PSICOANÁLISIS CONTEMPORÁNEO: PROPUESTAS PARA LA CLÍNICA ACTUAL

Lic. Psic. Adriana Anfusso[1]

Resumen

Se parte desde una perspectiva pluralista que aspira a contemplar la dialéctica biología-cultura o naturanurtura, tratando de integrar el modelo monádico pulsional (nunca ingenuamente solipsista) que nos legó Freud, con el modelo relacional contemporáneo que tampoco es  simplemente ambientalista pero destaca la matriz del vínculo interpersonal como base de la estructuración humana.

Tres temas son centro de nuestra reflexión: la considerable importancia del trabajo subjetivo inconsciente del analista en sesión, la naturaleza obviamente activa y no sólo pasiva de cualquier paciente y la  importancia de las muchas negociaciones de distinta índole que se tramitan en la díada terapéutica.

 

Palabras clave: Subjetividad del analista, paciente-sujeto activo, negociación terapeuta-paciente.

PSICOANÁLISIS CONTEMPORÁNEO: PROPUESTAS PARA LA CLÍNICA ACTUAL

 

Introducción

¿Uno o varios psicoanálisis hoy? ¿Modelos contemporáneos de la mente total o parcialmente articulables con el psicoanálisis clásico y entre sí? ¿Nuevas metapsicologías inconciliables con las restantes? Preguntas siempre inquietantes que cuesta formular, más aún cuando es tan difícil encontrar acuerdos en torno a ellas. Unos nos afiliaremos férreamente al Psicoanálisis Clásico o a cualquiera de las otras teorías o corrientes desconociendo el valor de las restantes, otros nos declararemos eclécticos e intentaremos poner todas las teorías en pie de igualdad con posible sacrificio de  la rigurosidad, los miembros de un tercer grupo nos definiremos como pluralistas y trataremos de integrar los conceptos que consideramos compatibles discriminando y respetando las afinidades y divergencias epistemológicas entre las distintas perspectivas.

Pero es inevitable el choque con un problema adicional, con la Babel psicoanalítica. Se da a menudo debido a la frecuente utilización de exactamente los mismos términos para referirse a fenómenos cuya definición es absolutamente diversa. Un ejemplo, el concepto de “trauma” según Freud (1923) y Winnicott. El primero lo relaciona con lo pulsional, lo económico y lo sexual. Winnicott lo vincula con el desarrollo, la falla en los cuidados ambientales tempranos y la interrupción de la continuidad existencial de un ser humano inmaduro que enferma al verse obligado a adoptar una reacción defensiva de tipo Falso Self.

Al respecto R. Bernardi plantea brillantemente, e intuyo que refiriéndose tanto a  personas como a instituciones:

Si desde el punto de vista intelectual, el cambio de paradigma implica, como dice Kuhn, un cambio de gestalt, desde el punto de vista emocional pone en juego idealizaciones, equilibrios narcisistas, afiliaciones o exclusiones, sentimientos de amor y odio de naturaleza diferente.”  (Bernardi, R., 2013)[2]

 En aras de la brevedad, me referiré a los aportes a la clínica actual del Psicoanálisis Contemporáneo que  abarca los terrenos intrapsíquico e interpersonal, centrándome  en  los tres temas que subtitulan este artículo. Lo haré desde afinidades personales con a) D. W. Winnicott y Christopher Bollas, representantes conspicuos del Pensamiento Psicoanalítico Independiente Británico y b) desde la perspectiva de algunos autores que integran el Psicoanálisis Relacional estadounidense cuya confluencia me importa destacar.[3]

  1. La tradición winnicottiana en el siglo XXI

Es mucha la importancia que ha adquirido para los profesionales de la salud mental[4] el contacto con la obra de Winnicott, especialmente por sus aportes quizás más conocidos, el del tercer espacio paradójico interno-externo de lo transicional “donde vivimos la mayor parte del tiempo” y su conceptualización de la psicoterapia como la superposición de dos zonas de juego (bastante sofisticadas): la del analista y la del paciente.

La bibliografía acerca de sus teorías se ha multiplicado exponencialmente. Colegas latinoamericanos[5], al igual que otros de Italia, España y del Grupo Independiente Británico así como representantes del Psicoanálisis Relacional estadounidenses han dado nuevo impulso a la tradición winnicottiana en su intento por comprender el origen y naturaleza de nuevas formas de sufrimiento psíquico que aquejan hoy a quienes nos consultan, en el afán de darles respuesta. Esta situación nos obliga a abandonar zonas seguras de conocimientos ya asentados para incursionar en territorios plagados de  cuestionamientos, de  asuntos desconocidos  y de propuestas novedosas que debemos considerar y evaluar.

            Algo más de una década ha corrido de este nuevo siglo. Breve lapso en términos históricos pero tramo significativo en la vida de cualquiera. Máxime cuando como ahora se nos cae encima una avalancha de fortísimos y acelerados cambios que afectan todos los niveles de nuestro funcionamiento: físico, psíquico, emocional, social…

La general vigencia de Winnicott, un adelantado para su época, coexiste con algunos planteos que hoy se están volviendo obsoletos. ¿El hogar sigue siendo, como en el Siglo XX, el punto de partida para la mayoría de las generaciones más jóvenes? Los cambios en la constitución de la familia nos confirman que no. Quizás corresponda que aunemos esfuerzos para encontrar soluciones sustitutivas saludables para quienes asoman al mundo en estructuras muy distintas a las habituales en el siglo XX. El desarrollo, la salud o enfermedad de cada individuo, de todas las disciplinas del conocimiento y de innumerables fenómenos sociales y culturales del futuro dependen de tal decisión.

  1. La subjetividad del analista

Tema del que poco se habla y que solemos guardar en la trastienda. ¿Quién se animaba hasta hace poco a confesar entre colegas que había dado una opinión, que ofreció una información, que no pudo evitar derramar una lágrima en la consulta? ¿Miedo de mostrarnos y ser acusados de perder nuestra identidad profesional? ¿Deseo de mantener cierta imagen y no exponernos al ostracismo? La tendencia a sobrevalorar la neutralidad y la abstinencia del analista quizás hizo descuidar en demasía aspectos innegables del funcionamiento subjetivo e inconsciente del analista que no pierde su calidad de humano cuando entra a la consulta.

¿Por qué tanta demora en reconocer, nosotros, especialistas en el tema cuando se trata de los otros, la fuerza de nuestra vida interior tan determinante de nuestro ser y hacer? Quizás el no haber reconocido ni examinado suficientemente el poder de nuestra subjetividad inconsciente y sus efectos nos impidió, de paso, minimizar lo  negativo y potenciar lo positivo de esta ineludible inclusión. Al negar la presencia de esta realidad en los consultorios ¿no  habremos fomentado en exceso la represión en el desempeño de nuestra función? ¿Tiene el  mismo efecto el encuentro con una persona controlada e inhibida que el que propicia alguien que, sin abandonar su actitud profesional, actúa con espontaneidad y deja entrever lo genuino y verdadero de sí mismo?

  1. Renik dice:

“No creo que la neutralidad sea un ideal que el analista haya de perseguir, un ideal deseable, aun cuando pudiésemos solamente aproximarnos a él, y dada la falibilidad humana. Cuando observamos lo que en realidad hacemos, y lo que verdaderamente funciona, nos percatamos que el concepto de neutralidad no describe fielmente la actitud de un clínico eficaz. De hecho, la neutralidad representa una actitud que interfiere en un análisis productivo. Hay ocasiones en las que un analista puede y debe opinar acerca de cuál es la mejor  forma de resolver el conflicto del paciente (cuando la contribución más crucial que puede hacerse al trabajo analítico es precisamente la comunicación de estas opiniones), y hay otras ocasiones, sin embargo,  en las que un analista no debería elaborar -y mucho menos comunicar- sus opiniones acerca del conflicto del paciente. Por tanto, el concepto de neutralidad analítica que prescribe al analista que nunca tome partido respecto al conflicto del paciente es un concepto malentendido e inútil. Es cierto que queremos una teoría de la técnica analítica que proteja la autonomía del paciente, pero hemos  de  reconocer  que, en  último término,  el concepto de  neutralidad  analítica no nos sirve para  tal propósito.” (Renik, 1996).[6]

Winnicott siempre se propuso ser lo menos intrusivo posible con sus pacientes. Pero no por eso se privaba de revelar, a veces a sabiendas y otras de manera no intencional, asociaciones, ideas, ocurrencias o estados subjetivos nacientes que vagamente sentía conectados con la problemática del paciente.  Como si iniciara, desde su interior, en el caso de pacientes adultos, un juego de garabatos verbales que cada uno podrá tomar y “usar” a su manera transformándolo en un objeto significativo para él o bien podrá rechazarlo, no tomarlo en cuenta.

Los pacientes nos enfrentan diariamente a cantidad de desafíos e incertidumbres diarios que nos perturban en mayor o menor medida y que generalmente no compartimos. Solemos preguntarnos “¿Y ahora? ¿Por qué este largo silencio tan poco habitual?” “¿De dónde vendrá esa asociación?” “¿Le digo o me callo?” “¿Le comentaré al supervisor esto que pasó hoy?”

Incluso los silencios del analista pueden catalogarse como momentos de asociación libre.

Comenta Bollas:

“… el analista debe permitir que su propia receptividad inconsciente se conecte con el trabajo inconsciente del analizando. Para lograrlo, bastará con la escucha silenciosa, algún eco ocasional y, a veces, en lo que puede parecer una actitud poco convencional, el comentario espontáneo que tiene poca relación aparente con lo que está contando el analizando.” El analista puede decir a su paciente que lo ve “hablar más libremente con él. ¿Por qué dijo eso? Considerándolo más tarde, el analista informó que no tenía la menor idea. (…) pero es importante que el terapeuta no supiera por qué lo dijo.” [7](Bollas, 2013).

Ese no saber puede ser la base de un trabajo co-creativo inconsciente de la pareja terapéutica.

Obviamente este tema debe acompañarse de una discusión seria acerca de los alcances y límites del cambio propuesto y más particularmente de la “actitud profesional”[8] (Winnicott).

“Ser confiable en todos los aspectos es la principal cualidad que necesitamos. Ello significa no sólo respetar a la persona que acude a nosotros y su derecho de disponer de parte de nuestro tiempo y nuestra preocupación. Todos nosotros tenemos nuestra propia escala de valores, y eso nos permite no tratar de modificar el sentido del bien y del mal de la persona que nos consulta. El hecho de hacer un juicio moral y expresarlo destruye la relación profesional en forma total a irrevocable.” (Winnicott, 1980).

  • ¿Pacientes-objeto o pacientes-sujetos?

El lenguaje y la teoría nos inducen a llamar “objetos” a las “personas” y  “pacientes” a quienes dan sentido a nuestra función. ¡Paciente! ¿Condensación de paciencia y pasividad? Se les puede seguir atribuyendo un rol pasivo aun cuando son, como la mayoría de los mortales, personas alternadamente pasivas, activas y que en ocasiones presentan un sinfín de  gradaciones intermedias.  Además, lo activo o pasivo de alguien no es sólo un asunto personal. Depende también del contexto que lo rodea. Pero la verdad es que los pacientes nos enfrentan a cantidad de desafíos e incertidumbres cotidianos a los que la teoría interpretativa no da respuesta. Así es como se muestran activos y nos hacen entrar en actividad a nosotros también. Por otra parte, no parece que en estos tiempos dispongan de la misma paciencia que antes.

“Al proceso terapéutico Winnicott lo concibe, según fórmula no por conocida menos sorprendente, como una situación en la que dos personas se comunican empáticamente “jugando” juntas. Apuesta no sólo a la interpretación sino, fundamentalmente, a lograr experiencias compartidas que apuntan al autodescubrimiento que, como por arte de magia, a veces logra el paciente gracias al vínculo con su analista.” [9]  (Anfusso e Indart, 2009)

Podemos recurrir como ejemplo al juego del garabato que Winnicott proponía a los niños en sus breves “consultas terapéuticas”. Él  denominaba “momento sagrado del autodescubrimiento” al que se daba cuando el pequeño paciente podía, a través de las secuencias de dibujos compartidos, vivenciar, reconocer y explicarse  el asunto que lo perturbaba. Una especie de auto-interpretación.

Bollas plantea que, en último término, buena parte de un análisis y muchas sesiones puede que resulten ser interjuegos dialécticos de dos subjetividades cuyo estudio, en vez de llamarse “teoría de las relaciones de objeto”, debería llamarse “teoría de las relaciones de sujeto”. Por otra parte considera más riguroso reservar el término “objeto transicional” para el que deriva de la superposición, en un solo individuo, de lo interno de su  ser con lo externo que lo rodea. Y propone denominar “objeto intermedio” al  que es producto de la contribución de dos subjetividades.

Aun  hoy a los pacientes se los trata como “objetos pasivos” y muy  raramente se les reconoce la calidad de “sujetos activos” o de “analizantes” capaces de modificarse a sí mismos y a otros, incluso a sus propios analistas.

  1. Psicoterapia: juego, co-construcción, negociaciones…

El jugar sin reglas de paciente y terapeuta, tal como plantea Winnicott, es una propuesta que conduce a recorridos y metas absolutamente imprevistos que se van generando en la interacción y que no apuntan a un objetivo claramente pre-definido. No es a partir de normas o fórmulas estereotipadas sino desde lo incierto que cabe la posibilidad de que aparezca o se amplíe el espacio de lo genuino, espontáneo y más propio de los “jugadores”, el territorio del self verdadero del profesional, del analizando o de ambos.

La caracterización de la psicoterapia como un área de juego donde se superponen parcialmente las zonas transicionales de terapeuta y paciente permite concebir el proceso terapéutico como un juego co-creado por ambos participantes. Esta definición exige incluir lo subjetivo y lo objetivo de analista y paciente más los correspondientes intercambios entre lo interno y lo externo que se configura en cada uno. Este hecho demanda una permanente negociación que se traduce en construcción, destrucción y reconstrucción de metáforas y símbolos verbales o de propuestas actuadas pre-verbales y/o pre-representacionales que faciliten la experiencia de mutualidad [10].

La psicoterapia como juego permite encuentros que dan sentido al hecho de ser y  existir. Habilita la vivencia de estar conectados, de sentirnos comprendidos, reconocidos, encontrados y “usados” (sin ser “abusados”) y hace que surja en nosotros la posibilidad de confiar, de creer que el futuro nos deparará experiencias de  equivalente valor. Podremos guardar la esperanza de vivir posibles reediciones de tales vivencias placenteras (no orgásmicas ni pulsionales sino experienciales), y de sentirnos  “existentes” dentro de vínculos significativos. Este proceso comienza dándose en ambos miembros de cualquier díada madre-bebé que interactúa armoniosamente, lo bastante como para no generar disturbios en el desarrollo del niño. Esta díada originaria Winnicott la propone como  patrón paradigmático inicial de uno de sus sucedáneos, el par terapeuta-paciente. Para los autores contemporáneos que se pliegan, con inevitables sesgos personales, a la tradición de los Independientes de la Sociedad Británica de Psicoanálisis, la “cura” consiste en otra cosa que “amar y trabajar” o alcanzar la “ambivalencia” y la “Posición Depresiva”. Se trata  de ampliar la gama de intereses culturales, de cultivar la mismidad junto al respeto y la “preocupación” (concern) por los demás y de ser capaz de encuentros creativos con nosotros mismos y también con otros que compartan nuestros intereses, cuyo bienestar nos genere una normal “preocupación” que se acompañará de parecida predisposición de esos “otros” hacia nosotros.

Bollas nos dice que, a menudo, en su práctica, la “interpretación” llega como producto de la negociación entre  terapeuta y paciente. Él plantea abandonar la idea predominante del observador objetivo y abstinente que sabe de lo reprimido del paciente y lo vuelve consciente comunicándoselo mediante la verbalización. La interpretación puede ser correcta o errada, el paciente podrá aceptarla, corregirla, negarla o resistirse a ella. Pero aun siendo correcta puede que el paciente no esté en condiciones de aceptarla, en cuyo caso lo deseable sería que el terapeuta no interpretara sistemáticamente este hecho como una “resistencia” y que retirara su “interpretación” promoviendo, en todo caso, lo que él llama “dialéctica del disenso”. Sería algo así como decir: “¡Vea! Usted piensa así y puede que tenga razón. Pero yo pienso de otro modo y tengo mis propias razones para hacerlo.” O sea que cabe considerar cómo este autor, un post-winnicottiano confeso y muy valorado en la actualidad, considera que en muchas ocasiones la  llamada “interpretación” puede adquirir el carácter de una negociación y por tanto en estos casos sería más correcto incluirla dentro de la categoría de “intervención”.

Una última razón para insistir en la negociación como componente indispensable de los encuentros interpersonales propios de la psicoterapia. Terapeuta y paciente necesitan llegar a acuerdos para sentirse cómodos y “auténticos” cediendo terreno hasta donde cada uno pueda (falso self normal) y defendiendo hasta la última trinchera lo que para cada uno es cosa irrenunciable (verdadero self). De lo contrario estaríamos frente a una situación de sometimiento o de Falso Self patológico.

Un caso extremo de ausencia de espontaneidad, de sensación de vacío y de enajenación podría quedar ilustrado con una de las “cartas desesperadas” que Marilyn Monroe  escribió a mano, y en papel del Hotel Bel-Air, a Lee Strassberg, su mentor artístico. Allí decía:

“Mi voluntad es débil, no puedo soportar nada. Sueno como loca, pero creo que me estoy enloqueciendo”(…) Es sólo que me paro frente a una cámara y mi concentración y todo lo que trato de aprender me abandona. Entonces siento que no existo en la raza humana…[11]

                                Pero no todo es pesimismo. Si usted ha llegado hasta aquí en su lectura es porque seguro lo animan entusiasmo y compromiso suficientes por un determinado asunto, en este caso el psicoanálisis. ¡Aleluya! Podemos dar por sentado entonces que dispone usted de un Verdadero Self en amplias funciones y que mientras la situación perdure nuestra disciplina podrá mantenerse a salvo de cualquier eventual derrumbe.

Bibliografía

Anfusso, A. e  Indart, V. (2009)  ¿De qué hablamos cuando hablamos de Winnicott? Montevideo: Psicolibros Waslala.

Bollas, C. (2013) La pregunta infinita. Buenos Aires: Paidós.

Bollas, C. (1993) Fuerzas de destino. Psicoanálisis e idioma humano. Buenos Aires: Amorrortu.

El Observador (2013)  Montevideo, Uruguay. Subastan en la red cartas de Marilyn. Viernes, 29 de marzo de 2013. http://www.elobservador.mx/index.php/espectaculos/relax/31900- subastan en-la-red-cartas-de-marilyn-

Gedo, J. The Evolution of Psychoanalysis. Contemporary Theory and Practice. New York: Other Press.

LaCruz, J. (2010) Vocabulario. http://www.elgestoespontaneo.com/html/vocabulario/m.html

Mitchell, S. (1993) Conceptos relacionales en psicoanálisis. Una integración México: Siglo Veintiuno Editores.

Renik, O., (1996) The Perils of Neutrality. (En línea) The Psychoanalytic Quarterly, vol. LXV, No.3. Aperturas Psicoanalíticas.

http://www.aperturas.org/articulos.php?id=0000188&a=Los-riesgos-de-la-   neutralidad.

Winnicott, D. (1999) Escritos de Pediatría y Psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós.

Winnicott, D. (1993) Los procesos de maduración y el ambiente facilitador. Buenos Aires: Paidós.

Winnicott, D. (1980) La familia y el desarrollo del individuo. Buenos Aires: Paidós.

[1] Socia Habilitante de la Asociación Uruguaya de Psicoterapia Psicoanalítica (AUDEPP). Docente del   Instituto Uruguayo de Psicoterapia de AUDEPP (IUPA).

   Fundación Winnicott (Uruguay). Miembro fundador y docente.

   adriana.anfusso@gmail.com

   Montevideo, Uruguay

[2] Bernardi, R. (2013). Conferencia previa a THERIP. El mundo fragmentado de Psicoanálisis: ¿Es posible el  diálogo? Lugar: Royal College of Art, Londres. 26 de julio de 2013.

[3] Benjamin, J.; Mitchell, S.; Safran, J.; Renik, O.; Aron, L.: Greenberg, J., etc.

[4] Green, A.; Pontalis, J.; Roussillon, R.; Gaddini E. y R.; Gianakoulas, G.; Phillips, A., Davis, M; Abram, J.;  etc.

[5] Se han realizado desde 1991 a la fecha veintitrés Encuentros Latinoamericanos sobre el Pensamiento de D. W. Winnicott. Anualmente han sido sede de ellos Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Perú y Uruguay, con la participación de colegas de toda América Latina, Europa y EE.UU.

[6] Renik, Owen “The perils of neutrality” fue publicado originalmente en The Psychoanalytic Quarterly, vol. LXV, No. 3, págs. 495-517 (1996). Copyright The Psychoanalytic Quarterly. Traducido y publicado con el permiso de The Psychoanalytic Quarterly y del autor.

[7] Bollas, C. (2013) La pregunta infinita. Buenos Aires: Paidós. P. 179.

[8] “… si se entra en la práctica de la psicología, es necesario hacerlo dentro de cierto marco: la entrevista debe realizarse en un marco adecuado, y tener un límite de tiempo fijado de antemano. Dentro de este marco somos confiables, mucho más que en nuestra vida diaria.” (Winnicott, D. (1980) La familia y el desarrollo del individuo. Buenos Aires: Paidós. P. 155).

[9] Anfusso, A. e Indart, V. (2009)  ¿De qué hablamos cuando hablamos de Winnicott?  Montevideo: Psicolibros Waslala.

[10] “Con el concepto de mutualidad experiencia de mutualidad (experience of mutuality) –que toma de Bruno Bettelheim–, Winnicott se adentra en el estudio específico de las <influencias mutuas muy tempranas> entre la madre y el bebé. Por mutualidad entiende <el comienzo de una comunicación entre dos personas>, cuyo prototipo es la díada madre-hijo (que hace extensivo al par analista-paciente), y que surge cuando se desarrolla una situación de “alimentación mutua”. LaCruz, Javier .elgestoespontaneo.com/html/vocabulario/m.html.

[11] El Observador. (2013). Montevideo, Uruguay. Subastan en la red cartas de Marilyn. Viernes, 29de marzo de 2013. http://www.elobservador.mx/index.php/espectaculos/relax/31900-subastan-en-la-red-cartas-de-marilyn

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