EL SUFRIMIENTO NARCISISTA DE LOS PADRES DURANTE LA ADOLESCENCIA DE SUS HIJOS

Psic. Ana Barrios Musto[1]

Resumen

Nuestra comunicación apunta a pensar en los padres, los padres de adolescentes que concurren a  la consulta en el momento actual.  Se trata de padres de clase media. Hemos considerado y lo seguiremos haciendo, el sufrimiento tanto de los niños como de los adolescentes, pero en esta instancia nos centraremos en el sufrimiento de los padres de adolescentes.

Quisiéramos hoy  compartir con Uds. una inquietud y preocupación que nos ha incentivado a trabajar con padres, desde hace varios años y  es el dolor, sufrimiento, incertidumbre, desamparo, que muestran los padres en la consulta de niños y especialmente de adolescentes. Si bien la confrontación y el enfrentamiento, son propios de la crisis adolescente, en este momento vemos en los padres que vienen a la consulta, un desborde, manifestando fragilidad y angustia, o agresividad, que muestra cómo  algunos  viven de manera magnificada y a veces devastadora, esta etapa del desarrollo de sus hijos, promoviendo diversos tipos de reacciones de acuerdo a sus características.

Palabras clave: sufrimiento narcisista, adolescencia.

EL SUFRIMIENTO NARCISISTA DE LOS PADRES DURANTE LA ADOLESCENCIA DE SUS HIJOS.

 

Esto que vivimos en nuestra práctica clínica cotidiana nos ha llevado a profundizaciones  teóricas y técnicas cuando trabajamos con los adolescentes y sus padres para lo que nos enriquecieron los invalorables aportes de autores tanto dentro del psicoanálisis individual, como del psicoanálisis vincular . Pero nuestro interés  va  más allá de las necesidades teóricas o técnicas: lo que me ha motivado desde hace muchos años a trabajar con los padres es el dolor, sufrimiento, incertidumbre, desamparo, que muestran los padres en la consulta de niños y adolescentes.

Creo que este encuentro es una excelente  oportunidad para repensar a los padres de adolescentes en el momento actual.

Pensamos que parte del sufrimiento de los padres se vincula con las características del mundo actual, que definiremos  con la palabra  cambio: asistimos a un desborde de información, cambios vertiginosos, imprevistos, impensables,  que han acontecido en las últimas décadas; cambios que han modificado lo cultural, social, lo familiar, lo individual, que han desestabilizado nuestras convicciones, creencias, certezas, constituyéndose en un ataque a nuestra “estabilidad narcisista” dificultando nuestras posibilidades de adaptación.

Estos cambios están teniendo lugar con tal velocidad que no han sido pensados, elaborados e  instrumentados, por lo que generan una de las paradojas más importantes: mientras la globalización y el desarrollo de la tecnología  permiten  el acceso inmediato a toda la información y a la comunicación a nivel mundial, más incomunicación, inestabilidad, contradicción, desamparo y soledad vemos en los padres que acuden a nuestra consulta.

Los padres suelen encontrarse desorientados, ya que en general  fueron criados por progenitores tradicionales y no quieren repetir sus “errores”, pero no han podido crear un sistema de creencias, valores y educación claros y coherentes para sí mismos y para sus hijos. Y por otra parte son exigidos por hijos que reclaman más y más, muchas veces sin consideración ni posibilidad de aceptar frustraciones ni esperas (Barrios, 2009)

Este cambio hacia una nueva cultura, en la que se pregona, parafraseando a Freud, “his majesty the teenager”, lo que ha logrado muchas veces es desestabilizar a los adultos y a los adolescentes. Estos adolescentes sienten a los padres como aquellos que no los entienden, con los que no se puede hablar, pasados de moda, inestables en lo familiar, social y laboral.

Los padres en la adolescencia deben hacer un doble trabajo: por un lado elaborar los duelos y conflictos que le acarrea esta etapa de la vida en relación con su hijo adolescente, sobrellevar las ambivalencias, contradicciones y angustias que esto conlleva y por otro mantener o lograr  su lugar y función de padres que apuntalan y acompañan un proceso de subjetivación y desprendimiento que en la adolescencia es más difícil que en la infancia.

 Tienen que tolerar el dolor narcisista de no ser más los padres respetados, necesitados y admirados de la infancia, así como el duelo por no tener más el rol de los adultos que todo lo saben y pueden.

 En este momento todos los medios masivos de comunicación, y la sociedad entera, les muestran que se es valioso solamente  siendo bello, joven y poderoso, mientras que muchos padres  atraviesan  incertidumbre en lo familiar y laboral y sus propios cambios biológicos como la menopausia, es decir, el pasaje del tiempo. A esto se le suma un fenómeno nuevo y es que ni siquiera somos los adultos los portadores del saber. Son ellos, los jóvenes, quienes tienen el saber que más parece importar: el de la tecnología.

Además de lo antedicho deben transitar el duelo narcisista de renunciar al sueño del hijo maravilloso que los iba a complementar y resarcir de tantas heridas del pasado; el duelo edípico, porque sus hijos ya van en camino de dejar el mundo de lo endogámico para catectizar otros objetos libidinales. Ya dejaron de ser a los ojos de sus hijos adolescentes, el padre poderoso, respetado, por momentos endiosado,  tampoco la madre es aquella hermosa mujer, “la más linda del mundo” con la que  su hijo niño se quería casar, y su hija niña  usaba vestidos y collares y sus zapatos de tacos porque quería   ser algún día tan hermosa como ella.

Este niño deja de ser el que sus padres conocieron, para ser otro que les parece desconocido que se vuelve conflictivo porque  los enfrenta, confronta, cuestiona y  por momentos ,   los ridiculiza, los desprecia, no los escucha, los excluye, los trata de anticuados y tantas otras cosas más.

Nuestra tarea como psicoterapeutas de adolescentes, es lograr que el
otro significativo, fundamentalmente los padres, sigan apuntalando los cambios de su hijo.

¿Cómo pretender que apuntalen y acompañen cuando muchos de ellos se sienten
cuestionados, agredidos, desautorizados, dejados de lado, denigrados,
descartables, poco útiles, viejos y además con un saber pasado de moda?.
¡Qué difícil les resulta a los padres sostenerse en su rol y su función cuando están viviendo de parte de sus hijos el momento de vida más crítico y para el que se encuentran menos instrumentados! Todo ello transitando la crisis media de la vida.  De ahí la importancia y necesidad del trabajo con los padres en la consulta y tratamiento.

Existe entonces,  una preocupación que nos compete a los que trabajamos con los adolescentes en Psicoterapia y en Consultas y es la inclusión de los padres  en el abordaje clínico, en distintas modalidades, de acuerdo al caso que se nos presente. Queremos aclarar que el trabajo con padres, su forma, frecuencia, etc. Va a depender de cada caso en particular.

Creemos al igual que importantes autores contemporáneos que trabajan el tema y al decir de Cao (Cao, 1999, pág.35): “… la inclusión de los padres en el psicoanálisis con  adolescentes no se debe a una cuestión coyuntural, sino a las características propias con las que se presenta y opera este fenómeno”.

Los adolescentes que vienen a la consulta presentan distintos escenarios como situaciones de extrema angustia, violencia, agresividad, depresión, bajo rendimiento escolar, actuaciones varias, transgresiones, conductas adictivas, entre otras, que conllevan serias  consecuencias tanto en los padres como en los hijos y se han constituido en problemas comunes y en los motivos de consulta más frecuentes.

El crecimiento adolescente de sus hijos trae hoy, más que en otras épocas, para los padres vivencias de desolación, dolor, desorientación, agresividad, depresión,  de vacío y soledad que les es muy difícil manejar, lo que reafirma la necesidad de incluirlos en los abordajes clínicos.

Integramos a los padres, no solamente porque pensamos que el cambio del adolescente no se realiza la mayoría de las veces solo desde un encuadre bipersonal, sino que lo hacemos porque también nos preocupa la cuota de dolor y sufrimiento que tienen estos padres y queremos que puedan vincularse con su hijo de otra manera enriquecedora y gratificante.

La participación de los padres en nuestra consulta se debe a múltiples factores:

Nuestra tarea se ha complejizado: se amplía la concepción del conflicto psíquico, pasando de lo meramente individual al tratamiento de las relaciones y vínculos de los hijos con los padres y hermanos.  La realidad que nos toca vivir se complejiza y se dificulta apareciendo fenómenos como separaciones, divorcios, nuevas constelaciones familiares, situaciones de abuso sexual, de violencia, dentro y fuera del hogar.

A la a inconsistencia que muchas veces presentan  los padres se agrega;  la falta de paradigmas a los que aferrarse, de figuras identificatorias que representen ideales esperanzadores y fortalecedores de identificaciones vitales y posibles, favoreciendo el incremento de las situaciones de riesgo en la adolescencia, la droga, el alcohol, los accidentes de tránsito, los suicidios, las nuevas patologías propias de la cultura como lo son también la bulimia y la anorexia, etcétera.

No concebimos un trabajo frio y aislando padres, sino todo lo contrario, un trabajo cercano con ellos para  trabajar juntos en su rol y su función, pensar y evaluar como equipo el problema que los convoca, considerándolos seres humanos que están preocupados, desorientados y muchas veces sintiéndose  desamparados, lo muestren manifiestamente o no en la consulta.

Esta forma de trabajo habilita que aparezcan las agresiones, dolores y preocupaciones que sus hijos les proporcionan de forma cada vez más preocupante y que ellos nos trasladan con la misma intensidad.

  Esto marca alguna de  las diferencias entre el trabajo con padres de niños y el de los padres de adolescentes.  Estos últimos sienten en muchos momentos, enojo, frustración y malestar e impotencia así como una  preocupación mucho mayor, ya que el adolescente se maneja fuera de su área de protección en un mundo cada vez más peligroso e incontrolable.

Esta impotencia cargada del tener que tolerar las agresiones, que sus hijos les generan de forma constante tanto manifiesta como pasivamente, la vuelcan hacia nosotros en ocasiones con la misma exacerbación con que sus hijos adolescentes se comportan con ellos.

De ahí la importancia de nuestra propia terapia, ya que el trabajar de esta manera  implica la transferencia y contratransferencia y el trabajo vincular no sólo con el paciente sino con los padres para poderlos  tratar en forma humana y empática, lo cual no siempre resulta fácil, pues nos implica un análisis mucho más profundo y exhaustivo.

Para concluir, diremos que:

Entendemos la inclusión de los padres en la psicoterapia adolescente,  muchas veces  como una condición  imprescindible tanto para el crecimiento de su  hijo, como de ellos mismos en tanto padres,  y que estos padres deben ser igualmente apoyados, por ellos mismos, por su dolor y también porque entendemos que sólo así es posible ayudar en profundidad a su hijo, pues depende de estos padres para la formación de su  psiquismo ya que si no se modifica el vínculo con el hijo, desde lo externo, se verán dificultados los procesos psíquicos individuales.


Bibliografía

 

  • Abadie, S. (1996). “La transición adolescente”, en Transiciones. El modelo terapéutico de Winnicott.  Buenos Aires: Editorial Lumen.
  • Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (ApdeBA), Depto. De Niñez y Adolescencia, IV Jornadas: 27/28 de agosto de 1999: “Los padres en el psicoanálisis de niños y adolescentes”.
  • Aberasturi, A. y Knobel, M. (1977). La adolescencia normal. Buenos Aires: Editorial Paidós.
  • Barrios, A. “Trabajo con padres en psicoterapia de adolescentes en el momento actual” en Revista de Psicoterapia Psicoanalítica, Tomo VII. Abril 2009. No.3
  • Cao, M. (1997). Planeta adolescente. Cartografía psicoanalítica para una exploración cultural. Argentina: Edición del autor.
  • Guignard, F. “El psicoanálista y el adolescente. ¿Existe una especificidad de la formación para el ejercicio psicoanalítico con el adolescente? Psicoanálisis APdeBA – XXIII – Nº 2 – 2001 N° 2 Adolescencia (Historia- Enigma)  pp 389-403
  • Hobsbawm, E. (1998). Historia del Siglo XX. Barcelona: Ed. Crítica.
  • Jeammet, P.: “La apuesta narcisística de la adolescencia” en Temas de Psicoanálisis 12.  APU, 1989.
  • Kancyper, L. (1997) La confrontación generacional. Buenos Aires. 1ª Edición Paidós.
  • Obiols, J.A., Di Segni de Obiols, S. (2008). “Adolescencia, posmodernidad y escuela secundaria”. 1ª Ed. 1ª reimp Buenos Aires: Noveduc p. 208
  • Rojas, M.C. (1997) “Ser adolescente hoy” en Ética Amor y Violencia en la Constitución de la Subjetividad. En IX Congreso Metropolitano de Psicología, Niñez y Adolescencia Hoy, Buenos Aires.

[1] Licenciada en Psicología, UDELAR. Homologación de título de Técnico en Psicología infantil en la Facultad de Psicología Universidad de la República. Psicoterapeuta y supervisora habilitante de la Asociación Uruguaya de Psicoterapia Psicoanalítica (AUDEPP) (noviembre 1992). Especialista en Psicoanálisis Vincular (AUPCV) Asociación Uruguaya de Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares. Diplomatura en PSICOINMUNONEUROENDOCRINOLOGIA (PINE) Facultad de Medicina, C. de Punta del Este, CLAEH (21 de diciembre de 2013).

Correspondencia: anabarriosmusto@adinet.com.uy

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