“Quiero ser buena”, algunas vicisitudes en el análisis de Olivia

MARIANA LÍA GROISMAN*

 

Resumen

La clínica con niños nos plantea algunas dificultades relacionadas con los modos de intervención pues la herramienta de la interpretación a través de la palabra muchas veces no alcanza en el intento de propiciar la tramitación de lo traumático. La presencia de angustia en el paciente-niño nos advierte acerca de las vivencias y sus distintas manifestaciones somáticas, motrices o de afecto en general y nos alerta acerca de la dimensión de neurosis actuales que requieren de la construcción de la escena a partir de los indicios detectados en la sesión. Además, se precisa de la compenetración del analista en diversas herramientas plásticas, teatrales, de manejo de la voz, en simultaneidad con la palabra, para dar figurabilidad a lo no representado y propiciar la simbo-lización. El analista siente el impacto de las manifestaciones de neurosis actuales presentes en la sesión cuando ve dificultada su atención libremente flotante. La idea de este trabajo es realizar un aporte para pensar de qué manera la labor analítica se ve facilitada en el uso de construcciones que aporten un sentido desde la lectura de los indicios que muestran la verdad histórico-vivencial.

Palabras Clave: Vivencias, neurosis actual, figurabilidad, palabra, simbolización.

 *Licenciada en Psicología U.B.A; Vicepresidenta de Asappia (Asociación de Psiquiatría y Psicología de la Infancia y la Adolescencia); docente titular del Postgrado de la Escuela de Psicoanálisis de Asappia; docente de la escuela del Postgrado en Psicoanálisis en Paraná, Pcia de Entre Ríos en convenio con Asappia.

J. Salguero 647 C.A.B.A ,Argentina; mlgroisman@yahoo.com.ar

 

“No había nada muy extraordinario en esto, ni tampoco le pareció a Alicia muy extraño oír que el conejo se decía a sí mismo: “¿Dios mío! ¿Voy a llegar tarde! “(Cuando pensó en ello después, decidió que, desde luego, hubiera debido sorprenderla mucho, pero en aquel momento le pareció lo más natural del mundo.)”.

                                                                                                          Lewis Carroll.

                                                                Aventuras de Alicia en el país de las maravillas.

 

El trabajar terapéuticamente con niños tiene esa característica especial que nos transporta a un mundo poblado de imágenes diversas, la realidad se entremezcla con la fantasía y nos introduce en las pasiones más desenfrenadas. Dentro de la sesión ocurre de todo, es fascinante esa dimensión en la que podemos morirnos de la forma más maquiavélica y luego seguir tomando el té, cocinando o pintando.

La consulta psicoanalítica

Cuando un niño concurre a la consulta psicoanalítica y vemos que verbaliza sus emociones, pensamientos y juega simbólicamente consideramos que posee una trama representacional que lo ubica dentro del campo de las psiconeurosis. Pensamos entonces que elmarco terapéutico adecuado estará relacionado con las producciones del proceso secundario y eso va definiendo nuestras intervenciones. Sin embargo, la clínica con niños nos enseña que trabajamos más en el ámbito de las neurosis actuales que en el de las psiconeurosis y esto se observa palpablemente cuando en la sesión el juego se ve constantemente interrumpido, aparece llanto, dolores, furias, se presentan vivencias que por la falta de ligadura producen angustia en el niño tienden a la descarga y no le permiten jugar tranquilo (Hodara y Cóccaro, 2000). De este tema Freud (1895) se ocupa en su artículo sobre las neurosis de angustia, neurosis actuales,  pero no lo desarrolla tan extensa-mente como hubiéramos deseado desde el punto de vista técnico como lo hizo con las psiconeurosis. En su trabajo sobre las construcciones en análisis, y sin entrar en el tema que más que construcciones son reconstrucciones, Freud (1937) nos aporta más ideas acerca de la técnica y en especial, (por lo menos para lo que intento transmitir aquí), que como efecto de la construcción realizada por el analista el paciente tiene un recuerdo hipernítido similar a una alucinación. “Habría sido posible llamar “alucinacio-nes” a estos recuerdos de haberse sumado a su nitidez la creencia en su actualidad.” (Ibid., pág. 268)  Cuando en la sesión con un niño el juego o cualquier producción simbólica se ve interrumpida por la aparición de afecto, lo desligado, neurosis actual, la labor analítica puede tratar de realizar una construcción para aportar un sentido haciendo una lectura de los indicios que muestran la verdad histórico-vivencial Freud señala que:

“El camino que parte de la construcción del analista debía culminar con el recuerdo del analizado; ahora bien, no siempre lleva tan lejos. Con harta frecuencia, no consigue llevar al paciente hasta el recuerdo de lo reprimido. En lugar de ello, si el análisis ha sido ejecutado de manera correcta, uno alcanza en él una convicción cierta sobre la verdad de la construcción, que en lo terapéutico rinde lo mismo que un recuerdo recuperado. Bajo qué condiciones acontece esto, y cómo es posible que un sustituto al parecer no integral produzca, no obstante, todo el efecto, he ahí materia de una investigación ulterior.”  (Freud, Ibid. Pág 267)  (Las negritas son mías)

Como podemos ver, Freud propone seguir investigando sobre las cuestiones técnicas y su fundamentación teórica.

Muchas veces la presencia de las neurosis actuales impactan también en el analista cuando por la molestia, fastidio o fascinación ve alterada su capacidad para represent-ar libremente durante el tiempo de la sesión, todas ellas manifestacio­nes de afecto, pero, si recobra su función de analista, podrá hacer una lectura de los  indicios de lo traumático, lo no incluído en la historia, lo que se repite, lo atemporal y  configurar la escena que se está presentando armando un relato a través de palabras que hablen de lo que está sucediendo o bien una escena lúdica que cumpla con similar propósito.

Una pregunta posible sería: ¿Y cómo nos damos  cuenta de “lo que está sucediendo”, por ejemplo: si una niña se mueve sin ton ni son, trata de subirse encima de la analista, se agita a caballito de un almohadón, grita, ordena, ríe, y aparece en la analista la vivencia de ahogo, confusión, no se le ocurre nada y haciendo un esfuerzo para recobrar su función de analista de pronto tiene una ocurrencia referida al tema de la culpa y condena frente al placer de la masturbación. Luego de llegar a esa idea se pregunta de qué forma se lo podrá transmitir a la pequeña paciente, de qué manera hablar de algo tan íntimo sin ser intrusiva? También, se pregunta si elegirá palabras que puedan transmitir suficientemente bien esas ideas para la niña o habrá que intentar transmitirlas, en principio, de otras formas más accesibles para ella y cuales tendrá que elegir.

Mi idea en el presente artículo es intentar dar respuesta a la inquietud de no desapro­ve-char esos momentos donde al poder captar la aparición de esos indicios marcados por la propia sensación de perturbación y realizar una lectura psicoanalítica de los mismos podremos, quizás, salir del malestar o del bloqueo o de cualquier perturbación del representar que afecta al analista generando una intervención simbolizante que ayude a dar figurabilidad a lo traumático que insiste. Me parece importante señalar que no necesaria-mente nuestras intervenciones tienen que ser verbales, quiero decir puestas sólo en palabras, y esto lo digo pues muchas veces en la mente infantil sólo la palabra hablada no logra abarcar la infinidad de sensaciones y significaciones que puede darle otro tipo de expresión, como por ejemplo un determinado gesto, mirada, movimiento, sonido, melodía, variaciones en el tono o la impostación de la voz, una dramatización. A propósito de esta cuestión, quisiera traer a colación una conferencia de André Green acerca del lenguaje en psicoanálisis en la que señala el trabajo de Freud basado en la necesidad de delimitar aquello que es extralingüístico y dice que paradojalmente elige un método que es  fundamentalmente verbal. Entonces dice Green (1995, pág. 18): “El  problema es determinar cuál es la materia prima a transformar por medio de la palabra y del lenguaje, pero que debe afectar, justamente aquello que escapa al lenguaje.” (Las negritas son mías). La cuestión de la materia prima que plantea A.Green  a mi entender tiene que ver con lo pulsional no tramitado que surge como afecto pero sin articularse con ninguna significación para el sujeto. Por lo tanto, y ya en el terreno del análisis con niños, pienso que la característica de lo pulsional “habla” (si se me permite la analogía) en la lengua de sus zonas erógenas fundamentalmente y desde la estructura llamada perverso-polimorfa, pero sin que el Yo se haya apropiado de ellas, así como todo lo que tenga que ver con lo somático interno (órganos) o externo (epidérmico) y eso hace ala multiplicidad de “lenguajes” con los que se manejan los niños que no son siempre verbales. Es por ello que para poder transmitir al niño-paciente nuestras ideas y posibilitar quizás un cambio psíquico me parece importante que el psicoanalista esté suficientemente interiorizado en el conocimiento de una amplia gama de posibilidades expresivas.

            Silvia Bleichmar (2004) en su trabajo sobre el análisis de niños como lugar de producción simbólica se refiere a esta dificultad del lenguaje para capturar la vivencia puesto que ésta se presenta al límite de lo decible y agrega que es trabajo del análisis el ir creando las posibilidades simbólicas de aquello que se encuentra en los bordes de la palabra. Introduce un punto que me parece fundamental en el trabajo con niños como concepto, como lógica de pensamiento  y como manera de comprender mejor la realidad vivencial y es el tema de tomar en consideración para el abordaje técnico al Arte  por la  capacidad para transformar lo no asible en palabras en otras formas con potencia comunicacional. Se trata de una otra dimensión a la que nos transportamos y construimos en el encuadre de la sesión con el paciente-niño que coexiste con la realidad real de la vida cotidiana. En un trabajo anterior acerca de patologías graves y su abordaje técnico (Groisman, 2008) puse el ejemplo de un niño seriamente perturbado que tenía un comportamiento compulsivo y no se había instalado un espacio lúdico ficcional. Cuando a lo largo del tratamiento logramos ir armando ese espacio con el juego de un dragón en base a dramatizaciones, relatos y dibujos, un día el niño antes de entrar a su sesión me espeta con enojo: “- Vos me mentiste!”. Ahí pensé que se podía desmoronar el trabajo realizado y le pregunto porqué decía eso.

El niño dice: “-Porque los dragones no existen!”

Inmediatamente le respondo con profunda convicción en mi postura y la mirada y un tono solemne de la voz: “- Te equivocas porque yo juego muy en serio!”

Ahí se terminó el asunto y entró convencido al consultorio.

Olivia y sus dolores

Olivia es una niña de 7 años que concurre a la consulta por vómitos y fuertes dolores abdominales sin causa orgánica establecida por los médicos tratantes.  Contaré algunos datos de la historia y presentaré algunas viñetas del tratamiento como ilustración de las ideas que intento desarrollar en este trabajo sin pretender realizar una detallada exposición del proceso analítico de la paciente.

Ya desde las primeras entrevistas Olivia me muestra su gran capacidad para contar sus fantasías, dibujar, cantar y jugar. En unos de sus juegos su personaje dice:- “Sí, vino un ladrón y atacó a mi mamá y le clavó un cuchillo en el corazón y le salió un montón de sangre, la sangre le chorreaba. Fue lo único que le pasó a mi mamá!”

Otro de sus juegos favoritos era jugar a que ella era una zombie y llegaba para comer-me el cerebro. Yo tenía que horrorizarme y no tener escapatoria. Olivia mostraba un gran placer en estos juegos macabros y se reía muchísimo. A decir verdad, yo también me reía para mis adentros.

El juego de las hermanas también era su preferido donde ella representaba el papel de hermana mayor y yo la menor. Yo tenía que fastidiarla permanentemente porque ella sabía hacer muy bien las cosas que los papás le habían encargado en su ausencia. Mi misión era la de hacerle caso, sufrir, envidiarla, ponerme celosa y de vez en cuando sabotear lo que hacía hasta que era descubierta por la hermana mayor que con indiferencia no se mostraba afectada por mis “non santos” empeños.

Hasta aquí mis intervenciones tenían que ver con ir acompañando el juego, a veces aportaba alguna frase sobre el sufrimiento de los celos y la envidia entre hermanos o como hija hacia la madre por sacarme a mi adorado padre, en fin,  las rabias que eso me producía y de tanto en tanto salía del marco lúdico para hacerle un comentario dirigido a ella sobre su sentimiento de exclusión, dolor narcisístico y frustraciones  en la  familia.

Digamos que en las sesiones todo se desarrollaba en un clima poblado de representa-ciones y la sintomatología somática por la cual había sido traída al tratamiento se iba desvaneciendo. Yo contenta y los padres contentos. Sin embargo, cuando todo estaba andando como una pinturita, o al menos a mí me lo parecía, Olivia empieza nuevamente con los trastornos somáticos en el aparato digestivo que se presentaban en forma brusca y duraban horas, con llantos y gritos, y de vuelta al médico.  Por supuesto que empecé a preocuparme bastante y a pensar que algo estaba fallando en el tratamiento. Decidí entonces dedicarme a afinar el oído, la vista  y el pensamiento para situarme en los fenómenos transferenciales de cada sesión y estar atenta a las manifestaciones que al no alcanzar representación simbólica se expresaran subliminalmente en sensaciones difícilmente decibles en palabras.  En un trabajo teórico y técnico acerca de la transferencia  y la neurosis actual dice S. Hodara, (2014, pág.  ): “Los problemas que las neurosis actuales presentan en el tratamiento psicoanalítico, en su mayoría dramatizados en enfermedades somáticas, necesitan volver a ser pensados en su aspecto teórico y al mismo tiempo desde una técnica posible para acceder a su tramitación.” La técnica a la que se refiere tiene su acento puesto en captar la dimensión vivencial atemporal de la sesión y sobre todo a partir del vivenciar del analista.

En la transferencia

A mí me estaba pasando que luego de las preciosas sesiones que se sucedían me sentía frustrada cuando me enteraba que la pasaba muy mal en la escuela porque decía que sus amigos la trataban mal; y  en su casa  recrudecían los dolores de vientre pero no en  el ámbito del consultorio. Me empiezo a dar cuenta que yo había caído seducida por tanto juego y eso me generaba una cierta impotencia para intervenir. Empiezo a prestar más atención a otros elementos. Olivia llega a su sesión y no quiere subir en el ascensor conmigo, quiere subir sola por la escalera. Al preguntarle la razón, me dice que se siente encerrada. Le digo que quizás esa sensación la siente también conmigo en el consultorio. Lo niega. Entramos al consultorio. Quiere jugar a poner notas a sus amigas, evaluarlas con un puntaje. Le digo, de una manera como si estuviera compartiendo su secreto sentimiento, que por ahí el puntaje que me pondría a mí sería muy bajo porque me está encontrando muy peligrosa. A partir de ahí me propone  jugar a un juego típico de nenas con las manos que se palmean con las de la compañera al ritmo de una canción. Pareciera que algo del temor a mi hostilidad cedió y dio paso al acercamiento, cercanía con componentes eróticos bastante sublimados.

Otra sesión

Comienza su sesión preguntándome por un dibujo que había realizado la vez anterior donde me había hecho un retrato (¡bastante parecido!), y me dice: -“Sos la mejor psicóloga del mundo!”

Como mi impresión fue que ella quería decir eso pero también todo lo contrario puse una cara acorde a la segunda idea o sea, una cara de mala, entonces Olivia insistió como disparando palabras:- “Sos buena, sos buena, sos buena, sos buena”. No me dejaba hablarle, apenas yo intentaba decirle algo reiteraba la seguidilla anterior “tapándome” la boca, me hacía recordar al cuento de la buena pipa que no se acaba nunca, no conduce a ningún lado y genera en el interlocutor el sentimiento de acorralamiento. Me sentía arrinconada.

Confirmé mi idea anterior y tuve la sensación de una enorme carga de hostilidad presente en la sesión, hostilidad disfrazada de buenas maneras, en fin, formaciones reactivas. No sabía muy bien si decir algo de sus broncas y de su sentirse mala o de las mías como personaje peligroso del cual tener miedo, una analista malvada. Recordé una sesión muy lejana donde Olivia había jugado a los chicos malos que se hacen los buenos pero también otra más siniestra de los zombies comedores de cerebros y corazones. Como no me dejaba hablar decidí dramatizar en silencio absoluto mi personaje haciéndome “la buena”, canturreando bajito arreglé papeles, ordené y limpié objetos poniendo cara de la mala que se hace la buena. Cuando recobré su recepción le dije que quizás se asustaba de algunos pensamientos que tenía y creía que estaba mal pensarlos y por ahí tenía temor que yo me enojara. Se lo volví a decir de diferentes maneras parecidas agregando que yo tenía que reconocer que a veces soy una jodida.

Seguidamente, comienza jugando a la guerra con los almohadones del consultorio. Juega un poco en serio y un poco en broma. Recibo sus almohadonazos con gestos que expresan: “Claro, tenías ganas de golpearme porque soy una jodida psicóloga.” Cuando intento ponerlo en palabras arrecian los almohadonazos y no me deja hablar, me quejo un poco mostrándole que tiene fuerza pero que los soporto, que no es para tanto y le voy mostrando que no me destruyo, luego, logro decírselo.

El juego se hace más liviano y divertido hasta que me dice:- “Ahora voy a hacer caca.” Y se va al baño. Después de la sesión pensé que me estaba cuidando de toda su rabia como si yo no fuera a resistirla.

Sos buena . Quiero ser buena

En otra sesión, Olivia entra quejándose (por primera vez en el consultorio) de dolor de panza. Se sienta en el diván y comienza a decir “sos buena, sos buena, sos buena…” como un latiguillo interminable. Me fastidia tanta adulación que percibo como rabia encubierta. Pienso un poco más en mi sensación de fastidio para ver si puedo darle un sentido y me doy cuenta que si yo la veo a Olivia como una hipócrita y falsa es que seguramente ella me ve a mí de la misma manera. Lo pongo en palabras y Olivia dice gritando a voz en cuello: -“¡¡¡Quiero ser buena!!!” y ahí me va contando de cómo se pone furiosa con sus compañeritos si dicen algo que no le gusta o si no la elijen para jugar, etc.

Los dolores somáticos propios de la neurosis actual, neurosis de angustia, fueron desapareciendo, eso dio paso a malestares más del lado de la psiconeurosis y se referían sobre todo a tormentosos sentimientos de culpabilidad con la madre que fuimos laboriosamente analizando.

La tarea analítica tiene ese movimiento pendular señalado por Freud que va entre un fragmento de análisis del ello y otro de análisis del yo que ya desde sus primeros trabajos acerca de las neurosis de angustia nos alerta  y estimula a seguir investigando en la modalidad de abordaje.

Bibliografía

Bleichmar, Silvia: (2004) “La psicoterapia psicoanalítica como lugar de producción simbólica”,  Jornada Cambio Psíquico, Montevideo, Uruguay.

Freud, Sigmund: (1895) Sobre la justificación de separar de la neurastenia un determinado síndrome en calidad de neurosis de angustia . En Strachey, J (1991) Obras Completas, Vol. III, Ed. Amorrortu, Buenos Aires, Argentina.

Freud,Sigmund: (1937) Construcciones en análisis. En Strachey,J (1986) Obras Completas, Vol. XXIII; Ed. Amorrortu, Buenos Aires, Argentina.

Hodara,Sara y Cóccaro, Mario  (2000): “Juego, Escena y Actuación” en El Desafío de la Vivencia, Lugar Editorial, Buenos Aires, Argentina.

Hodara,S: “Transferencia, Neurosis actual y Construcciones”, en revista La Peste de Tebas, año 2014, No: 57.

Green,A: “Lenguaje en Psicoanálisis”, pág. 18, revista Zona Erógena, año 1995, No:8

Groisman, Mariana Lía.: ( 2008) “Patologías graves en la infancia. Construcciones en Psicoanálisis con niños: de la repetición de la vivencia a la creación de la experiencia.”, en Aportes a una psicopatología de la infancia, Revista de Asappia, Ed.JVE, Buenos Aires, Argentina.

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