Evitar las emociones, vivir las emociones

Título: EVITARE LE EMOZIONI, VIVERE LE EMOZIONI

            EVITAR  LAS EMOCIONES, VIVIR LAS EMOCIONES

Autor: Antonino Ferro[1]

Primera edición en español, 2011. 320 pp. Editorial Lumen. Buenos Aires.

                                                                Comentario: Lic. César Estrella Viladegut

En este libro Antonino Ferro nos muestra a partir de su experiencia clínica, la manera en que se forman las emociones y como son vividas tanto por el paciente como por el analista. Siguiendo a Bion y dándole especial énfasis a la noción de campo, nos va ilustrando cual es el devenir de la sesión analítica, de este encuentro entre estas dos mentes, cada una con sus propias historias. Cada tema tratado viene acompañado de viñetas suyas o de colegas donde podemos apreciar de manera clara y práctica el concepto que nos quiere mostrar. Una propuesta original es que al final del libro nos plantea Ejercitaciones psicoanalíticas, pequeñas viñetas con intervenciones de distinto tipo, donde el lector tendrá que “practicar” cuál es la respuesta que más se acomoda al caso planteado.

Capítulo I. Evitar las emociones, vivir las emociones

Una de las mayores dificultades de nuestra especie es la de vivir las emociones, por un defecto de nuestro desarrollo mental. Las emociones son algo que, para ser vivido, necesita de un trabajo que presupone involucrados algunos aparatos que las hagan asimilables, manejables, contenibles” (Ferro, 1999a, 2002ª, 2006ª).

Ferro comienza este capítulo dando algunos ejemplos de cómo la mente humana tiene en la evitación de las emociones una de sus actividades principales. A nivel de síntomas plantea distintos grados de mecanismos evacuativos que van desde la proyección propio de la paranoia y la esquizofrenia, pasando por la evacuación en el cuerpo, propio de los trastornos psicosomáticos, o en el cuerpo social, característica de la psicopatía y la delincuencia. Si la estrategia es la evitación se generan las fobias, si es el control se darán las obsesiones, si la estrategia es ubicarlo en el cuerpo se presentarán las hipocondrías. Sin embargo, plantea que la evitación de los estados protoemotivos es una de las más comunes usadas por la mente. El narcisismo y los funcionamientos autistas nos proponen una miniaturización de las emociones, con lo cual logran la evitación de emociones que de otra forma serían inmanejables.

Pero, así como hay una función de nuestra mente que busca defendernos de las emociones, hay otra que busca volver a contactar con las emociones que han sido alejadas. A esta función Ferro le llama rumiar, es decir, volver a proponer el contacto con las protoemociones con la finalidad de ser contenidas y transformadas. Esto a partir de un aparato psíquico desarrollado para metabolizar y contener las emociones.

La función del analista será la de crear este espacio donde se desarrolle esta transformación y donde las emociones puedan ser pensadas y dichas.

“La sesión se vuelve un sueño compartido, co–narrado, co-obrado, donde toman vida historias, transformaciones, insight, sobre todo actitudes; entiendo como actitudes: soñar, transformar en reverie, en emoción, en imagen lo que urgía como sensorialidad absceso, a la que no había acceso”. p. 17.

No todas las emociones ni sensorialidad tienen que ser transformadas en elementos α. Debe existir una cuota fisiológica necesaria de elementos β, para lo cual se dan una serie de actividades evacuativas o para evacuativas necesarias para nuestro funcionamiento mental.

Capítulo II. Imagen y narración: un juego sin fin

“Cuando un analista es suficientemente funcionante; un paciente, físicamente presente; un setting suficientemente funcionante, no hay nada que pueda ser dicho, narrado, dibujado, jugado en la sesión analítica que no pueda ser considerado un “derivado narrativo del pensamiento onírico de la vigilia” o lo que queda de ella”. p. 27.

A partir de la presentación de viñetas  de Herminia, Luciano, Francisco y Roberta, Ferro nos muestra en este capítulo la importancia de los derivados narrativos para la búsqueda de sentido de lo que sucede dentro de la sesión entre analista y paciente. Las narraciones pueden incluir distintos personajes, pero siempre que sean dichas dentro de un setting se referirán a alguna comunicación entre la mente del analista y su paciente. Esto no quiere decir que el analista tenga que interpretar todo lo que dice el paciente en función a la transferencia, pero le sirve para tomar nota e ir hilvanando la historia que construirán juntos. Para esto es muy importante el reverie del analista, lo cual favorece la aparición de nuevos pensamientos y la construcción de sentido.

Los derivados narrativos pueden tener transformaciones narrativas a partir del sentido que tiene dentro de la sesión, y debajo de una transformación narrativa existen transformaciones afectivas. El jugar con el paciente, con los significados, con nosotros mismos, favorece la formación de nuevos significados por parte de cualquiera de los miembros de la pareja analítica.

En este capítulo Ferro nos plantea también su modelo de mente, planteando que es lo mejor y también lo peor de nuestra especie. La mentalización implica molestia y renuncia a un funcionamiento pulsional. La construcción de un psiquismo es lo que nos diferencia de los animales y es el salto cualitativo más importante. Toma como ejemplo la sexualidad para explicar la importancia de lo mental antes que lo fenotípico, pudiendo existir una pareja homosexual con un funcionamiento mental heterosexual, así como una pareja heterosexual que tenga un funcionamiento mental homosexual. La aparición de lo mental trae como consecuencia la conciencia y la intolerabilidad de nuestra finitud, por lo cual creamos religiones y fanatismos que solo sirven de anestesia y mentira necesaria, que solo se supera después de una larga maduración.

Capítulo III. Ejemplificaciones y preguntas

En este capítulo Ferro procura aclarar algunas preguntas que tienen que ver con la mente, lo pulsional, la sensorialidad como un concepto más amplio que el concepto de pulsión, la importancia de la función alfa en la formación del psiquismo. Plantea que muchos de los trastornos mentales son producto de fenómenos hiper – perceptivos en los que la persona “ve” aspectos escindidos y proyectados que huyen a la mirada del otro, pero que ellos pueden ver de manera exagerada. Pone como ejemplo la anorexia y la paranoia.

Lo que desarrolla con mayor acuciosidad en este capítulo es la noción de campo, inicialmente estudiada por Baranger. Ferro amplia este concepto y le da un uso y un valor especial dentro de la sesión analítica.

“El campo es el espacio-tiempo de todas las virtualidades posibles, de todos los mundos posibles, que serán distintos para cada pareja analítica en trabajo”. p. 54.

El campo facilita las interpretaciones del transfert, las que están en el transfert, y también las que se producen dentro del campo. El campo permite la expresión de una relacionalidad no saturada, lo cual favorece el ensanchamiento del campo y de la mente. Sin embargo, para que esto se dé, dentro del proceso también tiene que producirse un contagio de campo, el campo tiene que enfermarse como el paciente, para luego de un fino trabajo analítico, sanarse y seguir encontrando nuevas formas de decir y de pensar.

Capítulo IV. Bion: relevancias teóricas y clínicas

Ferro desarrolla en este capítulo la influencia que tienen las ideas de Bion en su trabajo analítico, desde la concepción de la mente hasta la forma de abordar la sesión analítica. Si bien es cierto se asume una fuerte influencia de Melanie Klein en la ideas de Bion, Ferro plantea que Bion hace un avance cuántico planteando nuevas herramientas para pensar. El concepto al que da más importancia es el de “pensamiento onírico de la vigilia”, es decir que nuestra mente sueña también en estado de vigilia, la función que origina este sueño es la función α, y el producto de esta función son los elementos α.

Conceptos como reverie e identificación proyectiva son planteados como fenómenos normales de la especie humana, dándole especial énfasis en el trabajo analítico donde se presentan dos mentes con sus identificaciones proyectivas y reveries, donde lo más importante es el estado mental del analista y la calidad de su funcionamiento mental, sin memoria y sin deseo, a decir de Bion, que permitirá crear este campo especial que permita el crecimiento emocional.

“La interpretación es algo que viene después del juego de las identificaciones proyectivas y debe ser medida no con la verdad del analista, sino con la capacidad de asumirla por parte del paciente”. p. 68.

Otro aporte de Bion es que debemos ser capaces de no saber y de esperar que se desarrolle un sentido, estar al unísono con el paciente y sobre todo crear los instrumentos para pensar los pensamientos.

Capítulo V. Pensamiento de Bion y sus fertilizaciones: implicancias clínicas

El concepto de pensamiento onírico de la vigilia revoluciona la técnica y la teoría de la técnica pues permite un continuo monitoreo del campo analítico y de su actividad interpretativa, evaluando también la reacción que ha tenido ésta en el paciente. Además anula el problema respecto de la realidad externa pues lo que interesa es lo que ocurre dentro de la sesión. Tiende a llevar hacia cero el problema de la verdad/mentira dentro de la sesión analítica, pues lo que pase dentro de la sesión y lo que comunique el paciente siempre será su verdad. Desplaza la atención del analista desde los contenidos a aquello que genera el sueño mismo. En muchos pacientes es más importante el desarrollo de los instrumentos antes que los contenidos que traigan. Permite una mirada sobre los fenómenos de “casting” de nuevos personajes que se vuelven indicadores de nuevos desarrollos de la capacidad de pensar.

Otro aspecto importante es aquella referida a la “capacidad negativa”, es decir tener la capacidad de permanecer en un estado mental abierto a la duda y a la incertidumbre, sin tener que encontrar la respuesta inmediatamente, aspecto importante a tomar en cuenta para la modulación de la actividad interpretativa, la cual debiera convertirse en un factor de desarrollo y no de persecución.

Ferro profundiza también en este capítulo el concepto de “campo” tan importante dentro de su concepción del psicoanálisis. Al aporte inicial de Willy y Madeleine Baranger (1961 – 1962) Ferro le da una complejidad e importancia mayor, no solo como campo espacial, sino también temporal, donde se presentan las múltiples potencialidades de analista y paciente y de todos los mundos que pueden abrirse a partir de este encuentro. Incluye la relación actual entre analista y paciente, sus narraciones, los transfert, las defensas y las turbulencias emotivas.

“Las transformaciones del campo se producen a través de una continua obra de conarración entre analista y paciente, los que se vuelven “dos autores en busca de personajes” que alfabetizan las protoemociones y permiten su continua evolución”. p. 85.

Influye en Ferro también la narratología, esto es la manera de concebir la narrativa y los personajes dentro del campo de la sesión analítica. Se plantean tres modelos de intervención, el primero es histórico reconstructivo, el segundo es relacional, y el tercero que busca integrar los dos modelos anteriores dando un especial reconocimiento al “aquí y ahora” de la sesión analítica como eje transformador del “allí y entonces”. Esta última modalidad es la que utiliza más Antonino Ferro pues le permite usar el campo analítico como un escenario en permanente expansión.

Capítulo VI. Escalas psicoanalíticas y contaminación luminosa.

A través de distintos ejemplos clínicos Ferro se plantea algunas preguntas acerca de qué interpretar y desde que modelo hacerlo y como puede esto promover un cambio en el paciente, sugiriendo el uso de “interpretaciones no saturadas o narrativas” y que los franceses llaman “interpretaciones en el transfert”, tomando la emoción traída por el paciente en el sueño, juego o narración, y esperando que sea él  quien elija en que escenario narrativo ponerla.

 Reflexiona también acerca de cómo el psicoanálisis le ha dado tanto énfasis al Edipo, tanta luminosidad, que impide ver a profundidad otros aspectos también estructurantes de la mente humana, como la importancia del mundo interior de Melanie Klein y los aportes de Bion acerca del constante juego identificación proyectiva/ reverie, así como de la función α. Ferro propone un cambio en la mirada y en la concepción del psicoanálisis a partir de la capacidad del analista de acoger todo lo que recibe del paciente y transformarlo en líneas de pensabilidad.

“De esta manera, el psicoanálisis se aleja en gran medida de ser un psicoanálisis de los contenidos, de los conflictos o de las carencias, para ser un psicoanálisis que se ocupa de los instrumentos que permiten el desarrollo mismo de las posibilidades/capacidades de pensar”. p. 109.

Ferro propone no quedarnos solamente con el mito edípico dentro de la sesión analítica, sino atrevernos a crear con nuestros pacientes continuamente nuevos mitos, algunos privados de la pareja analítica, pero otros colectivos, que permitan una nueva comprensión de las vivencias y una nueva perspectiva.

Capítulo VII. Pensar lo impensable

A través de tres ejemplos y usando un lenguaje de cocina destaca una de las funciones más importantes del analista, “la de cocinar y volver comestibles, asimilables, digeribles, emociones que antes podían solamente ser escindidas o tenerse alejadas”. p. 122.

En muchos casos el tema es mucho más complejo pues el paciente no tiene desarrollada la capacidad de contener sus emociones o de defenderse de ellas, reaccionando solamente de manera evacuativa, esto se puede ver con claridad en las enfermedades psicosomáticas, alucinaciones, caracteropatías y conductas delincuentes. El trabajo analítico será hacer que lo impensable entre en el campo y luego poder manejarlo dentro del campo a través del reconocimiento y activación de mecanismos de defensa más evolutivos de tal forma de acercarlo a una posibilidad digestiva metabólica.

En este capítulo presenta numerosas viñetas clínicas que nos muestran de manera bastante clara el trabajo analítico, como se manifiestan los síntomas y las defensas en los distintos discursos de los pacientes, cuando plantear el final del análisis. Cabe destacar cual es la función analítica de respeto y reconocimiento a la verdad del paciente y a la posibilidad de que a partir del encuentro de estas dos mentes se puedan tejer nuevas historias, crear instrumentos que permitan a partir de la función narrativa – soñadora del analista transformar los elementos β en historias compartibles.

Desarrolla también en este capítulo los criterios para la analizabilidad, las motivaciones que existen para el análisis y el tiempo que toma al paciente “nadar” hasta el diván. Discute acerca de los análisis concentrados o los análisis telefónicos, o muchas veces la necesidad de reiniciar un análisis ya hecho. En todos los casos se destaca y reconoce en primer lugar las necesidades del paciente, y desde el analista se destaca que sea el lugar donde esté, el verdadero setting es el setting mental y moral del analista.

Capítulo VIII. ¿Todavía puede causar escándalo la sexualidad?

En este capítulo se profundiza lo desarrollado en el capítulo II sobre la heterosexualidad y homosexualidad psíquica, con sus diferentes variantes, las cuales son vistas como distintas modalidades de acople mental con el otro y con nosotros mismos. Desarrolla también como se presentan éstas en la sesión analítica. Ilustra esto con numerosos ejemplos clínicos.

 Capítulo IX. Variaciones sobre transfert y contratransfert

“A paciente y analista “vivos”, setting funcionante y razonablemente posible, no hay para el analista otro espacio-tiempo de conocimiento y de transformación sino la realidad funcional de la escena analítica”. p. 195.

Antonino Ferro nos plantea en este capítulo que el transfert se da desde el primer instante de la fantasía del análisis y se puede manifestar a partir de todo lo que trae el paciente a través de sus narraciones, de formas diversas de expresión, por absurdas que sean, todas pertenecen a la actualidad del campo analítico actual. En la escena se dan repeticiones, identificaciones proyectivas, proyección hacia fuera de la fantasía. El otro lado del discurso es el analista y su contratransfert. Dice Ferro: “Todo ocurre en un lugar del campo actual y multidimensional, todo ocurre en ese espacio potencial, onírico, que es la escena tragicómica del juego del análisis”. p. 197.  

Desarrolla cuatro niveles de contratransferencia, que van desde el nivel cero que es cuando el analista dirige el proceso que co-genera, hasta el nivel 4 cuando el desborde es tal que el analista es alterado en su función analítica. De esta manera también se puede configurar una escala para el transfert. A través del material clínico presentado distingue las interpretaciones del transfert de las interpretaciones en el transfert, así como interpretaciones en el campo de las interpretaciones del campo. Sostiene que una interpretación para ser eficaz, no puede ser más que el acto final de un proceso digestivo anterior. En este proceso el analista debe permitir que el campo se enferme de la patología del paciente con la finalidad que pueda ser trabajado dentro del campo.

Es muy importante la cualidad del trabajo entre estas dos mentes, siendo muy importante la actividad de reverie de base, esta es la manera en que el analista acoge, metaboliza y activa todo lo que lleva el paciente, éste a su vez también pone en funcionamiento su propio reverie como respuesta a la actividad interpretativa del analista. Nos plantea dos niveles de escucha del analista, el de recibir y compartir en el campo todo lo que trae el paciente y la de geógrafo, en el sentido de intentar saber que quiere comunicar el paciente. Estos dos niveles se ligan, tratando Ferro de captar lo que el paciente dice, sus emociones, las coloraturas emotivas. La respuesta del paciente a sus intervenciones modulará su respuesta posterior. Se produce un diálogo más profundo entre las continuas identificaciones proyectivas del paciente y la incapacidad/capacidad de reverie del analista.

Desarrolla algunas causas de “disfuncionamiento” del receptor (analista): ángulos de presentación desde donde no nos reconocemos, falta de recepción del pain de la forma más primitiva y la mente del analista obstaculizada por teorías o claves de lectura prefijadas. Finalmente, como diría Bion, se debe abordar el trabajo analítico “sin memoria y sin deseo”.

 Capítulo X. Ejercitaciones psicoanalíticas

Este capítulo, novedoso y lúdico le plantea al lector la posibilidad de ejercitarse a través de 71 viñetas o situaciones con distintas alternativas de intervención. Antonino Ferro propone de esta manera una manera práctica de activar en el analista la capacidad de pensar, fantasear y jugar.

Esperamos que esta reseña de los diez capítulos del libro “Evitar las emociones, vivir las emociones” haya servido para que el lector tenga una idea de los aportes de Ferro desde la teoría y la técnica y lo estimule a profundizar en sus obras.

César Estrella Viladegut

Psicoterapeuta. Miembro de la Asociación Peruana de Psicoterapia Psicoanalítica de Niños y Adolescentes (APPPNA).

[1] Antonino Ferro nació en Palermo y ahora trabaja en Pavia, es médico psiquiatra y Presidente de Sociedad Italiana de Psicoanálisis (2013 – 2017). Miembro ordinario con funciones de training de la Sociedad Psicoanalítica Italiana y de la Asociación Psicoanalítica Internacional. Se ha dedicado en especial al análisis de niños y a las patologías graves. Ha profundizado los nexos entre narrativa y psicoanálisis con particular atención en las formas del diálogo analítico y del campo analítico. Es editor para Europa del International Journal of Psychoanalisis. Ha publicado los libros Nozioni sull’elettricità. Per giovani e giovanissimi. (2012), Tormenti di anime. Passioni, sintomi, sogni. (2010), La terra di nessuno fra psichiatria e psicoterapia. Terapia bipersonale nella clinica psichiatric. (2010), Rêveries. Acheronta movebo) (2008), Evitare le emozioni, vivere le emozioni. (2007) (Publicado en español el 2011). Tecnica e creatività. Il lavoro analitico. (2006), Il lavoro clinico. (2003), Fattori di malattia, fattori di guarigione. (2002). (Publicado en español el 2004), In the Analyst’s Consulting Room. (2002), Teoria e tecnica nella supervisione psicoanalitica. Seminari clinici di San Paolo (2000), Prima altrove chi (Camera dei bambini). (2000), La psicoanalisi come letteratura e terapia. (1999). (Publicado en español en el 2002), Nella stanza d’analisi. Emozioni, racconti, trasformazioni. (1996), La tecnica nella psicoanalisi infantile. Il bambino e l’analista: dalla relazione al campo emotivo. (1996). (Publicado en español en 1998).

Trackbacks

Leave a Comment

Plugin creado por AcIDc00L: noticias juegos
Plugin Modo Mantenimiento patrocinado por: seo valencia