LA SEXTA PROTOFANTASÍA: De la horda primordial a la alianza fraterna.

“Cada uno tiene el Freud que se merece”  (aforismo implicado)

                                                                                     ALFREDO GRANDE[1]

Resumen:

El autor propone revisar el concepto de protofantasía. Hace un desarrollo teórico y político en el cual analiza su propia implicación con la institución del psicoanálisis. Señala el tránsito desde las fantasías originarias, el Complejo de Edipo y la Cultura Represora. Insiste en que sin interpelación no hay desarrollo y que el psicoanálisis, pensado como dispositivo o sistema, necesita del intercambio para la descarga de sus propias pulsiones de autoconservación. Explicita algunos conceptos del Psicoanálisis Implicado, desarrollo teórico y político que inicia en 1994, concepción amplificada del superyó, complejidad del Edipo, Ideal del Superyó. Plantea que las 5 fantasías originarias descriptas sostienen modos de producción de subjetividad donde impera el mandato y se aniquila el deseo. Revisa el concepto de apoyatura y le otorga importancia fundante para el desarrollo del pensamiento emancipatorio. Postula la sexta protofantasía: alianza fraterna, y sugiere que el Complejo de Edipo no se elabora en el plano individual. En la dimensión colectiva, las herencias se diversifican y adviene el modo yoico de producción de subjetividad.

Palabras clave: Protofantasía, Complejidad del Edipo, Psicoanálisis Implicado, Ideal del Superyó, Colectivo Fraterno. Enculpamiento. Alucinatorio social.

 Primer Movimiento: allegro ma non troppo.

El psicoanálisis necesita ser interpelado. Necesidad sostenida desde las pulsiones de autoconservación, aquellos que pudieron iniciar y prolongar la vida. ¿Puede una teoría sostenerse sin atender a sus propias pulsiones de autoconservación? Claro: no solo a ellas, pero nunca sin ellas. Alguna vez definí a la pulsión como el regodeo cultural del instinto. Quizá por eso la pulsión sexual haya sido considerada, incluso por Freud, como el paradigma de todas las pulsiones. Todos conocen, aunque ignoro si todos practican, sus 4 destinos: Represión, Coartación, Sublimación y Descarga. Todos esos destinos pulsionales, más defensivos unos que otros, tienen como origen la zona erógena. Desde su origen, buscan su destino. Puedo afirmar que la pulsión merece al objeto que le permita encontrar alguno de esos 4 destinos posibles. Desde los objetos oscuros, que no son para el deseo sino para el superyó, hasta los objetos luminosos que no son para el superyó sino para el deseo. Pienso a la realidad como una tópica de objetos, materialidades múltiples que están para ser  usadas, rescatando la dignidad del uso. Y tratando de no mimetizarlo con abuso, de la misma manera que conviene diferenciar dependencia de sometimiento. La pulsión depende del encuentro  necesario y azaroso con el objeto. Esta cualidad de lo necesario y lo azaroso se denomina “contingencia” del objeto. Sin embargo, la pulsión sometida a un único objeto se marchita, se repliega, se vuelve contra sí misma y se transforma en lo contrario. Donde hubo fuerza, debilidad ha de advenir. En los devenires de la pulsión sexual y su fuerza motora, la libido, la vida se nos va pasando y, si algo es un boleto de ida, es -al menos yo dudas no tengo- la vida. Por eso es necesario y también placentero, pensar cómo sostenemos la vida del psicoanálisis, pensando a éste como un dispositivo teórico, técnico y político. Si en lugar de dispositivo decimos “sistema”, podemos avanzar en algunas ideas. La teoría general de los sistemas plantea que todo sistema viviente necesita estar abierto a su ecosistema. A través de una frontera porosa intercambia “energía, materia e información” ¿Por qué no pensar al psicoanálisis como un sistema viviente para el cual el acto de intercambio con el ecosistema es, justamente, la interpelación por diferentes contextos?  Contexto, ecosistema., diferentes maneras de decir lo mismo, premisa desde la cual la transdisciplina se hace posible. Esa interpelación que los contextos hacen al “sistema psicoanálisis”, permite el intercambio necesario para prologar y complejizar la “vida  psicoanalítica” en su dimensión teórica, técnica y política.  De esta forma, es posible la descarga de lo que denomino pulsión de autoconservación del psicoanálisis. La multiplicidad de objetos en los cuales esta descarga es posible es directamente proporcional a la diversidad de contextos que podamos percibir desde nuestra implicación. Nadie puede ver desde sus escotomas. Recordemos que el escotoma es un punto ciego de percepción. Escotomas de clase, de género, de origen, ideológicos, afectivos, sexuales, etc, hacen que la interpelación posible naufrague en un pseudo diálogo de sordos o al menos, de hipoacúsicos severos. Si las fronteras del “sistema psicoanálisis” dejan de ser porosas y comienzan a calcificarse, a esclerosarse, los contextos golpean pero nadie les abre. Roberto Castel, sociólogo recientemente fallecido, denominó a esta forma del psicoanálisis esclerosado “psicoanalismo”. No por suerte, sino por mucho trabajo de muchos colegas, hay terapias de rejuvenecimiento para nuestra “anciana dama psicoanalítica”. El fundante: dejarse interpelar, dejarse criticar, dejarse cuestionar (Bauleo, 1971).  Sostener dentro del sistema psicoanálisis ese pedido de Rodolfo Walsh: “sienta la satisfacción moral de un acto de libertad”. Satisfacción de una moral sin dogmas. O lo que es casi lo mismo: de una moral no superyoica. Cuando propiciamos y sostenemos esta magia del intercambio fundante, la maravilla acontece. El contexto pasa a ser texto instituyente. Y entonces los dogmas esclerosados son conmovidos primero y arrasados después. Es posible escribir un nuevo evangelio laico. Recibir  la “buena nueva” o el “alegre mensaje”, la novedad radical. Por eso sostengo que hay un psicoanálisis del palacio, esclerosado, academicista, dogmático, de catequesis y ecolalia, para el cual no hay “nada nuevo bajo el sol de Villa Freud”.[2] Pero hay otro, un psicoanálisis de la plaza, que no solamente se abre a otros contextos, a otros ecosistemas, sino que además, los va creando. Haciendo psicoanálisis al andar. El consultorio se desterritorializa y la buena nueva puede ser apropiada en diferentes espacios. La militancia social y política que sostengo desde hace cuatro décadas es también, desde el psicoanálisis. Psicoanálisis pensado como un “analizador del fundante represor de la cultura”. Con nombre propio: psicoanálisis implicado.[3]  Si la subjetividad está en riesgo, como señalara Silvia Bleichmar, también lo está el psicoanálisis. Pero hay un riesgo erótico y un riesgo tanático. Sostener el primero no impide la derrota, pero  impide el fracaso, y fracasar es derrotarse a uno mismo. El segundo es un suicidio programado. Una especie de eutanasia activa o pasiva. Es dejarse devorar vivos por otras disciplinas carnívoras que, con total claridad de mercado, van por todo. Por todo el campo de la salud mental. Lo comprobamos en los encuadres psicoterapéuticos de la seguridad social, tanto obras sociales como pre pagos. Los riesgos eróticos “no tienen la certeza de una tierra prometida, pero si la convicción de una lucha compartida”. Es uno de mis aforismos implicados, a los cuales recurro incluso como intervención clínica. Cuando propuse en mi tercer libro ir del “diván al piquete”, era consciente y también inconsciente que tomaba riesgos, pero que también era un riesgo ir solamente “del diván a Punta del Este”. Insisto: arriesgarse tiene que ver con la vida. Suicidarse tiene que ver con la muerte. Por ejemplo: muchas apelaciones interdisciplinarias las pienso como formas de suicidio. Una cosa es ser interpelado, y otra muy distinta es tolerar ser vapuleado. Cierta tendencia  a una forma de “timidez psicoanalítica” nos impide devolver golpe por golpe. Y también es penoso que los debates más crueles sean entre psicoanalistas de diferentes o excluyentes orientaciones. Todavía tengo cicatrices del estilete de  la sentencia: “esto no es psicoanálisis”. Un psicoanálisis arriesgado debe debatir contra las neurociencias como apoyatura científica de las multinacionales de los psicofármacos. Propongo un interesante trabajo de investigación: ¿Cuántos pacientes nos expropió el clonazepan y los antidepresivos de consumo masivo? Si nos negamos a ese debate, a esa batalla cultural, tomamos el peor de los riesgos: el tanático. Sería bueno que los psicoanalistas pudiéramos tomar el mismo riesgo que tomó Freud en sus debates con Breuer y Jung. Sin que necesariamente implique pasar de la “causa” a la “cruzada”. No sabemos todo, pero no pocas veces replegamos todo lo que sabemos. ¿La sombra de qué objeto ha caído sobre nuestro Yo? Quizá, el de cierto furor psicoanalizandis, donde todo bicho que caminaba iba a parar al diván asador.[4] Las insoportables tertulias para diferenciar psicoanálisis de psicoterapia breve de psicoterapia con fundamento psicoanalítico, etc, etc, hoy han sido barridas por los tiempos del posmodernismo y los vínculos digitalizados. Pero las pulsiones de autoconservación no pueden ser soslayadas. Cuantos más contextos se incorporen a nuestros textos, los riesgos que los muros de Troya sean derribados por aqueos impacientes, será menor. Sin olvidar que hay demasiados astutos Ulises que construyen hermosos caballos interdisciplinarios, para tener la entrada triunfal a la Ciudad del Oro Puro y el Cobre, a pesar de su mandato destructivo. El beneficio primario de tolerar y propiciar la interpelación permanente es, como señalé, que el contexto devenga texto. Los conceptos, algo así como los ladrillos de toda teoría, se despliegan: abarcan mucho y aprietan más. Pero hay un beneficio secundario: obligamos, con mayor o menor dulzura, dependerá de cada momento concreto, a que los unos y los otros toleren la interpelación que el psicoanálisis puede y debe hacer. El interpelado tiene mejores recursos para interpelar. El Psicoanálisis Implicado nace de haber tolerado y haberse apropiado de la interpelación del Análisis Institucional, la Psicología Social, la Teoría General de los Sistemas, de los escritos de León Rozitchner,  Gregorio Baremblitt, Silvia Bleichmar, Marta Gerez Ambertín, Vicente Zito Lema, entre otras y otros. Por lo tanto pensamos que tenemos el derecho y el deber de interpelar. Interpelamos el concepto de “superyó” para postular el “superyó amplificado”. Continuum entre la instancia psíquica y las masas artificiales, que nos permite interpelar a la cultura para nominarla como Cultura Represora. Para la cual el malestar es inmanente y en la cual se encuentran inmensos páramos en los cuales se cultiva la pulsión de muerte. Interpelar el concepto de Complejo de Edipo, para pensarlo como “la complejidad del Edipo”. Interpelar al mito científico de las protofantasías, para postular una sexta protofantasía. Y para no perder la ternura jamás, aunque algunas veces y no pocas debamos endurecernos, seguimos propiciando que nos interpelen con la pluma, sin la espada y con la palabra.

Segundo movimiento: molto vivace.

Hace décadas, exactamente en el año 1978, durante la cursada con Rodolfo D Alvia, docente de la AEAPG, aprendí que Freud describía 5 proto fantasías. Rodolfo las referenciaba con el texto Moisés y el Monoteísmo.  Y se inferían de la trama vincular del Edipo. Madre – Hijo: seducción. Hijo – Madre: incesto. Padre – Hijo: castración. Hijo – Padre: parricidio. Madre – Padre: escena primaria. Son fantasías sobre el origen, y de alguna manera, fantasías originarias. Siempre me interrogué porque eran 5 y que nexo había entre ellas. El mito científico, como Freud señala, es una necesidad teórica. Una piedra sobre la cual se edificará otra Iglesia, y toda Iglesia sostiene una lógica jerárquica y la jerarquía es una asimetría desde donde se ejerce un despótico poder. En otras palabras: las fantasías originarias son una construcción que fundamenta, diría justifica, cierto destino y ese destino es lo que denomino Cultura Represora. Entonces, desde las fantasías sobre el origen, podemos concluir que es inevitable el Complejo de Edipo y que el Complejo de Edipo, tanto en su represión cuanto en su disolución, hace inevitable a la Cultura Represora. ¿Cuáles son sus elementos fundantes? Generar, sostener y transmitir el Mandato, la Amenaza, la Culpa y el Castigo. Si el Edipo es universal, en cierto sentido sería ahistórico. ¿En que sentido? Lo histórico solamente da cuenta de una particularidad, del “caso por caso”, de una variancia relativa. El complejo nuclear de las neurosis se desliza para ser un complejo nuclear de la construcción subjetiva.  Lo Universal se acerca a lo Absoluto. El Edipo semantiza como pre edípico el devenir subjetivo anterior a su propia constitución. De la misma forma que lo “pregenital” afirma la genitalidad que, “necesariamente”, ha de advenir. Esto es para mí el tema a interpelar. Sostengo que el tránsito desde las proto fantasías al Complejo es encubridor. La hipótesis del Complejo de Edipo como nuclear de la neurosis, termina siendo nuclear de la constitución subjetiva y el invento de las 5 protofantasías establece un determinante biológico, o al menos, transcultural. En la discusión sobre la naturaleza ondulatoria o corpuscular de la luz, los que sostenían la primera tuvieran que inventar la teoría del éter. Desechada por experimentos, tuvo un resurgimiento por descubrimientos posteriores a la teoría de la relatividad, o sea: la Teoría no es neutral en relación a los hechos que pretende explicar y tampoco los teóricos son neutrales en relación a la teoría que prefieren sostener. De hecho, el psicoanálisis empieza como artesanía, sigue como causa y termina como cruzada. Los caballeros templarios eran los didactas. Si sostenemos un malestar en la cultura como inmanente, se puede afirmar que siempre habrá malestar entre nosotros. Y resignarse al malestar es una forma de sostener todo mecanismo de dominación. “No hay mal que dure cien años, porque a los 99 el conteo empieza nuevamente” señala un aforismo implicado. Las 5 proto fantasías hablan de amores prohibidos, contrariados o envidiados. De luchas perdidas de antemano, de derrotas y fracasos. Podríamos decir: “así es la vida”. Cualquier vida. En realidad, lo decimos todo el tiempo. Pero también podríamos pensar que “así no es la vida”. O sea: pensar otras formas de existencia. Que dieran cuenta de un ser para la vida, para la vida deseante. Desde las protofantasías hasta la hegemonía fálica del Complejo, el deseo está siempre rigurosamente vigilado y castigado. Incluso la “escena primaria” es una marca traumática para el infans. Se exhibe el castigo, se oculta el deseo. Entonces la sexualidad de la madre con el padre y viceversa pasa a ser clandestina para los hijos. La crueldad se exhibe, el amor sexuado se oculta. El tercero no puede, entonces, dejar de estar en discordia. La seducción siempre es sospechosa, incluyendo la oral. Durante décadas la cultura represora arrasó con el erotismo del amamantamiento. Entronizó las leches maternales y las mamaderas como restitución del pecho materno. El incesto fue condenado mucho más por su cualidad anticipatoria del placer que por su excepcional consumación. Recordemos que Freud señaló que el Edipo se disipa por su imposibilidad interna, análogo a la caída de los dientes de leche. Si el centro de la atención es el parricidio, es simple disimular la castración, es decir, el filicidio, constante en la cultura represora. El supuesto asesinato del proto padre es apenas la matanza de un déspota no ilustrado, un energúmeno sediento y hambriento de hembras y de machos jóvenes. No es lo mismo matar que asesinar y no hacer esta diferencia es funcional a sostener el orden represor que culpabiliza a las jóvenes generaciones. Otra noche de los lápices espera en cada esquina. Las 5 protofantasías sostienen como originaria la culpa por la carátula de asesinato a la matanza. Imaginar que el pasaje de la naturaleza a la cultura, o con palabras de León Rozitchner, el pasaje del último colectivo natural, la horda, al primer colectivo cultural, la alianza, deja un sedimento tóxico de culpa…es legitimar toda forma de castigo. El famoso buen chirlo dado a tiempo, que es donde se empieza, hasta la más refinada tortura, que es donde se termina. Tortura sistemática, tortura moral, tortura escolar que algunos llaman bulling, o laboral, bautizada como mobbing. Castigo sin crimen, culpa sin motivo, amenazas sin fecha de vencimiento. El banquete del terror está servido. Es necesario legitimar, al menos científicamente, que nuestro valle de lágrimas, de sufrimiento, de dolores y tristezas, no es sin justa y originaria causa. El “bing bang” de la subjetividad tiene la marca filogenética, de las originarias fantasías. Una elegante forma de impunidad. Un destino marcado por la injusticia, la ignorancia, la estupidez, que hace que sostengamos al mundo como es y no como debería ser. La Quijotada es apenas una referencia al ridículo de pelear contra superyoicos molinos de viento tóxico. ¿Por qué pelea? Es simple: porque está loco. Desde la cordura de un Sancho, esa pelea es no solamente loca, sino psicótica. Freud se preguntó si tenía un delirio de saber o un saber sobre delirios. ¿Se lo habrá contestado? Pero sería bueno seguir sosteniendo esa pregunta. “Solo saben los que luchan”. Un aforismo implicado que asocia producción de verdad con lucha. Por oposición, la producción de mentira implica exterminio. (miente, miente, que algo quedará) Uno de los conceptos fundantes del psicoanálisis implicado es: “la subjetividad es el decantado identificatorio de la lucha de clases”. La clase de los deseos y la clase de los mandatos. Los deseos cuyo origen es interior (la interioridad del cuerpo erógeno) y que son vividos como ajenos, egodistónicos y perturbadores. Y los mandatos cuyo origen es exterior, pero son sentidos como lo más propio (conciencia moral). Malentendido básico de la construcción subjetiva que se prolonga en la cultura represora. ¿Cuántas heridas narcisistas serán necesarias para que el sujeto no viva su esclavitud como la más completa libertad? Quizá haya miedo a la libertad. Pero el problema es que no hay pánico a la esclavitud. Las relaciones de dependencia laboral son lo más buscadas, y una dependencia lleva a la otra…y a la otra. Lamentablemente, heridas más, heridas menos, hemos desarrollado poderosos mecanismos de anestesia. Teorías que anestesian aquello que debería sublevarnos. Por ejemplo: ver la falta sin poder observar la carencia. O sobre estimar el desamparo infantil sin jerarquizar los dispositivos de amparo que son los que subjetivarán al infans. La metapsicología que pivotea en la falta no es lo mismo que la metapsicología que hace palanca en el exceso. Y es bueno pensar que la metapsicología bien entendida empieza por casa. O sea: por el permanente análisis de la implicación del teórico y de los dispositivos que construye para su “estar psicoanalista”. Quizá revisar el concepto de protofantasías naufrague en las borrascosas aguas de la especulación teoricista. De cambiar mito científico por mito científico. ¿Cuál sería en ese caso, la ventaja, el beneficio, primario y secundario, de este intento? Algo que nunca hubiéramos sospechado, como escribió Freud en relación al inconsciente represor. Darnos cuenta que con el mismo metal de las cadenas que nos aprisionan, se pueden construir las armas que nos liberen.

Tercer movimiento: scherzo

Me preocupa lo que se ha dado en llamar “la revolución congelada”. Un psicoanálisis en el frezer no es justamente el objetivo de tantas décadas de estudio. Esta inquietud no pocas veces generó el reproche de mi fijación al setentismo. En cuáles de las revoluciones del pasado me había quedado atorado. Desde ya, sigo pensando y sintiendo a la práctica psicoanalítica como revolucionaria. Con cada paciente que atiendo, en cada clase que doy, en cada conferencia, en cada acto de la militancia política y social. Pero toda praxis reformula la teoría que la sustenta. No se trata de beber vinos viejos en odres nuevos. Las distintas formas de psicoanalismo no me interesan. Todas ellas sostienen el concepto de neutralidad. En la clínica, defino a la neutralidad como la negación maníaca de la implicación. Y esto tiene consecuencias técnicas muy importantes. En la  mejor “caja de herramientas”, hay nuevas herramientas que no entran. Habrá que soportar la intemperie, hasta que encuentren un nuevo lugar en el mundo de las cajas. La conocida expresión: “me partió la cabeza”, es evidencia de que algunas de esas nuevas herramientas tienen la capacidad de taladrar mentes esclerosadas. Las viejas herramientas no solamente ya no abren ninguna cabeza, sino que se especializan en soldarlas. Desde hace años coordino cursos de Psicoanálisis Implicado en las Facultades de Psicología de La Plata, Mar del Plata y Rosario. Me cuesta creer la dificultad de los jóvenes para pensar.  No digo recordar, repetir, evocar. Digo pensar con existencias propias. Están saturados de “tips” teóricos. Pero desconocen su origen, más allá de citar y rezar al autor o autora recomendado. No hay prohibición de pensar. Pero no se piensa más allá de lo prohibido. Y la conciencia tabú se ha enquistado también en el pensamiento científico y político. Antes se hablaba de las “vacas sagradas”. Nunca supe porque no había “toros sagrados”. Pero el repudiado “magister dixit” sobrevive en los repliegues y laberintos de la cultura represora. La religión anida en más de una cátedra o seminario. Hay sectas, y algo más que sectas, por ejemplo: ¿Cómo pensar al sujeto desde el encuadre de la terapia individual? Se lo quiere pensar como sujeto, pero finalmente se repliega nuevamente como individuo. La práctica en consultorio siempre se la ha adjetivada como “solitaria”. Lamento la irreverencia inevitable: decir solitaria es decir autoerótica. Sabemos que el autoerotismo es la técnica sexual y mental del narcisismo. Pienso que es muy diferente la teoría del narcisismo que el narcisismo en las teorías. Para combatirlo, es necesaria la interpelación permanente. Pero no solamente desde otras teorías, sino desde otras prácticas, incluso no profesionales. Interpelar a la Villa Freud desde la Villa Miseria, que también es América, como en el recordado libro de Bernardo Verbitsky. La Villa Miseria puede ser un centro de salud comunitaria, una sala destruida en algún manicomio residual, un consultorio hospitalario con una demanda imposible de asistir, cartillas de obras sociales y prepagos que ofrecen lo que no pueden sostener, incluso consultorios particulares desbordados por pacientes de borde, que demandan de todo, menos psicoanálisis. ¿Por qué entonces es necesario para revolucionar el presente acudir a ese pasado remoto, pre histórico, donde las 5 protofantasías organizaron las subjetividades con un engrama represor? Quizá para desmontar la “idea-certeza” de que la singularidad del sujeto, su novela familiar, es única e irrepetible. Pero no es así. Somos menos originales de lo que nos pensamos. Repetimos más de lo que desearíamos. Y lamentablemente hay senderos en los que nunca haremos camino al andar. Pretendo mostrar el tránsito obligado, casi predestinado entre Protofantasías, Complejo de Edipo y Cultura Represora. Mi primer libro lleva como título: “El Edipo después de El Edipo: del psicoanálisis aplicado al psicoanálisis implicado”. Casi 15 años después, pretendo reflexionar sobre el “antes”, en realidad, el muchísimo antes. Pero es un antes como tiempo lógico, no cronológico. Las fantasías originarias que hablan del origen de la subjetividad, operan en tiempo presente y en tiempo futuro. Es quizá el inconsciente más eficaz del psicoanálisis. La roca más viva de todas. Desde su aparente olvido, consideradas como una especie de arcaísmo teórico, operan como la pulsión de muerte: sin  palabras. Mudas, incluso sordas, quizá ciegas. Están como custodios de un Orden que no puede ser alterado. Los deseos serán castigados y el amor sexuado deberá ocultarse de las miradas de propios y ajenos. La privacidad se desliza hacia la clandestinidad. Lo discreto a lo secreto. Los placeres a las vergüenzas. Y luego llegará como una constante de la cultura represora el pasaje de la sexualidad infantil como organizadora de la subjetividad, a la sexualidad represora con niñas y niños como arrasadora de toda posible subjetivación. La pedofilia, la pornografía infantil en una escala inabarcable, dan cuenta de formas actuales de la castración y el filicidio no pensables hace apenas pocas décadas. ¿Es posible buscar donde no se encuentra? Nuestro saber teórico, nuestras intervenciones institucionales, nuestros espacios de formación y transmisión, no pueden impedir que el horror de la vida cotidiana de millones siga siendo una miseria real, mucho más cruel que la miseria neurótica. Nadie puede asociar libremente atravesado por el puñal del hambre. Ni pensar. Ni amar. Ni soñar. Pensar que el psicoanálisis no puede desentenderse del hambre quizá sea mi propio delirio. Pero sabemos que todo delirio tiene un núcleo de verdad. Y entonces entramos, o al menos lo intentamos, en el núcleo de verdad de este trabajo. Encontrar el eslabón perdido, algo que en la historia de la evolución del psicoanálisis, desde 1895 a la fecha, nunca se había encontrado. La primera respuesta: no se encontró porque no existe ese eslabón. La segunda: no se encontró porque nadie lo buscó. Este es el momento en que puedo retroceder, por el temor de llegar al mismo lugar donde Ícaro quemó sus alas. El sol de la racionalidad puede derretir la cera del pensamiento. Pero no retrocederé. Después de todo, la única lucha que se pierde, incluso lucha teórica, es la que se abandona. La hipótesis es que el eslabón perdido es la sexta protofantasía. Freud describe el pasaje de la naturaleza a la cultura en la formación de la alianza fraterna. Un colectivo originario que pudo realizar lo que individualmente era imposible. Defino colectivo como un grupo con una estrategia de poder. Desde ya, hay demasiados grupos y pocos colectivos. Los integrantes de la horda primordial durante un tiempo imposible de medir, fueron agrupamientos inespecíficos, sostenidos desde la satisfacción precaria de sus necesidades, los primeros excluidos de la historia. En algún momento, un nuevo y originario acto psíquico se produjo. Algún tipo de lenguaje pudo advenir. Freud hipotetiza la aparición de una nueva arma. Creo que esa arma es la palabra. El agrupamiento inespecífico de multiplicidades solitarias, dio paso al colectivo fraterno. Acto al que hoy podríamos denominar “psicosocial”. El primer acto de poder clasista en la historia de la humanidad. El proto padre ejercía un poder absoluto. Absolutamente individual. La matanza es el triunfo del poder colectivo sobre el despotismo individual, insisto. No hay asesinato, hay matanza. La culpa originaria ni es culpa ni es originaria. Es remordimiento ya que es posterior al acto agresivo efectivamente consumado. Y no es originario porque en realidad lo originario es la ambivalencia, la condición elemental. Como Freud señala justamente para diferenciar el remordimiento de la culpa, tanto en su origen como en sus efectos. El remordimiento abre el camino a la reparación. Aunque sea triste la verdad, siempre puede tener remedio. La culpa fundamenta la eternidad del castigo. Estamos más cerca de Sísifo que de Apolo. Y por eso, aclara Freud, la matanza fue un acto único, pero no realizado una sola vez. Único en tanto generó una novedad radical. Del hombre estepario, al agrupamiento inespecífico, para culminar en el héroe colectivo. La ambivalencia mata más que la humedad. Y la hazaña primordial queda sepultada incluso, y muy especialmente, para sus protagonistas. No es difícil aceptar que si resulta complejo separar la paja del trigo y todavía estamos pensado cuándo es una de cal y cuándo es una de arena, discriminar con rigurosidad culpa de remordimiento implica una hazaña teórica. Sin embargo, es fundante para una clínica que se aleje de la Escila de la resignación y de la Caribdis del castigo. En una conferencia que asistí en la AEAPG, le pregunté a un psicoanalista de cuyo nombre no quiero acordarme, si establecía diferencia conceptual entre matanza y asesinato del proto padre. Su respuesta me sorprendió, a pesar de que tengo claro que sorpresas te da la vida, incluso la vida psicoanalítica. Directamente, no entendió ni le interesó la pregunta. Faltaba que dijera: “¿lo qué?”. Y como dice el cantautor Joaquín Sabina, callo más de lo que digo pero digo la verdad. Evidentemente, para este prestigioso colega no había ningún eslabón perdido para encontrar. Si una premisa originaria, una condición elemental no es cuestionada, es difícil que las inferencias posteriores sean demasiado divergentes. O dicho de otra manera: quizá lo sean, pero se mantienen en lo que denomino el nivel convencional encubridor. Más allá del contenido de verdad que sostengan, hay un reduccionismo inapelable. Las incumbencias teóricas son sagradas. Cada teoría se hace cada vez más compleja, y por ende más autosuficiente. Cada vez menos le importa confrontar con otras teorías. La interdisciplina es  convocada en forma permanente. Pero al buscar más consenso que liderazgo, todo debate se diluye en agua de borrajas, o sea: con muy poca sustancia teórica. Todos quedamos contentos, y seamos o no maestros, seguimos contentos con nuestros libritos. Hace tiempo que lo que menos me importa es quedarme contento y menos con las borrajas. Prefiero que haya muchas nueces porque seguro harán mucho ruido. Y a mí pensar, porque la hazaña primordial fundante de la cultura no tuvo la marca de una fantasía originaria, hace tanto ruido que me ensordece. Si toda teoría debe tener coherencia interna, la ausencia de la fantasía originaria que aludiera al colectivo fraterno autor de la hazaña primordial, tendría que haber sido mencionada al menos como una curiosidad. También la insistencia en denominar como asesinato lo que fue matar en la defensa propia, tanto individual como colectiva. Después de todo ¿Por qué aceptar sumisamente el hambre insaciable de Cronos? Pero un Cronos sigue devorando algunos aspectos necesarios de la metapsicología. El título de un libro del colectivo Barrios de Pie puede ilustrar algo importante: “La cabeza piensa donde los pies pisan”. Quizá de tanto pisar el consultorio individual (un psicoanalista – un consultorio) para realizar psicoanálisis individual (hasta no hace mucho, de 3 a 5 consultas semanales), haberse formado en teorías de la construcción de la subjetividad con pregnancia casi absoluta de lo individual familiar en detrimento de lo subjetivo social, haber priorizado el mundo interno sobre otros mundos posibles, insistir en la estructura del inconsciente como un lenguaje soslayando la marca histórica, política, social del inconsciente no reprimido, han ladeado la teoría hacia paradigmas de lo individual y de lo único. Un sujeto autocentrado, auto referenciado, es apenas un individuo. Represión mediante, el individuo ha esterilizado la potencia creadora del Ello. El reservorio pulsional y energético agotó sus reservas. Si los pies se apoyaron en las tierras áridas del individualismo, la cabeza no pudo pensar más allá de los vínculos primarios. Dicho de otra manera: la teoría se sostiene en la edipización del conflicto social. No es el sujeto que se conecta con lo social; es lo social que construye un determinado tipo de sujeto para que, en un segundo tiempo que la cultura represora establece como primero, se conecte de una sola manera con su “creador”. Con poco valor y mucha subordinación, perpetua vigencia del período de latencia. Por eso el superyó, heredero cruel y vicioso del Complejo, es la tópica donde se cultiva la pulsión de muerte. En primer lugar: muerte del deseo, de todo deseo. El tabú del incesto es apenas la pantalla encubridora de otro tabú más letal: el tabú del deseo. El superyó, como la derecha, castiga aquello que propicia. Propicia las mociones incestuosas, idealizando el corralito vincular de la familia nuclear. Cuando esas semillas germinan, son brutalmente pisoteadas. Amenaza coactiva de castración. Una abstracción que la diferencia sexual anatómica convierte en real. Estafa de los padres que prefieren sostener las teorías sexuales infantiles porque de esa forma manipulan poderes y saberes. Un nene aterrorizado por la amenaza de castración. Una nena rencorosa por haber sido castrada. El mito de la cigüeña, del repollo, formateó durante décadas una sexualidad reprimida. Reforzada por el mandato de la virginidad, vaginal de la mujer y anal en el varón. Y como “bonus track”, el infernal castigo por desear lo amado. No se prohíben los objetos porque son incestuosos, sino que son incestuosos porque se los prohíbe. Con frecuencia hago el Test del Incesto. Ante la pregunta si es incestuosa la relación sexual con los padres, la respuesta unánime es sí. Ante la pregunta si es incestuosa la relación con los hermanos, la respuesta unánime es sí. Ante la pregunta si es incestuosa la relación con primos hermanos, se pierde la unanimidad. En la tópica del Complejo rige el axioma: lo prohibido siempre es lo más deseado. ¿Cómo no desear a la mujer de tu prójimo si te prohíben hacerlo? Por algo será…En la tópica del Complejo rige otro axioma: de eso no se habla. La procesión va siempre por dentro, porque por fuera, al compartirla, al reconocer lo más propio en los otros, toda culpa, todo temor, toda vergüenza, pierde vigor y consistencia. A mí no me pasa lo mismo que a Ud. pero me pasa algo bastante parecido. Con eso sería más que suficiente. Pero en el proto padre residual que toda madre y todo padre sostienen, el “no se lo cuenten a nadie” es el mandato del secreto familiar. Hay un libro con ese título. “No se lo cuenten a nadie” escrito por la psicoanalista, ya fallecida, Helena Baserman Viana. Cuenta, treinta años después, que Amilcar Lobo, candidato de la Sociedad Psicoanalítica de Rio de Janeiro, estaba en análisis didáctico con Leao Caberniti. Amilcar Lobo era un conocido torturador. Y no contarlo fue la indicación que recibió Helena, que incluso fue perseguida cuando intentó hacer su denuncia. Los “proto padres” siguen entre nosotros y nunca cuidarán de sus hijos. Cuando pregunto si el padre tiene que ser amigo del hijo, la respuesta siempre mayoritaria es “no”. En una fuerte discusión que tuve por este tema luego de escribir un trabajo titulado “Te lo dice tu padre, te lo dice un amigo”, opté por apelar al gaucho Martín Fierro. “Un padre que da consejos, más que padre es un amigo, así como tal les digo, que vivan con precaución, nadie sabe en qué rincón, se oculta el que es su enemigo” El gaucho pisa una tierra que le organiza otra cabeza. Paternidad y amistad solo son posibles cuando la matanza del proto padre esté totalmente consumada. Y la verdad verdadera es que no lo está.

Cuarto Movimiento: troppo alegro y troppo vivace.

Freud tenía la convicción que el psicoanálisis no es una concepción del universo. El tema es qué entendemos por universo. Lo Universal se asocia a lo Único. Un único dios verdadero, creador de un único universo verdadero. Toda una concepción reaccionaria y totalitaria de la vida. El pensamiento religioso es una forma de conocimiento absoluto, y de tan absoluto, deviene supina ignorancia. El pensamiento científico es una forma de conocimiento objetivo. En tanto incluye la perspectiva que tiene el sujeto que conoce del objeto que pretende conocer. A esa perspectiva la denomino el análisis de la implicación. Cuando la teoría definía a la homosexualidad como enfermedad o define en la actualidad al travestismo como un trastorno delirante del esquema corporal, el pensamiento científico se entumece. El concepto de envidia del pene, más allá de que hay penes que dan envidia, es encubridor de que lo profundamente envidiado era el placer al que el varón tenía acceso y la mujer tenía prohibido. La época victoriana, con sus revival actuales, era el tabú del deseo, pero solo para las mujeres. Y el mandato de un placer caricaturesco, que algunos llaman perverso, para el varón. Así estaban las cosas y no parió la abuela, pero llegó Freud, y su genealogía del placer derrumbó las murallas del patriarcado represor. Bueno, al menos hizo una importante contribución. Traducciones más, interpretaciones menos, las neuróticas no engañan sino que fueron engañadas y abusadas. Hoy sabemos lo que Freud no creo que ignorara. El abuso sexual infantil y su forma más cruel, el incesto es una regla que tiene excepciones. Es decir: hay niñas y niños que no son abusados. Pero es letal pensar el abuso como excepción a una regla que lo prohíbe y que siempre se cumple. El tabú del incesto es la ley que tiene más trampas. Pero las leyes represoras no están ni para ser cumplidas ni para proteger, ni para cuidar, solamente para vigilar, culpar y castiga, por supuesto que a las víctimas, nunca al victimario. El tabú del incesto que supuestamente se cumple, justifica que siempre se desestimen las denuncias de abusos e incestos. “¿Cómo tu papá va a violarte, nena? ¿No sabés que es tabú?”. Diálogo escuchado, claro que en otros términos. La impunidad también comienza cuando no se escucha. Las hermanas Jara pueden dar crédito a mis palabras[5]. Por eso, suponer que se puede combatir el mal con las leyes que el mal creó para perpetuar su impunidad, es asumir un riesgo tanático.  El mal es la defusión de la pulsión de muerte, y el reinado absoluto de lo que el psicoanálisis implicado conceptualiza como “superyó amplificado”. El continuo témporo espacial entre masas artificiales e instancia psíquica se prolonga nuevamente en las masas artificiales que decanta, vía identificaciones, en la instancia psíquica superyoica cada vez mas recargada. Hasta que el sujeto implosiona. Las sombras  caen sobre el Yo y lo destrozan. Muerte del deseo, aunque no súbita, algunos llaman a esto depresión, o fatiga sexual. Los quita penas actuales no se llevan las penas, pero se llevan la vida. Para no penar en esta vida, lo mejor es dejar de vivir. Crónica de los suicidios anunciados, incluso de jóvenes, pero lamentablemente nunca escuchados. “El escándalo es la cara visible de la hipocresía”. Cada suicidio espanta pero no estimula el hábito de pensar y prevenir. Entonces me parece que es necesario que el psicoanálisis pueda sostener  cierta concepción de los universos. Universos simbólicos, culturales, eróticos, políticos. El psicoanálisis que a mí me deja contento es aquel que interviene sobre la cultura, desde la fuerza que le otorga haberse dejado interpelar por esa cultura. Desde mi implicación teórica y política, intervengo en la cultura represora para mostrar que “el rey está desnudo” y que las ropas elogiadas son apenas una muestra de racionalizaciones, intelectualizaciones y en su extremo límite, cosmovisiones delirantes. Después de las reacciones que hemos leído y visto con la entronización de Jorge Bergoglio como papa Francisco, es necesario escribir El Porvenir de una Alucinación. Ya que de El porvenir de una Ilusión algo ya sabemos. En la concepción de los universos culturales es importante, al menos para mí, el concepto de “alucinatorio social”. Cuando la palabra es la cosa, cuando la representación palabra y la representación cosa se fusionan, es la psicosis. En su novela “1984” George Orwell describe como el poder total del Gran Hermano construye una concepción del Universo. Único. Y el mandato supremo: creerlo o reventar. El protagonista, Winston, no cree. Y lo revientan. Es una síntesis de la novela, se entiende. Su lectura permite repensar la metapsicología. El Gran Hermano construye un alucinatorio social donde la “prueba de realidad” desaparece. Lo único real es el Gran Hermano. Mejor decir lo que nos dicen que digamos, porque de lo contrario, callaremos para siempre. El alucinatorio social convalida por ejemplo, formaciones academicistas que, como decía Freud, “mandan a los jóvenes al polo con ropa de verano”. Los jóvenes egresados de las Carreras de Psicología tienen un desamparo tan profundo que ni siquiera registran que lo tienen. Los que sobreviven, lo hacen en las cartillas de la “seguridad social”. Para la cual, el psicoanálisis es una pésima palabra y una aborrecible práctica. Entre la espada de una formación teocrática y la pared de una realidad dislocada, el burn out se produce tempranamente. Y los estudiantes que osan preguntar, no tienen mejor destino que el desgraciado Winston. El Gran Hermano Teórico vigila, y castiga. En otros tiempos la palabra que describía esta situación era “didáctico”. No la didáctica de emergentes que propicia la psicología social pichoneana. La diktat decía cuatro sesiones por semana. Al control había que ofrendarle 4 sesiones por semana. O sea: la palabra “4 sesiones”. La cosa “4 sesiones” no existía. Y a lo que realmente existía (una sesión semanal, frente a frente, etc) pasaron décadas para nombrarlo como psicoanálisis. Por eso en el psicoanálisis se instaló, quizá en forma más acentuada desde la dictadura cívico militar, un alucinatorio social y teórico. ¿Por qué muchos artículos denominados “sociales” nunca se leen? Y además: ¿por qué se los denomina “sociales”?  ¿Acaso el Moisés y la religión monoteísta es menos metapsicológico que Pulsiones y sus Destinos? No es casual la referencia que hice de las 5 protofantasías que Rodolfo D Alvia describió referenciando con el artículo del “Moisés”. Los escritos “sociales” son la metapsicología más inclusiva. Alguna vez dije en broma, es decir, totalmente en serio, que está pendiente escribir Menem y Tabú. Al menos, yo escribí un texto al que titulé: “Sobre un caso de votación post hipnótica” Y lo publiqué antes de la reelección de Menem. Igual ganó, pero me quedó esa satisfacción ya mencionada de ejercer un acto de libertad, libertad de pensamiento, la madre de todas las libertades. Intervenir en el espacio político social es otra vía regia que no conviene subestimar. O degradar adjetivándola de “panfletaria”. La neutralidad mata. Hay terapeutas que no saben cuánto dinero gana su paciente. O que todavía les cuesta cobrar sesiones a las cuales el paciente falta, con o sin aviso. La sexta protofantasía actualizada en la dinámica de la transferencia es la alianza terapéutica. Más allá de la luna de miel analítica, es decir, después del enamoramiento, lo que adviene es el amor, que no alucina, sino que percibe. Y nunca el amor es a primera vista o a primera sesión. El peligro es el per saltum del enamoramiento al delirio erótico. Entonces la alianza terapéutica colapsa y la iatrogenia psicoanalítica hace estragos. Encuadres revueltos, ganancia de pescadores cognitivistas, neo conductistas, neuro cientistas, etc. Espero que no adoremos los becerros de oro de la interdisciplina resignando nuestras convicciones más elementales. Si bien no todo es psicoanálisis, el psicoanálisis está en todo, porque en todo está el sujeto. No hay peor consejero que un superyó psicoanalítico. Jamás cederá su poder. Solo podrá ser conmovido desde una praxis transdisciplinaria y no disciplinaria. Cuando el 1 de Mayo de 1986 fundé la cooperativa de trabajo en salud mental ATICO, comencé a presentarme apelando a una trinidad no sagrada: médico psiquiatra, psicoanalista y cooperativista. Aún recuerdo, aunque no es algo para recordar, las preguntas superyoicas: “¿y qué tiene que ver el cooperativismo con el psicoanálisis?” Tiene mucho y todo que ver si sostenemos que el psicoanálisis es una teoría sobre el sujeto, una teoría que incluye varias teorías. Una metapsicología del sujeto que debe cumplir lo que llamo el trípode de la implicación: coherencia, consistencia y credibilidad. Pero estamos en uno de los tantos mundos posibles, donde el que rivaliza dice que compite, el que compite dice que coopera y los pocos que cooperan se sienten los giles del Mercado. Por eso luego de más de 25 años, que continúan, me di cuenta que es cierto que la cabeza piensa donde los pies pisan. La apoyatura es vital para el despliegue pulsional. En una cooperativa lo fundante es la cooperación. Es una sociedad de personas, no de capitales. No hay anónimos, no hay accionistas, hay trabajo cooperativo. Y mucho tiene que ver, mejor dicho, todo tiene que ver con los modelos de subjetivación. Dime qué vínculos construyes y te diré que identificaciones te quedan. El modo superyoico de producción de subjetividad construye vínculos tiránicos e identificaciones mortales. Lo que conceptualizo como los “ideales del superyó”. No en vano los héroes de guerra son los sociópatas en la paz.  En la hegemonía de la cultura represora, caen los ideales del Yo y son suplantados, silenciosamente, por los ideales del superyó. Tigre dientes de sable por liebre. Por ejemplo: el consumismo que es consumir consumo, es uno de los ideales superyoicos en esta economía de mercado. El que esté libre de consumo que tire la primera tarjeta. El endeudamiento tiene su correlato psíquico en lo que denomino: enculpamiento, producción permanente de culpa para alimentar la demanda insatisfecha de castigo. Freud habló del castigo como “necesidad”. Es una necesidad superyoica que el Yo hace propia. La única servidumbre del Yo es la que tiene con el Superyo, que más que servidumbre es una completa esclavitud. Gladiadores consumidores del Imperio que saludamos al César de las empresas multinacionales cuando vamos a morir al contraer deudas impagables. A ese Yo del madero lo denomino Sujeto del Mandato. Muere contento sin haber batido a ningún enemigo. En realidad más que contento muere maníaco. Porque así vivió y alucinó que tomando coca cola todo va mejor. El cooperativismo de trabajo actualiza la sexta protofantasía. Y una alegría es que ex cursantes de mi seminario optativo de Psicoanálisis Implicado han fundado dos cooperativas de trabajo en la ciudad de La Plata. Algunas semillas germinan. Todo mi trabajo con fábricas recuperadas y colectivos autogestionarios verifica una y otra vez que no solamente otro mundo es posible, sino que el único mundo que no es posible es éste que tenemos. ¿Concepción del universo? Apenas convicciones de lo diverso, de los finitos pero indefinidos despliegues pulsionales. Y la primera fábrica a recuperar es nuestra propia subjetividad cristalizada. Donde lo importante no sea entender, sino interpelar y dejarse interpelar. A mis alumnos (palabra que no significa “sin luz” sino discípulo y también, capacidad de alimentarse) les transmito en la primera clase un aforismo: “lean, aunque entiendan”. Porque la lectura es la primer interpelación, y muy especialmente leer más allá de los textos psicoanalíticos. Ya mencioné “1984”.  En los seminarios de la AEAPG, mi consigna de trabajo es: “para ustedes el texto es Freud. Para mí el texto son ustedes.” Un seminario, un grupo de estudio, también es un colectivo fraterno. Un dispositivo asimétrico pero no jerárquico donde no hay lugar para ningún proto sabio padre. La sublimación como destino pulsional también puede ser castrada. De hecho, a eso se dedicaba la Inquisición. Y todos sabemos que hay docentes inquisidores alertas a supuestas herejías del pensamiento oficial. La propuesta de pensar en una sexta protofantasía es también la de pensar la complejidad del Edipo para salir del encierro del Complejo. Cuestiono fuertemente que lo mejor para el sujeto sea sostener al príncipe heredero. El Edipo como complejidad abre y despliega. No es el superyó la única llave que abre las puertas de la exogamia, en realidad, es la peor de todas. Ni la latencia el único puerto al que hay que ir por leña. El Complejo anclado en las 5 protofantasías, no tiene elaboración posible. No en el marco de lo individual. Complejidad alude a diversidad, a devenires múltiples, a polisemias necesarias. Establecer que el superyó es el heredero del Edipo como Complejo, y que además, el único heredero, transforma un problema en un dilema. Y al Complejo en un laberinto techado del cual no se puede salir ni siquiera volando, y cuando finalmente se sale, metamorfosis de la pubertad mediante, es para repetir el modelo identificatorio originario. La familia nuclear como otra masa artificial, quizá la más poderosa de todas. En una cultura donde hasta los perros se parecen a sus dueños, no es muy probable que los hijos se diferencien de su madre y de su padre. Algunos llegan a poderosas formaciones reactivas, la mayoría, ni siquiera eso. Diversas formas de catequesis, incluso laicas, privilegian la repetición de la cultura que la subversión de la misma. No es lo mismo la latencia congelada de la escuela sarmientina, que la latencia fogoneada desde la educación popular. El Edipo pensado como complejidad hace foco en el parricidio. Matar al padre antes que el padre mate al hijo. Matar al proto padre que todo padre aún conserva. De nada vale la pregunta “¿por qué me abandonaste?” cuando ya está crucificado. La marca superyoica es la cruz, aunque venga sin espada. En la complejidad del Edipo hay muchos herederos, pero ninguno que pretenda ser el único. A esa multiplicidad de herencias el psicoanálisis implicado denomina: “modo yoico de producción de subjetividad”. Una plaza de deseos en lugar de un circo romano de mandatos. Podrás amar a tu padre y a tu madre, pero para honrarlos…la vida dirá. Honrar, honra, pero solo cuando es por deseo. Y el Superyó heredero del Complejo sabe de todo, menos de desear. La cultura represora odia el deseo y no solamente el incestuoso; o mejor aún: todos los deseos son incestuosos y solo uno está permitido: el deseo del mandato. Desear para no desear, caminar en círculos para cansarse sin avanzar. Muchos se rinden y quedan en los limbos de las tierras áridas. El ensuciado de cerebro está consumado. No hará nada por placer sino que hará todo por la culpa que sentirá si no lo hace. Enculpamiento, sometimiento. El colectivo cultural de la hermandad ya no enfrenta al Proto Padre, incluso lo admira. Habrá que desconectarse de la Matrix Edípica. Y que la ley primera sea sostener alianzas fraternas. Insisto: donde haya asimetrías, pero no jerarquías. Construir subjetividad sin amos ni patrones. Y para esta magna tarea, no es necesario ser psicoanalista, pero ayuda.

 Anexo: Las  seis protofantasías pueden modelizarse como el anillo de benceno: castración, parricidio, seducción, incesto, escena primaria y colectivo fraterno.

Bibliografía:

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Bauleo, A. y otros. (1971). Cuestionamos1 y 2. Buenos Aires: Editorial Granica.

Bleichmar, S. (2005). La subjetividad en riesgo. Buenos Aires: Topía Editorial.

Gerez Ambertin, M. (2007). Las voces del superyo. Buenos Aires. Letra Viva Editorial.

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Grande, A. “La ley y la trampa” en El Grito año 2009,  Nº 1 .(Pag.6-7) Buenos Aires.

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Verbistky, B. (1957). Villa Miseria también es América. Buenos Aires: Editorial Sudamericana.

Walsh, R. (1977). Carta abierta a la Junta Militar.

Zito Lema, V. (1976). Conversaciones con Enrique Pichón Riviere. Timerman Editorial.

[1] Médico Psiquiatra. Psicoanalista. Cooperativista y Escritor. Redactor de la Agencia de Noticias Pelota de Trapo. Profesor Titular de Teoría Psicoanalítica en el AEAPG. Docente de Cursos de Psicoanálisis Implicado en las Facultades de Psicología de las Universidades Nacionales de Mar del Plata, La Plata y Rosario. Miembro Fundador de ATICO, cooperativa de trabajo en salud mental. Miembro de Honor de la Sociedad Cubana de Psiquiatría.

Es socio Activo  de  la AEAPG (Asociación Escuela Argentina de Psicoterapia para Graduados)  Reside en Buenos Aires.

Mail: dr.alfredogrande@gmail.com

[2] Villa Freud: zona de la ciudad de Buenos Aires donde en las décadas del 60, 70  había la mayor densidad de psicoanalistas por metro cuadrado. En la actualidad, hay consultorios de psicoanalistas en toda la ciudad y en zonas de lo que llamamos el “conurbano”

[3] En la AEAPG funciona el Área de Psicoanálisis Implicado y Clínica Social que coordino con José Graiño.

[4] Alude al refrán “todo bicho que camina va a parar al asador”

[5] Aylen y Marina, encarceladas por defenderse de su violador.

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