“DE PANTALÓN LARGO”. APUNTES SOBREEL INICIO DE LA MASCULINIDAD[1]

[1] Ponencia presentada en la mesa de diálogo: “La entrada a la masculinidad y la construcción de la identidad”en laXII Jornada Institucional del Centro de Psicoterapia Psicoanalítica de Lima, CPPL. Lima-Perú, Junio de 2011.

 

Delicia Ferrando[2]

RESUMEN:

Este artículo contiene algunas reflexiones sobre la transición del niño varón de la infancia al mundo adulto. A partir de una pieza literaria que ilustra un rito de pasaje concreto de inicio de la masculinidad en una sociedad tradicional se recorre por escenarios contemporáneos para dar cuenta de los cambios y las vicisitudes de tal experiencia en los que los ritos concretos de pasaje de han desaparecido, de los retos del mundo contemporáneo y su impacto en la interrelación humana que implica formas diversas de acoger a los niños que en número creciente pasan a ser adultos.

Palabras Clave: Pubertad, adolescencia, masculinidad, sexualidad, intimidad.

“De pantalón largo” es el título de un poema que grafica lo que en el imaginario popular de una comunidad culturalmente tradicional significaría el inicio del recorrido del niño por la senda del mundo masculino adulto. Su ingreso a escena como protagonista de una obra cuyo guión él no conoce y tampoco los otros. El poema describe a un púber ante un rito de pasaje a “hombre” frente a “un público”: familia, amigos y vecinos en un contexto sociocultural que, si bien es arcaico y lejanosi se lo compara con la experiencia cotidiana a la que se está acostumbrado en las ciudades grandes de América Latina, contiene elementos que están vigentes en los tiempos actuales.

Ese jovencito probablemente se interroga sobre diversas cosas; por ejemplo, ¿cómo se ve a sí mismo y cómo imagina le ven los otros?; ¿qué se supone que debe hacer?, ¿qué fantasías tiene sobre lo que se espera de él en esta nueva etapa de la vida? Los adultos de su entorno también tienen fantasías y deseos sobre el futuro del muchacho.  En la medida en que las respuestas individual y colectiva a las preguntas que cada quien se formule no sean esencialmentediscrepantes la entrada al mundo masculino adulto corre menos riesgo de ser traumática; pero si la familia tiene expectativas que el púber o adolescente no comparte, entonces se estaría frente a la posibilidad de un desencuentro. Por ejemplo, si se encarga al púber funciones que se esperan de él por su condición de varón, pero sobre las que no había sido alertado y, por lo mismo, no estaría preparado para cumplirlas.

El poemaDe Pantalón Largo(s.f.) de Antonio Casero,(Madrid 1874-1936), ilustra algunos signos concretos y otros simbólicos del ingreso a la masculinidad de un niño en un pueblo español. Por un lado, la vestimenta y, por otro, las fantasías detrás del ritual. Describe comportamientos (vestir al chico, bailar, seducir, aconsejar y alertarlo); emociones, afectos (alegría, temores, admiración, incertidumbre, recomendaciones varias), y expectativas, (elegir una novia), que suscita en la “audiencia” (los asistentes a la ceremonia) la transición de niño a adulto. Nótese que el protagonista no dice palabra, “está serio y tieso”. Parece que “la fiesta” es para los otros mientras que él no es muy consciente de lo que está aconteciendo o esté muy afligido por las responsabilidades y tareas que se espera él cumpla. Nótese la intervención del abuelo quien le anticipa lo difícil de los tiempos que le tocan por delante y los obstáculos que tiene que sortear, el cuidado que debe tener para elegir sus amistades y las ganas de regresar al pasado.

DE PANTALON LARGO (Antonio Casero)

Está Pepe, “El Rosca” y está la “Milagros”

que bailan de gozo, porque su muchacho

hoy cumple doce abriles y pa´festejarlo,

hoy ponen al chico pantalones largos.

Hay que ver al chaval hecho un hombre

anda recio y bracea con garbo,

y su pare y su mare le miran,

le abrazan y besan y dicen llorando

¡Dios mío, si parece mentira

que este mozo sea el mocete de antaño!

¡Si parece que está más crecío!

¡Jesús, si hasta da vergüenza besarlo!

¡Dios mío, cómo pasan los años, los pícaros años!

¡Si nos hacen viejos, mira este renacuajo!

¡Y qué bien le quedan los calzones largos!

Las vecinas se salen a verlo

y al pasar el chaval por el patio

le jalean, le aplauden y gritan:

¡Olé, ya por los cuerpos serranos!

¡Dios bendiga a los mozos de rumbo!

¿Vas por novia o por un por si acaso?

Porque aquí tengo yo una morocha

Que hoy también ha vestío de largo.

Y el mozo camina más tieso que un ajo

Y el pare y la mare detrás del muchacho

sonríen al verle tan serio y tan guapo.

Van en busca del agüelo Faustino,

que no sabe palabra del caso

Y le quieren largar la sorpresa

y suben y llaman y sale el anciano

que al ver a su nieto va y dice:

¡Repuño! ¿Quién es este señó tan re guapo?

Y le mira, y le abraza, y le besa,

y vuelve a mirarle y vuelve a besarle

y quiere convencerse

Y dice cambiando de tono al mocete que escucha al agüelo

y al padre y a la madre, que están extasiados:

“Hijo mío, hoy te visten de hombre siendo un niño,

Tú no sabes lo serio y difícil del trance mi vía,

Que a broma, mi bien, lo tomamos, tú no sabes

Lo serio que es dar en este mundo ese paso.

Muchas veces, hijito del alma, nos vestimos

Alegres de largo y después de algún tiempo, decimos,

Al mirar que no vais caminando por el mundo

por buenos senderos,

Quién pudiera volver a otros años!

¡Quién pudiera vestir de niño al que de hombre vestí!

¡Cielo Santo! ¡Basta ya de penas y sermones rancios!

Toma… Pa´que invites a toos, pero cuidao a quienes invitas

mira que hay amigos malos.

¡Dios mío! ¡Cómo pasan los años, los pícaros años!

¡Si nos hacen viejos!¡Mira este renacuajo!

¡Y qué bien le quedan los calzones largos!

A partir de esta pieza literaria van algunas reflexiones sobre la complejidad del ingreso a la masculinidad.

La “entrada” a la masculinidad designa de modo genéricosituaciones heterogéneas y cambiantes en el tiempo pero que tienen un elemento común: la forma cómo un niño de sexo masculino es ubicado o él mismo se sitúa en una comunidad particular y adopta conductas moldeadas por ella en función de su sexo biológico. A partir del diccionario de psicoanálisis Tu Analista(Masculinidad – Feminidad, s.f.) varias significaciones son inherentes a lo masculino:  Una significación biológica, que remite a los caracteres sexuales primarios y secundarios; una significación sociológica, que se refiere a las funciones reales y simbólicas atribuidas al hombre en un grupo y tiempo determinados; una significación cultural relacionada con las instituciones que trasmiten modos de vida y costumbres que caracterizan una época y grupo social (etnia o comunidad) dados y, finalmente, una significación psicosexual, muy imbricada con las significaciones  social y cultural.

Entonces podríamos decir que lo masculino es una construcción social, cultural y psicológica que crea expectativas y un estándar de lo masculino variables en el tiempo y lugar. Si éstos se satisfacen el sujeto deviene “normal”, en caso contrario podría producir un sujeto disminuido. La entrada a la masculinidad sería algo así como el primer gran examen no académico que rinde el varón y cuyo resultado puede marcar su desenvolvimiento futuro en cuanto a su vida doméstica, mundo afectivo, elección de pareja y desempeño académico y laboral.

Aun cuando lo masculino forma parte indisoluble del binomio masculino-femenino, pares opuestos y complementarios que están presentes en todos los seres humanos; desde la cuna, comienza la diferenciación sexual discriminatoria que impacta en la vida de varones y mujeres. Por ejemplo, el simple hecho de asumir como parte de la vestimenta ciertos colores como más apropiados para el varón, así como determinadas tareas, deportes y profesiones. Estas costumbres están cambiando rápidamente hacia una flexibilización al punto que actualmente los hombres visten de rosa casi sin ningún problema y las barreras profesionales prácticamente han desaparecido pudiendo encontrar mujeres en áreas donde antes les estaba vedado entrar[3] como la carrera militar, el manejo de trasporte público y maquinaria pesada, así como el pilotaje de aviones, entre otros.

Sin embargo, aún ahora el habla popular recuerda (y practica en algunos casos) mitos y creencias sobre la masculinidad que expresan lo que en ciertas culturas se espera del varón cuando éste llega a la vida adulta, por ejemplo: “el hombre no llora”; “el hombre es el que manda”, “el hombre es el jefe del hogar”. Cuando los niños se portan mal, algunas madres todavía los amenazan diciendo “ya verán cuando venga su padre”, sembrando en ellos la fantasía de una figura paterna punitiva que infunde temor y desconfianza en la que posteriormente, por identificación, podrían más adelante convertirse ellos mismos.

En cuanto a ritos concretos, en algunas culturas el ingreso a la masculinidad se hacía público mediante el cambio de prendas de vestir: Por ejemplo, en la Roma antigua se reemplazaba la toga praetexta (blanca con ribetes rojos) que vestían los niños por la toga viril[4]representando el paso de la infancia a la adolescencia. De igual manera, en algunas sociedades con fuerte influencia mediterránea hasta mediados del siglo XX se estilaba cambiar el pantalón corto por el largo (justamente de este rito trata el poema presentado al comienzo). Así mismo, en un amplio sector de la sociedad peruana el primer trago del adolescente varón llega con la expresión: “¡toma!, hazte hombre”.

El distinguido psicoanalista Erik Ericsson(2009) cuenta que la tribu americana de los Sioux tenía una tradición que se aplicaba a los adolescentes para determinar su destino. Los hacían internarse en el bosque sin armas, sin alimentos y sin otra vestimenta que un taparrabos y un par de mocasines en busca de un sueño el cual se produciría al cuarto día y que le revelaría su destino vital. Al volver al hogar relataban el contenido de su sueño a los ancianos de la tribu quienes lo interpretaban de acuerdo con una práctica legendaria. El sueño decía si el chico estaba destinado a ser un buen cazador, un gran guerrero, un experto en la caza de caballos salvajes, un especialista en la fabricación de armas, o un líder espiritual, sacerdote o curandero. Cada uno de estos roles se aprendían de los adultos de la familia y la comunidad lo que revela la gran importancia del contexto socio cultural en la construcción de la masculinidad y en las identificaciones de esos adolescentes en esa tribu.

En la actualidad, la influencia de los adultos del entorno no es tan concreta ni tan directa, pero innegablemente la familia y los propios pares son el espejo en los que el púber se mira y va formando.

Una viñeta ilustra cómo vivió un varón adulto (actualmente de 80 años) su ingreso a la masculinidad: “…antes de cumplir 13 años me di cuenta que estaba enamorado de una mujer bastante mayor y tenía deseo sexual con ella…. ese fue el primer signo que ya no era un chico”. Este hombre refiere que previamente había tenido vivencias en el gimnasio que él sintió como pruebas:

Primera prueba: “mis compañeros y yo íbamos en shorts a la clase de gimnasia, ahí el grupo se dividía en dos: los chicos a quienes se les notaba los genitales y a quienes no. Estos últimos eran objeto de burla porque se les decía que no tenían ‘huevos’… entendíamos que no eran tan hombres”.

Segunda prueba; “después de los ejercicios entrábamos desnudos a las duchas colectivas y era una exigencia mostrar el pene. Los que lo tenían pequeño muchas veces dejaban de concurrir a la clase porque las burlas, que continuaban en el aula, los abochornaban e inhibían”.

Tercera prueba: “era ver a quién se le “paraba”. El que no lo lograba era cruelmente humillado al punto que, casi inexorablemente y valiéndose de un certificado médico, dejaba de concurrir a las clases de gimnasia. Uno de los chicos que más sufrió del acoso de los compañeros en su adultez se graduó de docente de secundaria y ascendió hasta Inspector de Educación. Durante años de la dictadura cívico militar que sufrió el país se convirtió en un delator y perseguidor implacable de supuestos profesores “izquierdistas”.

Otro sujeto trae el recuerdo de su abuelo quien cuando lo vio “crecidito”, lo llevó a la sastrería para hacerse un traje, “elige la tela”, le dijo. El chico se sintió importante. Cuando vistió el traje, las señoras al verlo le decían: “mira, que ya estás en “edad de merecer”(Real Academia Española, s.f.).

A propósito, el rito clásico de entrada a la masculinidad en muchas poblaciones es la primera relación sexual. En algunos lugares de Latinoamérica, pero en franco descenso como se señala más adelante, tal experiencia tiene lugar en la propia casa (“valiéndose” de la empleada del hogar) o en un prostíbulo. En comunidades no urbanas y tradicionales, varones y mujeres se unen en pareja a temprana edad. En los Andes peruanos existe la institución del “servinacuy” o matrimonio de prueba. Cuando las jóvenes cambian de peinado y estrenan ropas nuevas abandonando las de la niñez empiezan los juegos de seducción que conduce al deseo de “probar” (tener relaciones sexuales). El varón solicita en matrimonio a la muchacha, pero antes de casarse ella pasa un periodo de “prueba”, la misma que transcurre en casa de los padres de él. Ellos vigilan las labores domésticas que realiza la joven por un lapso que va de los seis meses a los tres años en que se produce el matrimonio. Si la joven no cubre las expectativas de la familia del muchacho no se dan los esponsales y ella es devuelta a su hogar de origen.

Un cambio muy importante en la iniciación sexual del varón es que hoy en día él ya no necesita intermediarios. En la mayoría de casos se produce por propia iniciativa o la de su pareja. En Perú, una encuesta a varones de 15 a 59 años de una muestra nacional realizada por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI, UNFPA, ONU-SIDA, UNICEF, 2010)revela que, entre los jóvenes de 15 a 19 años, el 61% tuvo su primera relación sexual con su enamorada, el 15% con alguien de su entorno cercano: compañeras del colegio, una pariente o la trabajadora del hogar. Sólo el 8.5% la tuvo con una trabajadora sexual.

Del universo de adolescentes de 15 a 19 años entrevistados en la citada encuesta el 15.5% declaró que se había iniciado sexualmente con una compañera casual de un único encuentro, por lo general una chica de su edad que accede a compartir esa experiencia o que la estimula. Esta forma de aproximación fue descrita por el sociólogo británico Anthony Giddens(2004)como “relación pura”.Entre otras cosas, señala queésta surge como un tipo de asociación cuya principal característica es la “iniciativa propia”, muy a tono con los tiempos actuales en que la mujer no espera ser conquistada, sino que busca activamente, al igual que el hombre, el encuentro sexual. La “relación pura” tiene otras cualidades que la identifican, entre las que se pueden mencionar: a) la simetría (en la que las relaciones de poder están abolidas), b) la posibilidad de disolución inmediata. En otras palabras, no se llega a establecer un vínculo entre los sujetos como se conoce en psicoanálisis en la que la relación de dos tiene una función e implica una ligadura libidinal, y c) está desprendida de cualquier obligación reproductiva.

Para el sociólogo y filósofo polacoBauman(2005), la “relación pura” de Giddens es la intimidad de personas que suspenden su identidad como sujetos morales mientras ésta dure; es decir es una intimidad sin ética. Según el autor, la sociedad en el mundo globalizado impone cambios radicales a la condición humana. Crea su teoría del “amor líquido” cuya característica es el temor a establecer relaciones estables y duraderas. Explica que el consumo frenético en la sociedad de mercado ha degenerado los vínculos interpersonales al tratar al otro, ya sea amante o prójimo, como una mercancía más de la que fácilmente los individuos se desprenden, lo descartan y/ose desconectan. Vivir juntos no es una garantía de estabilidad dela relación, es un estar sin mayor compromiso, con objetivos simples, sin celebraciones ni anillos de boda.

Por su parte, el antropólogo D. Gilmore(Carabí & Armengol, 2008), en su libro “Hacerse Hombre. Concepciones culturales de la masculinidad”; plantea que en la gran mayoría de culturas la masculinidad se fundamenta en lo que él denomina las tres P: Protección, Provisión y Potencia. El varón debe proteger a su familia, proveer a sus dependientes y probar su potencia sexual y reproductiva. El autor opina que el hombre se siente inseguro con respecto a su masculinidad y necesita demostrar constantemente su hombría –ante las mujeres y sobre todo ante otros varones- mediante duras pruebas y a veces mediante peligrosos rituales de iniciación.

Aunque soplan vientos favorables, en la sociedad contemporánea aún predomina una ideología de la sexualidad machista que se traduce en una relación asimétrica hombre-mujer que privilegia al varón. Esta ideología fluye natural en diversos actos cotidianos, (el inconsciente habla), como la priorización (en el caso del Perú) de la educación de los niños versus la postergación de la de las niñas[5](INEI);  la delegación de la responsabilidad de la crianza de los hijos principalmente a la madre mientras que el padre es mayormente proveedor; la falta de reconocimiento de las amas de casa como parte de la población económicamente activa, como si el trabajo hecho en casa no fuera trabajo, etc. La inequidad de género es explícita o implícitamente aceptada social y culturalmente llegando a definir estereotipos de lo masculino: macho y recio; y lo femenino: delicada y sumisa que todavía están vigentes; ignorando el hecho que hay elementos femeninos en el varón y elementos masculinos en la mujer.

En los contextossociales con predominio machista, el varón se siente “facultado”para ejercer un rol dominante en la relación de pareja y en las relaciones al interior de la familia. Facilita el ejercicio de la fuerza y muchas veces, de la violencia de género. Sólo para citar el caso del Perú, la violencia contra la mujer y el feminicidio son elevados. Según un informe publicado por el Congreso de la República(2011), en el 2014 más de 50 mil mujeres fueron atendidas en los Centros de Emergencia Mujer (CEM) del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP). Por su parte el diario La República de Lima (Gamboa, 2015) citando estadísticas del Ministerio Público dio a conocer en marzo de 2015 que “…el índice (de feminicidios) parece haber disminuido si lo contrastamos con años anteriores, en los que, en promedio, nueve mujeres eran asesinadas por sus parejas mensualmente.No obstante, las cifras no dejan de ser alarmantes si observamos que entre el 2009 y 2015, 734 mujeres fueron víctimas de feminicidio, lo que arroja un promedio de 120 al año. Esto nos coloca, según cifras de la Defensoría del Pueblo, en un vergonzoso segundo lugar en América Latina en casos reportados de feminicidio”.

La sociedad actual es altamente competitiva lo que se traduce en exigencias a veces angustiantes para los varones quienes afrontan permanentemente pruebas para dar cuenta de su hombría y demostrar que no han sido “castrados”; algo que toleran mucho menos que las mujeres. La capacidad e idoneidad son los atributos más apreciados en él y por él, los mismos que son objeto de “evaluación”, lo cual lo lleva al estrés y a un deterioro emocional dando lugar a diversas patologías que llegan al consultorio.

Hasta hace pocas décadas en las sociedades occidentales había una estructura de relaciones y funciones relativamente bien organizada y estable respecto a los roles masculino y femenino. Dicha estabilidad venía dada por el ejercicio de la autoridad paterna sin cuestionamientos; pero esa organización en pocas décadas (no más de 5 ó 6) se ha modificado sustancialmente por una mayor autonomía de la mujer quien ha ganado espacios de autoridad al interior de la familia y de independencia en la sociedad.  Un dato importante sobre la modificación de roles domésticos acaecidos en Perú es que, en 1972, de cien hogares el 77% tenía como jefe a un varón, en cambio en 2007 (fecha del último censo) este porcentaje llegó a 71%(INEI).

El dinamismo del mundo actual, el reconocimiento social de las distintas orientaciones sexuales, las nuevas formas de familia, la inseminación artificial para la procreación, junto con el afianzamiento del papel de lo femenino en múltiples espacios de la vida han contribuido a un estado difuso de la masculinidad. Por un lado, los ritos formales de ingreso son débiles o inexistentes como en las grandes ciudades en los que tal ingreso ocurre en el anonimato. También el periodo de ingreso es vacilante por la precocidad con que los chicos se separan de los adultos.

Una de las razones a las que se puede atribuir este estado difuso de la masculinidad sería la crisis del ejercicio de la función paterna. Para el psicoanálisis la función paterna es clave para el ingreso del individuo a la cultura.Aberastury y Salas (1978) revisando los diferentes textos de Freud recuerdan al lector que el padre del psicoanálisis diferenciacuatro roles del padre que se superponen y complementan: objeto afectivo, modelo identificatorio, auxiliar y rival.

Atendiendo a la diversificación de las organizaciones familiares que se observa en la actualidad y a la gran complejidad de la vida en el mundo globalizado, la función paterna aparece un tanto debilitada. Por ejemplo, la función de interdicción y hacer cumplir las normas se ha diluido y puede ser ejercida como bien se sabe por la madre y por cualquier otro adulto.

Hasta antes del último cuarto del siglo pasado, las rutinas laborales permitían a los hijos esperar al padre con un cierto grado de certeza cada día y había por parte del niño una expectativa de dedicación que recibiría de él y que aportaba no sólo a su recreación sino a su formación, desarrollo y seguridad. Ese modelo ha cambiado sustancialmente haciéndose borroso y sustituyéndose por modalidades de presencia imprecisas, aleatorias y erráticas (el niño no sabe cuándo ni a qué hora el padre arribará al hogar) produciendo incertidumbre en el niño. La presencia de los padres en el hogar en horarios desfasados y los largos periodos de ausencia, impiden al padre cumplir con la función esperada de su condición de padre.

Más aún, hoy en día también la madre, que reemplaza al padre en el ejercicio de la función paterna, también está fuera de la casa por razones laborales. ¿Cómo resuelve el niño esta situación? La respuesta a esta pregunta aún está pendiente de respuesta. Téngase presente que ha habido cambios demográficos y económicos que afectan la estructura familiar: las familias son más pequeñas y muchas veces monoparentales. La presencia de los abuelos también se ve recortada por estilos familiares de no injerencia o independencia de los nuevos hogares o porque los abuelos continúan económicamente activos.

Las prolongadas jornadas laborales hacen que se esté frente a una ausencia real del padre lo que puede dar lugar a sobreprotección paterna y/o materna. En estas condiciones la función paterna se ejerce de manera culposa con concesión excesiva al hijo para compensar la ausencia menoscabando el ejercicio de la paternidad en alianza con la madre.

Hoyexiste una mayor heterogeneidad de formas de entrar a la masculinidad por la diversificación de los valores y creencias de lo masculino y femenino en el amplio espectro de sociedades. Así, si se tratara de los adolescentes de los Barrios Altos de Lima (una zona de clase media baja del Centro Histórico) obligaría a recurrir a un repertorio de variables diferente que si se tratara de los adolescentes de la sierra o de la selva. Y seguramente los factores a resaltar de los varones de Miraflores y San Isidro (distritos de clase media alta y alta de Lima) son muy parecidos a los de barrios acomodados de Bogotá o Madrid. Y los de la sierra central del Perú a los de las sierras de México o Guatemala.

Conclusión

Los muchachos de hoy entran a la masculinidad de una manera distinta acomo los hicieron sus padres cuya experiencia fue, a su vez, diferente alade sus propios padres.El de los padres de los padres (o sea el de los abuelos) se verificaba en espacios reales. El de los púberes de hoy no ocurre con ritos concretos, la infancia se prolonga, así como la adolescencia por lo que tiene características más bien diferentes y en algunos casos puede pasar casi inadvertido. Ahora que predomina lo virtual, el ingreso a la masculinidad tiene otros ingredientes. Seguramente en este espacio se estimula a la desinhibición y se confiere más importancia a la imagen, a la apariencia. Es un mundo a explorar y al cual conviene prestar una atención especial.

Así las cosas, el ingreso a la masculinidad se convierte en una instancia un tanto incierta porque los veloces cambios en la sociedad en cuanto a formas de interrelación personal definen patrones novedosos de insertarse en el mundo adulto de los cuales el sujeto puede no tener conciencia. Por otro lado, las expectativas ahora son menos explícitas que antaño. Podría decirse que la entrada a la masculinidad perdió unidad en sus rituales, en sus compromisos, en sus demandas y en sus recompensas.


 

Bibliografía

Aberastury, A., & Salas, E. (1978). La Paternidad. Buenos Aires: Salerno.

Bauman, Z. (2005). Amor Líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. Madrid: Fondo de Cultura Económica.

Carabí, Á., & Armengol, J. (2008). Masculinidad a Debate. Concepciones culturales de la masculinidad. Barcelona: Icaria Editorial.

Casero, A. (s.f.). De Pantalón Largo. Recuperado el 28 de abril de 2016, de MakemaTutorials: http://www.makelkins.com/pag.literaria/Populares/De.pantalon.largo/De.pantalon.largo.htm

Congreso Nacional de la República. (2011). Recuperado de http://www2.congreso.gob.pe/sicr/cendocbib/con4_uibd.nsf/4D6FF68892487BCF05257E2E005F78D3/$FILE/INFTEM126-2014-2015.pdf

Erikson, E. (2009). Infancia y Sociedad. Horme-Paidós.

Gamboa, E. (8 de marzo de 2015). La República. Recuperado el 28 de abril de 2016, de Más de cien mujeres son víctimas de feminicidio en el país cada año: http://larepublica.pe/08-03-2015/mas-de-cien-mujeres-son-victimas-de-feminicidio-en-el-pais-cada-ano

Giddens, A. (2004). La transformación de la intimidad. Sexualidad, amor y erotismo en las sociedades modernas. Madrid: Cátedra.

INEI. (s.f.). Censos Nacionales 2007: XI de Población y VI de Vivienda. Recuperado el 28 de abril de 2016, de http://desa.inei.gob.pe/Censos2007/IDSE/

INEI, UNFPA, ONU-SIDA, UNICEF. (2010). Perú: Salud sexual y reproductiva de los varones, 2008. Lima: ENDES Varones.

Masculinidad – Feminidad. (s.f.). Recuperado el 28 de abril de 2016, de Tu Analista: http://www.tuanalista.com/Diccionario-Psicoanalisis/6114/Masculinidad—feminidad.htm

Real Academia Española. (s.f.). Recuperado el 28 de abril de 2016, de Edad: http://dle.rae.es/?id=EN8xffh

[2]Antropóloga, psicoterapeuta psicoanalítica con especialización en psicoterapia de adolescentes del Centro de Psicoterapia Psicoanalítica de Lima, CPPL. Miembro de la Asociación de Psicoterapia Psicoanalítica, ADPP, y de  la Sociedad de Psicoterapia Psicoanalítica de Pareja y Familia, SPF, donde se formó en psicoterapia psicoanalítica de familia y pareja. Forma parte del Departamento de Servicios Especializados y Proyección Social del CPPL brindando terapia individual. También atiende en consultorio privado en la ciudad de Lima-Perú. Email: dferrando10@hotmail.com.

[3] En el Perú se prohibía el ingreso de las mujeres a los socavones en las minas por atribuir su presencia a catástrofes y malos augurios; hoy en día se encuentra profesionales mujeres descendiendo metros debajo del túnel para trabajar en sistemas de seguridad  sin que su presencia sea considerada una amenaza.

[4] La que tomaban los hijos de los ciudadanos romanos cuando dejaban la pretexta. Por lo general, empezaban a usarla a los dieciséis años y, desde entonces, eran aptos para ejercer los cargos de la república.

[5]En el Perú, según el último censo nacional de población, en el 2007, el porcentaje de analfabetas mujeres mayores de 15 años era casi tres veces superior al de varones de las mismas edades (14% versus 5%). Por otro lado; la matrícula escolar entre los 15 y 24 años alcanzó en ese mismo año al 86% entre las mujeres y al 92% entre los varones. Sin embargo, en la educación superior, la proporción de matriculados varones y mujeres en bastante parecida y alcanza a poco más del 30% en cada grupo.

         

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