PROMOCIÓN DE LA RESILIENCIA FRENTE A UNA CATÁSTROFE SOCIAL[1]

[1] Agradezco especialmente al Dr. Hernán Ortiz Maldonado, Gerente de Salud y Seguridad Ocupacional del Correo Oficial de la República Argentina, la autorización para la presentación de la experiencia realizada.

María Teresa Ravagnan[2]

Resumen

Este artículo describe una experiencia de intervención temprana interdisciplinaria, realizada por la Gerencia de Salud y Seguridad Ocupacional del Correo Oficial de la República Argentina, en 30 empleados afectados por la inundación de algunas zonas de la ciudad de La Plata, el 2-3 de abril de 2013. Se destaca: la importancia de las visitas domiciliarias, la evaluación del impacto traumático inmediato, el dispositivo grupal con una escucha empática contenedora, la orientación psicológica-psiquiátrica y el seguimiento hasta el año. A partir de los resultados favorables de la intervención, con respecto a la prevención de efectos post-traumáticos se resalta la contribución de éste tipo de intervenciones, que, junto con otros factores intervinientes, favorecen la promoción de las bases para un futuro desarrollo resiliente.

Palabras Clave: Catástrofe- Inundación La Plata- Resiliencia


I-Catástrofes naturales-sociales. Sus efectos 

Una catástrofe es un suceso que altera un orden supuestamente regular y produce un efecto grave.

Según M. Benyakar (2004) una catástrofe es un “evento fáctico disruptivo”, ya que altera un estado anterior de equilibrio y homeostasis, afectando a las personas, comunidades e instituciones.

Luis Hornstein (2003) utiliza el término “irrupción” para referirse a lo propio de toda catástrofe, debido a que se contradice “lo cotidiano”, que supone un curso regular, previsible, rutinario, una serie de “hechos” que pueden ser pensados y previstos en tanto coincidan con lo representado. Expresa “Cuando sobreviene la catástrofe se establece un corte en la regularidad de la vida, si ésta fue concebida como continua y lo que se haga de ahí en más adquiere otro sentido, en realidad adquiere un sentido otro y a veces se establece como diferente de la vida previa”. (Hornstein, 2003, p. 56).

Tanto la catástrofe como el accidente son para el psiquismo evidencias de lo real, de lo exterior, que exceden el espacio de la interioridad y superan la significación instituida, resultando ésta insuficiente. El sujeto deberá instituir otra significación y fundar otra subjetividad.

El impacto, como señala Mirta Holgado (2013), causa una desestructuración, una modificación seria, que produce síntomas y angustia y si bien las manifestaciones pueden ser transitorias, no por ellas son menos profundas. “El encuentro catastrófico actúa como un “agujero en el tiempo”. (Holgado, 2013, p 39). El efecto de éste encuentro en la sociedad lo “tiñe todo”. No se trata de cuerpos anónimos, sino que existe una historia. “La trama del tiempo se deshace quedando reducida a ese instante catastrófico. El tiempo es irrepresentable en tanto funciona como pérdida” (Holgado, 2013, óp. cit. p 49).

Diego Rolfo y Daniel Slucki entre otros, (2003), consideran que el efecto de lo no simbolizable toma el comando en el devenir del cuerpo social y de los individuos que lo componen, causando sensaciones de inermidad, un terror sin nombre y la percepción de insuficientes recursos para proteger al psiquismo del derrumbe, sumada la imposibilidad de imaginar un futuro sobre el presente desorganizante.

Surgen vivencias de desesperanza, indignación, inseguridad, desamparo, indignación y odio, el sentimiento de devastación que implica la destrucción de los referentes sociales.

En el contexto social la devastación implica destrucción de referentes sociales, vivencias de desesperanza e inseguridad.

Cabe aclarar que, si bien el trabajo describe una catástrofe natural, por tratarse de una inundación, ésta resulta, como en la mayoría de las veces una catástrofe social, porque el hecho de que se produzcan, como la gravedad de sus efectos, son producto, como lo señalan numerosos autores, entre ellos Silvia Bleichmar (2003); del descuido y la negligencia de las entidades gubernamentales.

II- Descripción de la catástrofe.

El 2-3 de abril del año 2013 en la ciudad de La Plata, (en los barrios señalados en el mapa a continuación) se produce una muy importante inundación, originada por precipitaciones de una intensidad inusitada.

Entre las graves consecuencias ocurrió el fallecimiento de 87 personas (cifra oficial que fue variando y aún se encuentra cuestionada), de varias mascotas y severos daños de viviendas, calles y transportes.

mapa

Mapa confeccionado por el Depto. de Recursos Humanos de La Plata, del Correo oficial de la República Argentina.

fotos2

Fotos del diario La Nación del día 4 de abril de 2013.

III- Intervención Temprana Interdisciplinaria en 30 empleados del Correo Oficial de la República Argentina afectados por la inundación de algunas zonas de la Ciudad de La Plata  

El equipo de Salud Mental de la Gerencia de Salud y Seguridad Ocupacional del Correo Oficial de la República Argentina, compuesto por los psiquiatras: Dr. Hernán Ortiz Maldonado (Gerente médico), el Dr. Diego Plat, la psicóloga Laura Zanatta y la autora de este trabajo, diseñó una estrategia de intervención interdisciplinaria caracterizada por su inmediatez y seguimiento hasta el año, de los 30 empleados de la empresa damnificados.

Colaboraron: la doctora Mónica Depsztok (Médica Jefa del Interior) el licenciado Luciano Toledo (Trabajador Social) y del área de Recursos Humanos de La Plata: Maximiliano Navarro (Gerente), el Dr. Rifoulcat (Médico a cargo del cuidado sanitario) y el empleado Diego Ortiz.

La población a la cual se dirigió ésta intervención estaba compuesta por treinta empleados, seis mujeres y veinticuatro hombres, entre 20 y 59 años; en su mayoría puestos distribuidores de correspondencia y a cargo de tareas administrativas.

Los objetivos de la intervención fueron: -prevenir psicopatologías, derivadas del impacto traumático y –promover los recursos potenciales hacia la posible superación positiva futura del impacto traumático.

En cuanto a la modalidad de intervención se realizó fundamentalmente una contención afectiva de los empleados a través de una escucha empática que facilitara la detección y expresión verbal de los afectos de lo vivido. Las visitas domiciliarias a los pocos días facilitaron esta tarea, además de permitir comprender el padecimiento de la persona en cada situación.

Así se observó la destrucción de muchos artefactos de las viviendas y el impacto del agua sobre las paredes, el piso y todos los lugares de la vivienda. En esta misma visita se les aproximó a todos los empleados, algunos con familiares presentes, una guía escrita de orientación realizada por el Grupo de Emergencias del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid. Las frases eran leídas y comentadas: “El desastre natural que has vivido ha roto tu manera habitual de funcionamiento. Es normal que te sientas desbordado por los acontecimientos. Las reacciones que sientes son las normales ante situaciones excepcionales. “Puedes sentir: -ganas de llorar, gritar, lamentarte. irritabilidad, rabia; –presión en el pecho, dolor de cabeza, tensión muscular, estado de alerta constante, sobresalto; -trastornos de la alimentación (vómitos, diarreas, malestar, pérdida de apetito; -alteraciones del sueño (pesadillas, insomnio, sueño intermitente; -ansiedad y/o angustia; -confusión, aturdimiento; –dificultad para recordar o concentrarte; –desesperanza;  –importancia, –sensación de irrealidad; no sentir nada, sensación de vacío o culpabilidad; -no querer pensar ni hablar de la situaciones que estamos viviendo”… “Estos y otros síntomas pueden acompañarnos durante varios días. Si persisten en intensidad y/o en el tiempo, consulta a un especialista”.

Dentro de las recomendaciones, se refería también la necesidad de mantenerse informado por medios fiables, buscar apoyo en otros afectados, familiares o amigos y conversar sobre las personas y las cosas perdidas, y se recomendaba la exteriorización de los sentimientos y pensamientos. Se aclaraba que todas las pérdidas tienen importancia para quien las padece y la no comparación de unas con otras. Se habilitaba a sentirse mal y tomarse tiempo para llorar si era necesario. También ocuparse de aquellas cosas que realmente podían solucionar, proponiéndose pequeñas metas, planificando las tareas por orden de importancia y organizándose de forma cooperativa. También distribuir el tiempo y llevar una vida lo más ordenada posible. Descansar y dormir lo suficiente, al igual que alimentarse, aunque no hubiera apetito. Volver lo antes posible a la rutina cotidiana, manteniéndose activo, sin dejarse vencer por las dificultades, teniendo en cuenta que en las presentes circunstancias se está haciendo todo lo que se puede. También se recomendaba la búsqueda de ayuda sanitaria para mantener los tratamientos médicos habituales.

Como parte de la estrategia de intervención en las visitas domiciliarias también se evaluó el grado de impacto traumático inmediato sufrido a través de la aplicación del Cuestionario de Estrés inmediato, de L. Crocq, D. Cremnitier y J. M. Coq.

Esta evaluación, junto con algunos cuestionarios especialmente diseñados que indagaron la existencia e intensidad de: síntomas físicos presentes, recrudecimiento de enfermedades anteriores, síntomas de ansiedad, nerviosismo, temores, preocupaciones, cambios de estado de ánimo y conducta, cansancio, desgano, recuerdos y/o sueños o pesadillas, etc. permitieron que el equipo pudiera abocarse en primer lugar a las personas que resultaron más afectadas (puntaje mayor a 50 del Cuestionario).

Cuestionario de Impacto Traumático Inmediato

1 No me lo esperaba. Fui sorprendido 0 1 2 3 4 5
2 Tuve miedo de ser herido o maltratado 0 1 2 3 4 5
3 Tuve miedo por mi vida o la de alguien cercano 0 1 2 3 4 5
4 Mi pensamiento estaba borroso, enlentecido, o embotado, (tuve como un agujero negro) 0 1 2 3 4 5
5 No comprendí nada de la situación 0 1 2 3 4 5
6 Tenía la impresión de vivir una pesadilla 0 1 2 3 4 5
7 Estaba desorientado en el espacio 0 1 2 3 4 5
8 El tiempo me pareció acelerado o enlentecido 0 1 2 3 4 5
9 Hay aspectos del acontecimiento que no pude memorizar 0 1 2 3 4 5
10 Estaba horrorizado por lo que veía 0 1 2 3 4 5
11 Sentía uno o varios síntomas físicos molestos, como: temblores, garganta apretada, opresión en el pecho, palpitaciones, espasmos gástricos o intestinales, ganas de vomitar u orinar. 0 1 2 3 4 5
12 Estaba como insensible (o incluso tenía la impresión de flotar) 0 1 2 3 4 5
13 Estaba en estado de perturbación o agitación psíquica 0 1 2 3 4 5
14 Me sentía impotente 0 1 2 3 4 5
15 Mis movimientos eran lentos, (o también) estaba completamente estupefacto, pasmado o duro como una estatua. 0 1 2 3 4 5
16 Gesticulaba de manera incontrolada y desordenada 0 1 2 3 4 5
17 Actuaba automáticamente, como un autómata 0 1 2 3 4 5
18 Gritaba, tartamudeaba (o incluso me quedé mudo de estupor) 0 1 2 3 4 5
19 Me creía abandonado 0 1 2 3 4 5
20 Durante varias horas después del acontecimiento estaba aún muy perturbado 0 1 2 3 4 5

Cuestionario del texto de Gowda Shanti (2011).

A partir del puntaje 50 (obtenido de la suma de los puntajes parciales) se considera impacto traumático inmediato. Los ítems con asteriscos se consideran altamente significativos, independientemente de la suma total.

Resultados del cuestionario

De la casi totalidad de los empleados (menos 2, que no se incluyeron en la evaluación) un 52% presentó impacto traumático inmediato

De este 52% el 50% presentó una intensidad leve, el 42% una intensidad moderada y un 8% una intensidad alta.

Este 8%, como pudo cotejarse luego, estaba transitando al momento de la inundación otras situaciones adversas (divorcios, pérdidas de familiares, enfermedades, etc.).

Según el cuestionario se señalaron como los factores que contribuyeron al mayor impacto, por orden de importancia:

  • No me lo esperaba, fui sorprendido.
  • Me sentía impotente.
  • Tuve miedo por mi vida o de alguien muy cercano.
  • Estaba horrorizado de lo que veía.
  • Durante varias horas después del acontecimiento estaba aún perturbado.

IV- Orientación – Seguimiento – Procesamiento de lo vivido – Resultados

A partir de esta evaluación, con la complementación de datos recabados a partir de otros cuestionarios y lo observado en las entrevistas al inicio domiciliarias, en algunas oportunidades en lo lugares de trabajo y luego en las oficinas, de manera grupal; se realizaron orientaciones médicas-psicológicas y psiquiátricas de cada caso en particular, primeramente, de los más afectados (mayor impacto traumático inmediato).

En los encuentros los grupos estaban compuestos por seis a ocho personas, con la coordinación de las psicólogas (Laura Zanatta y la autora de este trabajo).

La dinámica grupal promovió positivamente la expresión afectiva y la vehiculización verbal, importantes como parte del procesamiento de los afectos disruptivos experimentados.

Tomando en cuenta la posibilidad de reacciones tardías o altibajos durante el transcurso del tiempo, se continuaron las entrevistas grupales hasta el año de acaecida la catástrofe.

Ésta fase resultó de especial importancia. Los empleados, que no se conocían entre sí en su mayoría, intercambiaron impresiones y emociones experimentadas a lo largo de los meses.

También intercambiaron durante el período de reconstrucción ideas acerca de las medidas preventivas concretas a realizar y las posibilidades de adquisición (lugares, costos, etc.).

Permitió además éste período de seguimiento un cotejo por parte de las coordinadoras acerca del estado psicológico de los empleados.

Se promovió en los encuentros una reflexión acerca de las situaciones vividas, en referencia a los posibles aprendizajes realizados. En todos los grupos se observó en los empleados un progresivo posicionamiento hacia una actitud de reflexión, de búsqueda de sentido y de perspectiva con respecto a lo sucedido. Se observaron cambios en la apreciación de las situaciones de la vida, centrándose ahora la “mirada” en los aspectos más primordiales o prioritarios de ésta (“haber sobrevivido”, “estar sanos”, “poder reconstruir”, etc.).

Todos hicieron hincapié en la importancia para la recuperación emocional de la solidaridad entre los vecinos, amigos, algunos familiares y la contención de la empresa.

La totalidad de empleados retomó a los pocos días (entre una semana y diez días) sus puestos de trabajo, algunos paulatinamente, con flexibilidad en los horarios; sin dificultades importantes en la eficacia del rendimiento.

Los que presentaron en el inicio o transcurso una sintomatología moderada y grave, siguieron las indicaciones de tratamiento/s y han podido efectuar una recuperación, sin secuelas post-traumáticas (al menos hasta el año del seguimiento).

Sí se ha observado en todos los afectados y sus familiares la existencia de temor cada vez que llueve, con distintas reacciones: algunos no salen de su casa, otros presentan dificultades para dormir, otros reaseguran las medidas de prevención frente a una posible próxima inundación.

Podríamos interpretar este temor como una secuela del impacto traumático, pero también como una maniobra adquirida, con fines adaptativos.

IV- Ilustración del proceso a partir de un caso

Delia, de 84 años fue auxiliada por su hijo y algunos vecinos que pudieron intervenir. Se encontraba en su casa cuando sobrevino la intensa lluvia e inundación. La altura del agua alcanzó 1,65 metros, aproximadamente. Salió en una silla levantada por encima del agua. En la calle a cruzar flotaban distintos objetos de las casas de la zona, todo era confusión y desesperación. Cuando parte del equipo llegó a su casa a los pocos días (médico sanitarista, psiquiatra y la autora de este trabajo) todavía se podía sentir el olor a humedad y presenciarse el deterioro de las paredes, de algunos muebles y el daño de los electrodomésticos. Recibió al equipo emocionada, llorando, mientras expresaba su tristeza y preocupación por la pérdida irreversible de recuerdos, como las fotos familiares, además de sus CD de música. Relató que sus sobrinas nietas en el afán de ayudarla los primeros días tiraron todo este material que había sido dañado. Dejó por unos días algunas cosas destruidas delante de su comedor, porque no se animaba a deshacerse de ellas (¿a manera de intento de duelo?). Si bien las primeras semanas se mantuvo bien de ánimo, nos enteramos por su hijo que había decaído considerablemente los últimos días. Había perdido el apetito y por tal motivo, descendido de peso. El médico sanitarista del equipo concurrió varias veces a su casa para verificar su estado físico y psicológico, y hacerle compañía. A través de las entrevistas con su hijo se le indicó una consulta con su médico de cabecera y una eventual interconsulta psicológica.        Los estudios realizados no arrojaron ninguna afección orgánica significativa.     Verificamos que comenzó a recuperar peso, vitalidad y ánimo cuando su hijo a través de una flexibilidad horaria facilitada por la empresa, pudo almorzar algunas semanas con ella. Según su hijo, el episodio de la inundación se ha transformado en “el tema” que la madre “repite y repite” cuando toma el té con sus vecinas amigas.

V- Resiliencia

La “Resiliencia” es definida, por numerosos investigadores del fenómeno, como B. Cyrulnik. E. Grotberg, M. Manciaux, R. Zukerfeld, entre otros: como la capacidad de sobreponerse, fortalecerse y transformarse positivamente frente a la adversidad.

Resulta de la interacción entre los factores de riesgo provenientes de la adversidad y los factores protectores (de la vulnerabilidad) más aquella “X” (interrogante) que constituye la respuesta “inédita”.

Según R. Zukerfeld, R. Zukerfeld de Zonis , (2005) , la resiliencia:

  • comprende lo contraintuitivo y azaroso,
  • cuestiona el determinismo y las disposiciones,
  • jerarquiza el papel de los vínculos y la esperanza,
  • enfatiza la transformación y
  • valoriza los contextos y la solidaridad.

Además de los factores primordiales que contribuyen en el proceso resiliente como el apoyo (yo tengo), la identidad y autoestima (yo soy) y las aptitudes y competencias (yo puedo) (E. Grotberg, 1995), Vanisteandael y Gils (2003), enfatizan éstos autores como importantes para la construcción de resiliencia: el desarrollo de redes de sostén, de la capacidad de descubrir sentido; el despliegue de competencias, el fortalecimiento de la autoestima y el humor.

Ante la magnitud de los efectos que causan las catástrofes sociales tanto a nivel individual, como social: ¿Puede pensarse la posibilidad de un futuro desarrollo resiliente en los afectados? ¿Cuál es la contribución de las intervenciones psicosociales en este sentido?

Resulta importante destacar en primer lugar la diferenciación que realiza M. Benyakar, en cuanto a que   si bien lo disruptivo de toda catástrofe social potencia el impacto en el psiquismo, la cualidad traumática en su gravedad, no depende solo de lo ocurrido.

Y podría agregarse, siguiendo a algunos autores como Rolfo, C.; Slucki, D.; Toporosi, S.; Waisbrot, D; Wikinski (2003), que los efectos sobre cada uno de los afectados directos o indirectos de una catástrofe social dependerán de diversos factores: entre otros: “la posición del sujeto frente al traumatismo, las formas primeras de simbolización espontánea que haya podido realizar y los modos en los que pueda ir resignificando, articulando, entramando el suceso en su historia vivencial singular…. También dependerá de las formas que el suceso vaya tomando en el imaginario colectivo y de las respuestas sociales que el conjunto pueda ir brindando frente a esa catástrofe.” (Rolfo y otros, 2003, p 22 y 23).

  1. Hornstein (2003) a partir de la inscripción del paradigma de la complejidad en el Psicoanálisis, advierte con respecto al trauma social y sus efectos, en la importancia de no fijarnos a una teoría simplista, que no tiene en cuenta la recursividad en la causalidad psíquica, ni las reactualizaciones que sobre el psiquismo genera la realidad actual.

Sostiene que el sujeto está abierto a su historia, no sólo en el pasado, sino en la actualidad “está entre la repetición y la creación”. Es abierto porque los encuentros, vínculos, traumas, catástrofes, realidad, duelos, auto-organizan al sujeto y él recrea todo aquello que recibe. Ciertos ruidos devienen información complejizante y no desorganizante. La estabilidad psíquica se reconstruye según condiciones que surgen y se desvanecen sin cesar” (Hornstein, 2003 op.cit. p 59).

La catástrofe rompe tramas, psíquicas y simbólicas, familiares y sociales. Pero hay pérdidas para este autor que implican crecimiento; complejización, y otras veces desmantelamiento; todo depende de las magnitudes en juego.

Siguiendo esta línea de pensamiento, la posibilidad de resistir, sobreponerse y fortalecerse frente a la adversidad de las catástrofes naturales-sociales no es utópica y se relaciona precisamente con el origen del estudio de la Resiliencia en el campo social.

Las intervenciones tendrían como finalidad, como afirma M. Holgado, entre otros autores; posibilitar que los afectados por un desastre “puedan hacer algo con eso terrible que les ha ocurrido. Lograr que restauren la capacidad de ordenar y organizar el mundo que les era habitual, aceptando lo que han perdido, y reconstruirse a partir de la adversidad, sin instalarse y permanecer en el lugar de víctimas”.

La intervención debe promover mediante la palabra el retorno al orden simbólico perdido., sosteniendo lo que está por desarmarse o ya se ha desarmado.

Los autores que han participado en catástrofes sociales, como AMIA y la Explosión de Río Tercero, a través de intervenciones también interdisciplinarias, (M. del Carmen Beltrán y Alejandra Bó de Besozzi, 2002), destacan el valor de las instituciones, que a través de dispositivos grupales se constituyen en un espacio de apoyatura y apuntalamiento. Consideran los efectos en la subjetividad no solamente desde la psicopatología. “En el campo concreto de una intervención se trabaja no solo con sujetos psíquicos sino también con actores sociales y el equipo interviniente se encuentra atravesado y envuelto por las vicisitudes de la catástrofe y los aspectos sociales, políticos e institucionales”

Como aspectos comunes en ambas intervenciones, coincidiendo con la expuesta en este trabajo, éstas autoras hacen mención al atravesamiento social y político que sufren tanto las catástrofes, como las intervenciones y las dinámicas de los equipos. Surge además en estas situaciones críticas una historia “oficial” y otra “paralela”, con serias dificultades para la identificación de los responsables.

VI- Consideraciones finales

Retomando los conceptos teóricos vertidos en la primera parte del trabajo, los resultados de la intervención temprana interdisciplinaria descripta confirman cómo las estrategias operativas de este tipo contribuyen a la recuperación positiva y probable desarrollo resiliente de las personas afectadas por una catástrofe natural-social.

La acción de la empresa a la cual pertenecen los empleados afectados actuó, en conjunto con otros recursos de cada uno, como una red de sostén y apuntalamiento, a través de una escucha empática que colaboró en el despliegue de la palabra articuladora e integradora de las emociones desorganizadas producto del impacto traumático inmediato.

Atendiendo al concepto específico de Resiliencia, podrá verificarse en un futuro, un desarrollo resiliente auténtico, (no solamente coyuntural o a corto plazo) en cada afectado, si se logran integrar los siguientes aspectos:

  • la adquisición de una “mentalización”,
  • el sentido que cada sujeto, con su biografía singular pueda adjudicarle a lo ocurrido,
  • el discurso social y el relato narrativo individual,
  • la memoria colectiva y
  • las otras intervenciones institucionales y políticas, entre otros aspectos.

Bibliografía

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Beltrán, M.; Bó de Besozzi, A. (2002): Cuestiones sobre la especificidad de la asistencia en situaciones de catástrofes sociales en Beker, E., Beltrán, M. Bó de Besozzi, A. (2002) Intervenciones en situaciones críticas”, Tomo II. Buenos Aires: Editorial Catálogos.

Bleichmar, S. (2003): Conceptualización de catástrofe social. Límites y Encrucijadas en Waisbrot, D., Wikinski, M., Rolfo, C. Slucki, D. y Toporosi, S. Clínica Psicoanalítica ante las catástrofes sociales. La experiencia argentina”. Buenos Aires: Editorial Catálogos.

Cyrulnik, B.; Tomkiewicz, S.; Guénard, T.; Vanistendael, M; Manciaux, M. y otros (2003): El realismo de la esperanza. Testimonios de experiencias profesionales en torno a la Resiliencia. Barcelona, España, Editorial Gedisa. Reimpresión 2008.

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Holgado, M. (2013): El fracaso de las intervenciones. Capturados por la imagen. En Holgado, M. y Pipkin, M. (2013), Clínica de las emergencias. Intervenciones en catástrofes sociales y urgencias subjetivas, de, Buenos Aires, Editorial Letra Viva.

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Zukerfeld R. y Zukerfeld, R. Z.: (2005): Procesos Terciarios: De la vulnerabilidad a la resiliencia. Buenos Aires: Editorial Lugar.

[2] Licenciada en Psicología Clínica. Formación psicoanalítica.  Egresada de Asappia. Experiencia clínica en Hospital. “ExClínicas” y Hospital. Italiano (1982-1996). Especialista de Psicodiagnóstico de Rorschach. ExAsesora del equipo de Salud Mental del Correo Oficial de la República Argentina. Docente en UB, USAL, Fundación BARCELO y ASAPPIA.  Investigadora asociada de USAL.

USAL-ADEIP-ASAPPIA.  mteresaravagnan@gmail.com Buenos Aires.

         

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