su práctica con infantes: un bebé al que se le presenta un baja lenguas en presencia de la madre y el propio Winnicott, y que luego de un periodo manifiesta algunas transformaciones en su interacción con el objeto, instante de vacilación o de “hesitación”, al decir de Winnicott. Del mismo modo, una experiencia necesita transformarse a través de una segunda mirada. La primera registra y es fuente de una internalización inicial. El niño ha perdido el objeto para poder hallarlo luego a través de la ilusión proporcionada por la creatividad infantil (Bollas, 2009). Extendiendo el símil a la práctica psicoanalítica con el analizando, el autor concluye que éste último muchas veces se aparta para liberar sus propias percepciones inconscientes y permitirles actuar sobre los materiales de la conciencia de modo tal que del sentido evidente pueda emerger el sentido residente.

A modo de comentario, quisiera referirme a un punto que tiene su fuente en un problema de la clínica, y que atañe a la presentación que hace Christopher Bollas respecto de la capacidad para la articulación del par pregunta inconsciente – respuesta inconsciente en el sujeto, en tanto aspecto inherente a lo humano. Si bien el propio autor aclara que esto es algo que se da con cierta discontinuidad, en razón de que el ser humano se ocupa de distintas circunstancias a lo largo de su vida, y que la actividad mental funciona en diversos niveles de profundidad, en su exposición esto parece un principio del funcionamiento psíquico que se da por sentado, lo que llevaría a presuponer en cada paciente factibilidad de ingreso y tolerancia de la asociación libre. Precisamente, en el capítulo once, toma como referencia la conocida situación de la experiencia en pediatría mencionada por Donald Winnicott (1936), en donde están presentes bebé, madre y el propio Winnicott, quien dispone de un baja lengua con miras a la observación de su paciente (en la traducción de la pregunta infinita se consigna como espátula). El bebé da una primera mirada sobre el objeto, y requiere de la posibilidad de una segunda para poder tener una continuidad de experiencia del objeto. Con ello, la posibilidad de transformar lo que ha podido internalizar hasta aquel momento. Todo lo anterior transcurre en un espacio en donde la presencia de la madre, y del propio Winnicott han hecho posible que la experiencia tenga lugar, aspecto que se relaciona con la puesta en juego de lo que aquel destacado psicoanalista inglés ha denominado presentación del objeto, sostén y manejo. Esta constelación de hechos no ha tenido lugar en la vida de muchos pacientes, lo que se pone de manifiesto en la sesión de trabajo psicoanalítico, al tornarse imposible que el mismo favorezca un dejarse hablar, y, por tanto, que haga uso de la asociación libre como posibilidad de rescatar (en compañía del analista) sus asociaciones. Es desde aquí que surge la necesidad de hacer un contrapunto del principio expuesto por Bollas con desarrollos como los de André Green, respecto de la imposibilidad de pacientes cuyo funcionamiento se encuentra en los límites de la analizabilidad, y en donde el despliegue de la función de reflexividad es algo que brilla por su ausencia. Además, no hay que olvidar el fuerte empuje a interrumpir la actividad asociativa por parte de este tipo de pacientes (Véase el trabajo sobre La Posición fóbica central, Green, A., 2000), situación a la que contrariamente la libre asociación aspira. Asimismo, en La doble frontera (Green, 1982) da cuenta de la dificultad de pacientes considerados en el límite de la analizabilidad, de contar con una diferenciación de sus fronteras en el plano de los sistemas intrapsíquicos (Inconsciente, Preconsciente y Consciente), y, en las fronteras de su yo. Esto es un aspecto que también pone en jaque el trabajo regrediente, necesario para que la asociación libre haga su recorrido, por lo amenazante que se torna para la organización psíquica hasta allí lograda (también mediante el empleo de defensas sumamente primitivas, y de la precaria relación establecida con la realidad, entre otros aspectos). Los anteriores pueden constituir argumentos metapsicológicos de fuerza para poner en duda la factibilidad del ejercicio de la pregunta infinita en todo paciente, especialmente fuera del terreno de las neurosis. Dicho de otro modo: habría aspectos críticos vinculados con la problemática de la constitución psíquica, que deben ser tomados en cuenta, en relación con la capacidad para que un paciente se sostenga en lo que se postula en La pregunta infinita. Es cierto que el trabajo de Bollas en éste libro, se presenta como una propuesta de retorno al estudio de la lógica de la asociación libre, sin permanecer en un terreno metapsicológico franco. No obstante, es importante tener presente que todo aporte a la teoría psicoanalítica contemporánea no dé la espalda a ésta parte de las enseñanzas que nos deja la clínica, especialmente aquella que proviene del trabajo con la vulnerabilidad más extrema. A mi entender la posibilidad de dejarse guiar por la pregunta infinita está dada por logros sofisticados de la constitución psíquica de cada paciente, que no necesariamente se advierten como condición en el texto.

Aproximándonos al cierre, y considerando ésta obra íntegramente, podemos decir que constituye un aporte significativo para el estudio del método psicoanalítico. Nos deja reflexiones muy valiosas sobre un particular modo de llevar la escucha del sujeto, basada en principios éticos fundamentales del psicoanálisis. Christopher Bollas, a punta de su experiencia, creatividad y sensibilidad clínica logra hacer trabajar aportes freudianos a los que tradicionalmente se les ha prestado una atención insuficiente, pero que son decisivos para abrir nuevos desarrollos metapsicológicos, en especial, el de la problemática del inconsciente no reprimido. Mantiene presente en todo momento que el trabajo psicoanalítico es una instancia en donde las transformaciones psíquicas deben hacerse en el ámbito de la vida común y corriente del paciente.

Su autor ha cumplido con el propósito de revisar e ilustrar cómo la asociación libre, en tanto organizador del análisis puede lanzar (y relanzar) preguntas y respuestas de carácter inconsciente en el marco de una comunicación que va de un inconsciente al otro, en el interior del par freudiano.

Referencias

Freud, S. (1900). Interpretación de los sueños. En J. Strachey (ed.) (1964/1992) Obras Completas de Sigmund Freud, vol. 5. Buenos Aires: Editorial Amorrortu.

Freud, S. (1915) Lo inconsciente. En J. Strachey (ed.) (1964/1992) Obras Completas de Sigmund Freud, vol. 14. Buenos Aires: Editorial Amorrortu.

Freud, S. (1923) Dos artículos de enciclopedia. En J. Strachey (ed.) (1964/1992) Obras Completas de Sigmund Freud, vol. 18. Buenos Aires: Editorial Amorrortu.

Green, A. (1982). La doble frontera. En A. Green, La nueva clínica psicoanalítica y la teoría de Freud. Aspectos fundamentales de la locura privada. Buenos Aires: Amorrortu, 2001

Green, A. (2000). La posición fóbica central. Con un modelo de la asociación libre. En A. Green,  El pensamiento clínico. Buenos Aires: Amorrortu, 2010.

Winnicott, D. (1936).  Apetito y trastorno emocional. En D. W. Winnicott, Escritos de pediatría y psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós, 1999.

[1] Es un destacado psicoanalista, exponente del así llamado Grupo independiente de la Sociedad Psicoanalítica Británica (Middle Group). De reconocida trayectoria, dentro de su obra se encuentran libros tales como La sombra del objeto. Psicoanálisis de lo sabido no pensado (1987), Fuerzas de destino. Psicoanálisis e idioma humano (1989), Ser un personaje (1992) y El momento freudiano (2007), entre otros.

[2] Psicólogo, Psicoanalista en Formación de la Sociedad Chilena de Psicoanálisis ICHPA, Mg. (c) en Psicología clínica mención psicoanálisis por la Universidad Adolfo Ibáñez. Especialista acreditado en psicoterapia CONAPC (Comisión Nacional de Acreditación de Psicólogos Clínicos). E-mail: pablo.olmedo.martinez@gmail.com

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