Edipo ¿Estás ahí???

DRA. MARTHA VEGA[1]

Resumen

Planteamos los cambios que el concepto de Complejo de Edipo freudiano ha ido teniendo dentro de la teoría en los sucesivos trabajos y las críticas que se le hicieron desde diversas ciencias interdisciplinarias y aquellos cuestionamientos devenidos de sus propios colegas, de su época y posteriores.

Planteamos también los cambios sociológicos y contextuales de la normalidad psicosexual desde la época victoriana hasta la actualidad y las características de las familias posmodernas que inciden grandemente en la función paterna de corte

Deja por ello abierta la pregunta acerca de qué características tiene el Edipo hoy en día y cuál es el Padre del que se trata en la función de terciar entre madre e hijo.

 Palabras clave: Complejo de Edipo – Cuestionamientos y críticas – Familias actuales – Función paterna – Psicosexualidad humana.

Vamos a ocuparnos hoy del Complejo de Edipo, pilar del edificio teórico freudiano para recorrer sus vicisitudes interdisciplinarias y aún dentro de la Teoría, según ciertas épocas y en distintos trabajos  escritos por S. Freud.

El cambio y las transformaciones de los tiempos atentan contra la concepción de lo Permanente desde cualquier punto de vista y por ende nos subsume en la “Impermanencia”, verdadera noción de la realidad. Pero vale recordar hablando de Freud y su obra, el aforismo de la física que afirma: “nada se pierde, todo se transforma”.

Nos lleva de esta forma a la necesidad de explorar una postura teórica que como afirma Freud en Más allá del principio del Placer (1920), “es plenamente licito entregarse a una argumentación, perseguirla hasta donde lleve, solo por curiosidad científica o si se quiere, como un advocatus diaboli que no por eso ha entregado su alma al diablo…”(p 57).  Agrega unos párrafos después:

       “Creo que cada cual esta dominado por preferencias hondamente arraigadas en su interioridad, que se ponen en obra cuando se especula (…) Se pueden refutar intransigentemente teorías que resultan contradichas desde los primeros pasos que uno da en el análisis de la observación, y a pesar de ello se puede saber que la  corrección de las que uno mismo sustenta es solo provisional” (ibid, p 58).

Nos proponemos entonces, con este aval freudiano, cotejar a lo largo del tiempo que ha transcurrido hasta hoy, más de un siglo, la conflictiva edípica desde su primera postulación, hasta el momento actual, tan rico en cambios sobre la comprensión de la psicosexualidad humana de la que es pívot este concepto.

No es fácil encarar este salto, en forma detallada,  pero sí, es necesario recordar que el concepto de normalidad responde etimológicamente a la norma y la norma es un consenso cultural, que la dicta basada en los paradigmas que desde el ámbito, científico se aceptan como valederos en un tiempo determinado.

Ya Prigoyin (1983) nos alertaba sobre los cambios de paradigma, sus dificultades y el tiempo que demandaban para situar al próximo plenamente en vigencia por sobre el anterior.

Vamos entonces a recuperar el contexto en que se postulaba el Edipo freudiano  y al mismo tiempo intercalar algunos cuestionamientos pioneros a la norma de la sexualidad victoriana y que fueron modulando no solamente cambios dentro de las teorías psicológicas de la época sino dentro mismo de la obra de Freud desde su Tres Ensayos (1905) hasta la última Conferencia 32  La Femineidad (1933).

También nos proponemos enunciar algunos cuestionamientos que recibió el Edipo freudiano desde lo social, loantropológico, lo filosófico  y de otras disciplinas relacionadas al psicoanálisis, cuestionamientos que enarbolaron algunos,  también ellos psicoanalistas como Adler, Klein, Karen Horney, Jung y otros.

La temática del Edipo ha interesado desde los comienzos a literatos, escritores de teatro, antropólogos, teorías políticas y teorías sociológicas como el Materialismo dialéctico, el Marxismo, a psicoanalistas y a pintores como Goya, Rubens y otros en obras muy conocidas como por ejemplo: “Saturno (cronos) devora a su hijo“, pintura de Goya de su Serie Negra que fuera pintado originalmente sobre las paredes de su casa y pasado luego a lienzo, entre los años 1819 y 1823. Encara en ella la temática del filicidio donde por haber sido Layo advertido por la Esfinge que su hijo lo mataría ordena matar a Edipo al nacer.

Freud con su cultura general conoció esa obra y también la obra de Rubens, anterior aún, de 1636 que también llamó ”Saturno” donde se lo ve al dios también devorando a un niño. (Gombrich, 1997)

También toma de la literatura el tema de Edipo Rey de Sófocles para el estudio del encuentro entre el hijo y el padre y el parricidio e incesto consiguientes y la ceguera final al enterarse Edipo que ha asesinado a su padre y se ha casado con su madre. Castración, y ceguera: retaliación  superyoica ante tamaño crimen.

Yocasta en ningún momento se arrepiente y pese haber tenido a su vez dos hijos con su propio hijo trata de minimizar la importancia de la situación ante Edipo pasando por sobre la cuarta proto-fantasía freudiana: la del no retorno al seno materno que es mandato para el hijo, pero también tiene el correlato de prohibición para la madre con el: no reintegrarás tu producto.

Ambos mandatos quedan lesionados y transgredidos en la tragedia griega. El coro no acusa a Edipo de haberse acostado con su madre sino de que se ha encontrado con su padre en la matriz de su madre como si esto fuera lo más condenable.

Esto me hace acordar a que Salvador Dali dice en su autobiografía(1993) “que recuerda” que cuando estaba en el útero materno vio allí el pene de su padre… genio y figura..!!

Gil y Núñez, colegas uruguayos, citan a Francoise Heritier que postula que lo verdaderamente prohibido del incesto es el contacto de los cuerpos y el pasaje de los humores idénticos sobre el mismo cuerpo (el semen del hijo y del padre sobre la madre).

Todos esos intereses de Freud que mencionamos, tratan de sostener  ese algo para él universal y marca transgeneracional: el Edipo,  cuyos orígenes se hacen inciertos desde las múltiples perspectivas en que lo analizaron el arte y las ciencias.

Tan así me parece, que Freud mismo en su último trabajo sobre el tema, El Sepultamiento del Complejo de Edipo (1923), trabajo de síntesis de todos los aportes previos desparramados en su obra, utiliza para adjetivarlo 16 voces en 4 hojas del texto a  saber: sepultamiento, zozobra, cancelación, hundimiento, ida a pique, demolición, catástrofe, supresión, dominación, destrucción, naufragio, declinación, abandono, desvanecimiento y hasta represión.

Si algo merece tantos nombres o adjetivos no parece ser (a mi juicio) muy bien y muy acabadamente conceptualizado, sino encarado desde diferentes vertientes  o modelos para transmitirnos su meollo

Entre estos términos con que lo califica predominan los modelos náuticos que nos permiten imaginar algo que se hunde pero no desaparece sino que permanece hundido (como el Titanic) y con vitalidad en el inconsciente, permanencia que explica la transmisión generacional, filogenética, del mismo en forma de proto-fantasías como plantea en el historial del Hombre de los Lobos(Freud, 1917)que deben ser luego llenadas en la ontogenia de cada individuo con sus experiencias parentales personales.

Veamos que la cuestión del Edipo ya se configuraba en las cartas a Fliess de 1900  con referencias de Freud a sueños con su madre mucho más joven que su padre y recién recibe esta síntesis final en la obra de 1923.

Con el planteo del Narcisismo en 1914 Freud escribe que es imposible situar el complejo central de las neurosis sobre el estrecho piso del Complejo de Edipo.

Y dice:

        “Juzgo totalmente imposible colocar la génesis de la neurosis sobre la base estrecha del complejo de castración, por grande que sea la fuerza en que aflora en ciertos hombres entre las resistencias a la curación de las neurosis, por último conozco también casos de neurosis en los cuales la “protesta masculina” (o bien en nuestra doctrina el complejo de castración) no desempeña papel patógeno alguno o ni siquiera aparece…” (ibid, pp 89 – 90)

 O seaque sugiere que hay en la patología  algo que es independiente del Edipo.

Al Edipo le pertenece el tema de la castración y da cuenta del fin de la primera fase de la sexualidad humana, la sexualidad infantil y la posterior amnesia sobre la misma.

Cuando  señala  más tarde en el Yo y el Ello (1924) nuevamente al Edipo como el Complejo Central de las Neurosis, recibe una carta del Dr. Weiss  donde le interroga sobre aquella primitiva afirmación y  con sorpresa Freud le contesta:

“….Me deja usted perplejo, ya no se en qué pensaba yo en esa época, hoy no sabría indicar neurosis alguna en que no se encontrara este complejo… pero como nuestro panorama sobre la totalidad de este campo es todavía imperfecto preferiría no pronunciarme de manera definitiva en ninguno de ambos sentidos”  (Freud, 1914, p 90,  nota al pie)

 Esuna muestra de la honestidad intelectual de Freud que puede postular otra cosa que contraría la anterior sin desdecirse de ella sino incluirla en una nueva espiral dialéctica.

Deja finalmente igual la idea de que el Edipo es el complejo central de las neurosis y no sólo eso, sino que queda planteado como fenómeno universal independiente del entorno cultural.

Personalmente creo que era coherente su postura en 1914 al decir que no podía colocarse cierta patología sobre el estrecho piso del Complejo de Edipo, en tanto en la línea del narcisismo y las que llamaba por entonces Neurosis Narcisísticas  dominaba la temática de la completud y de la binariedad: “o yo o el otro” y aún no se había instalado en el aparato la temática de la terceridad en la que se inscribe el Edipo: Mamá, Papá y Yo y tener que reconocer en pentagramas distintos la “clase padres” de la “clase hijos”.

Kohut como postfreudiano plantea, con verdadero acierto, estos dos caminos de comprender las neurosis, el narcisismo y el Edipo, que tienen incluso dos formas de interpretación independiente para ambas, en la línea del narcisismo o en la línea del Edipo según los momentos en las sesiones y en el tratamiento, pero separadamente.

Esfuerzo de Kohut de reunificación de aquellas dos formulaciones freudianas que le sonaban opuestas al Dr. Weiss.

La universalidad del pene dentro de las Teorías Sexuales  Infantiles, es el pivote para toda la obra freudiana, con el eje puesto en la castración, pero con ciertas características temporales diferentes en la niña y el niño.

La angustia de castración en el varón a la visión de la falta de pene en la mujer, y el complejo de castración en la niña.

Como esta temática del Edipo es bien conocida por todos nosotros, no me detendré demasiado en su descripción detallada, pero sí  quiero hacer un recorrido breve y panorámico sobre él y sobre las consecuencias que a posteriori tuvo su postulación desde varias ciencias interrelacionadas con el psicoanálisis, con diversos enfoques, críticas, acuerdos y desacuerdos con tal planteo.

Comenzando el siglo XX en el contexto de una sociedad victoriana restrictiva y que aceptaba una doble moral sexual para el hombre y un control total para la sexualidad femenina hasta el casamiento, aparece Freud, totalmente disruptivo, postulando la sexualidad infantil.

Huelga el comentario acerca de los enconos y las críticas que desplegó en 1905  con sus “Tres Ensayos de teoría sexual” razón por la cual debió  fundamentarlo al poco tiempo con las observaciones del padre de Juanito en el historial homónimo.

Como si esto fuera poco, en el terreno de las histerias hablaba de la seducción por el padre, cosa que hasta sus discípulos, según dice Peter Gay (1989), debieron decirle que diera marcha atrás con el tema, porque de esa forma rechazarían el psicoanálisis aún en sus comienzos y es ahí cuando surge la frase ya no creo en mi neurótica y el abandono de la verdad histórica por la pregnancia de la fantasía.

Locierto es que Freud dio marcha atrás a una situación que no era unívoca, pero tampoco excepcional en aquellos tiempos.

La aceptación de la sexualidad infantil y de los deseos incestuosos hacia ambos progenitores, devenido luego en identificaciones secundarias como consecuencia del sepultamiento del complejo y la constitución del Superyo, era para Freud precedido por una identificación con el padre como modelo (Freud,1922), el padre de la prehistoria personal o el arquetipo paterno que daba  origen al ideal del yo como remanente de la primitiva omnipotencia infantil conformando la sede de los valores dentro del aparato y configurando la primera diferenciación dentro de él, cuya constitución es la condición para la represión como defensa.

Desde ahí la marca “Como yo deberás ser”  primera parte del mandato de origen narcisista y omnipotente y por ello mismo tiránico.

Este ideal que forma el núcleo del superyo es revestido, a posteriori, por las identificaciones post-edípicas o secundarias, con los padres de la historia personal que ordenan “como yo no deberás ser”,  instalando la paradoja, y que como toda paradoja debe ser descompuesta para entenderla, en los dos planos diferentes de su enunciación: el del narcisismo y el del Edipo.

El aporte Freudiano de las Protofantasias en el Historial del Hombre de los Lobos (1917)las hace venir de la filogenia para ser rellenadas en la ontogenia de cada individuo, y esta vez sí, con los padres de la historia personal.

Remarcábamos anteriormente el interés de la cuarta de ellas, que en general no se toma mucho en cuenta y es la única que se dirige no solo al niño: no regreso al seno materno sino que como contrapartida le señala a la madre no reintegrarás tu producto.

Función de corte que desde el vamos queda inscripta, como transgeneracional, dentro del inconciente nunca reprimido.

            En Tótem y Tabú (Freud, 1914) con el mito de la horda primitiva y el asesinato del padre primitivo, Freud pone allí el origen de la cultura separando en fratrías a los hermanos para evitar el incesto. Padre muerto, que en el Tótem adquiere todo su valor simbólico en la obediencia retroactiva (culpa inconsciente) y las identificaciones periódicas con él a través de la comida totémica.

            Como la teoría Freudiana es falocéntrica, con la universalidad del pene, al concebir al yo armándose desde la percepción (la percepción es al yo como las pulsiones son al ello) ecuación que postula en la segunda tópica, en“El Yo y el Ello (1924) no queda otra que significar la falta a partir de lo percibido; y lo percibido es el pene.

            Diferencia clave con Melanie Klein que postula fantasías inconscientes innatas acerca del conocimiento en  ambos sexos de sus genitales y un yo también inicial que en la posición esquizo-paranoide organiza un splitting y proyecta la pulsión de muerte sobre dos tipos de objetos y esto a partir de la relación con el pecho, admite entonces un Edipo temprano en la segunda mitad del 1º año de vida. Su teoría parte del Freud de 1920.

            A raíz de estas y otras críticas y algunas nuevas perspectivas Freud va incluyendo en diferentes escritos modificaciones en la caracterización sobre todo de la sexualidad femenina.

No sólo fue Melanie Klein sino las culturalistas como Karen Horney quienes enfatizaron el papel de la cultura en la valoración de lo masculino por sobre lo femenino y por fuera de los deseos incestuosos hacia ambos padres en el Edipo.

Es así como en su último escrito sobre sexualidad femenina, la Conferencia 32: La Feminidad (1933), dice Freud que a raíz de lo trasmitido por sus colegas mujeres que han recibido con más facilidad las transferencias maternas que él, por facilitarlo así su sexo (no era que el analista no tiene sexo?!!!) marca con énfasis la pregnancia de la etapa preedípica de la niña, de fuerte fijación a la madre, de la que se aparta con hostilidad a veces bien entrado el 4º año de vida al reconocer su falta de pene y atribuirle a ella esa “castración” y que desde esa envidia al pene la lleva a dirigirse al varón como un apéndice del pene que desea tener como afirma en “Sobre la trasposición de las pulsiones y en especial del erotismo anal“ (1917). Entonces postula el Edipo en la niña como una formación secundaria a la castración, ella entra en el Edipo cuando el varón sale por la misma causa.

            Ya vemos como desde las cartas a Fliess donde habla de su propio Edipo con esa madre mucho más joven que el padre, hasta avanzada la teoría en el 23 recién da forma al Sepultamiento del Edipo y a la formación del Superyó como su heredero.

Freud abrevaba también con su gran cultura general y literaria en las obras griegas  sobre todo en la más antigua del teatro griego. La Orestiada de Esquilo que por primera vez da entrada a la venganza del hijo sobre la madre (Clitemnestra) que ha dado muerte al padre (Agamenón) a su regreso de la guerra de Troya, para continuar una relación con su amante (Egisto) que detentaba el poder.

Sus hijos Orestes y Electra  matan a ambos y en el juicio que les hace el tribunal de las Erinias, por mediación de Apolo y de Palas Atenea, Orestes es declarado inocente.

Aparece en esta obra por vez primera en el teatro griego la primacía del derecho paterno por sobre el materno, derecho que tomará en Roma toda su consistencia  con el valor legal de la herencia patrilineal dentro de la justicia.

También psicoanalistas como Klein, Jung, Karen Horney y Adler con su protesta masculina, han aportado variables al tema si bien pocos enfatizaron la no universalidad del mismo.

Malinowski fue el primero en plantear que en sus experiencias en las islas Trobriand no encontraba reflejos de la impronta paterna en los salvajes de esas islas, pero otros antropólogos posteriores a los que siguió luego Levy-Strauss hablaron del avunculado o sea la autoridad del hermano materno por sobre el padre real y que era colocado en ese lugar de Padre-función  arrastrando aún todavía la herencia matrilineal familiar. Malinowski aceptaba el papel del Edipo para el occidente pero no como universal.

Lacan (1957-58) enuncia  el papel de la función paterna como simbólica por sobre  el planteo de Freud en Tótem y Tabú como mito de origen para el Edipo.

No es tributario del padre real y por eso aún en su ausencia esta función de corte entre la madre y el hijo se lleva a cabo instalando la terceridad con algo que hasta podría ser meramente el trabajo de la madre (ejemplo de mi autoría) que la convoca a partir y alejarse del niño y de su fusión inicial, manera de introducirlo en el lenguaje social y sus normas.

Karen Horney (1924) dentro de la línea culturalista afirmaba que la envidia al pene freudiana era una ofensa para las mujeres dentro del planteo de universalidad del pene o de su falta. Se adentró un poco en lo que Freud habla de identidad de género y de la conciencia en la niña que el pene fuera superior al genital femenino pero entendiéndolo como una cuestión cultural que se le impone a la niña, si bien no planteaba que los genitales femeninos fueran iguales o superiores a los del varón.

Por suerte Mafalda[2] entre nosotros se ocupó de eso cuando le señalaa Felipito: dice mi mamá que con lo que tenemos nosotras podemos tener muchos de lo que tienen ustedes.

             Eric Fromm,filósofo humanista, otro detractor del Edipo como universal, admite que sí, que  forma parte del desarrollo de la psicosexualidad infantil, pero que no seria el papel central sino que la hostilidad  y rivalidad con el padre  provendría más bien de la rebelión  por sobre su autoridad y la de las estructuras sociales patrilineales que lo avalan como tal autoridad.

No quisiera olvidar a Rascovsky, psicoanalista argentino reconocido mundialmente por su teoría sobre el Filicidio, que da vuelta al Edipo del héroe y apunta a Layo con sus deseos de muerte sobre Edipo por la profecía de la esfinge que anuncia Tiresias que su hijo lo mataría, profecía que finalmente se cumple, como todo, por primacía de lo destinal.

Por último me interesa señalar el trabajo de dos colegas de la Asociación Psicoanalítica Uruguaya, Daniel Gil, psicoanalista  y Sandino Núñez, filósofo, que publicaron en el año 2002 un libro llamado “Padre por qué me has abandonado” subtitulado “El psicoanálisis y el fin de la sociedad patriarcal” parafraseando lo dicho por Jesús en el Huerto de los Olivos  y se preguntan ¿Cuál es ese padre que hoy nos ha abandonado? Y plantean la necesidad de reflexionar y discutir el papel de la función paterna en un contexto más actual caracterizado  por los cambios de los referentes conocidos de antiguo y si fuera necesario, replantear también los fundamentos en que se asienta nuestra práctica psicoanalítica.

Los importantes cambios que se han dado sobre la familia patriarcal de aquellos tiempos victorianos hacen necesario posicionarse diferente respecto de la concepción de familia patriarcal tradicional. Así como Engels (1884)revisaba en su libro El Origen de la Familia la Propiedad y el Estado la secuencia que Bachofen (ya en 1861) describía  como sucesivas constelaciones familiares desde el matrimonio colectivo a la monogamia, necesitamos hoy agregar otras formas de familia: las familias ensambladas, las monoparentales, las homoparentales, etc., que sin duda obligan a postular nuevos paradigmas  de funcionamiento que aún no llevan suficiente tiempo para ser totalmente cambiados y que lo vemos ir cambiando  en la sanción de las  leyes que sobre el tema se van sucediendo.

También en base a ello es necesario  postular la necesidad de interrogarse sobre el papel de la función de corte ejercida por la madre o la abuela u otras variables en estas familias monoparentales o ensambladas como nuevas construcciones sociales. Entre nosotros es común en las provincias pobres del Norte que las jóvenes dejen sus hijos a su madre para ir a las ciudades a trabajar y sea la abuela quien crie a los nietos y generalmente sin figuras masculinas que como su nombre lo indica son “peones golondrinas” que llegan a levantar la cosecha, embarazan a las mujeres y luego de la cosecha desaparecen.

 Ahora si podemos contestar a la pregunta con que nos convocaba  nuestro título: Edipo, ¿estás ahí?

Exclamando por boca de él mismo como respuesta en “Edipo en Colona “: “Estoy en Colona, viejo y ciego acompañado por mi hija Antígona y rechazado por desconfianza y despreciado por los habitantes de esta ciudad que desconfían y desconocen mi identidad de ex-rey”¿Es también nuestro concepto un ex-rey? ¿Desconfiamos de su vigencia? ¿Desconocemos al Edipo o preguntamos qué ha sido de él en estos tiempos para revincularlo a la historia actual?

Con esto he planteado sucintamente al Edipo freudiano en su secuencia histórica básica y sus cuestionamientos históricos más esenciales y los cambios familiares fundamentales que pertenecen a esta época y obligan a la re-formulación o por lo menos a poner bajo la vista nociones del psicoanálisis que seguramente requieran una adecuación en una nueva espiral dialéctica, cosa que como dijimos era la manera  epistemológica de operar Freud con los diferentes conceptos en su obra.

 

Bibliografía

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Skolnik, F. “La función paterna y el lugar de la mujer en la sociedad   Contemporánea” en Revista Uruguaya de Psicoanálisis, año 2002  pp. 96-177

Sófocles  (430 ac/1940)  Edipo Rey  y  Edipo en Colona. Paris. Obras Completas Editorial Garnier Hermanos

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[1] Médica. Psicoanalista. Ex miembro Didacta de la Asociación Psicoanalítica Argentina y Ex Full Member de la Internacional Psychoanalitic Association. Consejera Académica de la Maestría en Psicoanálisis de laUniv. Nac. De La Matanza (UNLAM). Profesora Titular del Seminario Metapsicología

en la currícula de esa Maestría en la AEAPG.

Socia plenaria de la AEAPG. Reside en Buenos Aires.

mevega@intramed.net

 [2] Referencia a la mundialmente conocida Mafalda, el personaje del historietista argentino Quino.

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