Bocetos Psicopatológicos. El Psicoanálisis y los Debates Actuales en Psicopatología

 

Título: Bocetos psicopatológicos. El psicoanálisis y los debates actuales en psicopatología.
Autor: Marisa Punta Rodulfo
Año de edición: 2016
227 páginas.
Editora: Paidós
Ciudad de publicación: Buenos Aires, Argentina

Comenta: Silvina L. Burba[1]

Contenidos

Índice

Reconocimientos

Prólogo, Rafael Paz

Prefacio

Primera parte. El gran problema de la psicopatología: diagnosticar la enfermedad sin patologizar la singularidad

  1. Acerca de la especificidad de la psicopatología infanto-juvenil. Diagnóstico diferencial- diagnóstico de la diferencia

Segunda parte. El psicoanálisis abierto al porvenir

  1. El trabajo actual en los trastornos del desarrollo

Tercera parte. Un aporte teórico –clínico para la comprensión de las llamadas patologías graves

  1. Diferencias entre separación y pérdida
  2. El duelo y sus derivaciones
  3. Especificidades de la depresión en la niñez
  4. Del paso de las formaciones autísticas a las formaciones psicóticas. Un estudio clínico a través del dibujo

Cuarta Parte. Lo traumático, sus tiempos y el elemento de la disrupción  

7. La dimensión individual y social del traumaxx
8. El abuso sexual. Lo disruptivo del medio
9. Lo disruptivo desde lo fallido del cuerpo

Quinta parte. Cuerpo y subjetividad

  1. ¿Por dónde…la locura? Un estudio del espectro epiléptico. Especificidades de la producción gráfica
  2. Una reflexión crítica acerca del concepto de anorexia

Bibliografía general

Este es un libro que nos transmite la inquietud constante de la autora acerca de la función y compromiso del analista en el trabajo clínico. Por ende, nos interpela sobre la especificidad del psicoanálisis frente a los padecimientos del sujeto.

Hay varias cuestiones que se despliegan en este libro. Está dividido en cinco partes, con un total de once capítulos. La doctora Punta Rodulfo, con una larga formación y su experiencia tanto en la clínica como en la docencia (como profesora titular de distintas cátedras en la Universidad de Buenos Aires) propone un recorrido iniciado a partir de la pregunta acerca del diagnóstico.

Para empezar, expresa la dificultad y el mal uso del diagnóstico ubicando en categorías absolutas al sujeto, dejando por fuera la diferencia, patologizándola. Dirá al respecto: “(…) debemos poder diferenciar, en la clínica, en qué trabajo psíquico se encuentra el niño por el cual nos consultan a través de procesos de estructuración subjetiva muy específicos” (p.26)

Lo atractivo de esta obra radica en la preocupación de la autora para conocer al niño en su singularidad frente a los desafíos de la clínica actual. Propone no dejar de ver al sujeto frente a nosotros y realizar un diagnóstico minucioso que nos oriente, pero que irá modificándose a partir del espacio terapeútico ofrecido y a sus posibilidades.

Además, denuncia el papel obturante de la psiquiatría a partir del aporte de Robert Castel con su estudio “el orden psiquiátrico”. Siguiendo esa línea, introduce el concepto de “medicalización o psicopatologización” de la infancia definido como aquellas prácticas de la salud mental que ofrecen una clasificación y por ende una lectura fragmentaria al servicio de lo inmediato (signo de la época actual) frente al encuentro con la diferencia.

Seguidamente, en el capítulo sobre los trastornos del desarrollo, la autora emprende la tarea de mostrar la complejidad en el abordaje de la patología grave. Exhibe, a partir del caso Martina, los interrogantes que se nos presentan en la clínica psicoanalítica. Con este material, atestigua el trabajo riguroso del analista para promover esa fusión primaria fallida en el vínculo madre- hija.

Punta Rodulfo enumera así, toda una serie de factores que precipitan una patología grave en un intento por cercar la raíz del problema en relación al diagnóstico. Para ello, da importancia al medio en el cual el niño ingresa y que involucra al mito familiar y por ello, a su prehistoria. La autora comparte la importancia de los conceptos de espontaneidad en Winnicott y de metábola en Laplanche donde más allá del mito familiar, siempre podrá emerger algo nuevo, teniendo en cuenta las posibilidades de cada sujeto y de lo que propicie el medio en el cual está inmerso.

En esta segunda parte nombrada “El psicoanálisis abierto al porvenir” la autora indaga acerca de los procesos y movimientos significativos posibles en el niño para su devenir. El interrogante que insiste es: ¿cómo será el desarrollo futuro de este niño o adulto? Punta Rodulfo lo remite a la ética para iniciar o no un tratamiento si vislumbra en el sujeto una posibilidad de modificación de su situación inicial.

Asimismo, continúa su exploración de las patologías graves enumerando las diferencias entre separación y pérdida, el duelo y la depresión.

En el tercer capítulo sostiene no homologar separación a pérdida. Esta última puede vivirse de diferentes maneras. Ejemplifica esto a partir de los aportes de Julia Kristeva y Paula Sibilia, entre otros. Enfatiza en este apartado, otra vez la búsqueda de lo que implica en cada sujeto cada uno de estos términos. “(…) la separación está ligada al proyecto identificatorio, (…). Uno se puede separar con alegría si se imagina que va a poder ser otra cosa, algo distinto.” (p.86)

Con el capítulo cuatro, retoma el texto de Freud “Duelo y melancolía” (1915) donde reconoce sus aportes al tema en cuestión, sin embargo, polemiza con el autor. Disiente de la perspectiva individualista de Freud. Relaciona y analiza cada concepto propuesto en el texto de Freud haciendo un detallado análisis. A modo de ejemplo: Freud señala la alteración del humor en el duelo y que hay una inhibición de toda creatividad. La autora no coincide con esto y enumera cómo lo que quedó detenido para un trabajo de elaboración, puede empezar a ser engarzado a partir de la producción de un libro o el desarrollo de una actividad creativa.

En el capítulo siguiente continúa su análisis anudando el duelo patológico a las depresiones tempranas en la niñez y aún más tardías. Con el historial de Nadine, Punta Rodulfo articula las diferencias entre estos conceptos y dónde queda anudado el trauma. En particular, da testimonio de las modificaciones en los desciframientos del material y en cómo pensaba ciertas producciones. Esto revela lo que la autora pregona desde un comienzo: poner a trabajar cada material clínico una y otra vez.

En el siguiente capítulo, realiza una fuerte diatriba a las prácticas reduccionistas, empiristas y conductistas. En detrimento, otorga un papel fundamental al método de investigación del psicoanálisis para el trabajo con las patologías graves. Punta Rodulfo vuelve aquí a enfatizar el uso de la precisión diagnóstica como guía para el trabajo clínico. Por ello, avala la importancia en épocas tempranas, de la prevención para evitar la instalación del funcionamiento patógeno. Cuestiona la idea de Lacan acerca de una falla en la simbolización en las psicosis. En contraposición, la autora sostiene: “(…) el psicótico no puede librarse de la simbolización, no puede escapar de ella ni por un instante, (…)” (p.132). Ejemplifica esto a partir de distintas series de dibujos.

Ya en la cuarta parte, trabaja el concepto de trauma como acontecimiento disruptivo, poniendo el acento tanto en su dimensión individual como en el entorno en donde el sujeto se desarrolla (dimensión social). Termina este recorrido de lo disruptivo a partir de ejemplos de las dimensiones citadas: el abuso sexual y el cuerpo.

Este último, a partir del historial de Gustavo, niño de cinco años, a quien tomó en análisis en la época del ochenta durante tres años. La autora relata el proceso que llevó a cabo el niño para el armado de un cuerpo autónomo, en una época donde poco se sabía de los factores innatos, congénitos y genéticos. Lo innovador de este capítulo es cómo se retrabaja el material a partir de un ejercicio de relectura y recorrido por los conceptos teóricos en los cuales la autora se hallaba inmersa en ese momento y desde su mirada actual.

Para finalizar, en la quinta parte introduce las sensaciones y vivencias corporales que irrumpen y dejan marca en la subjetividad. Con ayuda de diferentes viñetas y a partir del estudio sobre el espectro epiléptico y fundamentalmente del caso Cecilia, extiende el análisis de lo traumático pero vivido desde adentro mismo del cuerpo. Y en la anorexia, indagando otros aspectos vinculados a esta patología (la búsqueda del ideal, intentos de obtener reconocimiento del otro, entre otros temas y teniendo presente el caso por caso) para así dejar de lado los clichés.

Todo el libro se arma a partir de una trama donde cada hilo, vale decir, capítulo, está relacionado con el anterior o nos remite a la propuesta inicial acerca de la construcción del diagnóstico y del compromiso y la ética que conlleva nuestro quehacer.

Reflexión final:

¿Por qué “Bocetos”? Desde el arte, el concepto refiere al esquema o proyecto que sirve de bosquejo para cualquier obra. O también: la guía que permite volcar y exhibir sobre un papel una idea general antes de llegar al resultado final. (Larousse, 2005).

Entonces, el título elegido también nos muestra el proceso de pensamiento y de reflexión de la autora para definir y fundamentar sus modos de operar. Hace referencia a un movimiento de construcción y reconstrucción: cuestionar las intervenciones, los modos en que el analista se emplaza, el recorrido teórico junto con la exploración de los acontecimientos en la vida de ese sujeto. Son distintos hilos que van formando un entramado que no termina aquí sino que Punta Rodulfo propone continuar con la llegada de un segundo tomo.

Me permito anudar esta propuesta a la inquietud de Winnicott frente al trabajo interdisciplinario: “(…) lo que deseo es tener del otro lado a un científico que se haya tomado vacaciones de la ciencia. Lo que se precisa es más bien ciencia-ficción y no una aplicación rígida y compulsiva de la teoría médica sobre la base de la percepción de la realidad objetiva” (Winnicott, 2004, p.136)

A partir de su modo particular para acercarse al padecer del sujeto junto con sus reflexiones en aras de una posible transformación del sufrimiento y la rigurosidad en el ejercicio de investigación de las premisas teóricas, la autora nos interpela para poner a trabajar el método.

Como decía al comienzo, Punta Rodulfo toma una fuerte posición en contra de la medicalización de la infancia en consonancia con la preocupación de otros colegas: “(…) vivimos en una época histórica en la cual hallamos mucha dificultad para lidiar con el malestar, lo doloroso y, (…) esto prepara el terreno para que el campo de la medicalización y la patologización de la infancia sea cada vez más fértil.” (Untoiglich, 2013, p. 60)

Para finalizar, este ejercicio contínuo de convergencias y divergencias frente a los aportes teóricos, acoge la propuesta de Laplanche: “Abordar la teoría misma teniendo en cuenta el método analítico es sin duda profundizar y prolongar ciertas líneas de pensamiento, pero es también hacer rechinar hasta el fin, hasta hacerlos saltar, ciertos goznes, hacer derivar ciertos conceptos, efectuar aperturas (…) “(Laplanche, 1990, p. 25).

Referencias

El pequeño Larousse ilustrado (2005) México: Editorial Larousse.

Winnicott, D.W. (2004) Exploraciones psicoanalíticas I. Buenos Aires: Paidós

Untoiglich, G (compiladora) (2013) En la infancia los diagnósticos se escriben con lápiz. Buenos Aires: Editorial Noveduc.

Laplanche, J. (1990) La cubeta. Trascendencia de la transferencia. Problemáticas V. Buenos Aires: Amorrortu editores.

[1] Psicoanalista. Miembro adherente de Asappia. Integrante del equipo docente de la escuela de posgrado de Asappia. Miembro del servicio de atención comunitaria (SAC) del Colegio de Psicólogos Distrito XIII.

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