“Devenir en mujer”. El enigma de la intimidad

 SARA OXENSTEIN BLANC[1]

Resumen

 Este trabajo plantea que si bien es cierto SER MUJER es inherente al Ser Humano hembra, SABERSE MUJER es complicado y no se origina con el nacimiento ni se aprende durante el desarrollo. Deriva de una multiplicidad de componentes psíquicos integrados desde lo biológico hasta lo social.

DEVENIR EN MUJER es una reflexión psicoanalítica acerca de la “m u j e i d a d”, neologismo que alude al atributo más intrínseco de lo femenino. Trae a la luz una mixtura de elementos organizados de tal manera en que la mujer logre darse cuenta de aquello que la conforma como tal. Esto sucedería independientemente del cuerpo como destino así como de las etapas de desarrollo libidinal. Exploro la relación del erotismo con el cuerpo, el afecto, la representación y el lenguaje desde la concepción y el nacimiento en adelante para liberar ese saberse mujer en contrapunto al discurso de la naturaleza femenina en donde se delinea a la mujer como una imagen frágil, dependiente, sexualmente pasiva, predestinada primordialmente a la maternidad. Intento cuestionar algunos refugios femeninos y su despliegue psíquico en el proceso psicoanalítico.

Palabras clave: mujer, erotismo, deseo, pulsión de destino, transferencia.

Devenir en mujer  es  una frase que con frecuencia ha visitado mi pensamiento porque si bien es cierto que el SER MUJER es tan inherente al Ser Humano hembra, sin embargo SABERSE MUJER no ocurre de la noche a la mañana, toma tiempo, es complicado, es un proceso de difícil tránsito porque no necesariamente se presenta con el nacimiento ni tampoco se aprende con el desarrollo a lo largo de las diferentes etapas de la vida.

 Este trabajo es una reflexión psicoanalítica acerca de la “m u j e i d a d”, neologismo que alude al atributo más intrínseco de lo femenino. Se trata de traer a la luz una mixtura de factores que se organiza para que la mujer logre darse cuenta de aquello que la conforma como tal. Esto sucedería independientemente del cuerpo como destino así como de las etapas de desarrollo libidinal. Es una propuesta en la que exploro qué papel juega el erotismo y cómo se entrelaza con el cuerpo, el afecto, la representación y el lenguaje desde la concepción y el nacimiento en adelante para liberar ese saberse mujer en contrapunto al discurso de la naturaleza femenina en donde se delinea a la mujer como una imagen frágil, emotiva, dependiente, sexualmente pasiva y predestinada primordialmente a la maternidad. El enigma de la intimidad y el acontecer de este devenir es una variable única y privada en cada mujer en donde se inscribe su propia verdad y en donde sus respuestas se van renovando en los juegos identificatorios de ese cuerpo erógeno que registra las pulsiones representantes de contenidos inconscientes.

 Freud fue sin duda subversivo para su época, el psicoanálisis sigue siéndolo y probablemente entrar al enigma de la intimidad también sea osado y subversivo, cargado de sensualidad y misterio. Freud siempre se preguntó qué quiere una mujer, pregunta que sigue vigente hasta el día de hoy pero no sólo entre los varones sino también entre nosotras las mujeres.

 Es ahí en donde emergen los cuerpos femeninos que desde siempre han necesitado hablar acerca de lo que ocurre en sus pliegues más íntimos. Es mi intención subir en una misma nave a la mujer y sus deseos pero también a esa intersubjetividad creadora en donde se juega el movimiento fundante que se encuentra enhebrado por las primeras figuras significativas,  la cultura, los afectos, el lenguaje y sus representaciones y las marcas psicobiológicas.

 Es un ensayo que navega por los lugares que me han acompañado durante mis indagaciones bibliográficas pero también en la vida y en mis propias reflexiones comprendiendo que nombrar significa SER pero también DESEAR EXISTIR. Existir desde ese comienzo originario con un sentimiento de sí como el propuesto por Winnicott y al que Silvia Bleichmar (1993) hace referencia en su libro “La fundación de lo Inconsciente. Destinos de Pulsión, destinos del sujeto” concepto sobre lo que sucede desde que la madre a modo de demiurgo insufla amor en el aliento del bebé para que el cachorro humano se humanice con conciencia de sí y con posibilidad de mitificarse a si mismo  para devenir en persona ya que ser nombrado y “ser pensado por el otro es condición de la vida en su persistencia”. (p. 12)

 Monique Bydlowski (2007) en su libro titulado “La Deuda de Vida. Itinerario Psicoanalítico de la maternidad” sostiene que “dar la vida tiene lugar en un doble registro producto de la repetición del inconsciente de sus padres, el recién nacido es portador de antemano de los avatares de sus destinos. Simultáneamente su nacimiento instaura la emergencia de una nueva organización.” (p. 81).

 Así pues la transmisión de vida incluye la acción incontrolada del inconsciente de los futuros padres. Es desde este momento que comienza a inscribirse el guión de cada individuo y que continuará documentándose a lo largo de la vida, en algunos casos lamentablemente será dibujado con una rúbrica ajena pero en otros felizmente la propia mujer se apoderará de SU pluma para escribir SU propio libreto, desarrollar su historización lo más legítima posible. Existe una luz de esperanza para ese darse cuenta, esa toma de consciencia, agarrar las riendas y cambiar los planes gracias a encuentros que se suscitan a lo largo del camino de la vida fuera del encuadre vital en circunstancias inesperadas, lo cual consigue aflorar sentimientos y vivencias que estaban ocultas y silentes pero que poseían potencial y estaban a la espera de ser liberadas por alguna situación o por alguna persona.  Desde ahí que la posibilidad de transformarse y devenir en mujer se hace viable.

 En febrero del 2013 vi en un video a la psicoterapeuta belga Esther Perel  dar una conferencia y hablar sobre el misterioso mundo de las mujeres. En el portal de internet TED (Technology Enterteinment Design) “The Secret to desire in a long-term relationship” NY (2013). Su propuesta me motivó por un lado a indagar y por otro lado a escribir y así casi sin proponérmelo para ese momento ya me encontraba inundada de deseo y diversa bibliografía escribiendo las primeras líneas de este trabajo que todavía continúa en ruta.

 Esther Perel en su libro “Mating in Captivity. Unlocking erotic intelligence” (2007) va narrando las necesidades femeninas y dice entre otras cosas que las mujeres necesitamos seguridad y permanencia,  todo aquello que tiene que ver con los instintos de anidamiento tal como confiabilidad, estabilidad, tranquilidad, continuidad pero también necesitamos la novedad y el cambio que le da a la vida la sensación de plenitud y de sentirnos vibrantes. Entonces buscamos por un lado seguridad y predictibilidad pero por otro también la sensación de riesgo, misterio y aventura para prosperar en la diversidad.

 Estuve pensando en lo importante que es darle voz al misterio, vida al enigma y perder el temor a verbalizar lo que aún permanece oculto pero que pugna por salir, aquello que se insinúa pero no se muestra y que es tan de nosotras las mujeres.

 Sigmund Freud en sus escritos sobre La Sexualidad Femenina (1895-1905) carece de términos apropiados para definir los aconteceres sensuales femeninos y la cuota de misterio que es inherente a la femineidad y afirma que se requiere una cierta dosis de inexplicabilidad y de ignorancia. Desde aquella época la mujer se encuentra ubicada en la carencia, en la condición de insuficiencia, la falta, la pasividad, la castración femenina y la envidia del pene dentro del marco de un mundo patriarcal, falocéntrico y machista como caldo de cultivo en el que Freud intentó concebir estos conceptos. Ha transcurrido más de un siglo y hoy en día la intersubjetividad entre hombres y mujeres permite que los conceptos y las ideas se vayan transformando, hoy en día se da un lugar desde donde el hombre también participa en este mundo íntimo de la mujer partiendo de la evidencia de que todos los seres humanos poseen en su psiquismo aspectos femeninos y aspectos masculinos que son ejes fundamentales del funcionamiento mental. Mariam Alizade (1992) detalla que la magia aflora cuando una mujer femenina con buen manejo de su parte masculina se alía a un hombre masculino que acepta de buen agrado su parte femenina.

 Freud recién a sus 75 años publicó un segundo texto célebre y criticado  “La feminidad” en donde plantea “A la peculiaridad del psicoanálisis corresponde entonces no tratar de describir lo que es la mujer”… “la psicología no sabe resolver el enigma de la feminidad”…(Freud, 1933 p.3166).

 S. Freud  (1931) alude que es más difícil y complicado el desarrollo en la niña porque supone dos tareas adicionales para las cuales el desarrollo del hombre no presenta paralelos. Las dificultades que desafían la psicosexualidad de la niña se debe a que primero necesita conciliarse con su configuración anatómica porque al tener los órganos genitales hacia adentro requiere de toda una simbolización para que puedan ser pensados y representados pues no están visibles hacia el exterior del cuerpo como sí sucede con los órganos genitales masculinos. Asimismo existe la necesidad de realizar un cambio en la zona genital femenina, es decir, del clítoris a la vagina. En segundo término se debe efectuar un cambio de objeto de amor al renunciar a su fijación materna en beneficio del padre y más adelante pasar a su objeto de amor adulto.

 Frente a esto, Doris Berenstein (1990), en su artículo “Ansiedades genitales femeninas, conflictos y formas típicas de dominio” incorpora tres ansiedades específicas de la niña:

  • La primera tiene que ver con lo que acabo de mencionar acerca de no poder ver sus genitales si no se lo propone pues como son cóncavos y no tiene fácil acceso para tocarlos tendrá dificultad a la hora de representárselos y de definir las sensaciones eróticas asociadas. Además comprobamos la falta de información que incluye la ausencia de denominación adecuada – sabemos que en el mundo femenino infantil y adulto se aprende a decir “la cosita”, “la partecita”, “la mocita” aunque en la actualidad eso está cambiando – Asimismo está la prohibición del tocarse o de la fantasía. Si no puede ver, ni tocar, ni nombrar entonces ¿ cómo se construye la representación sobre el propio cuerpo?
  • La segunda se refiere a las sensaciones difusas tanto del clítoris, de la vagina como de la pelvis, la zona uretral y la anal. Se trata de una representación mental vaga no muy definida aunque la niña sepa que tiene “algo ahí” y ese algo que es placentero podrá posteriormente bajo condiciones óptimas ser catectizado y altamente valorado. Pero mientras tanto toda esa zona conjunta se confunde y es concebida como una zona con función excretora, productora de orina, de sangre relacionándose con la zona anal ya que todos ellos son órganos por donde salen sustancias de desecho del organismo. ¿Qué sucede? Sucede que aparece la vivencia de asco, pudor, vergüenza y culpa con intensas y durables repercusiones psíquicas.
  • Y la tercera de las ansiedades se produce con respecto a la penetración por la manera en que está constituido el acceso: el hecho de ser una abertura sobre la que no se tiene control y existe un desconocimiento de cuestiones como la lubricación, la elasticidad y la función de las contracciones durante el orgasmo, el parto, generaría un intenso temor sobre aquello que pudiera introducirse o salir de sus orificios. Es decir que las ansiedades están asociadas al daño potencial sobre su propio cuerpo.

Todas estas representaciones corporales inconscientes en la niña arriban desde la manera en que su madre la invistió en términos libidinales y narcisistas, sin embargo y a la vez  también, se encuentra encadenado a partir de las repercusiones inconscientes de las representaciones de esta madre con sus propias ansiedades, traumas, dificultades, felicidades o tristezas y desde sus funciones inconscientes corporales y sexuales. Es el límite de lo intrapsíquico con lo intersubjetivo en donde antiguas reminiscencias y fantasías olvidadas afloran con fuerza a la memoria sin que la censura intervenga. Es un movimiento primigenio de seducción y de erotización primaria cargado de melodías únicas que instauran las primeras huellas para la trama psíquica y las mociones libidinales, el erotismo y la energía de lo que en un futuro será la adquisición de la tan anhelada “MUJEIDAD”.

 El padre tiene una vital importancia con su presencia y su función en el pasaje hacia la resolución edípica, su intervención, su mirada, su presencia en conjunto con la sociedad  entrará a formar parte de esta danza originaria de la niña a mujer, sin embargo es interesante resaltar que el esposo fantaseado que lleva en su psique la mujer, madre de esta niña, también se transmitirá en este tejido que será el ropaje de mujer que la niña adquiera en su adultez. Vemos pues que existe una complicada estructuración precoz de la psique infantil y que depende en gran parte de los miedos y deseos de los padres así como de todas las expectativas que han proyectado sobre el bebé aún antes de que nazca de tal manera que es claro declarar que los conflictos y juicios de valor que los padres impregnan en la psique del infante sobre su identidad biológica, sexual, psicosocial, será potente, muy poderosa y tremendamente eficaz.

 Felizmente los recursos innatos de la criatura también actúan de una manera determinante y ofrece lo que determinará la libertad de elección, la libertad de pensamiento y sentimientos, el libre albedrío. Christopher Bollas en su libro “Fuerzas de Destino” (1989) propone que la fatalidad por un lado es algo ineluctable en donde el individuo no tiene ninguna influencia y no somos responsables de los golpes de suerte ni de las cargas que nos han impuesto los objetos significativos de nuestra infancia pero por otra parte somos los únicos responsables de nuestros objetos internos y del manejo de nuestro mundo interior provisto de su poderosa pulsión de destino que empuja al sujeto a utilizar sus objetos como medios para articular y ser entonces su verdadero sí-mismo. Se considera a la pulsión de destino un elemento que contribuye a la estructuración del carácter y en tanto que tal, será utilizado para enfrentar los acontecimientos que se desprendan de la fatalidad que depende en gran medida de pronunciados verbales en donde la madre es una de las primeras en estructurar ese yo precario.  “Afecto, sentido, cultura, están copresentes y son responsables del gusto de estas primeras moléculas de leche que toma el infans” manifiesta Piera Aulagnier en su libro “La Violencia de la Interpretación: del pictograma al enunciado” (1977 p.38)

 El camino que la niña recorre desde la infancia hasta la edad adulta en su aspiración de “MUJEIDAD” es tortuoso y está lleno de trampas, se disfruta de alguna manera pero hay mucho desconocimiento, inexperiencia, negligencias y distracciones que impiden un paso fluido y no siempre se llega a la meta triunfante. Se presentan obstáculos que atravesar, sorpresas, sobresaltos, confusiones, alegrías y tristezas, amores y desamores, odio y hostilidad cada uno por separado y también todos juntos a la vez. Estamos hablando de los cambios psíquicos y corporales en donde el cuerpo adquiere su rasgo distintivo, su huella de mujer. La sexualidad es una experiencia sensorial en la que interviene todo el cuerpo, esta sabiduría corporal le indica a cada mujer lo que le conviene….cuerpo y mente que se atraviesan y a la vez exploran la menarquia, la menstruación, la desfloración, el embarazo, el parto, el puerperio, la lactancia, la menopausia y sin dejar de lado el útero, los ovarios, los pechos, el clítoris, la vagina. Un verdadero acertijo para la exploración del enigma en la intimidad de lo femenino, exploración que también se desplaza por esos lugares misteriosos suspendidos del ensueño, de lo intangible, de la seducción y sus placeres. Octavio Paz en su libro “La Llama Doble” coloca al deseo como si fuera un personaje invisible pero que siempre se mantiene activo en el erotismo. Afirma que el “el agente que mueve lo mismo al acto erótico que al poético es la imaginación.”(1993, p.10)

 El erotismo como ingrediente que mieliniza la pulsión será determinante. No me refiero al erotismo de los tacones altos, la ropa interior de encaje o los perfumes – eso viene después –  me refiero a un movimiento sutil y misterioso que no se sitúa en objetos parciales sino que más bien se encarga de una ligazón en que cuerpo y mente se encuentran y se hacen cómplices para empoderarse de la MUJEIDAD en donde la piel junto a lo olfativo, lo auditivo y la mirada unidos al deseo se entrecruzan en diferentes niveles para dar paso a este invitado especial llamado E ros. Es un descubrimiento producto de una trayectoria nutrida por la conexión de las zonas erógenas para poder saborear la fruta; esa fruta totalmente permitida, sin culpa, aquella que toda mujer  merece y que se traduce en sentirse bien bajo la piel sabiendo lo que recorre por dentro, levantando represiones como el infans-madre sin terrores persecutorios en donde es el otro en esos tiempos primeros quien a través de su deseo encarna a la criatura y se constituye en el yo ideal. De ahí en adelante la marcha sigue su curso a la espera de una evolución sin fallas demasiado severas.

  El despertar del cuerpo en la psique y de la psique en el cuerpo es una adquisición de la tan ansiada libertad, es un advenimiento casi como una epifanía. El cuerpo descubierto en su totalidad con todas sus otras zonas erógenas como instrumento introspectivo y del conocimiento de sí mismo es indispensable para integrar lo que se hallaba escindido. La piel como órgano representativo de lo erógeno y la ternura como afecto que se inserta armoniosamente con el erotismo completan el escenario de la MUJEIDAD que se comienza a articular para dar paso al disfrute femenino, al goce con la vida y dejar atrás aquello que expresa James J. Lynch en su libro “The Language of the Heart.  The Body’s Response to Human Dialogue” (1985):“Vivir la vida en un cuerpo que no se siente es la más solitaria de las soledades” mencionado por Joyce McDougall en su libro “Las Mil y Una Caras de Eros” (1998 p.177)

 Estamos frente a un universo íntimo, callado que necesita ser observado y enunciado no solamente en el lenguaje de la mujer sino en el lenguaje con un otro que ayude a representar lo irrepresentable. Se trata de una labor delicada en el quehacer psicoterapéutico y psicoanalítico con pacientes que sufren y en quienes se observa el deseo de salir de ese vacío que adquiere el peso de “la más solitaria de las soledades”.

 Thomas H. Ogden en su libro “Subjects of Analysis” (1994) sostiene que para los pacientes es muy tranquilizador el poder de los símbolos verbales para contener y organizar sus pensamientos, afectos y las sensaciones desconocidas de la no-palabra que recorre sus cuerpos. Y esto es factible ya que los símbolos ayudan a crearnos como sujetos. Nos encontramos frente al lenguaje y a lo que significa nombrar. El cuerpo de la niña está dotado de memoria, la verbalización de la vivencia corporal y la corporeidad del lenguaje da lugar a un nuevo ensamblaje psíquico.

 Stefano Bolognini ha relacionado el proceso terapéutico con la metáfora del BESO  en un trabajo inédito llamado “Psicosexualidad de las Mucosas: Intercorpóreo e Interpsíquico”:

“el epitelio mucoso (que además es una zona erógena por excelencia) reviste el interior de los órganos huecos del cuerpo humano, reviste las áreas de paso entre el dentro y el fuera, destinadas al intercambio entre los espacios internos de dos individuos que se unen íntimamente con transmisión de líquidos como en la succión durante la lactancia o en el acoplamiento genital. EL BESO es el momento sensorial y relacional intermedio evocado en infinitas producciones figurativas y literarias por los artistas de todas las épocas, que une la intimidad nutritiva primaria con la intimidad amorosa”. (2010, p. 56).

 Bolognini (ibid. 2010) habla de una equivalencia inter-corpóreo/inter-psíquico que es crucial en la psicosexualidad y ambos pueden asumir significados subjetivos e intersubjetivos análogos emigrando de lo corpóreo a lo psíquico y viceversa con relativa ignorancia por  parte del Yo consciente”.

 Se dice que no importa cuál es el sexo del analista y del paciente en el acto psicoanalítico. A mi modo de ver para algunas situaciones de trabajo analítico efectivamente no es indispensable sin embargo considero que en  algunos casos es esencial y fundamental. Norberto Marucco (2009) acuña el término “apuesta pulsional” en donde tal como su nombre lo indica se produce una intervención desde lo pulsional en el analista para con su paciente y que desde mi punto de vista es un maravilloso atrevimiento en beneficio del paciente y que además trabajado desde la dialéctica de la transferencia idealizada y la transferencia erótica repercutirá con grandes beneficios en la cura analítica.

 Si seguimos la línea de pensamiento acerca de la metáfora del beso y si se integra el concepto de la apuesta pulsional del analista se puede inferir que en la diada analítica aquel analista que no tema entrar al enigma, que no tema el cuerpo escindido de la mujer que a su vez también se encuentra escindida, temerosa y confundida – no obstante seductora y deseante – aquel analista que tolere con tranquilidad la intimidad que produce el espacio que los alberga logrará en función analítica y en conjunto con su paciente mujer despertar ese cuerpo dormido, reconstituir la piel e integrar corporeidad con sensaciones erógenas, liberar con la palabra de por medio para posibilitar el enunciado, para nominar, para abrir paso a las fantasías inconscientes, para evocar, para comprender, para desinhibir dentro de los movimientos transferenciales y contra transferenciales. Es todo un acontecer de sensaciones en donde se irá desmoronando las defensas, levantando las represiones y abriendo camino hacia ese lugar en donde la existencia femenina posee un self mejor cohesionado y en donde el ello no irrumpe desbordado y el yo pueda mantenerse ileso sin sucumbir y además el superyó deje de ejercer su despiadada tiranía…menudo trabajo!

 El psicoanalista que en acto analítico y con virtud ética ampara y sostiene con especial cautela el sufrimiento de la paciente logrará en su condición creadora fertilizar las áreas desérticas de la mujer y favorecer a este florecimiento en íntima complicidad. Mediante el vínculo terapéutico el analista será copartícipe del acontecer de la metamorfosis, de la transformación en donde la paciente gradualmente revelará su MUJEIDAD y se otorgará un nuevo significado a su vida. Esto únicamente puede ocurrir dentro del encuadre apropiado y en un contexto de cuidado y respeto mutuo con ese guiño de la mirada que solamente ambos conocen.

 Porque las mujeres como las flores cada una asume su tiempo de abrirse y desplegar sus pétalos en un espiral sincronizado ya que el tiempo no cuenta cuando el deseo conduce con emoción al encuentro de la MUJEIDAD.

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[1]Licenciada en Psicología Clínica de la Universidad Femenina del Sagrado Corazón. Formada como terapeuta psicoanalítica en el Centro de Psicoterapia Psicoanalítica de Lima. Asistente de cátedra del curso de Psicopatología en dicho Centro. Miembro de la Asociación de Psicoterapia Psicoanalítica. Miembro del equipo de Psi Orientación Psicológica para niños y adolescentes y orientación a padres y colegios. Miembro del equipo de investigación neurocientífica “Cerebro Emprendedor”. Consulta privada con jóvenes y adultos. saraoxenstein@gmail.com . Lima, Perú.

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