LA IMPORTANCIA DEL VÍNCULO EN PAREJA

Mercedes Péndola[1]

Resumen
En una pareja hay contradicciones referidas a la armonía posible o imposible entre los sexos, a los rasgos propios de lo masculino y lo femenino, a la naturaleza misma de lo que se llama amor. Otra discusión importante se plantea respecto de los miembros de la pareja que intervienen en la escena amorosa. ¿Se trata de dos personajes principales o hay también otros participantes fundamentales a considerar? ¿Cómo interviene en la pareja lo cultural y lo biológico en el amor? ¿Debe considerarse la relación vincular de dos sujetos que constituyen el vinculo como otro principal?
Esta última pregunta se refiere al protagonismo en sí mismo, si es que se lo afecta como una estructura que agrega un plus a los funcionamientos individuales de cada pareja.
Estas dificultades crecen día a día, ya que los cambios vertiginosos que en materia de pareja y de sexualidad están sobreviviendo en nuestra civilización, hacen que aparezcan nuevas discusiones y que la clínica de la relación de pareja y de los vínculos amorosos se torne cada vez más complejas.
Palabras clave: Pareja, vinculo, relación, contradicciones, dificultades

“LA IMPORTANCIA DEL VINCULO EN PAREJA”

“La libertad no es una herencia natural del hombre. Para poseerla tenemos que crearla. Si el hombre simplemente siguiera sus instintos naturales no buscaría la libertad. Más bien elegiría la dependencia. Resulta obvio que es mucho más fácil depender de otros que pensar, decidir, juzgar por uno mismo.
Ernst Cassirer

Me imagino que ustedes deben de haber tenido charlas en función de cómo relacionarse con los hijos. Esta vez será el poder mirarnos hacía adentro, en función de padres para bien de todos en la familia.
Quisiera inicialmente comentarles algunas ideas de cómo se da la relación de pareja, y como se dan los vínculos en el ambiente familiar; en donde muchas veces se van cargando de tensiones nada saludables y que los padres se preguntan que hacer, tratando de entender todo aquello que sucede y sobretodo como manejarse en esta relación sin que nadie salga dañado.
Desde nuestra óptica sería conveniente que todas las parejas que han decidido casarse, puedan tener la oportunidad de compartir algunas sesiones de esclarecimiento antes de hacer pareja, a modo de prevención, no solamente para poder entender, entre otras cosas, cómo se da su relación, sino para, justamente poder, inclusive, prevenir aquellas dificultades que puedan aparecer en los inicios de la misma, especialmente cuando llega el primer hijo, cuando se presenten normalmente situaciones ambivalentes de emociones de amor y odio, muchas veces, sin entender ellos mismos el porqué y entonces aparece la negación por temor a reconocer el odio y no saber cómo enfrentarlo y menos manejarlo.
Nadie puede ser adulto ni menos un buen padre, si todavía está en proceso de formación psicológica, emocional y socio-económica, es decir de “mantener una familia”; primero hay que dejar de ser niño internamente, en el buen sentido de la palabra, para poder ser padre, sumado a que a este futuro hijo que vendría se le estaría adjudicando un rol fantaseado por los miembros de la pareja de padres y sus respectivos familiares, como que él debería de ser quien haga posible “la felicidad” haciéndose cargo desde antes de nacer, que esta unión sea positiva, de “salvar” a la pareja; o lo contrario, que por “su culpa” tuvieron que casarse sus padres.
Las relaciones de pareja son muy complejas y los factores involucrados de cada uno de los miembros, emocionales, biográficos, de su familia de origen, la manera de ser de cada uno, la interacción de ambos dentro de la relación, etc. son algunos de los factores que influyen en los hechos cotidianos de la pareja.
El matrimonio o la relación de pareja, se determina de alguna manera por las dificultades emocionales de cada uno de los cónyuges y por la manera en que interaccionan ambas personalidades.
Muchas tensiones mal entendidas entre cónyuges se originan en la decepción que uno o ambos miembros de la pareja sienten y que es causa de sentimientos de agravio cuando el otro no representa el rol de cónyuge, ajustándose a una figura o modelo preconcebido del mundo de fantasía del otro y viceversa.
Si contamos con una adecuada comprensión, ella nos permitirá ver y entender cómo se da el vínculo, más allá de lo que pueda ocurrirle a la persona en lo individual; así podremos tener la posibilidad de ayudar, no solamente como persona a cada uno, sino además entender la conflictiva que se pueda estar presentando en esta relación, de ida y vuelta y ayudar a la pareja en tanto tal.
Las necesidades mutuas de la pareja se dan en forma “entramada” y esta trama se puede analizar en conjunto y explorar. En el trabajo con parejas podemos ver que muchas veces uno de los miembros se queda a la “sombra” o es puesto en ese lugar, apareciendo el otro como el personaje importante.
Hay que ver el porqué de esta situación, en tanto que inconsciente y que se repite muchas veces en el consultorio; podemos también observar en este campo de la pareja, el “área de frontera”, que va desde lo individual hacia lo grupal. No sólo el individuo o lo que pase en su interior, sino a los individuos en su contexto, es decir en la interrelación con los demás: pareja – familia – etc., precisamente en esa “área de frontera” que se deriva de los múltiples mecanismos conscientes e inconscientes puestos en juego.
I. Viñeta
La esposa, a quien llamaremos Patty, es hija única de padres separados, actualmente cada uno tiene otra pareja y viven en el extranjero.
Patty tuvo una infancia no muy clara en su recuerdo, dice “haber tenido muchas mujeres fuertes en su entorno, que salieron adelante solas, eran muy lindas y capaces en su desarrollo profesional”.
Los esposos de esas mujeres, de alguna manera estuvieron ausentes; unos se fueron sin mayores comentarios, y otros se divorciaron. El padre de Patty “era también un padre ausente, se peleaba con mi mamá” dice: se gritaban y se desaparecía, se sabía que salía con otras mujeres”.
Patty recuerda a su madre como “egoísta, peleándose con ella competitivamente, era una persona de muchas promesas que no cumplía, tan inestable como gritona”; y cuando no podía estar con Patty, la dejaba donde su abuela o donde una tía. La primera relación sexual la tuvo Paty a los 15 años, tuvo varias relaciones antes de formalizar con quien ahora se está separando y a quien llamaremos Miguel.
Miguel es el hijo menor después de dos mujeres, varios años mayores que él. Madre muy bella al igual que la de Patty, dominaba al padre dice el paciente, pero “él se desaparecía y salía con muchas mujeres, era conocido en su ambiente social por su forma de vida”. Padre y madre poco afectivos, recuerda el paciente: “mas bien la madre lo manejaba” por encargos muy directos: “limpia los cuartos, limpia los baños, etc.”. Dice Miguel “haberse pasado la vida viendo solamente de frente, con anteojeras como los caballos”. La madre desvalorizaba al padre “él es comerciante, mi madre es artista, hace esculturas, escribe poemas”.
La primera relación sexual que tuvo Patty con Miguel, su esposo, no se pudo llevar a cabo por dificultad de él al no poder penetrarla, dándose este hecho esporádicamente en otras oportunidades. Actualmente, sus relaciones sexuales ocurren con frecuentes eyaculaciones precoces de Miguel.
No nos basamos solamente en los niveles inconscientes que son fundamentales, sino que tenemos que encontrarnos además con aquellos aspectos concientes, relevantes que se dan en el vínculo y profundizar en todo aquello que nos muestren y cómo se da la dinámica de las relaciones entre ambos niveles y entre los miembros de la pareja, pudiendo así entender ese mundo tan particular de esa específica relación.
Cada uno de los miembros de la pareja viene de una familia diferente y, por lo tanto, hay que tener en cuenta y comprender cómo han sido sus relaciones familiares, sabiendo que es fundamental observar a la pareja como tal, y en mi aproximación técnica, a cada uno, si lo creo conveniente. Es de sumo interés saber cómo fue la infancia de cada cual, entendiendo por el psicoanálisis, que las experiencias infantiles son la columna vertebral de sus vidas y como estas primeras experiencias, son la base a futuro del ser humano y, por consiguiente de toda relación; sobre todo se verá más claro cuando se encuentren en una relación de pareja, en la que se puede observar muy claramente situaciones que suscitan celos, envidias, competencias, abandonos, castigos, etc. con el telón de fondo de la historia personal.
Sabemos que una relación de a dos o más, no es fácil. Digo “o más”, entendiendo que tal como se dé la relación de ambos miembros de la pareja, se producirá el bienestar o no, de los hijos y, por ende, de la familia en su conjunto.
En la relación subyace entre otras cosas, una necesidad de cada uno de los miembros de la pareja de buscar o propiciar en el otro “satisfacciones inconscientes“ y que pueden ser vividas en la cotidianeidad del vínculo como amenazantes, suscitándoles ansiedad e inseguridad.
Si en lo individual nos es difícil “despojarnos” de todo aquello que nos signifique “carga”, “responsabilidad” de nuestras historias, principalmente de los primeros años de vida, él aprender a buscar y cuestionarnos a nosotros mismos, nos ayudará a poder salir de una actitud enfermiza, neurótica y pasiva. En el caso de la pareja, por ejemplo, al proyectar en el otro todo lo negativo y quedarnos con el sentimiento de ser “los pobrecitos”, sin cuestionarnos el porqué aceptamos este rol, nos quedaríamos en una actitud pasiva que nos impediría darnos cuenta de la responsabilidad que tenemos al asumir un rol en el vínculo de pareja, en este caso, el de “víctima”.
Esta reflexión le va por igual a los dos miembros de la pareja, porque alguno de ellos hará el rol activo y el otro el rol pasivo. Deseos que interactúan inconscientemente para encontrarse con una pareja, por ejemplo que les represente a uno de los progenitores, ya sea la madre o el padre; lo peligroso es que se queden fijados en ese único rol y no intercambien y amplíen roles.
Cuando por la fijeza extrema en un rol, proyectado y asumido, los intercambios y el vínculo se tornan patológicos, la pareja muchas veces no repara que cada uno hace su parte “calladamente”, sin reconocer que se destruyen, porque aunque el amor existe entre ellos, lo que no existe es la posibilidad de pensar en lo más mínimo, que los dos contribuyen y que en ambos, predominan aspectos infantiles, es decir predomina lo infantil sobre los aspectos adultos, en los que, son únicamente marido y mujer – padre y madre.
En el caso del trabajo con parejas el terapeuta descubre directamente – esa es su tarea principal – lo que está sucediendo en la inter-relación, al observar a sus miembros en el trato recíproco. Sólo observando directamente la escena, la acción y la comunicación verbal y no verbal, el terapeuta puede obtener información privilegiada sobre la relación entre los miembros de la pareja.
En tanto prevención podría decir que hay varias formas de enfocar la pertinencia de la terapia de pareja: La primera, “antes que ocurra” una crisis, es decir, antes que se llegue a producir el desenlace de la misma, con la ruptura del vínculo por ejemplo, viendo aspectos importantes del grupo familiar de ambos, qué espera uno del otro, valores, ideales, etc. que conforman la convivencia de la pareja.
La segunda, sería cuando llegado el momento “de la convivencia” se detecta que existen situaciones no comprendidas y que la comunicación se va haciendo cada vez más difícil, apareciendo dificultades de índole familiar, cultural y social en lo manifiesto; la interacción de esta diada va entrando en confusión y conflicto sin tomar en cuenta aspectos inconscientes importantes de cada uno de los miembros. Aquí la psicoterapia de pareja tiene que ser enfocada en un primer momento como el tratamiento de elección en una concepción de a dos, ya que los “juegos” conscientes e inconscientes de la pareja establecen un nuevo sistema complejo que es una realidad nueva y unitaria de tipo psicológico que va más allá de la suma de las dos personas que la componen.
La tercera, sería no esperar a que estos conflictos, dudas y angustias se repitan. Anticiparse, explorando en algunas sesiones de pareja sus áreas sensibles; entendiendo lo difícil que es esta diada, en la que están, como sabemos, constantemente en juego las estructuras psicológicas de un miembro de la pareja en relación constante con las del otro miembro. Ambas estructuras funcionan como un complemento y como un realimentador de las del otro.
Como ya he mencionado, debe importarnos tanto las características personales de cada uno de los miembros, como la interrelación y la forma en que estas relaciones se apoyan y se entrelazan con las del otro miembro de la pareja.
Ambos miembros individualmente, pueden en algún momento seguir, buscando características que originariamente ejercieron atracción, ya que su compañero fue percibido inconscientemente como símbolo de aspectos de la personalidad del sujeto que se “perdieron” a causa de la represión. Estas interacciones que están relacionadas internamente entre sí, pueden lógicamente variar de forma independiente y variar de importancia para mantener la cohesión de la diada en sus diferentes momentos.
La complementariedad y la oposición que se da entre los dos sexos, si la vemos a través de la óptica psicoanalítica, podremos llegar a comprender que cada uno busca a la persona adecuada para que le suministre lo mejor y lo gratifique en cuanto a sus necesidades concientes e inconscientes. En la que un hombre inseguro del afecto de la madre por ejemplo, buscará probablemente una mujer fuerte, que lo reasegure.
Todo esto nos hace pensar reiterándonos, que a la pareja no tenemos que verla como si fueran dos personas separadas y aisladas entre sí. La pareja es “el paciente”, y cada uno de los miembros sé “adecúa”, se “ajusta”, llegando a un acuerdo conciente e inconsciente de lo que cada uno necesita de modo que las necesidades de uno de los miembros de la pareja son aceptadas por el otro, digamos: “sé tú lo que yo quiero que tú seas, que yo seré lo que tu quieres que yo sea” y que esto, al final de cuentas va a repercutir directa y positiva o negativamente en la propia pareja.
Vemos pues, que la pareja es algo más que la unión entre dos personas y que en esa “alianza” están en juego los deseos, esperanzas, ilusiones, etc. de cada uno y que en esa interacción está presente también el mundo interno de cada uno, independientemente del otro y que, a partir de esta interacción es posible formular teorías sobre las posibilidades de salud o no de la pareja y de los cónyuges.
Pensamos que de una buena conformación de pareja surgirá lo mejor para la familia a futuro y, de aquí en adelante de la organización y estructura buena o mala de cada uno, y de los miembros de la pareja vendrán otros grupos humanos que conformarán la sociedad. Tengamos presente que en un principio es la pareja el terreno inicial de ambos con sus características individuales y al juntarlas o unirlas nacerá de esta unión complementaria un tercero, que es la pareja.
Ayudarla nos da la posibilidad de observar e intervenir de manera directa, ya que individualmente sería sumamente difícil, como observadores de los factores perturbadores que los miembros de la pareja individualmente no pueden ver ni reconocer puesto que están envueltos en esa diada agridulce, así tienen la oportunidad de tomar conciencia que son parte activa muchas veces de una muerte lenta de la relación, en la que la pareja tendría que ser un organismo vivo, dotado de fuerza y de un proyecto de vida a futuro y no quedarse atrapados en un ambiente vicioso de sufrimientos que solamente se liberarán pudiendo reconocer sus dificultades y pudiendo resolverlas en forma oportuna.

[1] Licenciada en Psicología Social – Escuela Pichón Riviére. Bs As. Argentina. Formación en Familia con el Dr. Arnaldo Rascovsky. Formación en Psicodrama con el Dr. Carlos Martínez Bouquet. Profesora del Curso de Psicoterapia de Pareja en el CPPL. Psicoterapeuta de Pareja y Familia. Fundadora, Vicepresidenta y Presidenta de la Asociación de Psicoterapia Psicoanalítica. Fundadora y Vicepresidenta de la Sociedad Peruana de Psicoterapia Psicoanalítica de Pareja y Familia – SPF. Miembro fundador y miembro asociado de la Asociación Internacional de Psicoanálisis de Pareja y Familia – AIPPF. E mail: alpendola@gmail.com Lima, Perú.

Bibliografía

Berenstein, I., Kalina, E., & Teruel, G. (compiladores) (1970) Psicoterapia de Pareja y Grupo Familiar con Orientación Psicoanalítica. Buenos Aires: Editorial Galerna.
Bobé, A. & Pérez Testor, C (compiladores) (1994) Conflictos de Pareja. Buenos Aires: Editorial PAIDOS.
Puget, J. & Berenstein, I. (1989/1996) Psicoanálisis de la Pareja Matrimonial (3ra. reimpresión) Buenos Aires: Editorial PAIDOS.
Slusky, C. & Liberman D. (compiladores) (1975) Psicopatología y Psicoterapia de la Pareja. Edición Nueva Visión.
Teruel, G. (1974) Diagnóstico y Tratamiento de Parejas en Conflicto. Psicopatología del proceso matrimonial. Buenos Aires: Editorial PAIDOS.

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