PSICOANÁLISIS VINCULAR. DOS TRAVESÍAS CLÍNICAS

Lic. Gloria Abadi[1]

Resumen

A través de dos tratamientos vinculares, se despliegan algunas reflexiones tanto de la terapia vincular como de la posibilidad de pensar estos materiales desde un pensamiento que incluya lo indeterminado.

Se trata de la relación de dos madres con sus respectivas hijas. Si bien las alternativas de vida de cada una tuvieron su particularidad, podría decir que el punto en común de ambas historias es un sentimiento de abandono, de exclusión por parte de las hijas Julia y Luisa, junto con momentos de fuerte hostilidad que tuvieron destinos diferentes en cada vínculo.

El trabajo marca las diferencias de cada recorrido clínico.

Palabras clave:Determinismo – situación – vinculo – diferencia– suplemento

La derivación casi en simultáneo para tratamiento vincular de dos madres con sus respectivas hijas de 23 y 40 años, y su diferente recorrido clínico me han llevado a reflexionar acerca de algunas particularidades de los dispositivos vinculares. Las diferencias en las derivas de estos tratamientos también ofrecen la excusa para desarrollar algunas ideas teóricas.

Si bien en cada una de estas historias el vínculo produjo situaciones de vida singulares, lo que fui observando es un común sentimiento de abandono y de exclusión por parte de las hijas Julia y Luisa, junto con momentos de fuerte hostilidad que tuvieron destinos diferentes en cada vínculo.

En ambos casos las hijas se encuentran en tratamiento individual, sin embargo, la hondura de ese sentimiento, pareciera tener efectos de características tan cristalizadas en la vida emocional de cada una y en el vínculo con sus madres, que sus respectivas terapeutas individuales han considerado que el dispositivo vincular podría poner en juego algo que se sustrae al encuadre individual y que ayudaría así a abrir nuevos sentidos.

No es la intención de este trabajo ahondar en las historias particulares de cada caso sino más bien contar a través de las resonancias que cada uno provocó en mí, una travesía marcada por grandes diferencias. Fueron justamente éstas las que me convocaron a pensar algo al respecto y a plantearme algunos interrogantes que intentaré desplegar a lo largo de este trabajo.

¿Cómo incluir lo indeterminado en estas historias que parecen tejerse a partir de un temprano desencuentro y de sus efectos traumáticos? ¿Qué estatuto darle a lo actual? ¿Qué lineamientos teóricos aportan un enfoque que ayude a ir más allá de la repetición?

Suelo recurrir con frecuencia a la noción de “clima” para referirme a lo que sucede en las terapias multipersonales. Tiene a su favor que describe algo que no pertenece a ninguno de los presentes, sino que alude a una producción vincular.

Por el modo de vincularse, las entrevistas de Julia con su mamá Marisa producían un clima tenso, aún en momentos de armonía ésta denotaba fragilidad en tanto parecía que cualquier desencuentro podría tornarse explosivo. El margen para que el otro sea diferente al imaginado, representado, era ínfimo. El enojo desenfrenado ante la inadecuación entre lo esperado y lo que ocurre nublaba toda posibilidad de que Julia y Marisa pudieran descubrir aspectos novedosos entre ellas. Lo vivido se tornaba determinante.

“Ella me decía ¿para qué naciste?, ¡sos mi enemiga!” refiere Julia frente una mamá impávida y sorprendida que no logra acortar la distancia afectiva ante el tono acusatorio de su hija. Marisa parece no entender, afirma que las cosas no fueron así como las relata, que no recuerda haber dicho nada semejante. Sin embargo, el modo en que expresa esta rectificación del pasado, nada cuenta acerca de su disponibilidad para alojar el dolor actual de su hija. Esta falta de reconocimiento, no tanto de su decir sino del rechazo que en la actualidad dice percibir su hija, reedita un desencuentro.

Me siento incómoda ante este desajuste. No se trata de la verdad de ese fragmento de la historia sino de lo excesivo de la demanda y de la aridez expresiva con la cual Marisa responde. No se trata de palabras sino de un gesto ausente, un gesto imprescindible para que lo dicho sea creíble para Julia.

Me interesa destacar que esta escena muestra una imposibilidad en esta producción vincular para alojar una diferencia que les permita una subjetivación novedosa. Pensarlo desde una imposibilidad conjunta permite superar la idea de dos sujetos que se influyen mutuamente para incluir la noción de que es el encuentro lo que produce a los sujetos. La imposibilidad en este caso es la de incluir lo no conocido de cada una, aquello previamente inexistente.

En ese sentido, si bien Marisa esperaba a Julia con su comida preferida, la ayudaba en su trabajo, la acompañaba cuando se sentía mal, ninguna de estas acciones que mostraban una intención de acercamiento lograban conmover las marcas de una temprana experiencia de decepción. No lograban ser semantizadas como algo radicalmente nuevo. Se tornaban insuficientes para constituir un zócalo afectivamente confiable que pudiera atenuar las reacciones desmedidas frente a nuevas situaciones que por sus resonancias reavivarían el desamor.

Los dispositivos multipersonales ofrecen la peculiaridad de que producen una escena, por lo tanto, lo que allí ocurre adquiere el impacto y la intensidad causado por la presencia de los sujetos. A diferencia del dispositivo individual en el cual se trabaja sobre las ausencias, es decir con las representaciones del paciente, sus objetos internos, en las entrevistas vinculares los cuerpos presentes construyen una escena en movimiento que perfora la fijeza de la representación. El campo de lo dicho excede a la palabra.

En ese sentido, la tensión a la que me refiero está amasada tanto con lo discursivo como con lo gestual, las miradas, las entonaciones, las texturas de un diálogo. Por ejemplo, ciertas reacciones negativas de Julia ante comentarios manifiestamente elogiosos de su mamá parecían evidenciar un desacople ya que Julia sólo entendía estos movimientos de su madre con y desde el sentimiento de dolor y de enojo por lo que no llegó a tiempo. El destiempo así recubría toda posibilidad de que el vínculo entre ambas gestara – como diría Rodulfo (Rodulfo, R. 2004)-  algo nuevo no pre-dispuesto en lo anterior.

Dicho autor propone una revisión del concepto de series complementarias formulado por Freud que resulta muy fértil para incluir otra mirada. Afirma que hablar de factor desencadenante, como se desprende de lo postulado por Freud supone la presencia de algo que preexiste y que está a la espera de manifestarse. Desde ese postulado, lo actual o el vivenciar accidental entonces actuará como desencadenante de las marcas del pasado. La serie actual, afirma Rodulfo, tendría como “función excluyente la de desencadenar lo pre-parado, pre-dispuesto, la disposición dispuesta en otra parte sólo complementa lo entretejido entre las otras dos” (Rodulfo, R. 2004p.26).

El autor sugiere hablar de factorencadenante en tanto permite trabajar con lo que aparece en una sesión sin remitirlo o reducirlo a las huellas de lo ya acontecido. No se trata de desconocerlo sino de quitarle el peso de la determinación.

Para ello propone la categoría de lo suplementario:

“el suplemento es lo que no estaba antes, no estaba pre-moldeado en ningún tejido secreto…es lo que suple (y a la vez resiste), lo que una estructuración cualquiera no tendría para dar…se lo entiende mejor bajo la especie del pedazo que sobra, del añadido, de lo que está de más” (Ibíd. 28).

Esta perspectiva permite encadenar lo que va ocurriendo sin remitirlo necesariamente a causas precedentes para encontrar su sentido. Se trata, como dice Rodulfo, (Rodulfo, R. 2004)de agregar, añadir, hacer emerger algo nuevo, no pre-dispuesto en lo anterior. Entonces lo que se da no tiene un origen en aquello pretérito, sino que es una visión en inmanencia.

Por otro lado, pero siguiendo una línea teórica equivalente, Julio Moreno define lo radicalmente nuevo como “la adquisición de una nueva clave no homogénea con las existentes, que hasta entonces era imposible para esa situación” (Berenstein, I.et ál 2000p.131).

Para Marisa y Julia lo actual solamente era leído en clave de lo que faltó, acentuando así un desencuentro radical. Las intervenciones orientadas a abrir algún interrogante que pudiera fisurar las certezas eran reducidas a una única lectura posible, que convertía lo actual en homogéneo con lo anterior. En ese sentido podríamos afirmar que la vincularidad entre ellas estaba así determinada por la solidez de lo atemporal.

Una nueva clave, siguiendo a Moreno, sería incluir lo que Rodulfo denomina “el pedazo que sobra”(Ibíd.), un nuevo sentido producido en sesión nacido de algo discontinuo, no homogéneo respecto de las significaciones anteriores. ¿Habrá alguna posibilidad de ofrecer y recibir esa comida y esos cuidados sin reducirlas a aquella comida y cuidados? ¿Son lo mismo o hay algo de más?

Entre Julia y Marisa el sentimiento de exclusión está al acecho: una mirada, un tono o una palabra de más o de menos puede provocar una escena marcada por una desmesura imparable lo que llevó en alguna oportunidad a interrumpir una sesión ante una escalada de violencia verbal que amenazaba trasladarse a lo físico.

En el caso de Marta y su hija lo profundo del desencuentro se figuró con una descompensación psíquica que culminó en una internación de Luisa.

Sin embargo, y volviendo a la noción de clima, en las entrevistas con ambas el clima era de un dolor compartido, la tristeza sobrevolaba las sesiones. Se escuchaban con atención, como intentando conocerse, entenderse y entender lo que había provocado la decisión de Marta de dejar a su hija con su mamá para ir a buscar mejores condiciones de vida en otro país. “yo estaba preparando todo para que ella pudiera viajar…” se lamenta Marta.

Luisa tenía 6 años cuando su madre parte. Fueron 10 años de separación.

A lo largo de las sesiones fueron reconstruyendo lo que cada una fue sintiendo “cuando la vi llegar en el aeropuerto no sabía si ir corriendo a abrazarla o rechazarla”. Cuando Marta regresa, asustada por la salud de su hija, ya no vuelve a irse. Decide abandonar lo logrado en su migración e instalarse junto a ella para cuidarla.

Frente a una situación límite ambas se unen. “Ahora tenemos que conocernos, ya no somos las mismas después de tantos años”. Justamente considero que esta afirmación encierra gran parte de lo que permitió que madre e hija lograran un encuentro posible. “Ella me pidió perdón” dice Luisa y yo agregaría que Luisa alojó dicho perdón y lo que éste alumbraba dentro de ella. En muchas sesiones terminaban llorando abrazadas.

Considero que la posibilidad de alojar la ambivalencia funda la potencia de este vínculo. Por el contrario, en el caso de Julia y Marisa la fijeza del pasado reproduce la vivencia de lo que no estuvo, de lo que se constituyó como una falta, lo que debía ser de una manera y fue de otra. Alojar la ambivalencia implica el reconocimiento de los cambios que pueden acontecer con el paso del tiempo, y los diversos pliegues que encierra un vínculo; un vínculo con otro, pero especialmente el vínculo con lo desconocido de uno mismo. Marisa sigue mirando y encontrando a la nena que la desbordaba. En aquel momento histórico, su marido había quedado sin trabajo y ella debió hacerse cargo de la manutención de la familia. Ambas hacen centro en la espera de que se repare aquella temprana desconexión afectiva, y no pueden incluir las múltiples condiciones de vida sobre las cuales se constituyó el vínculo. Este centro se convierte en el único dador de sentido, recreando una y otra vez una zona peligrosa siempre pronta a estallar.

La noción de situación también aporta otra mirada que se vuelve productiva para pensar por fuera de las determinaciones. Pensar en situación es pensar una particularidad desde sí misma, sin remitirla a una totalidad. La situación es el punto en que tenemos que hacernos responsables, el punto en que tenemos que constituirnos, el punto que tenemos que habitar, sin remitirnos a una totalidad ya que en ella encontraremos un sentido ya dispuesto de antemano, una serie.

Considero que esta perspectiva teórica que gira en torno a una clínica situacional y en inmanencia, permite tomar lo que se va produciendo en las sesiones como algo potencialmente nuevo, no es lo que antecede la causa de lo actual, sino que éste produce un encadenamiento que hace emerger un nuevo sentido. Lo que van descubriendo Luisa y Marta es que junto con el dolor por la larga separación van logrando entrar en contacto con lo que sienten por estar ahora juntas. Este ahora puede configurarse con cierta independencia del pasado, y constituirse así, retomando las palabras de Rodulfo, en un suplemento.

Con el correr de las sesiones (y de la vida) comenzaron a conocerse. El trabajo de desconocerse y conocerse, de atraparse y soltarse, de ser otras, fue dibujando entre ellas un perdón que testimonia la posibilidad que brinda el no quedar fijado en un centro de sentidos hegemónico. Como afirma Lewcowitz(2003) “una situación límite es estar ante una configuración de elementos que me obligan a transformarme para habitarla”(p.6).

Pienso que madre e hija lograron una transformación produciendo en las que son hoy un clima de ternura que las empuja con entusiasmo a tejer nuevos proyectos. Se las ve vitales. Los recuerdos de un tiempo de tristeza y desamparo están, pero como tantos otros pliegues de la vida vivida. La coordenada temporal instala aquí una discontinuidad entre pasado y presente y lo actual adquiere carta de ciudadanía como efecto de una lectura situacional.

Dos historias diferentes, dos vínculos muy dañados que sin embargo se disponen a trabajar sobre sus frustraciones y decepciones. En algún caso, la palabra puede hacer un recorrido para alumbrar sentimientos penosos que antes se alojaron en el cuerpo. En otro, la fijeza de lo vivido parece marcar un único recorrido posible.

Bibliografía

Borensztein, L.  Comunicación personal.

Moreno, J. (2000). “¿Hay lugar para lo indeterminado en psicoanálisis”. En Berenstein, I. (2000) Clínica Familiar Psicoanalítica. Buenos Aires, Paidós editores.

Freud, S, (1916): “23 Conferencia. Los caminos de la formación de síntomas.” En StracheyObras Completas, Volumen XVI Buenos Aires, 1979 Amorrortu editores.

Lewkowicz, I. (2003): “Suceso, situación, acontecimiento” Ficha de cátedra. Universidad Nacional de La Plata.

Rodulfo, R. (2004): El psicoanálisis de nuevo. Elementos para la deconstrucción del psicoanálisis tradicional.Buenos Aires. Editorial Eudeba.

[1]Lic. Gloria Abadi, Socia Activa de AEAPG. Coordinadora del Equipo de Familia y Pareja del Centro de Salud Mental N°3 “A. Ameghino” gabadi@fibertel.com.ar. Argentina.

 

         

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