REFLEXIONES ENTORNO A LA RELACIÓN ENTRE EL ANALISTA Y LAS TEORÍAS PSICOANALÍTICAS

Psic. Magdalena Lema[1]

Resumen

En el presente trabajo la autora realiza un recorrido en el que se repiensan algunos aspectos con respecto a cómo opera el saber teórico, y cómo es sometido constantemente a revisión cuando el espacio clínico es fecundo. O, por el contrario, cómo puede constituirse en obstáculo o corsé, que aprisiona la escucha y limita la intervención.

El desarrollo de la teoría psicoanalítica desde Freud en adelante, ha supuesto un complejo proceso de marchas y contramarchas, donde el surgimiento de ideas fecundas y perspectivas enriquecedoras, ha convivido con las discusiones e incluso con las rupturas.

Los psicoanalistas construimos a lo largo de nuestras prácticas, formas de pensar que reflejan aspectos de nuestra identidad. La manera de situarnos ante el sufrimiento psíquico, los modos de intervención, el diálogo con el saber y con el hacer, implica una construcción personal ligada al desarrollo de un pensamiento crítico e incómodo, dispuesto a tolerar las tensiones de la complejidad.

Palabras clave: teoría, pensamiento crítico, complejidad, identidad.


 

  1. I) Introducción

Para quien pasa largas horas intentando comprender el sufrimiento humano para incidir de algún modo en su alivio, pensar sobre la relación entre las teorías y la clínica, es una manera de entenderse a sí mismo.

Implica, además, ingresar en un terreno marcado por la complejidad, tanto por las características del vasto cuerpo teórico psicoanalítico, como por la necesaria consideración de los modos particulares como los analistas integramos a nuestra historia personal el proceso de formación.

Quizá sea inevitable entonces, expresar algo de mi propia relación con las teorías, ya que la identidad de cada analista guarda alguna relación con sus filiaciones teóricas, con sus preferencias y sus rechazos.

Planteado esto, me propongo realizar un breve recorrido en el que repensar algunas aristas con respecto a cómo opera el saber teórico, y cómo es sometido constantemente a revisión cuando el espacio clínico es fecundo. O, por el contrario, cómo puede constituirse en obstáculo o corsé, que aprisiona la escucha y limita la intervención.

  1. II) Un punto de partida

En este terreno los puntos de partida suelen conducir a las Obras Completas del maestro, que parecen estar refundando siempre nuestra disciplina. Hago mía una cita de Freud que toman Grinberg y Segura en su artículo “El psicoanalista y sus teorías”:

El psicoanálisis no es un sistema como los filosóficos, que parten de algunos conceptos básicos definidos con precisión y procuran apresar con ellos el universo todo, tras lo cual ya no resta espacio para nuevos descubrimientos y mejores intelecciones. Más bien adhiere a los hechos de su campo de trabajo, procura resolver los problemas inmediatos de la observación, sigue tanteando en la experiencia, siempre inacabado y siempre dispuesto a corregir o variar sus doctrinas. Lo mismo que la química o la física, soporta que sus conceptos básicos no sean claros, que sus premisas sean provisionales, y espera del trabajo futuro su mejor precisión (Freud, 1923, p. 249). (El subrayado es mío).

Freud coloca como punto de partida la adhesión a los hechos clínicos con la finalidad de dar respuesta a los mismos. ‘La clínica es soberana’, decimos muchas veces, y efectivamente lo es en tanto fuente permanente de interrogantes y de cuestionamiento de nuestras supuestas verdades.

Pero la descripción freudiana agrega algunos verbos más, que entiendo altamente significativos: tantear, corregir o variar, soportar y esperar. Alude así a la necesaria tensión que existe con el saber, siempre incompleto, provisorio, inacabado y modificable, de tal manera que no es posible instalarse en conceptos definitivos. Se trata de poder sostener una permanente incomodidad. Considero por ello que se plantean requerimientos especiales para la persona del terapeuta, quien debe entrenarse para andar a tientas, soportar la incertidumbre, modificar lo que no permite avanzar, como moneda corriente de su quehacer cotidiano.

III) La persona del terapeuta

En nuestro medio, Nora Pomeraniec (Pomeraniec, N. 2006) se pregunta acerca de las condiciones personales del terapeuta, y señala que es un tema que queda situado en el terreno del “de eso no se habla”, dando cuenta de la relevancia de abordar estos temas y de otorgarles un lugar en los procesos de formación. En el mencionado trabajo cita a Rudy, quien expresa: “La formación es un largo proceso de varias y complicadas etapas, al final de las cuales, si todo sale bien, se obtendrá un analista, y si todo sale mal, también”.

De manera que las exigencias de la tarea psicoterapéutica, requieren de condiciones personales. No hay duda de ello en lo que se refiere al vínculo con el paciente, al desarrollo de la empatía, de la capacidad de comprensión y de la habilidad técnica en general. Pero también es necesario considerar las características personales en su forma particular de relacionarse con el saber que lo sustenta, ya que de ello también dependerá su tarea.

Silvia Bleichmar, desde la herencia de Laplanche, plantea insistentemente la idea de “poner a trabajar las teorías” o de “liberarse del lastre para poder pensar de nuevo”, reclamando la necesidad de cuestionar las adhesiones reaseguradoras a esquemas teóricos que, más que facilitar la escucha, se interponen entre el paciente y el terapeuta.

Demanda una actitud crítica que necesariamente lleva a la consideración de los factores personales del terapeuta, ya que los postulados teóricos y técnicos se articulan como aspectos del Yo a través de las identificaciones logradas en el proceso de formación. De manera que, como lo planteaba Merleau-Ponty, se trata de desarrollar la incómoda actitud de “no consentir jamás en sentirse totalmente a gusto con las propias evidencias”.

Dice Silvia Bleichmar (2009, p: 137):

¿Qué quiere decir un pensamiento crítico? Quiere decir un pensamiento que pueda demostrar la forma en que marcha, vale decir, un pensamiento que de ninguna manera se limita a exponer conclusiones, sino que vaya mostrando el modo con el cual va produciendo los conocimientos que quiere desplegar. Un pensamiento crítico es aquél que no da por supuesto que los enunciados que sostiene son últimos y verdaderos, sino que estén constantemente ante la posibilidad de ser revisados de acuerdo a los interrogantes que la práctica plantea.

Es cierto que la herencia freudiana está constituida por un cuerpo teórico y algunos postulados metodológicos. Pero también, y es lo que me interesa focalizar, por un modo particular de articular la cura con la producción de teoría. Digamos que la investigación psicoanalítica nutre dos vertientes: la clínica, en tanto proceso de develamiento de las dinámicas inconscientes generadoras de conflicto y por ello de sufrimiento, y la metapsicológica, en tanto producción de referentes conceptuales. Considero que uno de sus mayores legados (a la vez que una de las grandes dificultades) está en los modos de hacer teoría, es decir, en la relación entre curar y teorizar, entre curar e investigar. Y que esta articulación implica – para la persona del terapeuta – un permanente desdoblamiento y una vigilancia activa respecto al nivel de abstracción en el que está operando su pensamiento. Implica el nivel de la escucha “pegada a la clínica”, (adherida a los hechos, diría la cita freudiana referida más arriba), pero con un movimiento necesario hacia un plano metapsicológico, situado en otro nivel de abstracción, y necesariamente productor de otro lenguaje.

Volviendo a Silvia Bleichmar (2009, p. 120):

…es necesario diferenciar los descubrimientos de carácter universal de la impregnación histórica en la cual inevitablemente se ven inmersos (…) Estableciendo niveles de cientificidad posible, y separando metodológicamente las teorías – en el sentido estricto de la palabra -, de los elementos novelados, mistificados, con los cuales se ha enraizado el corpus a partir de que el objeto con el cual se realiza la operación aplicada mayor, es decir la clínica, es también su fuente principal de descubrimiento”.

Y la autora cita como ejemplo paradigmático de lo dicho, el lugar de las teorías sexuales infantiles, que habrían devenido a lo largo de un prolongado período, “teorías” de los psicoanalistas, (y yo agregaría del Psicoanálisis), produciéndose un solapamiento que impide diferenciar el nivel teórico del nivel fáctico.

El estado del arte en psicoanálisis, las dificultades especiales de su objeto de estudio, las implicaciones personales y emocionales inevitables en los procesos que se pretende investigar, el alivio del sufrimiento como finalidad de su intervención, entre otras razones, han determinado ciertos modos de pensar.  Nos decimos permanentemente “¿cómo pensamos esto?”, donde el “cómo” pensar se torna problema y ya no sólo el “qué” pensar.

Y un paso más: me pregunto si todo terapeuta tendría que teorizar. Y mi respuesta es que sí. Teorizar en un sentido amplio del término, no necesariamente produciendo nuevos modelos conceptuales de un alto nivel de abstracción, pero sí en el sentido de dialogar críticamente con los marcos conceptuales. Teorizar en el sentido de formularle a las teorías los interrogantes que los pacientes nos plantean con sus formas de existir, de gozar y de padecer; en el sentido de emplazar seriamente al “saber” encontrándonos con sus inconsistencias y contradicciones, aún con el riesgo de quedarnos sin respuestas. Teorizar para evitar caer en la comodidad de un pensamiento “doctrinario”, porque la clínica siempre desborda a la teoría, la psicopatología no termina de encajar en los manuales, y las certezas suelen ser un riesgo para la imaginación.

  1. IV) Las instituciones

Me resulta inevitable en este recorrido, hacer una breve mención al papel de las instituciones psicoanalíticas, ya que la historia del psicoanálisis se vincula, de alguna manera, a la historia de sus instituciones, que a la vez han sido el principal factor de avance y de transmisión del saber y del hacer psicoanalítico.

Pero, desde Viena en adelante, no sólo el saber, sino también el poder, y por tanto las “adhesiones” y las “detracciones”, parecen organizarse en torno a dinámicas institucionales, de manera que se hace inevitable pensar, desde esta perspectiva, en la existencia de discursos hegemónicos a la interna de las mismas, y en modos concretos de coagular el saber, o de congelar métodos que impiden avanzar. Y que del lado del terapeuta, puede suponer una relación de sometimiento a la institución, a las teorías y a los procedimientos técnicos.

Evidentemente las diferentes perspectivas enriquecen, abren, amplían, ventilan, y el riesgo consiste en pensar de manera totalizadora.

Y vuelvo a una referencia a Freud realizada por Grinberg y Segura en el artículo citado: (1916, p. 315): “En el cultivo de la ciencia hay un expediente muy socorrido: se escoge una parte de la verdad, se la sitúa en el lugar del todo y, en aras de ella, se pone en entredicho todo lo demás, que no es menos verdadero”.

Por otro lado, las “modas” teóricas también tienen un lugar en las instituciones, y pueden vincularse tanto al efecto de novedad de un descubrimiento que permite entender, nombrar o ampliar el conocimiento y la forma de intervención, como también a la aceptación y/o valoración entre colegas, o a la aceptación o pertenencia a una institución. Así, en algún momento éramos kleinianos y hablábamos ese ‘idioma’, y en otro lacanianos y el idioma era más difícil. Hoy en cambio, hablamos más bien de “subjetividades” y de “construcciones identitarias”, o de “regulación emocional” y de “InternalWorkingModels”, por ejemplo.

La construcción de la identidad del terapeuta, se juega especialmente en esta dimensión, activándose complejos mecanismos por la tensión emergente de la propia inserción institucional, en la que se puede ser a la vez, como lo plantean Grinberg y Segura, paciente, alumno y terapeuta. De manera que la teoría y el saber pueden ser utilizados de manera defensiva o ideológica, y, así como la moda es en la adolescencia un imperativo que determina la pertenencia y la identidad, habría que evaluar cuánto de reaseguramiento habría en aquello que se adopta acríticamente.

  1. V) La interdisciplina

La interdisciplina también puede constituirse en “moda”, ser incorporada superficialmente como barniz o como un mero recurso discursivo, sin que implique ningún desafío a nuestras maneras de pensar.

Entiendo que se trata de desarrollar una actitud, pero que requiere de un rigor epistemológico que haga posible “pensar en el límite de lo que no se sabe” sin perder identidad, y, tal como lo expresa Ana María Fernández, (2005) “desdisciplinar las territorializaciones disciplinarias”.

La autora se refiere a la necesidad de transitar “zonas borrosas” ya que no se trata de comprobar saberes instituidos, (aplicar teorías) sino de pensar atravesando fronteras. Y en esta línea, sitúa como “enemigo fundamental”, al “pensamiento de Lo Mismo” citando a Aristóteles de la siguiente manera:

Lo mismo e idénticamente dispuesto da existencia siempre, por su propia naturaleza, a lo mismo. Lo mismo, en las mismas condiciones, engendra lo mismo: el conjunto formado por la causa, las condiciones y el efecto contiene a éstos como sus partes. (Fernández, 2005, A. M. p. 57).

Fernández insiste en la necesidad de tolerar cierta “desprofesionalización” para ingresar en zonas de intercambio real con otros saberes y otras miradas, que ayuden a repensar las categorías propias, es decir “lo otro”, lo múltiple y lo diverso, en lugar de “lo mismo”.

En el mismo sentido, Bernardi (1999) considera que “el diálogo interdisciplinario requiere “bordes porosos” y agrega que:

A veces puede parecer que defendemos mejor la identidad del psicoanálisis trazando límites menos porosos, que separen más claramente al psicoanálisis de lo que no lo es. Sin embargo, esta postura nos quita flexibilidad para responder a los nuevos contextos internos y externos, los que entonces se vuelven amenazadores y conducen a la sensación de crisis.

Me resulta interesante constatar que el lenguaje de los psicoanalistas, se ve impregnado de términos cuyo origen no siempre conocemos. Pienso por ejemplo en el concepto “subjetividad”, de raigambre sociológica, o el concepto de “género”, también del mismo origen. Pero un poco más atrás en la historia, la lingüística nos aportó la idea de “significante” y de “significado”, y antes la física fue tomada en los escritos freudianos, o la filosofía, la antropología, etc.

De alguna manera, conceptos que nos resultan inicialmente ajenos o extraños, pueden ser incorporados de manera enriquecedora.  Pero en estos casos, no se trata de una simple adición, sino de una ampliación de la perspectiva e inclusive, de modificaciones profundas de las teorías y de procesos dolorosos de autocrítica. Se generan así, en el diálogo interdisciplinario, aperturas del pensamiento y complejizaciones saludables, aunque no siempre exentas de conflictos o fracturas institucionales.

Un lugar especial merece la consideración de la relación del Psicoanálisis con otras corrientes teóricas dentro de la Psicología, y en particular, dentro del campo de las Psicoterapias. Desde el Psicoanálisis se ha desplegado una actitud descalificadora hacia otras formas de pensar, y si bien es cierto que los desarrollos psicoanalíticos son de una rigurosidad especial, existen límites muy concretos a sus posibilidades de intervención, que otros métodos psicoterapéuticos logran subsanar. Un ejemplo de ello es el trabajo de Lía Rincón (2005) en su libro “Las Psicoterapias. Pensadas a partir de lo posible”, en el que logra una magnífica integración de los criterios psicopatológicos con el aporte específico de cada uno de los marcos conceptuales, y la indicación de psicoterapia.

En este terreno, también la investigación en psicoterapia logra mostrar que existen factores comunes que operan en todas ellas y que se relacionan positivamente con los buenos resultados terapéuticos. (Bernardi, 1999). Afirmación que aleja cualquier aspiración de verdad última y definitiva.

  1. VI) Relación teoría técnica:

Se ha dicho desde siempre que las teorías guardan una estrecha relación con los modos como operamos No obstante, si bien éstas remiten a modelos de funcionamiento psíquico que permiten comprender ciertos fenómenos clínicos y por lo tanto inciden en las formas de intervención, también es cierto que la realidad (social, histórica y cultural) opera en los márgenes de propuesta que tiene el analista, si es que no quiere quedar por fuera de los intercambios posibles y pensables en una sociedad y momento dado de la historia.  En este sentido, las llamadas “modificaciones a la técnica” constituyen formas de adaptación de lo esencial del método, para dar respuesta a situaciones particulares, logrando en ocasiones, ampliar las posibilidades de abordaje, aunque aceptando condiciones que no provienen de la teoría, y tampoco totalmente del paciente, sino de la realidad en la que ambos están inmersos. La frecuencia reducida en la mayoría de los procesos terapéuticos actuales, constituye un claro ejemplo de ello.

Quizá nos es más fácil aceptar el reto que las nuevas y cambiantes realidades plantean a las teorías, y bastante más difícil, aceptar y sobre todo compartir, los desafíos técnicos con los que nos encontramos en el día a día, como si la censura institucional pesara más sobre nuestros modos de hacer que sobre nuestros modos de pensar; como si estuviéramos más preparados para disentir conceptualmente que para disentir metodológicamente. Y la sentencia “eso no es psicoanálisis” puede obturar la posibilidad de pensar.

VII) A modo de cierre

Al cabo de este recorrido, la sensación es más bien la de haber comenzado a pensar que la de haber concluido.

La variedad teórica, la diversidad de producciones y de perspectivas, hace del mundo psicoanalítico un mundo altamente complejo. Ya Wallerstein (1988) alertaba de ello en su trabajo “Un psicoanálisis o muchos”.

Para Hugo Bleichmar, (2008) uno de los riesgos en medio de tanta diversidad, consiste en la adhesión a sistemas totalizantes, verdaderos candados epistemológicos, que impiden avanzar. Y plantea que los aportes de Morin desde el pensamiento complejo, constituyen una posibilidad de pensar de otro modo.

Por lo anterior, y luego de este recorrido, creo que se desprende una idea fuerte, un concepto que considero relevante, y es que la relación entre las teorías y el psicoanalista, no viene dada de forma natural. Ni siquiera por la íntima relación que Freud plantea entre teoría y método. Considero más bien, que es fruto de una creación constante por parte del analista y que esta creación forma parte de su identidad.

Bibliografía

Arbiser, S. Las teorías en la práctica psicoanalítica. En Revista Uruguaya de Psicoanálisis 2009; 108: 170 – 197.

Bleichmar, Hugo (2008) “Avances en Psicoterapia Psicoanalítica”. Buenos Aires. Paidós.

Bleichmar, S. (2009). La subjetividad en riesgo. Buenos Aires. Topía.

Bernardi, R. La clínica Psicoanalítica y el diálogo intra e interdisciplinario. En Psicoanálisis APdeBA – Vol. XXI – N° 3. 1999. Recuperado de http://www.apdeba.org/wp-content/uploads/Bernardi.pdf.

Fernández, Ana María. (2005) Las Lógicas Colectivas. Imaginarios, cuerpos y multiplicidades. Buenos Aires. Sin Fronteras Ed.

Freud, S. (1916). 22ª Conferencia de introducción al Psicoanálisis. En Strachey, J (2005) Obras CompletasTomo XVI Buenos Aires, Amorrortu Editores.

Freud, S. (1923). Psicoanálisis.En Strachey, J (2005) Obras Completas. Tomo XVIII. Buenos Aires. Amorrortu Editores.

Grinberg, A, y Segura, A. El psicoanalista y sus teorías.(En línea)Revista digital Intercanvis Intercambios <http://www.intercanvis.es.>Recuperado de <http://intercanvis.es/pdf/05/05-03.pdf.>

Ricon, Lía (2005). Las Psicoterapias. Pensadas a partir de lo posible. Buenos Aires. Editorial Polemos.

Wallerstein, R.S. (1988) Un psicoanálisis o muchos? En: Libro anual de Psicoanálisis. Londres. Lima Ediciones Psicoanalíticas Imago S.R.L.

[1]Especialista en Psicoterapia Psicoanalítica. Asociación Uruguaya de Psicoterapia Psicoanalítica. (AUDEPP). Ex docente de Psicodiagnóstico Clínico de la Facultad de Psicología de la Universidad Católica del Uruguay. Email: magdalena.lema@gmail.com Montevideo. Uruguay.

 

         

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