ADOLESCENCIA E INTERSUBJETIVIDAD.Katie “the strange”, cuando la rareza es belleza.

María Paz Cardó Manassero[1]

Resumen

La idea de este trabajo nace desde mi interés personal por un caso llegado a consulta, el cual desde el inicio remeció mis ideas previas acerca de la técnica debido a los impactos y movimientos generados en el setting. Considero que el manejo de este caso no solo ha sido retador en términos teóricos sino también emocionales, ya que ha implicado en mi, como terapeuta, la confrontación con intensas experiencias afectivas, tanto a raíz de lo vivido con la paciente como también debido a las vicisitudes desarrolladas en el proceso por las interferencias de su familia.

Los conceptos de la corriente intersubjetiva resultan parte integral del trabajo con mi paciente, a quien llamo Katie. Pienso cómo los avatares que ha implicado su tratamiento resultan ejemplos cada vez más comunes del tipo de dificultades al que debemos enfrentarnos durante el proceso psicoterapéutico con adolescentes, no solo por los movimientos emocionales que implica esta etapa, sino debido al tipo de patologías que se presentan actualmente, las cuales nos fuerzan a reformular aspectos de la técnica a fin de ser capaces de dar respuesta a las necesidades de nuestros tiempos.

 

Palabras clave: Adolescencia, intersubjetividad, psicoterapia psicoanalítica


ADOLESCENCIA E INTERSUBJETIVIDAD

Katie “the strange”, cuando la rareza es belleza.

 

Nuestra infancia pasada siempre está

conservada en sus más ínfimos detalles.

Todo lo que hemos sentido, percibido, querido,

desde nuestro primer despertar,

vive hoy en nosotros y nos hace actuar.

(Nasio, 2011)

 

 

  1. Adolescencia y actualidad

Estrella (2007) comenta que la adolescencia es considerada como un periodo de crisis, que implica la pérdida de la identidad infantil y de la imagen de los padres idealizados de la infancia. Es un periodo doloroso e intenso, en el cual el adolescente debe efectuar a la vez un proceso de duelo por estas pérdidas y de integración psíquica de todos estos cambios, mediante un camino que busque una historización que dé sentido a su existencia y a su identidad (Blos, P., 1975; Levisky, L.,1999; Grieve, P., 2002; Kancyper., 2007).

Para el adolescente, el tránsito por esta etapa conlleva de por sí múltiples cambios ante los cuales adaptarse, tanto internos como externos, que retan continuamente sus capacidades. Podríamos decir que es un momento caracterizado tanto por la intensidad como por la búsqueda de contención, ya que si bien es este empuje lo que puede llevar a la posibilidad de diferenciación frente al otro, también puede constituir una amenaza a la integridad y estabilidad del individuo que aún se encuentra en camino de descifrar aquello que lo define.

Según Kancyper (2007) “No existen creación ni confrontación sin riesgos. El adolescente, igual que el creador, tiene derecho a la divergencia, a la posibilidad de estar junto a otros y pensar distinto, al crecimiento personal a costa de nadie; a defender su marginalidad, su atipicidad, su independencia, sus juegos de imaginación, para poder fundar una nueva visión, un nuevo orden que den testimonio de su verdad.”

Este es un proceso de grandes transformaciones que genera en el adolescente confusión y duda en relación a sí mismo y sus vínculos. Podríamos decir que la estabilidad y la posibilidad de contención resultarían entonces partes fundamentales para atravesar por esta transición de manera saludable, de tal forma que se promueva el crecimiento mental a largo plazo.

Es en este contexto que el rol de los cuidadores entra en juego, como individuos facilitadores de condiciones ambientales suficientemente buenas que logren sostener los avatares de las experiencias internas del adolescente, como medios de apoyo y procesamiento de todas aquellas vivencias que lo embaten.

Sin embargo, cómo puede el adolescente navegar por este camino lleno de avatares y ser capaz de atravesar por lo retos que esta etapa le implica sin tener del otro lado el apoyo y contención suficientes de sus cuidadores. Según Levisky (2012) “en las actuales relaciones vinculares primarias, los hijos corren el riesgo de encontrar a sus padres totalmente debilitados, inmaduros, mal orientados y abandonados por el distanciamiento que viven de sí mismos. Es así que perturbaran el proceso de identificación primaria.” Y pienso qué complicado resulta en nuestros tiempos para los adolescentes sostener no solo los movimientos internos que conlleva su momento evolutivo, sino la reaparición de aquellos aspectos afectivos experimentados en su desarrollo temprano. Considero que la re-elaboración de aquellos contenidos primarios puede resultar una tarea ardua, y en muchos casos poco viable, si tomamos en cuenta la disminución en la capacidad de contención y sostenimiento de los cuidadores actuales, los cuales se encuentran extremadamente interferidos por los parámetros de nuestra sociedad, donde la inmediatez en el acceso al goce y la rapidez producen cambios en la forma en que percibimos nuestra realidad, como también en la velocidad que tomamos para dar respuesta a este modo de funcionamiento.

Según Lipovetski (2006) nos encontramos atravesando la hipermodernidad, considerada una fuga hacia delante, donde todo se lleva a cabo en exceso. Piensa que todo en nuestra sociedad es “hiper”, lo cual implica crecimiento fuera de los límites y búsqueda de satisfacción permanente viviendo el presente y el mañana, pero sin tomar en cuenta la historia.

Las comunicaciones inmediatas, los continuos avances tecnológicos, la elevada demanda de resultados y la necesidad de consumo, entre otros, son algunos de los factores que intervienen nuestra mente alterando los ritmos naturales de cada individuo e implantando deseos o expectativas ajenas a uno. En este contexto, la posibilidad de reflexionar, comprender, tolerar la espera, en otras palabras, detenerse y pensar, podrían considerarse lujos a los que se accede invirtiendo gran cantidad de energía debido a la lucha contracorriente que esto implica.

De esta manera, la mente de las personas se ve confrontada desde el inicio con un medio que trae consigo no solo la búsqueda continua de nuevos limites o experiencias adrenalínicas, sino también la dificultad para establecer vínculos contenedores y duraderos en contraposición con el uso y desecho automático que hemos ido desarrollando desde nuestros aparatos electrónicos hasta nuestras relaciones, nuestra cultura “YOLO” (you only live once) donde todo es aquí y ahora.

Los chicos, y sus padres, parecen encontrarse cada vez más influidos por las “necesidades” o “deseos” que les transmite el entorno (televisión, internet, tecnología, etc.) generando en ellos falsas expectativas o imágenes de ellos mismos ajenas a lo que son de manera auténtica y distinta. Considero que la experiencia de vivir un deseo que no necesariamente constituye algo propio, sino algo asimilado de manera externa, asociado a lo que el medio espera, puede llevar a las personas a tener la sensación de vivir en el otro y no en uno mismo. Según Kancyper (1985) “el sujeto se define según como se re-signifique, es decir, según cómo reestructure su biografía para transformarla en su propia historia.” Pero me pregunto cómo puede llevarse a cabo esta tarea tan importante de la adolescencia cuando nuestro medio parece funcionar según regímenes narcisistas donde la mecanismos de apropiación-intrusión fuerzan al sujeto a una adaptación alienante por sus identificaciones inconscientes con aspectos ajenos a el, poco auténticos en relación a su verdadero ser. Siguiendo aun más a Kancyper (2007), el autor comenta que este proceso de intrusión explica el lleno en exceso de un objeto que no se ausenta jamás. El sujeto queda cautivo de la intrusión del “otro”. Es un objeto excesivamente presente que lo habita y posee.

En la actualidad el sujeto parece verse continuamente reforzado en la esperanza de encontrar siempre a una persona u objeto disponible, casi nunca uno puede estar solo, cada vez se presentan menos posibilidades de experimentar que algo falta, de tolerar la frustración. Podríamos decir que conforme perdemos la posibilidad de conectarnos con nuestro deseo y nos dejamos llevar únicamente por lo que nuestro mundo desea/espera de nosotros, perdemos al mismo tiempo aquello que nos define, nuestra propia subjetividad y nos transformamos poco a poco en sujetos ajenos a nuestra individualidad, generando así una sociedad menos conectada y por tanto con mayor malestar. Considero que la lucha de nuestros tiempos gira en torno a la posibilidad de alcanzar aquello que nos hace auténticos y construir nuestro verdadero ser en contraposición con la desconexión actual, siendo capaces de reflexionar nuestras experiencias, cuestionar aquello que se nos presenta y así generar mayor sentido a nuestras vidas.

  1. Intersubjetividad

Tomando en cuenta las características de nuestra realidad actual, resulta aun más importante reflexionar en torno a papel del psicoterapeuta o analista como agente de cambio, sujeto que pueda cuestionar los parámetros establecidos y ayudar al sujeto a diferenciarse. No obstante, pienso que algo que resulta importante analizar también es la actitud que debe tener el terapeuta frente a los sujetos y patologías que se presentan en la actualidad, caracterizadas muchas veces por la experiencia de vínculos frágiles, distantes y poco contenedores que producen sensaciones de vacío interno y mucha soledad. Kancyper (2007) afirma que el analista no puede quedar reducido a la contemplación estupefacta del desencanto y del sentimiento de precariedad de nuestros tiempos, sino que debe ahondar en la revisión permanente de la teoría y la técnica psicoanalítica y develar los influjos ejercidos por la cultura posmoderna sobre su propia praxis.

¿Cuál es la actitud que debe tomar el terapeuta frente a las necesidades presentes en los pacientes de hoy? ¿Cómo acercarse y generar vínculos estables y cálidos que puedan nutrir el psiquismo del paciente? ¿Cómo llegar a esos sujetos que experimentan día a día ese vacío interior a partir del cual les resulta tan complicado conectarse con el otro? ¿Qué respuesta dar ante las necesidades emocionales de nuestra época, caracterizada por la presencia de distanciamiento en los vínculos, poca capacidad de escucha y falta de respeto ante los gestos espontáneos de cada individuo? Considero que las personas se encuentran en búsqueda de vínculos en los cuales hallen receptividad de parte del otro y flexibilidad ante sus necesidades, en contraste con lo que pueden encontrar de manera cotidiana. Podríamos decir que lo que el paciente busca y necesita son relaciones donde pueda conectarse mente a mente con el otro, donde pueda haber la sintonía tan anhelada y tan poco obtenida por muchos en nuestro contexto. De esta manera, encuentro la posición intersubjetiva como respuesta ante las demandas de ahora, demandas de contacto y encuentro auténtico, donde se desplieguen dos individualidades que juntas logren complementarse y potenciarse.

Según Baranger (1969) El trabajo consciente e inconsciente del analista se desarrolla dentro de una relación intersubjetiva en la cual ambos participantes se definen el uno por el otro. Cuando hablamos de campo analítico, entendemos que se esta dando una estructura, producto de los dos integrantes de la relación, pero que a su vez los involucra en un proceso dinámico y eventualmente creativo.

Pienso que la función del analista en esta época podría entenderse como la de un generador de cambios, o como lo plantea Bion (1963), “cambio catastrófico”. Buscando desarrollar en la mente del paciente la posibilidad de cuestionamiento y diferenciación que le permita hallar su propio deseo, pudiendo constituirse como un ser verdaderamente genuino. Según Bion (2001) la alteración derivada de un cambio desorganiza el sistema que estaba constituido antes de éste, por ello su calificación como catastrófico. Sin embargo, esta nominación no implica una catastrofe real. Dario Sor (1988), entiende esta posibilidad como cualquier cambio de perspectiva sobre un problema dado, como lo sería el ver previamente algo de una determinada manera y luego de otra. Refiere asi que cualquier traslado de un estado mental a otro configura un cambio de este tipo, por ejemplo el pasaje de no entender algo a entenderlo. Considero al cambio catastrófico como un medio para el crecimiento y la diferenciación de uno mismo, como una sacudida de las estructuras previas a favor una mejor reacomodación de nuestros aspectos internos.

Entiendo que este cambio no solo va en sentido del paciente sino también para el terapeuta y sus métodos, en una relación dialéctica, donde ambos transforman juntos la experiencia. La psicoterapia puede resultar una respuesta ante la necesidad de flexibilidad en el método, de tal manera que no solo se imponga una única técnica para todos, sino que se encuentren maneras más eficaces de responder ante la individualidad.

Según Winnicott (2006) “cuando la pareja madre-bebe funciona bien, el yo del niño es muy fuerte y puede organizar defensas y patrones personales. El niño con un yo fuerte gracias al apoyo yoico de la madre se convierte desde temprano en él mismo, real y verdaderamente”. A mi parecer este postulado podría asociarse también a lo que se desarrolla en el vinculo terapéutico, donde el terapeuta tiene la tarea de reconocer las necesidades y deseos de su paciente, siendo importante respetar su iniciativa o en palabras del autor, su “gesto espontaneo”. Así como vamos formando nuestro ser desde los primeros acercamientos con nuestros cuidadores, podríamos decir que vamos re-formándonos a partir del tipo de vinculo y respuesta que encontramos en el terapeuta y su técnica.

  1. Material clínico

Katie es una adolescente de 15 años que llega a consulta traída por su madre, al conocerla me impresiona su aspecto físico, una chica alta, de tez blanca y cabello largo y ojos grandes, ambos de color negro, que viste únicamente prendas de color oscuro. Me impresiona su apariencia, la cual percibo “dura” y “fría”, en contraste con su voz aguda y forzada que me hace pensar en una niña más que en una adolescente. Al conocernos me pide que la llame “Katie”. Me llama la atención el manejo que mantiene de su cuerpo, ya que aunque se muestra físicamente bastante desarrollada, genera movimientos poco coordinados y un tanto infantiles que me hace pensar en que no supiera cómo llevar su cuerpo, como si algo estuviera descolocado: cuerpo de adolescente, mente de niña.

La madre de Katie solicita la consulta ya que considera que su hija es muy timida y no tiene amigos. Cuenta que Katie suele mostrarse ansiosa al enfrentar el ambiente escolar y por lo general las tareas y evaluaciones le generan presión. Su hija presenta temor ante la oscuridad, tiene intereses “extraños”, como el gusto por los gatos, los vampiros, ciertos colores como el negro, entre otras cosas, y suele transmitir su sentir con demasiada intensidad, llegando a ser agresiva. Finalmente indica que su hija ha illevado tratamiento con varios psicólogos y psiquiatras, los cuales dejó inconclusos. Aquí es donde inicia nuestro camino juntas.

    1. Antecedentes

La madre de Katie considera que ella tomó la decisión de llevar a cabo su embarazo por su cuenta, descartando la opinión de su esposo quien no deseaba tener hijos en ese momento.

Comenta que fue un embarazo difícil ya que tuvo fuertes síntomas físicos y que durante los primeros meses de embarazo se sintió bastante irritable e impaciente al verse sola en otra ciudad sin contar con la presencia de sus familiares cercanos. A los 7 meses de embarazo estuvo internada en el hospital por 15 días, en este tiempo le detectaron problemas renales por lo cual a los 8 meses le indujeron el parto, llevado a cabo por vía vaginal y sin complicaciones. A raíz de su diagnóstico, le indican que no es recomendable tener otros embarazos.

Katie llevó lactancia mixta desde el primer mes debido a que su madre tenía temor de que no se alimentara bien, esto a raíz de que al darle de lactar Katie solía quedarse dormida y no tomar una cantidad adecuada de leche, según la opinión de su madre. La madre de Katie comenta que durante su matrimonio estuvo muy mal emocionalmente (depresión/ansiedad), ya que sentía que el padre de Katie no la apoyaba en la crianza y se portaba como un niño más.

Katie ingresa al nido a los 3 años, espacio en el cual la observan retraída y temerosa. Recomiendan brindarle apoyo terapéutico, con lo cual su madre concuerda ya que la consideraba “diferente” a otros niños de su edad, percibiéndola insegura, tímida, posesiva y controladora hacia los demás.

La madre de Katie piensa que presionó mucho a su hija para lograr el control de esfínteres ya que se encontraba bastante influenciada por los comentarios de su propia madre, quien consideraba que Katie debería haber conquistado este aprendizaje a más temprana edad; Katie continuó orinándose en la cama por las noches hasta los 11 años.

Katie tuvo cuarto sola desde los 2 años, no obstante vuelve a dormir con su madre durante el periodo donde se llevó a cabo el divorcio de sus padres, aproximadamente a sus 7 años, luego de muchas confrontaciones tanto físicas como verbales entre ellos. A raíz de esto la madre de Katie “trae a su hija a su cama”, ya que considera que ambas se encontraban bastante ansiosas por esta situación.  Katie continua durmiendo en el cuarto de su madre hasta la actualidad ya que suele angustiarse al momento de ir a dormir.

A los 7 años aproximadamente manifestó ciertas dificultades para tolerar algunos alimentos, iniciando por las carnes y luego llegando a evitar los sólidos de manera general, los cuales escupía cuando intentaban dárselos. Fueron los abuelos maternos de Katie quienes reconocieron la necesidad de su nieta de acceder a un tratamiento, situación que en el momento su madre no pudo manejar, ya que según lo que comenta se sentía muy deprimida y “estaba con la cabeza en otro lado”. Katie es medicada por 1 año aproximadamente, periodo en el cual empezó a aumentar de peso de manera considerable. Ingresó a terapia psicológica, pasando por varias terapeutas, sin embargo no llegó a concluir ninguno de estos procesos.

El padre de Katie ha evitado involucrarse en el proceso terapéutico de su hija por considerarlo innecesario, debido a lo cual la información que se conoce de él es brindada por Katie y su familia materna. Lo describen como una persona bastante huraña y retraída; no trabaja, evita involucrarse en situaciones sociales y parece presentar una serie de “obsesiones” o actitudes que consideran “extrañas”, ya que guarda cosas en exceso en casa en un cuarto oscuro y cerrado con llave, mantiene los espacios en desorden y con suciedad, casi no habla con los demás y cuando hace comentarios suele conversar acerca de cosas poco acordes para su edad (juguetes, juegos, etc.).

Katie mantiene una relación particular con sus abuelos maternos, ya que si bien sostiene una relación muy estrecha con su abuela, manifiesta abiertamente su “odio” hacia su abuelo, al cual pone apodos denigrantes como “chancayo”, y suele rechazar física y verbalmente. El malestar con su abuelo empezó a manifestarse durante la época en que apareció su rechazo por la comida y el divorcio de sus padres, alrededor de los 7 y 8 años.

Katie disfruta cantar y escuchar música de género rock alternativo y muestra especial interés por grupos tales como evanescence y avril lavigne, contando el primero con una apariencia gótica y el segundo con un aspecto emo y punk. Gusta mucho del estilo de las cantantes de los grupos antes mencionados, con quienes se identifica en gran medida buscando imitar su arreglo personal al llevar prendas de vestir y accesorios principalmente de color negro.

Katie cuenta que le encanta “lo oscuro y lo lindo”, lo cual refleja en sus gustos en colores, rosado y negro, su preferencia por los gatos, a quienes caracteriza como lindos y huraños, y algunos juguetes, por un lado aquellos de estilo dark u oscuros y por otro animales pequeños y lindos como pet shops, etc. Al comunicarse, Katie emplea el ingles de manera frecuente, ya sea al poner nombres a sus personajes o decir alguna palabra en particular durante su discurso.

Katie es una chica que tiene una gran pasión: escribir historias. Diariamente dedica gran porción de su tiempo a crear diversas historias desde su fantasía. Para desarrollar sus historias toma como personajes a los gatos, en este caso representados por los pet shops, llegando a construir la identidad de cada uno de ellos no solo por descripciones verbales sino también por el diseño de su apariencia a nivel gráfico. Los temas de sus historias giran principalmente en torno a las luchas del bien y el mal, la luz y la oscuridad, en las cuales se despliegan relaciones amorosas donde los involucrados siempre deben enfrentar conflictos para poder estar juntos. El poder mantenerse unidos implica el cambio o transformación de uno de ellos a fin de pertenecer a la familia o bando del otro. Algunos de los títulos de sus historias son: Depravity Deeds, My life with chaos, Mystery Town, Katrina, etc.

    1. Reflexiones

Desde los primeros contactos con Katie percibí en ella una gran necesidad por ser mirada, buscando captar la atención ya sea a través de su apariencia, sus ideas o sus comportamientos. Pienso cómo la “extrañeza” que ahora la caracteriza ha sido una de sus herramientas principales para ser reconocida por otros, siendo mejor ser vista de mala manera a no ser vista por completo.

Katie es una chica que desde su nacimiento parece haber sido concebida bajo un deseo imperante del otro, una madre que buscaba encontrar en ella el alivio a sus necesidades personales de compañía y afecto a fin de evitar la soledad. Asimismo, llega al mundo teniendo como padre a alguien que no la deseaba y quien parece no haberse encontrado en las condiciones necesarias para poder sostenerla en aquel momento. Podría decirse que Katie ingresa a un entorno en el cual sus cuidadores más cercanos no logran recibirla como un ser diferenciado y con necesidades propias, la cual es una situación que parece repetirse a lo largo de su crecimiento. Según Haudenschild (2006) “para que el sujeto nazca psíquicamente y pueda “verse”, necesita, en un principio, “ser visto” por el objeto”.

La desconexión con las necesidades de Katie se observan desde los momentos de contacto iniciales, su madre considera que no se alimenta adecuadamente. ¿Será que efectivamente Katie no conseguía consumir lo suficiente para cubrir sus necesidades, siendo esto acorde a lo mencionado por Ferreyros (2008) quien entiende la disminución en el apetito como una primera señal de desdicha en los bebes?, ¿o que su madre no era capaz de identificar la magnitud de aquello que su hija requería y sus propios ritmos de alimentación?

Las dificultades de Katie continúan apareciendo durante sus primeros años, presentando temores y ansiedades tempranas así como problemas para relacionarse con otros, siendo caracterizada como una niña que busca estar en control de los demás, posiblemente como medio para aplacar sus inseguridades.

Sus cuidadores más cercanos van acomodando las necesidades y deseos de Katie a ritmos ajenos a ella. Su madre acelera sus aprendizajes para alcanzar lo “establecido” o “adecuado” sin tomar en cuenta las capacidades de su hija para conquistar estos logros. Su padre a pesar de su crecimiento continúa observándola como una “bebe”, brindándole cuidados excesivos y objetos materiales. Estas situaciones podrían no solo haber generado en Katie dificultades en la posibilidad de reconocer sus propios estados corporales o necesidades personales, sino que generó movimientos emocionales en ella que dilataron los tiempos de incorporación de sus propios hitos del desarrollo (control de esfínteres, alimentación, etc.).

Los demás no logran registrar sus necesidades o deseos acertadamente, no parece desarrollarse la sintonía que requiere para reconocerse a sí misma o diferenciarse de los demás. Poco a poco, Katie empieza a distanciarse del contacto con otros y se refugia en su fantasía, ya sea a través de sus juegos o historias. A sus 7 años rechaza los alimentos así como los intentos de otros por ayudarla a comer y nutrirse adecuadamente. Ferreyros (2008) refiere que “el bebe trata a la comida de la misma manera en que trata a su madre y a su madre de la misma manera como trata a la comida”. ¿Será éste un cierre ante las invasiones de los demás en su ser, ante la posibilidad de continuar ingiriendo contenidos dañinos para ella o incorporando aspectos nocivos o podría considerarse esto un intento por protegerse y sostener su integridad?

Este suceso se desarrolla en un momento particular de su vida, sus padres se divorcian y su madre entra en un estado depresivo intenso que no le permite registrar nada más que sus propias dolencias. Su padre sale del hogar y se distancia de ella refugiándose en sus viajes o en sus intereses personales. Pienso en Katie y solo se me viene a la mente la soledad que debe haber vivido sosteniendo por su cuenta el miedo y la angustia generada por la disolución de su familia, sin tener personas a su lado que pudieran mirarla y ayudarla a sostener mejor estas experiencias. Katie afronta su tristeza cerrándose e impidiendo el ingreso de más dolor y bloquea aquello que fue su primer vínculo con el mundo, con sus padres: su alimentación. Considero que Katie desarrolla en ese entonces una anorexia depresiva, un trastorno que emerge como reacción ante los movimientos externos e internos, ante la desilusión que experimenta frente a su mundo. Según Zusman (2009) en la anorexia “se cierra la boca” a toda posibilidad de experimentación de la vida, quizá, por el temor al dolor y a la frustración.

Katie toma a su abuela como único referente saludable a nivel familiar, una de las pocas personas que ha intentado leer sus estados internos y le ha brindado el afecto y cercanía que tanto anhela. No obstante, mantiene una relación de intenso conflicto con su abuelo, personaje a quien dirige gran parte de su agresión, sin filtros de por medio. ¿Será un desplazamiento de su sentir o el registro de un abuelo que alejó a su padre, que lo sacó de su vida?

El empleo del inglés se ha vuelto una herramienta común en Katie, en su discurso y en sus interacciones. Si bien el empleo de este idioma podría permitirle poner distancia frente a las personas que la rodean siendo un medio para agredir a los demás de manera indirecta, me pregunto si podría considerarse a su vez como un indicador de la no sintonía, de rechazo a la lengua materna o inadecuada incorporación de ésta, así como señal de la ausencia de su padre como medio para la construcción de una lenguaje integrado.

Durante nuestras sesiones Katie me relata sus historias, las cuales presentan generalmente relaciones de conflicto y duelos intensos entre diversos bandos, me transmite no solo la descripción literal de sus cuentos sino sus percepciones, entre las cuales rescato una que ha manifestado en varias ocasiones: “el mundo no es Disney”. A partir de esta frase me explica su sentir, el mundo no es un cuento de hadas,  no todo es lindo, no todos viven felices para siempre, e indica, “yo he perdido la inocencia”. Abadi (1996) indica que si la experiencia de ilusión falla se da la posibilidad de replegamiento, viviendo así refugiado en el mundo interno, en un estado de ensoñación y aislamiento.

Katie ha crecido dentro de un mundo que la ha desilusionado, que la ha hecho crecer prematuramente y afrontar situaciones para las que no se encontraba preparada. Cómo vivir su edad con coherencia, cómo crear historias de Disney cuando la realidad, su realidad, no es así. Dentro de ella conviven grandes emociones, tristeza, cólera, resentimiento, a raíz de una inocencia interrumpida. Según Winnicott (2006), la oferta inadecuada y desarticulada que proviene del medio ambiente es vivida por el bebe como un “ataque” ante el cual debe necesariamente responder. Lo hace recurriendo al desarrollo precoz del self y a través de esta defensa, el yo condiciona un desarrollo prematuro e innecesario para el bebe, pero necesario para estructurar su protección ante la hostilidad que bien del medio ambiente (Lutenberg, J. 2008).

En Katie conviven las identificaciones con sus seres cercanos, la dominancia de su madre así como su fuerte carácter, la timidez o introversión de su padre, así como su gusto por lo oscuro, como aquel cuarto oscuro que éste mantiene. Sin embargo, considero que a lo largo del tiempo, ha hecho y continúa haciendo grandes intentos por encontrarse a ella misma, iniciando por renombrarse como medio para encontrar una identidad distinta. Frenkel (2013) indica que en el periodo de adolescencia el joven se quiere apropiar de su nombre y que para lograrlo escribirá su historia en ese tiempo nuevo y trabajará con fragmentos.

Al contar con padres y familias tan contrapuestas y distintas, Katie intenta generar orden o coherencia en sí misma empleando los recursos con los que cuenta, buscan ejercer el control de su vida. Me hace sentido entender las rarezas en su apariencia, sus intereses o el empleo del ingles en su discurso como medios para diferenciarse de aquello que proviene de los demás, para definirse en sus propios términos de manera contundente, para dejar claro no soy tú. Ferreyros (2008) menciona en este sentido cómo la negativa también se considera como una creación del yo.

Desde los inicios de nuestro camino juntas pude reconocer que éste no seria como otros procesos, que seria diferente…pero especial. Katie dejó claras sus demandas desde el comienzo, transmitiendo abiertamente su rechazo ante las intenciones de otros, en este caso mis intenciones, por cambiarla o hacerla alguien que no es. Esto implicó no solo una mayor capacidad de contención emocional de mi parte, sino modificaciones en la construcción del encuadre a fin de que no solo funcione como medio para sostener nuestro trabajo sino como herramienta que respete también sus necesidades. Benjamin (1995) sugiere que, en el escenario evolutivo óptimo, los niños reciben reconocimiento de sus cuidadores al tiempo que desarrollan la capacidad de proveer este reconocimiento a los otros, dando lugar a la posibilidad de reconocimiento mutuo entre sujetos. De esta manera, busco emplear el encuadre a su vez como un medio de reconocimiento, siguiendo lo mencionado por Valenti (2006) “para que exista un reconocimiento del “yo soy” y sentirse como tal, debe haber un reconocimiento de “el otro es” y también el otro me reconoce”.

La corriente intersubjetiva y su manera de comprender la terapia psicoanalítica me acompañan a lo largo de este viaje con Katie, quien reta continuamente mis capacidades, me hace cuestionar mis ideas preconcebidas y me sorprende en cada sesión con sus distintas facetas. Según Mc Laughlin (1991), en la tendencia intersubjetiva “(…) se ve el encuentro psicoanalítico como co-construido de manera reciproca por dos participantes, donde ambas subjetividades, la del paciente y la del analista, contribuyen a la forma y al contenido del dialogo que emerge entre ellos.”

Poco a poco Katie me ha permitido acercarme a ella y construir un vinculo cálido que recibe sus intentos de afecto, me ha dejado entrar en sus fantasías y conocerla como realmente es, o como quiere ser. Me permite cada día ver un poco más de su vulnerabilidad, de la realidad de esa niña que detrás de la mascara se asusta y busca que la quieran. Esto solo ha podido ser posible caminando a su ritmo, manteniendo el corazón y la mente abiertos y evitando los conceptos pre concebidos como única fuente para nuestro trabajo. La aceptación y conjunción de nuestras experiencias ha sido la materia prima de nuestras construcciones. Concuerdo así con Benjamin (1995) quien entiende que en el proceso psicoanalítico la relación intersubjetiva se establece cuando cada uno de los participantes percibe al otro como un centro independiente y autónomo de sentimientos, deseos y fantasías parecidas al propio Self, a la vez que, en tensión dialéctica, intenta negar esta independencia.

Este es un trabajo de dos individualidades intentando acomodarse a fin de re-elaborar todas esas experiencias contenidas y desenredar la maraña que impide el surgimiento de un verdadero ser. Nos encontramos aún caminando, conociéndonos y dando sentido a todo aquello que aparece en cada uno de nuestros encuentros, tratando así de revivir un poco de la magia del vínculo con otros. Me quedo con una frase encontrada en los grabados del artista Fito Espinoza que creo que resume el objetivo compartido entre Katie y yo para este proceso: “mientras más cerca estés de ti, mas conectado estás con todo”.

Bibliografía

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Benjamin, J. (1995). Like Subjects, Love Objects: Essays on Recognition and Sexual Difference. USA: Yale University Press.

Bion, W. (2001). Transformaciones. Valencia: Promolibro.

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Ferreyros, L. (2008). Huelga de boca caída, reflexiones sobre la protesta temprana. En: transiciones, 13. Lima: APPPNA.

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Winnicott, D. (1991) Exploraciones psicoanalíticas. Buenos Aires: Paidós.

Winnicott, D. (2006). La familia y el desarrollo del individuo. Buenos Aires: Horme.

Zusman, L. (2009). La oscuridad de la anorexia nervosa. En Clínica de la angustia (47-56). Lima: Fondo editorial de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.

[1] Bachiller en Humanidades con mención en Psicología y Licenciada en Psicología con mención en Psicología Clínica por la Pontificia Universidad Católica del Perú.

Colegiada por el Colegio de Psicólogos del Perú

Psicoterapeuta psicoanalítica por el Centro de Psicoterapia Psicoanalítica de Lima

Especialista en el trabajo psicoterapéutico de dificultades emocionales con niños y adolescentes

Con experiencia en el ámbito clínico y educativo

Vive en la ciudad de Lima, Perú.

Mail: mariapaz.cardo@gmail.com

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