Tiempo y trauma: continuidades rotas

 Autor: Julio Moreno

Médico y Doctor en Medicina (UBA, premiada como la mejor tesis del año en 1978). Fue por cuatro años Posdoctoral Research Fellow en la Universidad de California (Los Angeles) e Investigador (categoría independiente) del Conicet realizando investigaciones en ciencias básicas ligadas a la neurobiología. Es actualmente Miembro Titular con función Didáctica de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (Miembro componente de la Asociación Psicoanalítica Internacional). Profesor de las Carrera de Especialización en Psicoanálisis del Instituto de Psicoanálisis de dicha asociación y de las materias Vínculo Parentofilial I y II de la Maestría en Familia del Instituto Universitario de Salud Mental. Ha publicado numerosos trabajos de ciencias básicas y psicoanálisis; es coautor de varios libros y autor del libro “Ser Humano, la inconsistencia los vínculos, la crianza” Ed. Libros del Zorzal (2002).

 

Tiempo y trauma: continuidades rotas.

Buenos Aires, Lugar Editorial S.A, 2010. 152 p.

 

Comentario

“¿En qué consiste un psicoanálisis?, ¿en revelar representaciones que yacen en el inconsciente?, ¿acceder de algún modo a la manifestación y reparación de los así llamados “objetos del mundo interno”?, ¿es equiparable al trabajo de un arqueólogo que desentierra tesoros escondidos?. Quizá se trate de todo eso, pero fundamentalmente de producir lo singular único, inclusive lo no ocurrido o lo no significado en la vida del paciente”.

Con esta pregunta y esta hipótesis Moreno nos propone un recorrido, que es fundamentalmente una invitación a pensar.

Comienza con el relato de una experiencia inesperada, el accidente cerebral de Goyo; a quien este acontecimiento le produce una ruptura en la continuidad con la que sentía vivir su vida.

En 10 capítulos el autor va desplegando, a través de distintos enfoques su tesis sobre lo humano. Recorre además temas ligados a una idea central: que el tiempo es en verdad fragmentario. Considera la existencia de lo humano entre un tiempo extendido y un tiempo hecho de instantes, fragmentario. Se pregunta: ¿Es el tiempo un continuo? ¿O es que el tiempo se desplaza de un modo totalmente diferente al de una cronología?

“¿No armaremos todo el tiempo biografías hilvanando lo instantáneo y deshilvanando lo que nos acontece?”.

Cuestiona la unidad sólida del yo, la infalibilidad del logos y relanza la apuesta valorando el instante. ¿Y cómo no hacerlo en tiempos de fluidez, de obsolescencias, donde lo íntimo se extrovierte y la solidez de las experiencias son cada vez más ilusorias?

Según el autor la asociación y la conexión  –sus hipótesis sobre los modos del pensar- como la división irreconciliable entre Cronos y Aión “no admiten una articulación, una mediación, una contraposición, ni un término intermedio entre ambas…Funcionan como duplas yuxtapuestas en las que una de ellas se constituye como límite al accionar de la otra en una oscilación permanente”.

Así el accidente de Goyo se torna la excusa perfecta que le permite destacar el trabajo constante y silencioso que realiza nuestra mente con las experiencias heterogéneas y fragmentadas para organizar una unidad secuencial.

Moreno habla de la multiplicidad inconsistente que nos rodea y de la necesidad de excluir ciertos estímulos, para tratar de hacer coherente el mundo que habitamos. Para ello nos vemos obligados a hacer exclusiones específicas pero, lo excluido, aunque no exista para la cuenta psíquica, puede presentarse en diversas situaciones y dejar un rastro capaz de conectarse y producir algún hecho radicalmente novedoso.

Las preguntas decantan en cuestionamientos de cómo entender la memoria, el olvido y el funcionamiento mental (aspectos con los que trabaja el psicoanálisis). La diferencia entre memoria y recuerdo, cómo considerar el proceso de elaboración. “¿Se repite para no recordar o se recuerda para no repetir?”.

Hoy no se puede pensar un psicoanálisis que solo trabaja haciendo recordar lo olvidado, debe pensarse también haciendo emerger lo no articulable, lo que nunca tuvo lugar en el mundo representacional, generando lo que nunca estuvo.

Goyo y Bartleby (personaje que toma del cuento Bartleby el escribiente de H. Melville) muestran de manera eficaz el valor de las inconsistencias, de aquello que no es abordable a través de las narraciones, de lo excluído, de lo que no entra en la cuenta psíquica.

Así lo singular emerge, se desmarca, se asoma y nace el sujeto como excepción del mundo de representaciones en que mora, tensión irresoluble que hace a cada humano único. Entonces habitante de una situación y sujeto del mundo son dos extremos de un continuo.

Este libro nos invita a perdernos en la experiencia como dice Moreno: “El sujeto desaparece en la experiencia que sólo es real para aquel que se pierde en ella y que no puede testimoniar dicha pérdida”,  “desaparecer en la inmanencia…”, menudo desafío para quienes intentamos ejercer el psicoanálisis.

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