Buddhism and the Art of Psychotherapy

Autor: Hayao Kawai
Título: Buddhism and the Art of Psychotherapy 
Año de publicación: 1996
161 páginas
Editorial: Texas A&M UniversityPress

Comenta: David A. Gutiérrez Vega[1]

HayaoKawai (1928-2007), introdujo el psicoanálisis junguiano a Japón. De 1995 a 2001 dirigió el Centro Internacional de Investigación de Estudios Japoneses (Nichibunken) y la Agencia de Asuntos Culturales desde 2002 y hasta su muerte. En este libro,Kawai explora su experiencia como psicoterapeuta junguiano en medio de dos tradiciones de pensamiento: por un lado, la perspectiva occidental, orientada al desarrollo del Yo y al avance a través del método científico y; por el otro, el punto de vista oriental o, más específicamente, el budista que habitaba en él desde la infancia y al que a través de tantos años de estudio había tratado de negar. Envuelto en este diálogo, Kawai explora su práctica clínica de más de treinta años para reencontrarse con las imágenes e historias que adquirió a través de la cultura de Japón y cómo éstas se colaron en su consultorio para ayudar a sus pacientes japoneses a hallarsus propias respuestas.

Contenido

El libro se compone de un prefacio, escrito por David H. Rosen; un prólogo,cuatro capítulos y epílogo. Los capítulos son:

  1. ¿Budista? ¿Junguiano? ¿Qué soy?
  2. Las Diez Imágenes del Pastor de Bueyes y la Alquimia,
  3. ¿Qué es YO?
  4. Relaciones personales e impersonales en psicoterapia

Kawai dedica el primer capítulo a un recuento autobiográfico en el que reconoce la distancia que lo separaba de la tradición budista en la que había sido educado. La experiencia de la Guerra del Pacífico (en la que Kawai tuvo la suerte de no combatir, pero de cuyo temor no estuvo exento) le llevó a despreciar sus raíces para buscar respuestas en el Occidente que, a sus ojos, aparecía como triunfante más allá de las armas: Occidente superaba a Japón en prácticamente cualquier terreno. El posterior encuentro con las obras de Freud y las de Jung le mostró el camino de la ciencia; uno que exigía tomar distancia del mundo para observarlo mejor y dividirlo en fragmentos para luego universalizar sus hallazgos. Sin dejar de reconocer los grandes logros que esta metodología científica alcanza, Kawai observa que ese nivel de conocimiento no bastaba para explicar el mundo como un todo y que, ciertamente, su necesidad de sentirse en contacto con un universo más amplio que sí mismo hablaba más de lo que había dejado atrás que de lo que había encontrado.

Curiosamente, es durante sus años como estudiante de posgrado en la Universidad de California que Kawaientró de nuevo en contacto con el budismo a través de las Diez Imágenes del Pastor de Bueyes, a cuya discusión dedica el segundo capítulo.

Las Diez Imágenes describen la historia de un hombre que busca a un buey. Primero mira a su alrededor hasta dar con sus huellas y, una vez que lo encuentra, lo doma y vuelve a casa montado en él. Sin embargo, pese a la dificultad de la faena, pronto el buey desaparece y también lo hace el hombre, que reaparece al final, entrando en la ciudad como si nada de lo anterior tuviese alguna importancia. De acuerdo con Kawai, la serie de imágenes representan el dominio de uno mismo que es predicado por el Budismo Zen, donde el buey correspondería con el “verdadero self” (p. 41). Las últimas imágenes, en las que sucesivamente desaparecen el buey y el hombre representan la unión entre el yo del hombre y el selfque lo conecta con el resto del universo.

En los siguientes apartados, Kawai relaciona sus impresiones con las que Jung tiene sobre el RosariumPhilosophorum;el complejo de Ajase, propuesto por los HeisakuKosawa y KeigoOkonogi; así como con una nueva interpretación de las Diez Imágenes, realizada por una artista japonesa contemporánea. En todos estos ejemplos, Kawai ve referencias al proceso de transformación de uno mismo, con el acento puesto en distintos aspectos. El paralelismo, que Kawai mismo reconoce como arbitrario a primera vista, se justifica mediante la noción de lo inconsciente colectivo; concepto clave de la psicología junguiana.

El tercer capítulo es dedicado a explorar el yo, pero no en el sentido psicoanalítico del término, sino en la respuesta hipotética a la pregunta ¿quién soy yo?Kawai parte de la premisa de que, entre más se profundiza en la exploración de ese yo esencial, más incomprensible se vuelve su existencia (p. 88). Sin embargo, no se olvida del yo freudiano y critica la importancia que éste le adjudica como agente del individualismo. Para Kawai, la palabra “yo” alude a algo más esencial, si bien difícil de describir; que ilustra a través de varias historias originadas por la tradición budista. De éstas, Kawai concluye que el yo del budismo se parece al tipo de relación establecida en el contexto terapéutico, en el que la transferencia sirve como agente para que el yo de ambos participantes alcance mayor magnitud. Es decir, el yo, como esencia, es algo más cercano a un puente de comunicación con los otros y con el mundo que a una barrera que separa y distingue a un individuo de sus congéneres.

Dicha aproximación, reconoce Kawai, es parte fundamental del método científico y debe a ella muchos avances. Sin embargo, opina que, para alcanzar una comprensión más profunda en nuestro quehacer, la ciencia no basta: es menester reconocer una realidad más allá, en la que todo está conectado.Con este propósito, en su cuarto y último capítulo, Kawai propone que la terapia se base en una relación “impersonal” en la que los sentimientos del propio terapeuta puedan fluir libremente con los del paciente, cobijados en el vacío que puede existir entre dos seres esenciales. Esto no significa la renuncia a la neutralidad; se trata de una expansión de la relación terapéutica basada en un psicoanalista menos presto a la interpretación y a la cura y más al cultivo de la relación misma. Recurriendo, por última vez, a imágenes y conceptos budistas, Kawai expone lo que él entiende como la relación “impersonal” y cómo ésta tiene mejores efectos en el proceso terapéutico que, a su vez, se asemeja a las Diez Imágenes: a la vista de cualquiera, un individuo analizado no cambia realmente, pues nunca hubo necesidad de buscar afuera lo que siempre estuvo ahí. Esta noción, presente en el budismo japonés en infinidad de historias y relatos, es, al mismo tiempo, uno de los más preciados frutos del análisis: recuperar la fe en el mundo.

[1] Psicólogo clínico y psicoanalista, egresado del Instituto Mexicano de Psicoanálisis, A.C. Maestría en Estudios de Asia y África, con especialidad en Japón por El Colegio de México, A.C., e investigador independiente en la Universidad de Tsukuba, Japón, por el periodo 2015 a 2016.

         

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