El desarrollo de la empatía por medio de la escucha psicoanalítica

                                               Annette Meade Rahn[1].

 

Resumen

Para realizar éste trabajo me planteé las siguientes dos preguntas: ¿Cómo aprende el paciente a ser empático consigo mismo, observar su experiencia para comprenderla y no seguir siendo su propio verdugo?, ¿Qué aspectos del proceso psicoanalítico le permite a un paciente desarrollar esa empatía hacía sí mismo? La intención es poder encontrar un camino en el proceso analítico que acerque al paciente a sí mismo de manera que los factores que nutren su autoestima se vean fortalecidos y encuentre sus propias herramientas para afrontar la vida en general.

Palabras clave: escucha empática, empatía, identificación, proceso psicoanalítico.

El desarrollo de la empatía por medio de la escucha psicoanalítica.

La empatía suele ser considerada como un constructo multidimensional y que posee dimensiones afectivas, cognitivas, centradas en uno mismo y en el otro, está relacionada a la relación con aspectos intrapersonales e interpersonales.

La historia que nuestros pacientes se cuentan de sí mismos proviene de una imagen introyectada de sí mismo, con ella se definen y se mueven por la vida y a través de ella, desde la base de lo creen que son, sin saber en ocasiones como llegaron a “convertirse en eso” y como sus acciones han estado condicionadas para postergar esa imagen con la que ya están absolutamente identificados. “Yo soy eso”

Podemos claramente comprender que está imagen viene y se ha ido construyendo desde su más temprana existencia, apoyada por las figuras parentales y por las experiencias que haya vivido, quedando absolutamente asentada en el inconsciente y con un modus operandi que lo llevara a reafirmar aquella imagen, sin olvidar que de dicha introyección emanan emociones hacia sí mismo que también guiarán la vida para perpetuar ese sentir, siempre y cuando no se haga un alto donde sea cuestionado el origen de la misma y los efectos que hasta ese momento haya  tenido  en su vida.

Es una condición de posibilidad psicoterapéutica. Es, entonces, una operación en la mente del analista que consiste en “ver con”, en “sentir con”, en “ponerse en el lugar de”, en, según Kohut, una “introspección vicariante”. Sentimos “con”, pero no actuamos “por”. Empatía no es simpatía, ni intuición, ni imitación.

Cuando un paciente llega a análisis podemos escuchar en su discurso cómo se vive a sí mismo, cuales son las emociones que lo han acompañan en esa experiencia de ser “el” y cómo, desde esa experiencia, es que ha llegado a las diversas situaciones que lo motivan a buscar terapia. Probablemente busca terapia, buscando respuestas que su vivir ya no le ha brindado y tendremos que averiguar con el quién es realmente, qué tan dispuesto está a resolver el enigma de sí mismo y el camino que esto conlleve.

¿Qué es lo que sabe nuestro paciente de él mismo, de aquello que le sucede, cómo se lo explica, cuáles han sido las herramientas que ha desplegado para sostenerse, qué es lo que lo motiva a ir a terapia? Estás son algunas preguntas que nos ayudarán a conocer a nuestro paciente. Siento importante que parte de nuestra labor es llevar a esa otra persona que acude a nosotros, a  verse a sí mismo sin el menor tapujo posible y llevarlo a comprender cómo llego a ser quien es, ya no quien cree que es, sino quien es y brindarle la opción de un vínculo consigo mismo lo más empático y amoroso posible.

La manera que el analista tiene de observar, escuchar y comprender al paciente, su historia y su mundo emocional son vitales, para que en el curso de la terapia el paciente encuentre y aprenda otras maneras de vivirse desligadas lo más posible una visión neurótica de sí mismo.

Ésta observación empática del analista se refiere a tener una comprensión lo mejor posible, mediante resonancia afectiva y una introspección indirecta de la experiencia del otro desde el marco de referencia del analista. Es el uso consistente de la escucha empática la base de la investigación y comprensión analítica.

La escucha analítica pasa por el filtro de la subjetividad de analista, retomando la definición de contratransferencia, podemos referirnos a ella también como la experiencia que el analista tiene del paciente, deduciendo que se puede utilizar al escuchar, independientemente de la perspectiva de escucha.

En nuestra labora terapéutica procesamos información que es implícita ó explícita para orientarnos en una dirección de indagación, para poder percibir lo que es importante, lo que se busca elaborar, aquello que requiere de ser aclarado y examinar de tal manera que ilumine las intenciones, los afectos y significados. Los analistas nos valemos de nuestro sentir subjetivo para sentir, percibir e inferir el mundo que está viviendo nuestro analizado y la manera en que se desarrolla el vínculo, las contribuciones que se pueden dar desde ahí van de un sentimiento de ser escuchado y comprendido, a una expansión en la reflexión consciente del paciente.

El proceso de escucha, la experiencia e intervención, nuestras subjetividades como los modelos analíticos y nuestras perspectiva de escucha, influyen de forma importante en como organizamos nuestra experiencia del paciente cuando intentamos escuchar empáticamente. Hay una influencia bidireccional entre paciente y analista, ya que como analista no se puede uno permanecer absolutamente anónimo y neutral, ya que se le permite al paciente usar al analista como un objetoself.

Ahora bien, la escucha empática no tiene como objetivo la compasión, ambas generan un sentimiento de ser escuchado y comprendido, así como una resonancia mutua.  En la resonancia compasiva  hay un reconocimiento y comprensión del paciente y de su experiencia, lo que se vuelve un factor de curación importante. Esta postura coloca al analista en cómo se siente el otro y  no cómo el objetivo de las necesidades y demandas del paciente.

Bromberg (1989) distingue dos perspectivas, una que es identificarse con la experiencia subjetiva del paciente y la identificación como objeto de las acciones del paciente. Por momentos el paciente necesitara sentir al analista identificado y comprendido con su mundo, y en otros momentos necesitará escuchar como es para alguien más estar involucrado con el paciente en un espacio interactivo. La última perspectiva permite al paciente comprender mejor su organización interna y su conducta en la experiencia interpersonal.

Se le brinda al paciente el observarse cómo es visto por el otro lo que también a su vez puede generar otros sentimientos sobre sí mismo ya que se “vive y siente” desde otro lugar, generando otra perspectiva que al integrarla podría beneficiar su sentir hacia sí mismo. Escuchar empáticamente se centra en “solo” escuchar y comprender lo que el paciente expresa, sin embargo la empatía y el juicio se mezclan a pesar de querer estar solo en experiencia del paciente y hacemos nuestras conclusiones y evaluaciones lo mejor, desde el interior de la experiencia del paciente.

Por medio de la escucha empática y atenta del analista se fomenta un sentimiento de seguridad lo que puede conllevar a una disminución de la necesidad de protección, aumentando el espacio reflexivo y facilitando que surjan al consciente intenciones, recuerdos, significados y procesamientos. La empatía hace más accesible y fluido los limites entre lo consciente y lo inconsciente, entre aquello que esta explicito y lo que no, aumenta el acceso consciente a sentimientos y a material que se mantuvo reprimido.

La escucha empática que el analista presenta, puede invitar al paciente a observarse desde la visión del analista, observarse y asimilarse desde otra perspectiva, lo que también invita al  paciente a ser mayormente reflexivo, más empático y consciente de sí mismo. Se abren ante el paciente nuevas formas de relación y de vincularse.

No obstante la escucha empática no deja de ser compleja ya que el analista al escuchar las expresiones tanto explicitas como implícitas del paciente también tiene que diferenciar en entre aspectos de fondo y lo que está en primer plano de la experiencia manifestada por el paciente. Es importante sentir que hay un camino de entrada y facilitar la emergencia de aquello que no se ha podido manifestar.  La experiencia que se centra en el otro brinda información sobre rupturas de viejos patrones, estableciendo nuevos modos de relación.

Escuchar de manera reflexiva, empática, implica escuchar tomando conciencia de los sesgos que se manifiestan en el esfuerzo por entender, es importante tener una visión clara de nosotros mismos y del paciente frente al que nos encontramos, valorando de manera más profunda el efecto que de esta escucha se puede obtener. Se debe ser consciente de la propia experiencia subjetiva durante la interacción así como de juicios y evaluaciones, ver cuales es la propia perspectiva como analista.

Si hay un uso oportuno de la experiencia que surge en las diferentes perspectivas de escucha y experiencia, esto facilita el proceso inconsciente, ofreciendo una comprensión más amplia del paciente y del propio analista y la interacción entre ambos.

Pienso que un espacio donde se da la escucha empática crea un espacio reflexivo y seguro, donde las defensas pueden ir reduciendo, dejándole ver al paciente un material de sí mismo que no estaba a su alcance, del cual probablemente no había conocimiento y por lo que su identidad podría estar, a partir de esto emergido, modificada. La escucha misma es una herramienta que se le brinda al paciente para que el pueda “aplicarla” consigo y con aquello que surge de su inconsciente. Con la misma actitud con la que nosotros nos manejamos frente a aquello que el paciente dice, es como el puede comenzar a recibir esta información y reflexionar sobre ella e integrarla.

Al hablar de una escucha empática, con la intención de comprender al otro, el analista no puede dejar de ser alguien crítico, que tratemos de entender cuales fueron las fuerzas que lo convirtieron en la persona que actualmente es. De está forma el propio paciente podrá también cuestionarse cuales fueron esas condiciones, volviéndose más crítico consigo mismo y no conformándose con lo que en apariencia podría ser una respuesta.

Por medio del ambiente empático de escucha, es que el paciente adquiere esa actitud ante si mismo, su propia historia y es la misma quien lo conducirá a descubrir cómo es quien es y quien es y darle sentido a aquello que viene sintiendo. Volverse crítico no es una tarea sencilla ya que de algún modo va en contra de la convivencia impuesta por la sociedad, pero es la que permite que la persona se desajene, descubra quien es auténticamente y cual es su camino de crecimiento. Es justo la actitud crítica la que permite despertar la visión hacia el paciente y del paciente, viendo que hay detrás de las apariencias.

Analizarme, cómo mencionaría Erich Fromm (1991), no es el descubrimiento de mis traumas, significa haberme sincerado, como analista, conmigo mismo y que he sido capaz de ver francamente toda mi irracionalidad y es desde ahí que puedo comprender al paciente, examinarme a mi mismo y no reprimir aquello que necesito sentir tanto como el paciente lo siente. Muevo en mí lo que necesito entender en el otro.

Si bien existen los beneficios de ser empático con el paciente, a corto plazo se puede observar una cierta relajación que permite al paciente confiar e ir avanzando en su historia, llegando a remover las defensas, sin embargo a largo plazo se obtiene una integración del self que proviene de adquirir una sensación de volverse completo.

La sensación de integridad en el paciente promueve también una sensación de seguridad consigo mismo, de confianza, no solo hacia el analista sino hacia sus propias percepciones, vivencias, obtiene una relación más intima de conocimiento y aceptación sobre su situación, sobre su propio carácter.

En conclusión la escucha empática, además de ser una condición en el tratamiento psicoanalítico, es a su vez una vía por la cual el paciente puede observarse a sí mismo de manera más crítica, cercana e integradora.

Bibliografía

Bromberg, P. (1989). Interpersonal psychoanalysis and self psychology: a clinical comparison. In Self Psychology: Comparisons  and Contrasts, ed. D. Detrick  & S. Detrick. Hillsdale, NJ: Analytic Press.

Greenberg, J. & Mitchell, S. (1983). Object Relations in Psychoanalytic Theory. Cambridge, MA: Harvard  Univ. Press.

Fromm E. (1991). El arte de Escuchar. Editorial Paidós. México.

Kohut, H. (1959). Introspection, empathy and psychoanalysis. J. Amer. Psychoanal. Assn., 7:459-483.

[1] Licenciada en Psicología por la Universidad Iberoamericana, con estudios de doctorado en Psicoanálisis por el Instituto Mexicano de Psicoanálisis. Psicoterapeuta privada y en el Hospital Español de la Ciudad de México con pacientes en tratamiento de reproducción asistida. Facilitadora de meditación Mindfulness del Programa de Reducción de Estrés basado en la Atención Plena.

E-Mail: meadeannette@yahoo.com

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