El telescopaje de generaciones. A la escucha de los lazos narcisistas entre generaciones

Autora: Haydée Faimberg
Título: El telescopaje de generaciones. A la escucha de los lazos narcisistas entre generaciones 
Año de publicación: 2006
240 páginas
Amorrortu editores
Ciudad de publicación: Buenos Aires

Comentan: Lorena Biason(1) y Marcela Ramírez(2)

Telescopaje es un término no castellano y no psicoanalítico, que resulta más bien un neologismo entre el inglés telescoping y el francés teléscopage, concepto en ambas lenguas de uso corriente que implica inclusión de unos objetos en otros.

Si bien el término de “telescopaje” ya se había empleado por autores como Piera Aulagnier y Judith Kestenberg, así como por Anna Freud y  Kohut, la acepción personal y aporte creativo de la autora es referida no solamente a relacionar el término con conflictos inconscientes que se encuentran ligados a generaciones anteriores, sino que la perspectiva  que propone y desarrolla en este libro refiere  la necesidad de ligarlos a conceptos como “identificación narcisista inconsciente alienante” y “regulación narcisista de objeto”, con sus funciones de “apropiación” e “intrusión”,  y la necesidad en la clínica de la (re) construcción a posteriori de la articulación de dichas identificaciones alienantes con una historia de otra(s) generación(es) precedente(s).

Es así como el concepto de “telescopaje de generaciones” se refiere a un concepto teórico-clínico, no siendo ni meramente descriptivo ni empírico y atañe a las identificaciones inconscientes narcisistas alienantes.

Con una experiencia clínica de más de 30 años, Faimberg refiere que las identificaciones alienantes en las cuales se “telescopan” tres generaciones pueden ser descubiertas en todo análisis avanzado.

Índice

Prólogo a la edición en castellano por la autora.

Agradecimientos

Introducción

  1. El telescopaje [encaje] de generaciones: genealogía de las identificaciones alienantes (1981-85)
  2. La “escucha de la escucha”: una contribución al estudio de las resistencias narcisistas (1981)
  3. Pertinencia psicoanalítica del concepto de telescopaje de generaciones (1988)
  4. Repetición y sorpresa: la construcción y su validación (1989) (escrito en colaboración con Antonio Corel).
  5. La posición contratransferencial y la contratransferencia (1989)
  6. La dimensión narcisista de la Configuración Edípica (1993)
  7. El mito de Edipo revisitado (1993)
  8. “Escucha de la escucha” y après-coup (1993)
  9. Malentendido y verdades psíquicas (1995)
  10. El discurso narcisista como resistencia a la escucha psicoanalítica: un clásico sometido al test de la idolatría (2001)
  11. Après-coup: revisitando lo ya leído (1998-2003)
  12. “The Snark was a Bonjum”: para leer a Lewis Carroll (1977)

Bibliografía

Algunos de los capítulos, en que se puede apreciar el recorrido teórico, de base freudiana, realizado por la autora para sustentar lo anterior, son los siguientes:

  1. El telescopaje [encaje] de generaciones: genealogía de las identificaciones alienantes (1981-85)

Relata el caso de Mario, paciente de 30 años, prácticamente inabordable en análisis, que impresionaba a la autora por un aparente vacío psíquico y que a pesar de que estudiaba matemáticas presentaba serias dificultades para pensar, viviendo en un aislamiento casi total. En el contexto de una situación externa de crisis económica que atravesaba Argentina en los años 70, en la cual las personas se protegían de la devaluación constante que sufría el peso nacional, comprando dólares, Mario, inmerso en su sistema atemporal de inacción, en una cristalización del tiempo y de su vida, nada hizo al respecto. Frente a la posibilidad inminente de interrumpir su análisis debido a sus dificultades económicas, Mario muestra signos de angustia por primera vez en su análisis. Explica que alguien intentó convencerlo de comprar dólares y al preguntarle si sabía cuánto valía un dólar el responde, “dos pesos”, indiferente total ante el valor actual de dicha moneda. A la vez que cuenta esto, hace un gesto casi imperceptible con la mano, como verificando que algo se encuentra en su bolsillo. Es un gesto cariñoso acompañado de una sonrisa tierna y secreta.

Faimberg interpreta: “…debe haber algo muy importante en su bolsillo, algo secreto y que reclama su atención en el preciso momento en que nos ocupamos de su dinero para asegurar la continuidad de su análisis conmigo. Usted me comunica su deseo de continuar y su angustia ante la idea de tener que abandonar el análisis. Tal vez lo que atrae su atención esté relacionado con dólares que valen “dos pesos”. Si es así, deben de pertenecer a otra época, tal vez en los años cuarenta. Yo no sé a que me estoy refiriendo, pero en caso de que usted sepa, ¿tendrá usted idea de quién es el destinatario de esos dólares?”, En esta intervención, la autora reconoce el deseo y la angustia de pérdida de Mario, edificando una construcción interrogativa. Nada sabe sobre el objeto de esta interrogación, pero es esta construcción interrogativa la que permite comprender por qué se conjugan elementos dispares que no siguen una lógica evidente, en especial si se tiene en cuenta la fecha de nacimiento de Mario. ¿Para quién son estos dólares? para la familia de su padre, que Mario nunca conoció, que se quedó en Polonia cuando estalló la guerra y a quienes el padre enviaba dinero hasta que dejaron de cobrar el envío, suponiendo la muerte de esta familia y ante lo cual el padre nunca habló. Mario comienza a hablar…

¿Qué deduce la autora al respecto? el secreto en la transferencia. La historia de Mario guardaba un secreto, en la medida en que los padres nunca dicen nada al respecto, a la vez que el paciente desconoce cuánto le concierne esta historia secreta de sus padres y la analista es sorprendida durante la sesión, por un relato cuya existencia ignoraba. La pregunta sería, ¿por qué, aún cuando lo desea, no llega a proteger su análisis? Mario relata su historia secreta a modo de respuesta a esta pregunta transferencial. Cuando Mario estaba ausente, en verdad estaba en otra parte, descubre la autora, no se trata entonces solamente de un vacío psíquico, se trata de la intrusión tiránica de una historia que corresponde al padre. En este sentido, dice Faimberg, en el paciente hay una falta de reconocimiento de la relación de objeto y por otro lado, un objeto “en demasía”, que nunca se ausenta.

Es así como a partir de este caso, la autora da cuenta de las identificaciones clivadas en el paciente, que resultan mudas para el analista y que sólo comienzan a detectarse en un momento clave de la transferencia; identificaciones que resultan de un vínculo entre generaciones y cuyo objeto es de por sí, un objeto histórico. Identificaciones por lo tanto que condensan una historia que, al menos en parte no pertenece a la generación del paciente y son así “identificaciones alienantes”.

Es este “telescopaje de generaciones” el que se descubre junto con las identificaciones inconscientes alienantes (alienantes en la medida en son solidarias de una historia que parcialmente pertenece a otro) reveladas en la transferencia.

2.- La “escucha de la escucha”: una contribución al estudio de las resistencias narcisistas (1981)

La autora examina ciertas formas de resistencia que el Yo opone en el análisis a la decepción de no ser el centro y amo de su mundo.

El Yo se niega a reconocer tres cosas:

1.- la imposibilidad del sujeto de autoengendrarse

2.- la diferencia de sexos

3.- la alteridad

Es decir, el yo se niega a aceptar la herida que le impone el Edipo.

Le interesa indagar cómo escuchar en una sesión las manifestaciones de la resistencia narcisista, sin ubicarse el analista en una posición teórica que implícitamente concuerde con las creencias de yo.

Siguiendo a Freud, dado el desamparo del bebé, éste se ve llevado a implantarse en campo narcisista de los padres. Así en el “yo-placer purificado”, el yo se identifica con lo que procura placer, incluso si esto proviene del mundo exterior y todo lo que procura displacer es atribuido al exterior aún si proviene desde dentro.

La autora precisa la fantasía inconsciente mediante la cual el paciente se identifica con sus progenitores internos. La fórmula que expresa la regulación narcisista de los padres sería:

1.- Todo aquello que es digno de amor, soy yo, dicen los padres internos, incluso si lo que es digno de amor viene del niño.

2.- Tiendo a odiar aquello que reconozco como proveniente del niño; es más, voy a cargar al niño de aquello que no acepto en mí: el niño es mi no-yo.

Son características de la regulación narcisista los procesos de apropiación (primer momento de amor narcisista) y de intrusión (segundo momento de odio narcisista). De este modo, en la relación narcisista de objeto sólo el odio define la alteridad.

La autora se pregunta cómo el analista puede escuchar en sesión la “dimensión narcisista de la configuración edípica”.

Su tesis central es que las resistencias narcisistas que crean el obstáculo más poderoso al proceso analítico son las que surgen de la determinación de la identidad del paciente, que su vez, resulta de la lucha narcisista con los progenitores internos, tal como se revela en la transferencia.

Su postulado complementario: en forma ideal el funcionamiento edípico de los progenitores debería sustentar el reconocimiento del niño en su alteridad; la escucha y las interpretaciones del analista también se ubican, idealmente, en una posición edípica.

Los pacientes para quienes la constitución edípica es parcialmente defectuosa, pues sus padres no le aportaron el apoyo edípico necesario, entienden paradójicamente las interpretaciones del analista por medio de una reinterpretación narcisista. Repiten en la transferencia la lucha narcisista merced a la cual ellos han afianzado su identidad.

Las interpretaciones del analista son reinterpretadas por el paciente a partir de cierto tipo de identificación y la presencia del analista se manifiesta por “la escucha que realiza de la escucha del paciente” (tanto del silencio como de las interpretaciones del analista). La manera en que el paciente oye las interpretaciones constituye un momento privilegiado para captar la índole de las resistencias.

Conforme a la hipótesis de que el paciente habla y escucha en función de una forma particular de identificación inconsciente, cuando se produce un proceso de desidentificación se modifica la manera en que el paciente escucha la interpretación. Este proceso de desidentificación tiene lugar cuando analista y paciente pueden reconocer que la escucha que el paciente hace de la interpretación está ligada a sus progenitores internos, a los discursos narcisistas de ellos. La superación de la modalidad narcisista de funcionamiento psíquico, resulta así el concepto clave para estudiar el reconocimiento de la alteridad.

4.- Repetición y sorpresa: la construcción y su validación (1989)

En este capítulo la autora intenta establecer las condiciones que deben cumplirse para que una construcción sea válida desde el punto de vista psicoanalítico; es decir, que corresponde a conflictos psíquicos del paciente y no es una “teoría” construida por el analista, demostrando además la importancia de la construcción como instrumento que ayuda al paciente a superar una situación de impasse en su análisis.

Su hipótesis central es que el concepto de construcción contiene en su propia estructura una fértil paradoja: a saber, que la construcción es por definición retroactiva, pero a la vez implica un movimiento de anticipación, en cuanto se convierte para el paciente en condición previa para acceder a ciertas verdades psíquicas; concepto de Nachträglichkeit, en francés après-coup, en castellano a posteriori.

Parte de la afirmación de Freud de que la construcción consiste en exponer al paciente a “una pieza de su prehistoria olvidada”, considerando que esta prehistoria se reactualiza en la transferencia, en particular cuando aparece una resistencia narcisista. Y considera además la afirmación de Freud de que “el analizado repite en vez de recordar, y repite bajos las condiciones de la resistencia”.

En el proceso transferencial la resistencia narcisista se opone a toda revelación proveniente del inconsciente que pueda amenazar la ilusión de omnipotencia, en especial el surgimiento de los tres aspectos dolorosos de la situación edípica ya mencionados: el reconocimiento de la diferencia entre generaciones, de la diferencia de los sexos y de la alteridad. Estos tres tipos de resistencia constituyen la “dimensión narcisista de la configuración edípica”.

Faimberg afirma que, si el paciente repite en vez de recordar, ello se debe a que la representación nunca existió, o no ha sido integrada en el espacio psíquico, de modo que el analista con su construcción, crea un lazo que antes faltaba.

A través de un caso clínico en el cual el padre era ubicado como un padre- hermano y en lugar de una verdadera rivalidad edípica se daba una lucha narcisista entre hermanos (“dimensión narcisista de la configuración edípica), la autora muestra cómo una construcción permite entender, nachträglichkeit, a posteriori, tanto la historia del padre como la resistencia narcisista del paciente.

La resistencia del paciente, lo llevaba a reinterpretar de acuerdo a una modalidad de lucha narcisista -como entre hermanos- las interpretaciones que la analista formulaba en un nivel de rivalidad edípica. La revelación de las identificaciones inconscientes a través de la construcción permite a la analista, lograr una comprensión retroactiva de cómo el paciente ha entendido las interpretaciones.

La validación de una construcción en términos generales viene dada por el cese de la repetición y la aparición de nuevo material.

5.- La posición contratransferencial y la contratransferencia (1988)

La autora opta por el concepto posición contratransferencial, como toda la actividad psíquica de la analista, puesta al servicio de la escucha de lo que el paciente dice o no puede decir durante la sesión, tendiente a restaurar lo que corresponde a la historia de la transferencia, con una concepción más dialéctica que lineal de su causalidad psíquica. No se trata de que el paciente suscite respuestas en el analista, o de neurosis no resuelta de éste, sino únicamente las condiciones para que éste responda con su propio funcionamiento psíquico.

La presencia o la ausencia psíquica del analista resulta para la autora un indicador de la posición contratransferencial.  El discurso del paciente despierta en el analista una forma de funcionamiento psíquico que le incumbe analizar para distinguir lo que depende de sí mismo de lo que corresponde al paciente. Análisis que obviamente estará atravesado por las características personales del analista, su propia historia transferencial con su psicoanalista y la posición teórica que presente. Analizar la posición contratransferencial del analista que puede anticipar, por ejemplo, la transferencia narcisista no reconocida por parte del paciente.

Reconocer la identificación inconsciente del analista con el objeto con el cual lo identifica el paciente, facilita el análisis de la posición contratransferencial. Una aptitud analítica también reconocida por la autora en esta posición, refiere a la “capacidad negativa”, en la cual el analista se sitúa activamente en la posición de no saber a fin de poder escuchar lo desconocido y dejarse sorprender por ello. Implica así, la capacidad de contener la angustia de no saber y poder orientarse en relación con lo que todavía no tiene representación.

Tal vez la pregunta ¿Cuál es mi posición contratransferencial? Sea la única que pueda ayudarnos a contestar esta otra interrogante ¿Es analizable este paciente?

  1. La dimensión narcisista de la configuración edípica (1993)

En este capítulo la autora explica su conceptualización de “configuración edípica” que resulta más amplio que el “Complejo de Edipo”.

Cree necesario ampliar el concepto debido a que “Complejo de Edipo” involucra los deseos inconscientes del paciente con respecto a sus padres, pero no incluye la índole ni la historia de los objetos edípicos como tales. Se necesita un concepto más amplio para poder estudiar la relación entre generaciones, es decir, la relación del hijo con sus padres y la relación de los padres con el hijo tal como puede ser (re)construida.

Configuración edípica entonces abarca la relación recíproca entre hijo y padres y por tanto incluye: – los deseos inconscientes del paciente (deseos incestuosos y de muerte respecto de ambos padres) y –la versión que el paciente, en su mundo interno, tiene de la manera en los padres reconocieron su “alteridad” y de lo que significó para ellos que haya nacido varón o niña. Esta versión incide en la forma en que el paciente organiza sus conflictos edípicos.

Por otra parte, esta configuración edípica de la que habla Faimberg, involucra una dinámica narcisista, la cual se hace presente en la transferencia y corresponde a un modo narcisista de resolución de conflicto trasmitido por los padres. De esta forma, un conflicto edípico puede “resolverse” según una modalidad narcisista.

La autora plantea la hipótesis de que, en todo análisis, el trabajo elaborativo del conflicto edípico llega inevitablemente a un momento de lucha contra las figuras narcisistas. En tal caso, el sujeto se siente poseedor del objeto en su totalidad, o bien se vive como totalmente excluido por él; funciona según la lógica narcisista del “o bien/o bien” a la que denomina “dilema narcisista”.

En relación al narcisismo, Faimberg considera que es posible estudiarlo como conflicto intrapsíquico en la medida en que está ligado a la historia de la formación del psiquismo del paciente. La configuración narcisista presenta un carácter contradictorio ya que el sujeto por una parte expresa su autosuficiencia, pero a la vez, necesita a un “otro” para confirmar que es autosuficiente.

Esta contradicción se explica de acuerdo al marco teórico de la autora, en base a las nociones de “intersubjetividad” ye “intrasubjetividad”. Tomando a Freud en los textos de 1915, considera el narcisismo como una forma de investidura, un modo de funcionamiento del sujeto en sus relaciones con el mundo.

Desde un punto de vista clínico, define la relación narcisista como un rechazo del sujeto a admitir la “alteridad”, la intersubjetividad. Así Freud, en su texto de 1914 a propósito de “his majesty the baby”, escribe que el amor de los padres por su hijo, reaviva su propio narcisismo infantil. El narcisismo tal como Freud lo concibe está próximo a si concepto de intersubjetividad, pues la relación del adulto con el niño es, desde el comienzo una relación de objeto narcisista. También Winnicott (1967) a partir de su propia lectura del estadio del espejo de Lacan, plantea que el bebé mira la manera en que su madre lo mira.

La concepción de Faimberg del narcisismo desde el punto de vista de la intersubjetividad, concuerda con las metáforas de Freud y Winnicott; el narcisismo depende siempre del “otro” desde el comienzo, por más que el sujeto no sea capaz de reconocer la intervención del “otro” como tal.

El reconocimiento de la “alteridad” es un momento esencial que marca el pasaje de la modalidad narcisista de funcionamiento psíquico al funcionamiento edípico.

De acuerdo a la modalidad de regulación de objeto narcisista, el sujeto califica al “otro” en función del placer o displacer que le procura y también se puede hablar de investidura narcisista cuando las cualidades del otro son contempladas según criterios narcisistas, y no en función de lo que el otro es y desea.

Si bien Faimberg se refiere al narcisismo del paciente, en la medida en que éste se identifica en parte con la lógica narcisista con que funcionaron sus padres, piensa que, en definitiva, el paciente se identifica con la lucha intrapsíquica de los padres, con su modo de solucionar conflictos.

En tanto se admite que la relación de objeto narcisista es un modo de funcionamiento psíquico que se encuentra en todos los pacientes, entonces es posible afirmar de acuerdo a la autora que la modalidad narcisista se activará probablemente en todo análisis.

También entonces tendrá lugar una transferencia narcisista en donde el paciente podría necesitar al analista solamente para confirmar que no lo necesita. Es decir, no sería capaz de experimentar un logro narcisista sin la presencia del otro. La lucha contra el progenitor narcisista, etapa importante del conflicto edípico, se reactualiza en la transferencia.

Faimberg también examina la temática del parricidio, concepto clave en el complejo de Edipo. Si bien en 1900 Freud se enfoca en indagar como el sujeto afronta sus deseos parricidas e incestuosos inconscientes, más que comprender la causa del parricidio, en el texto de 1912-13, Tótem y Tabú, el parricidio es considerado una respuesta a una pregunta crucial ¿cómo pueden satisfacer los jóvenes su sexualidad frente a la figura mítica del Padre primitivo que dispone del derecho absoluto y exclusivo de poseer a todas las mujeres? Por lo que la autora, toma esta figura como la de un padre narcisista que es el único que detenta el poder absoluto.

Siguiendo esta idea es que entonces, el parricidio y el incesto, también pueden ser analizados desde el ángulo de una lucha narcisista, que tiene su origen en la idea que existe un solo espacio psíquico, en el que nuca habrá más de un objeto erótico y ese espacio pertenece al padre narcisista.

El padre narcisista se convierte en padre edípico cuando prohíbe una mujer específica y permite a su hijo concebir un proyecto exogámico para el futuro.

Ampliar la conceptualización edípica incluyendo la dimensión narcisista, permite también evitar las consecuencias de una teoría solipsista fundada únicamente en la proyección. No se puede afirmar que el progenitor narcisista es siempre y solamente   producto de una proyección de los deseos parricidas del hijo.

Esta conceptualización es ilustrada, al igual que en el resto de los capítulos, con un caso clínico, Alice.

  1. El mito de Edipo “revisitado” (1993)

En este capítulo, a propósito de la quimérica ilusión que requiere ayudar a elaborar en los pacientes las ilusiones omnipotentes narcisistas, de ser “el amo en su propia casa” (Freud, 1916-17, pág.261), estando en la realidad, siempre en “otro sitio” por obra de sus identificaciones y deseos inconscientes y pese a esta herida narcisista, en que se nos muestra que no somos propietarios absolutos de nuestra mente y que se requiere  ser responsable de nuestras verdades psíquicas, la autores se pregunta en qué  es responsable psíquicamente Edipo de su destino y por qué cumplió los actos de parricidio y de incesto.

De la tragedia destaca y rescata, la mentira que rige el destino de Edipo que atañe a la adopción y al filicidio original, secreto, palabra no dicha en su genealogía y que ha sido desatendida por el psicoanálisis. Edipo para la autora, no puede evitar cometer actos que él mismo juzga abominables (parricidio e incesto) porque su destino está regido por el engaño. Edipo de esta forma, no puede cumplir lo prescripto por la ley.

En el análisis freudiano clásico, se admiten los deseos parricidas e incestuosos de Edipo, pero su destino no está regido sólo por la profecía, Complejo de Edipo directo”, sino por un mensaje no-dicho, (adopción y felicidio originario). Ignora así la identidad de sus objetos “edípicos”.  La imposibilidad en el mito de que la prohibición del incesto y del parricidio, se ligue a lo que se conoce como objetos simbólicos reconocibles, sino únicamente a objetos parentales (biológicos) desconocidos. La filiación de un individuo, su vínculo de parentesco, son la condición necesaria para identificar los “objetos edípicos”. Con ello, aseguran una función protectora.

La autora, además, reflexiona cómo Edipo, al consultar al oráculo, inconscientemente pregunta sobre sus orígenes “Quién soy” y “De dónde vengo”, preocupación narcisística, ubica como un problema de futuro lo que, en realidad, es un problema de pasado. De por sí, esa pregunta contiene un enigma para quien la formula. Lo que queda sofocado en su pregunta y en la respuesta, es quiénes son los padres, un padre filicida en el caso de Edipo.

Así el mito de Edipo, analizado en su totalidad (y por eso la necesidad de incluir el concepto de configuración Edípica) resulta una metáfora de un concepto metapsicológico que se hace necesario incorporar en la clínica no solamente el “complejo de Edipo” de Edipo (o de los pacientes), sino el saber quiénes son los objetos “edípicos” (han aceptado la alteridad de Edipo, el sentido de tener un hijo varón, etc.) Es de esta forma como la autora va enlazando dialécticamente y sobre una base metapsicológica los problemas narcisistas con los problemas edípicos. Layo así se ubica para la autora como paradigma del padre narcisista, evitando una teoría exclusivamente fundada en la proyección (de estos deseos homicidas e incestuosos inconscientes hacia los padres) universal e indestructible. Así, es cierto que todo paciente es responsable de sus deseos inconscientes y de su actividad psíquica, Complejo de Edipo incluido, sin embargo, se hace necesario reconstruir en la transferencia la identificación inconsciente del paciente con “su padre narcisista”, reconocer el sufrimiento del paciente por no haber sido amado y a veces encontrar, además, la impensable angustia del paciente por no haber sido deseado como hijo vivo.

Es así como un padre a diferencia de Layo, tiene una función edípica, cuando prohíbe una mujer específica y puede concebir un proyecto exogámico para su hijo. El sistema de filiación resulta así protector contra la perpetración del parricidio y del incesto.  Contrariamente a la ley narcisista, en la ley edípica que propone la autora, nadie tiene todo, nadie tiene el poder absoluto para siempre sobre el destino del otro. Es así como en la clínica señala la autora, la historia de la transferencia nos enseña que: (re)construimos por su intermedio lo que los padres del paciente han podido ser. La noción de (re) construcción es esencial para lograr una resolución parcial de esos problemas solipsista.

Comentarios

Nos interesa dar cuenta de cómo la lectura minuciosa de este texto nos interroga en nuestra clínica y nos ayuda en ocasiones a hacer visible y escuchar, la palabra de nuestros pacientes (y la propia) que en ocasiones había permanecido silenciada.

Nuestro interés en este texto nace mientras nos interrogábamos sobre la temática del género, particularmente en la escucha continua de pacientes mujeres que al preguntarse por su devenir se encuentran indefectiblemente con cierto fantasma de género que ha recorrido diferentes generaciones y que pudiendo tomar distintas formas, coincide con una desigualdad de valor entre ser hombre y ser mujer.

Podríamos pensar a la luz de la lectura, que estos fantasmas pueden ser entendidos en parte como una identificación alienante, trasmitida narcisísticamente por la pareja de padres, portavoces además de la cultura, que se perpetúa sobre el cuerpo de esa hija y así sucesivamente, con sus propias hijas, de generación en generación.

Por otra parte el concepto de configuración edípica, nos permite un análisis más profundo y amplio de nuestros pacientes incluyendo una (re)construcción acerca de las figuras parentales que permita comprender qué padres han sido para ese paciente, qué significó para ellos que hubiese nacido “mujer” u “hombre”, si han podido verlo/a  como alteridad y los fantasmas que a ellos los han recorrido en su devenir hombre o mujer.

Su conceptualización sobre la técnica de interpretación que llama, la “escucha de la escucha” resulta un aporte en nuestra clínica ampliando el valor que tienen los silencios, malentendido, y en particular, atendiendo a cómo el paciente escucha nuestra interpretación. Esta escucha de la escucha permite inferir, las identificaciones inconscientes que están presentes y el lugar psíquico en que ese paciente nos ubica. Aporte que resulta especialmente valioso cuando nos enfrentamos a aspectos no neuróticos, narcisistas, de nuestros pacientes y en situaciones donde la transferencia es aparentemente “muda”.

Finalmente, al revisar los conceptos de configuración contratransferencial y el lugar en que en ocasiones queda instalado el analista (objeto de identificación alienante), se refuerza la importancia de la ética en la praxis. En la medida en que al recibir a un paciente el analista pone su funcionamiento psíquico al servicio de éste, tendría que saber si está o no en condiciones psíquicas para contener ese sufrimiento en la posición contratransferencial. Desde esta perspectiva, el límite y criterio de analizabilidad se encuentra entonces del lado del analista: No aceptar un paciente no es señalarle que no es analizable sino “yo no puedo ser su analista”.

(1)Miembro Titular de la Sociedad Chilena de Psicoanálisis – ICHPA, Magíster en Psicología, mención Psicoanálisis, Universidad Adolfo Ibáñez. Miembro de  la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Psicoterapia Psicoanalítica y Psicoanálisis-FLAPPSIP ex docente ,Magíster Psicoanálisis, docente Universidad Central. lorenabiasonjara@gmail.com 

(2)Miembro Titular de la Sociedad Chilena de Psicoanálisis – ICHPA, Magíster© en Psicología, mención Psicoanálisis, Universidad Adolfo Ibáñez. Miembro Directiva de la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Psicoterapia Psicoanalítica y Psicoanálisis-FLAPPSIP. Ex Presidenta de Sociedad Chilena de Psicoanálisis-ICHPA. Ex Delegada de ICHPA para International Federation of Psychoanalytic Societies- IFPS. m_ramirez@manquehue.net

 

         

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