“CONSIDERACIONES SOBRE LA AGRESIÓN, UN RECORRIDO POSIBLE”

Autores: Avenburg, Ricardo [1]
Cheja, Reina[2]
Van Domselaar, Bárbara[3]
Vilas, Carolina[4]
Sívori, Belén[5]

 

En las palabras preliminares, Julia Mengual[6] presenta la dinámica y las condiciones en que se desarrollan nuestros encuentros semanales, con la participación de todos los miembros de la Institución, a partir de la elección de una temática que será la propuesta de trabajo del ciclo. La misma se desarrolló durante el 2012 en el marco de la transición institucional que se fue configurando y que nos va configurando a través de la práctica del pensar juntos.

A continuación se desarrollan distintos recorridos acerca de la agresión. En primer término Ricardo Avenburg conversa con Hartman, Kris y Loewenstein a partir del artículo de la Revista de Psicoanálisis del año 1951, cuyo título es “Notas sobre la teoría de la agresión”. Arriba a la idea de que el trabajo prioriza un punto de vista fenoménico y que los autores consideran a  la agresión como un impulso autónomo, con fuentes, metas y objetos determinados.

Posteriormente el resto de los autores mencionados abordan tres textos de la obra de Winnicott, señalan el camino que éste va realizando acerca del concepto de la agresión. En Winnicott el amor y el odio constituyen los principales aspectos a partir de lo cual se elabora lo humano. A través de su obra DWW nos desafía a pensar paradojalmente; Amar lo odiado y odiar lo amado ¿no es otra de sus paradojas?

Palabras Clave: Agresión- impulso- integración- destructividad- relación de objeto.

Palabras Preliminares

La elaboración que aquí presentamos es el resultado de un proceso conjunto en el seno de nuestras reuniones científica en SPS. En el intento de seguir los lineamientos que hoy nos nuclean como tal. Estamos convencidos de que las estructuras verticalistas favorecen angostamientos en los procesos de pensamiento, en tanto son el campo de cultivo para que salgan a la luz mecanismos de poder (basados en criterios narcisistas), con la consecuente instalación de un pensamiento que desde este lugar, nunca puede ser complejo, aún cuando así se lo teorice.

La formación permanente y la organización horizontal dan apertura a líneas de pensamiento actuales, recuperando la función crítica y promoviendo la profundización y la discusión. Este es el marco de trabajo cuyo inicio hoy damos a conocer.

  1. Conversando con Hartmann, Kris y Loewenstein en “Notas sobre la teoría de la agresión” [7]

Este trabajo comienza haciendo referencia a los desarrollos de Freud con respecto a la agresión, primero como un componente libidinal y luego referido, en tanto impulso de dominio, a los instintos de autoconservación para culminar con la formulación definitiva de la dualidad instintiva en términos de vida y muerte y dice:

“(…) una parte de las consideraciones sobre las que Freud basa su especulación en su monografía ‘Más allá del principio del placer’ se refiere a problemas que deben discutirse y probablemente dilucidarse en el terreno biológico, posiblemente con ayuda de biólogos experimentales. (…) Por lo tanto no discutiremos las especulaciones biológicas de Freud y todo lo que diremos sobre la naturaleza de los impulsos agresivos es independiente de las hipótesis de Freud, para quien las manifestaciones agresivas dirigidas contra el mundo son externalizaciones del instinto de muerte. (…) Al exponer nuestros puntos de vista nos basaremos en gran parte en una comparación entre libido y agresión, en primer lugar porque se ha concedido más atención a los problemas de implicaciones libidinales que de agresivas y, en segundo lugar, porque para la comprensión adecuada de varios de los problemas que discutiremos, tomamos en cuenta las hipótesis generales sobre la naturaleza de los impulsos instintivos. (…) La comparación entre libido y agresión comienza con problemas de terminología: oponemos los impulsos sexuales, en el sentido amplio definido por Freud, a los impulsos agresivos; pero mientras llamamos libido a la energía adscripta a los impulsos sexuales no nos hemos decidido a adoptar un término similar para la energía de los impulsos agresivos”.

 

El desarrollo de la teoría estructural (la división entre el yo, el superyo y el ello) implicó una mayor interdependencia “(…) entre los conceptos estructurales y las hipótesis sobre la naturaleza de los impulsos instintivos en general y (…) fue posible diferenciar entre ‘instinto’ como se usa generalmente en psicología y especialmente en psicología animal e ‘impulso instintivo’ como traducimos el ‘Trieb’ usado por Freud”. Según los autores esto lo hacen teniendo en cuenta que “(…) la organización estructural es máxima en el hombre, es mínima en los animales inferiores. (…) En el hombre, el yo actúa de intermediario entre el impulso instintivo y el ambiente. Su organización garantiza la adaptación. Mientras que el impulso no puede alcanzar su fin sin la intervención del yo, el instinto puede hacerlo por sí mismo”. Para asegurar la gratificación de los impulsos instintivos se requiere un aprendizaje, los instintos. “(…) pueden conducir a la gratificación sin o con un mínimo de aprendizaje”. “No consideramos ya la existencia de un ‘instinto de autoconservación’ independiente o impulso hacia la supervivencia pero damos importancia entre los factores que contribuyen a la supervivencia a las funciones del yo (…)”.

En resumen, los autores no comparten ninguna de las teorías instintivas (o de los Triebe) de Freud; oponen los impulsos instintivos sexuales a los impulsos instintivos agresivos. Tras los impulsos instintivos sexuales hay una energía que llaman libido, mientras que la energía adscripta a los impulsos instintivos agresivos queda innominada. No queda aquí aclarado qué es esta energía (¿es biológica?) y qué la diferencia de los impulsos instintivos a los que se adscribe.

“Podemos comparar a la libido y a la agresión según las cuatro características enumeradas por Freud como esenciales para la descripción de cualquier impulso: pulsión (‘Drang’, López y Ballesteros lo tradujo por perentoriedad), fuente de origen, el fin y el objeto pero es evidente un paralelo estricto en relación con la pulsión (Drang [8]) de la libido y de la agresión. “Todo impulso es una forma de actividad; si hablamos de impulsos pasivos sólo podemos significar a aquéllos que tienen un fin pasivo (Freud, 1915). Aunque esto fue escrito en una época en que Freud pensaba en términos de impulsos libidinales, indudablemente también es válido para la agresión”.

 En relación a que “todo impulso es una forma de actividad”, los autores distinguen tres significados de actividad: 1) actividad vs. inactividad; 2) actividad vs. pasividad; 3) “… se diferencia el amar ‘activamente’ del ser pasivamente amado”. “En el caso de la agresión, es con frecuencia difícil distinguir entre la segunda y tercera definición…”.

También se me hace difícil diferenciarlos en el caso del amor.

“La agresión ‘activa’ se refiere al deseo de dañar, de dominar o de destruir un objeto, la pasividad se relaciona con el deseo de ser dominado, dañado o destruido”. Se manifiesta habitualmente como tendencias masoquistas, que presuponen fusión con libido.

Con respecto a las fuentes “Freud estudió las supuestas fuentes bioquímicas de la libido, particularmente en relación con el desarrollo de las zonas erógenas. Respecto a la agresión no se han elaborado hipótesis similares”.

Es que para Freud, en su primer teoría de los “Triebe” (prefiero usar acá el término alemán para que no se generen confusiones en la traducción) la contrapartida de la libido o “Triebe” sexuales es el “Trieb” de autoconservación, cuyas fuentes no han sido profundizadas (como dicen los autores con respecto a la agresión), o sea que no se les atribuyó zonas específicas del cuerpo (salvo el sistema muscular). En cuanto a la segunda teoría, las fuentes de los “Triebe” de vida y de muerte están en cada célula del organismo (es lo que yo infiero de “Más allá del principio del placer”); pero los autores no consideran esta teoría.

“La descarga de tensiones libidinales sigue con frecuencia curvas de tiempo específicas, mejor conocidas desde el estudio del orgasmo. La descarga de la tensión agresiva está estructurada menos claramente. Algunas observaciones sugieren la participación de un elemento temporal… que en la preparación para las descargas agresivas se produce un fenómeno correspondiente al ‘preplacer’ o al aumento de la tensión y que la realización del acto agresivo se acompaña y es seguida de sentimientos francos de saturación o satisfacción”.   

Pienso que a diferencia del “Trieb” de muerte, la agresividad se manifiesta fenoménicamente y entre sus manifestaciones hay diferencias cualitativas (hay muchas formas de agresividad) que implican diferentes tiempos y ritmos de descarga que, por otra parte, nunca surge en forma pura sino con distintos niveles de mezcla con sexualidad.

Y los autores lo reconocen: “Además suponemos que (…) la descarga de libido y agresión se cumple frecuentemente en el mismo acto”.

Con respecto a los fines de la agresión, la remiten a un factor predominantemente cuantitativo, “al grado de descarga que permiten” y uno cualitativo, “los medios utilizados en la descarga”.

“Mediante una catexis simultánea con la libido, los fines de la agresión se modifican. Esta modificación puede efectuarse de dos maneras diferentes: por la mera coexistencia de dos revestimientos que conducen a la prevalencia de la libido sobre la agresión y por la fusión de ambos impulsos instintivos”.

Por lo que dicen podemos suponer que los autores piensan en la existencia de una agresión pura que a su vez puede coexistir con libido; sigue pendiente la pregunta: ¿cuál es la energía pura adscripta a la agresión? Otra pregunta: ¿a qué se refieren con la fusión de ambos impulsos? Freud se refiere a la “Mischung” (mezcla) de Triebe de vida y muerte. ¿Se puede trasladar este concepto a conceptos de un estatuto y/o nivel de conceptualización diferente (si es que al decir “fusión” piensan en la “Mischung”)?

“Sin embargo, el hecho de que los fines últimos de la agresión sean modificados con mayor frecuencia por la libido que los de ésta por la agresión, puede muy bien relacionarse con la importancia genética del objeto amoroso para la supervivencia del individuo”.

Me parece difícil definir la frecuencia con que la libido modifica los fines últimos de la agresión (¿se refieren a la destrucción del objeto?) en relación a aquélla en la que la agresión modifica los fines últimos de la libido. Además, ¿cuáles son los fines últimos de la libido? Para Freud el fin último del “Trieb” sexual es la conservación de la especie, la conservación del individuo está dada por el “Trieb” de autoconservación; los autores refieren la autoconservación (“la supervivencia del individuo”) a la presencia del objeto amoroso, al que le dan una “importancia genética”, con lo cual se introducen en el campo biológico, cosa que querían evitar al no introducirse en la teoría de los “Triebe”.

Describen luego cuatro tipos de conflictos…

“a través de los cuales se modifican los fines de la agresión:

1) La agresión y la libido pueden entrar en conflicto cuando la catexis de ambos impulsos reviste al mismo objeto (conflicto instintivo).

2) La reacción del objeto ante las tentativas de realización de actos agresivos puede poner en peligro al individuo (conflicto con la realidad).

3) Este peligro puede ser previsto por el yo, que está ya en parte identificado con el objeto, pudiendo oponerse el yo a la realización de los actos agresivos (conflicto estructural que involucra al yo).

4) El conflicto puede involucrar valores morales (conflicto estructural que implica al superyo)”.

 

Me parece correcta la descripción, salvo que quisiera agregar que las cuatro causas de modificación de los fines involucran un yo, quien es el que percibe el conflicto instintivo y evalúa la actitud del objeto para con él.

Y vinculado con la participación del yo (aunque no lo dicen) pasan a enunciar que no van a entrar en el tema de los mecanismos de defensa, aunque dicen que es posible que “algunos mecanismos de defensa sean más eficientes en el manejo de los impulsos libidinales y otros en el de los agresivos”.

Según Freud los mecanismos de defensa, que por cierto son inconscientes, se dirigen contra deseos sexuales y si lo hacen con los agresivos es en tanto estén vinculados a deseos sexuales infantiles y de una u otra manera vinculados al complejo de Edipo. Citando a Freud dicen que para el caso de la represión “los elementos libidinales se transforman en síntomas y los componentes agresivos en sentimiento de culpa”.

“Seleccionamos aquí cuatro tipos de procesos que modifican el choque de la agresión. Esta modificación se logra: 1) por el desplazamiento de la agresión hacia otros objetos; 2) por la restricción de los fines de los impulsos agresivos; 3) por sublimación de la energía agresiva y 4) mediante las influencias de la libido, mencionadas más arriba; una de éstas actúa como fusión”.

Un tema que vale la pena considerar: ¿qué relación hay entre la sublimación y la fusión instintiva? En principio uno se inclinaría a identificarlas. Klein identifica sublimación con reparación, la cual es producto de la integración del objeto bueno y el objeto malo, o, lo que sería lo mismo, de instinto de vida e instinto de muerte. Freud, en cambio plantea la sublimación como desexualización (lo contrario de fusión) y en “El yo y el ello” la da como producto de una desmezcla. Acá los autores diferencian fusión de sublimación (aunque no los oponen).

Refiriéndose a esos cuatro tipos de procesos dicen:

“Estos procesos son con frecuencia interdependientes; en la observación clínica no siempre es posible separarlos. Son bien conocidas las modificaciones paralelas de los impulsos libidinales. Sin embargo, su pertinencia es mayor en lo relativo a la agresión, ya que la descarga ‘plena’ de la energía agresiva perjudicaría a los objetos, mientras que la descarga plena de libido, por más peligrosa que pueda ser, no amenaza a la existencia del sujeto mismo”.

 

No sé si los autores tienen en cuenta el tema de la castración como amenaza (fantaseada y temida) a consecuencia de ciertas descargas libidinales.

“Poco se sabe sobre las condiciones de fusión y defusión entre agresión y libido (…)” y pasan a “(…) discutir brevemente la sublimación de la energía agresiva (…) Aquí llegamos a una laguna en la exposición de Freud”.

Es que Freud sólo pudo haber hablado de la sublimación de la energía agresiva en tanto la consideraba como parte del “Trieb” sexual. La agresión no es para Freud un “Trieb” primario como lo son, en su primera teoría, los “Triebe” sexuales y los de autoconservación, y en su segunda, los de vida y muerte; la agresión es ya producto de una mezcla, cualquiera fuese la teoría que use. El problema en este trabajo, hasta donde lo veo, es la utilización de términos derivados de teorías de los “Triebe” que ellos no comparten. Entiendo (aunque no lo comparto) que ellos hablen de impulsos instintivos y no de instintos (no sé cuáles son los términos utilizados en su idioma original), pero no se entiende sobre qué base hablan ya que lo hacen como si en parte compartiesen los conceptos originados en la teoría que no comparten (ante todo el término de fusión y tal vez sublimación).

Freud “introdujo la idea de la sublimación de la libido, es decir de una transformación de la libido en energía neutralizada, que contribuye a la constitución de relaciones objetales permanentes y a la formación de una estructura psíquica; por lo tanto, en cuanto existe estructura psíquica, esta energía está a disposición del yo y del superyo; pero Freud no elaboró con suficiente detalle las implicaciones de la idea de neutralización de la energía agresiva”. Y en una nota al pie: “Freud (1923) supuso que la energía neutral se origina sólo en la libido. Sin embargo, supuso también que esta energía neutral podía ser reforzada igualmente por impulsos agresivos y libidinales”.

En el único lugar que encontré el tema de la neutralización en Freud es en “El yo y el ello” (1923), dice lo siguiente (en mi traducción. Freud GW 13 Pág. 269):

“A consecuencia de la unión (‘Verbindung’) de los organismos elementales unicelulares en seres vivos pluricelulares se habría logrado neutralizar (‘neutralisieren’) el instinto (‘Trieb’) de muerte de la célula individual y desviar las mociones destructivas hacia el mundo exterior por mediación de un órgano particular”.

 

No parece ser el sentido que pretenden darle los autores al concepto de neutralización.

Otro párrafo: en éste Freud no usa el término neutral, habla de energía indiferente, pero que Strachey lo traduce como neutral es (Freud, GW 13 pág. 272) al hablar de la relación de la paranoia con la homosexualidad:

Al tener en cuenta la “transformación de amor en odio hemos hecho calladamente otra presunción, que merece ser explicitada. Hemos dispuesto como si hubiera en la vida anímica –independientemente si en el yo o en el ello- una energía desplazable, la cual, en sí indiferente (‘Indifferent’; Strachey: ‘neutral’) que puede incluirse en una moción cualitativamente diferenciada erótica o destructiva cuya investidura total puede elevar”.

No parece que hubiese sido pensando en este párrafo que los autores hayan extraído el concepto de una energía neutralizada, lo cual parece confirmarse en los párrafos que siguen: “Nos inclinamos a considerar la contribución de la energía agresiva neutralizada al acervo del yo y del superyo como de importancia por lo menos igual a la de la libido (…) en forma sublimada la energía agresiva puede integrarse en la estructura del yo y del superyo”.

Resumiendo: la sublimación se entiende como neutralización, tanto referida a la libido como a la agresión, cada una independientemente de la otra y siendo (la sublimación-neutralización) diferente a la fusión instintiva.

“Y si volvemos aquí al concepto de fusión de los instintos, parece sugestivo suponer que la neutralización parcial de la energía del impulso establece condiciones favorables para la fusión de libido (residual) y especialmente de agresión (residual)”.

Parecería que la neutralización, tanto de la libido como de la agresión, deja un residuo de cada uno de esos impulsos instintivos para el cual la fusión está facilitada.

Refiriéndose a Freud dicen:

 “Despreció tomar en cuenta el haber establecido un concepto más complejo de narcisismo, que incluye no sólo el ‘amor a sí mismo’ sino también otras catexis de la personalidad: una de las formas de esta catexis es la catexis del yo con libido neutralizada. Análogamente suponemos la existencia de una energía psíquica neutralizada ‘desprovista de agresividad’, que no conduce a la autodestrucción (…)” como la agresión internalizada “(…) sino que suministra energía motora al yo y al superyo y dota particularmente al yo para sus funciones en la acción (…) si en el equilibrio entre libido y agresión se verifica un desplazamiento hacia la agresión, este desplazamiento no tiene que interferir necesariamente con la estabilidad emocional del individuo”. Es “(…) un prerrequisito de máxima importancia para la integración mental y el dominio del ambiente”. “La agresión está íntimamente vinculada al aparato del yo, especialmente al aparato muscular, cuya función es (…) más importante para la descarga de la tensión agresiva que la libidinal”. “Cuando interviene la agresión, los medios y los fines se hallan mucho más diferenciados que cuando está implicada la libido”.

Estaría yo parcialmente de acuerdo con la significación de la agresión en la conducta humana, pero no sé, según los autores, de dónde viene la agresión. Para mí es una conducta vital producto de una mezcla de instintos primarios, los de vida y muerte. La libido es expresión del instinto sexual que, con el de autoconservación, serían primarios en un nivel de análisis y pasan a ser, en otro nivel, mezcla de los de vida y muerte que serían primarios en lo que se refiere a la vida en general. En este trabajo la agresión es presentada como un instinto por sí mismo sin que su fundamento sea definido, que puede ser peligroso para el sujeto y para el objeto y que pasa a tener una importancia fundamental cuando está neutralizado. ¿Cómo se produce la neutralización? ¿Por medio de la libido? No, porque la neutralización o sublimación es diferente a la fusión de libido y agresión. En cuanto a que “Cuando interviene la agresión los medios y los fines se hallan mucho más diferenciados que cuando está implicada la libido”, ¿cuál es el fin de la agresión del cual dependen los medios? Para mí es la conservación y defensa del individuo, la posibilidad de acceder a sus deseos, tanto de autoconservación como sexuales; en cambio el fin de la libido es, en última instancia, la conservación de la especie. Para Freud, en su segunda teoría instintiva, la unión es aportada por Eros y la separación (y diferenciación) por el instinto de muerte, pero acá estamos en otro nivel de análisis, de fundamento netamente biológico, en el cual los autores explícitamente no quieren entrar.

Tras dar un ejemplo clínico, continúan:

“En una situación de peligro objetivo la descarga de la energía agresiva es normal y fisiológicamente preformada: la sexualización de las situaciones de peligro objetivo conduce a situaciones patológicas (masoquismo)”.

¿Qué diferencia hay para los autores entre sexualización y fusión? Desde mi punto de vista la sexualización de una función es su contaminación con sexualidad reprimida que retorna de lo reprimido bajo la forma de un síntoma. En Freud el concepto de fusión (“Mischung”) se refiere a la integración de Eros e instinto de muerte. Posteriormente los autores se refieren al masoquismo como producto de “la internalización en el yo de la energía agresiva no neutralizada”. Por lo tanto el masoquismo se debería a dos condiciones: “la sexualización de las situaciones de peligro objetivo” y a “la internalización en el yo de la energía agresiva no neutralizada”.

Abordando el aspecto genético dicen: “Hasta ahora intentamos discutir las propiedades de los impulsos agresivos y libidinales sin referencia explícita a los problemas del desarrollo de la personalidad; la relación de las hipótesis genética y dinámica en psicoanálisis es tan intrincada que esta discusión aislada resulta difícil (…) no estaremos en condiciones de adherir estrictamente a secuencias cronológicas, sino más bien de usar los problemas de orden genético como marco para la discusión”.

“Partimos de la hipótesis de la existencia de una fase indiferenciada de estructura psíquica. Durante esta fase las manifestaciones libidinales y agresivas son frecuentemente indistinguibles o difíciles de distinguir”. Sí podemos “diferenciar entre las manifestaciones de placer y displacer (…)” así como “(…) se establece gradualmente la diferenciación entre la persona y el mundo externo…” a la vez que “… existe una tendencia a relacionar el displacer con el ‘mundo externo’ y el placer con ‘la persona’”.

Corresponden al yo real primitivo (“diferenciación entre la persona y el mundo externo”) y el yo de placer purificado (“tendencia a relacionar el displacer con el ‘mundo externo’ y el placer con ‘la persona’), precondiciones, según mi punto de vista, para la expresión diferenciada de la libido y la agresión; dicen los autores que “la localización del displacer fuera del cuerpo provoca la catexis de la fuente de displacer con agresión”. O sea que el displacer, es, a partir de un momento temprano del desarrollo de la personalidad, asociado o investido con agresividad, pero “(…) este punto de vista tiene validez plena sólo en condiciones de escasa diferenciación del aparato psíquico, es decir mientras todavía no tenga lugar la neutralización de la energía agresiva por el yo y el superyo”.

“Parece inevitable suponer que el hecho mismo de descarga de tensión agresiva es placentero”. Por lo tanto al investirse la fuente de displacer con agresión hace que ésta, en la descarga, transforme la fuente de displacer en fuente de placer. A su vez, en el sadismo, al placer de la descarga agresiva se agrega un “(…) placer adicional por la inflicción de dolor, por el sufrimiento o la humillación de los otros. Por lo tanto, el sadismo sólo puede considerarse en el contexto de una relación objetal compleja y ya desarrollada”.

“Tanto en el sadismo como en el masoquismo, los nuevos fines de los impulsos dependen de la fusión de agresión y libido”.

Acá se puede observar claramente la diferencia, para los autores, entre fusión instintiva y neutralización o sublimación, si bien los autores no explican en qué consiste la neutralización.

“Creemos que ahora estamos en condiciones de abordar un tipo de conflicto que se suscita en la más temprana infancia: el conflicto con el objeto (conflicto con la realidad) (…). Hablamos de conflicto relativo al objeto debido a la oposición de los impulsos agresivos y libidinosos (conflictos instintivos) pero no discutimos qué influencias están limitadas a tener las reacciones manifestadas por el objeto (…)” que impone al niño privaciones y “(…) el niño tiene que aprender a posponer la gratificación inmediata”.

Hipótesis tempranas de Freud (…) “parecen suponer que la agresión se origina (…) como consecuencia de las experiencias de privación a las cuales está expuesto”.

Creo que más que hipótesis son datos de observación directa que siguen siendo válidos a lo largo de la obra de Freud más allá de la modificación de la teoría instintiva que se mueve en otro nivel conceptual.

“Las vicisitudes de la agresión recuerdan en tal grado a las de la sexualidad que parece conveniente la hipótesis de una fuerza impulsiva constante comparable a la de la libido”.

Es que la agresión forma parte de la libido así como del instinto de autoconservación, al menos desde el Freud tal como lo entiendo yo. Los autores la consideran una fuerza impulsiva constante, dándole aparentemente una connotación de un instinto primario, estatuto que no parecen aceptar para lo que llaman “mociones instintivas”. Lo que no queda claro es de dónde vienen, lo que vale también para la libido: en principio las separan de los instintos.

A partir “de las hipótesis que aquí sostenemos puede arrojarse nueva luz sobre las relaciones entre privación y agresión”. “La necesidad de alimento y su ingestión están reguladas por los mecanismos fisiológicos”.

¿La sexualidad no?

“La ingestión de alimentos permite la gratificación de necesidades libidinales…. dar alimento significa también en esta época dar amor”.

No me cabe duda que esto es así, pero la libido ¿es secundaria y dependiente del instinto de autoconservación, el cual sería su fundamento fisiológico?

“Al mismo tiempo sabemos que el morder el alimento, su desaparición, su incorporación, proporcionan satisfacciones agresivas en el comienzo del desarrollo”.

Hablan luego de tres clases diferentes de privación:

1) “… la ausencia de alimento priva al niño de oportunidad de descargar tensión agresiva al incorporarlo”.

Acá los autores tienden a separar la tensión agresiva de la libidinal: creo que en este caso la agresión (yo diría el sadismo) del bebé es parte constitutiva de la libido y no un instinto separado; acá el bebé estaría privado de descargar tanto los aspectos amorosos como los sádicos libidinales así como hay una privación en el área de los instintos de autoconservación que los autores no consideran.

2) La hipótesis original de Freud “de acuerdo con la cual la agresión llega a ser una verdadera reacción a la privación”.

Acá la reacción no sería por privación de impulsos agresivos sino por una privación en principio libidinal.

3) “Poco puede decirse sobre el tercer componente de la privación, el aumento de la tensión fisiológica, el hambre y la sed por sí mismos”.

Me parece muy forzada esta distinción entre las tres formas de reacción agresiva que, en resumen, serían por privaciones fisiológicas, por privación de descarga agresiva y por privación de descarga libidinal.

Con respecto a la “(…) respuesta del objeto a la agresión (…) tenderá a variar considerablemente de acuerdo con el estado de desarrollo libidinal y del yo del niño, con las manifestaciones de agresión y con las predisposiciones individuales de los padres, pero también de acuerdo con las normas sociales en rigor”. Los estados de desarrollo del niño considerados, son, primero “(…) cuando el niño llega a ser capaz de formar una relación objetal duradera (…)” que dependerá de una neutralización parcial de la libido y la agresión. “Existen estados de transición en los cuales el tipo más antiguo de oscilación y la tentativa de establecer una relación objetal permanente se encuentran en conflicto entre sí y en las cuales puede observarse una oscilación rápida entre los impulsos agresivos y libidinales dirigidos contra un objeto”.

Se pasa luego del temor a la pérdida de objeto al temor a la pérdida de amor: corresponde a un niño de 2 años que se une tenazmente a la madre a la cual tortura con sus exigencias, “(…) reflejo de la lucha entre agresión y libido”.  Este estadío exige que ambas energías, la libidinal y la agresiva, sean neutralizadas y que su expresión se socialice.

Pasan a hablar de la fase edípica, con la formación del superyo y “(…) especialmente la ampliación de las funciones del yo de naturaleza autónoma en la esfera exenta de conflicto”; en cambio las funciones del superyo conservan en parte las características originales del impulso del cual extraen su energía, al dirigir esa energía contra el yo. “Sólo el desarrollo de las relaciones objetales durante la latencia y la prepubertad y la maduración de nuevos modos de descarga suministrados por la organización genital permite lo que podría considerarse como la integración óptima de la descarga de ambos impulsos”.

En resumen: los autores trabajan la agresión como un impulso autónomo, con sus fuentes, metas y objetos determinados, al igual que la libido. No admiten una teoría general de los “Triebe” y no consideran ni la dualidad sexualidad-autoconservación ni la de vida-muerte, a la que le adscriben un estatuto biológico (con lo cual estoy de acuerdo) y que deberá ser estudiado en ese campo, no admitiendo la especulación a nivel psicológico.

Lo que no se sabe de dónde vienen, para los autores, la libido y la agresión y se dan como tal y son pensados a partir de ellos mismos. Los impulsos instintivos (y no los instintos) son puramente psicológicos o, por lo menos, se manifiestan en este nivel sin que estén definidos sus fundamentos biológicos. Desde mi punto de vista quedan en el aire, así como el concepto de fusión (“Mischung”), extraídos, por lo menos del Freud tal como yo lo entiendo, de fuentes biológicas; tampoco se entiende en qué consiste el concepto de neutralización.

En este trabajo me parece que hay un desarrollo muy completo y detallado del tema de la agresión desde el punto de vista fenoménico pero conceptualmente lo siento en el aire.

  1. “La agresión como experiencia. La experiencia de la agresión”

“Sólo a partir de la no-existencia, puede comenzar la existencia”. D. W. Winnicott.

 

Abrir los textos de Winnicott, las hojas amarillentas, es volver a sentir bocanadas de aire fresco.

Él constituye un buen exponente del empirismo inglés, autor cuya lectura es aparentemente simple, pero no tiene nada de esto; desde el principio nos enfrenta con lo fundamental de su obra “la paradoja y los fenómenos transicionales”.

Él puso a jugar el método y la teoría, dándole un nuevo estilo, pensando al analista como aquel que siempre está al borde de la interpretación y sólo la implementa cuando es imprescindible. También sostiene que el terapeuta debe ser usado, para ser dejado y después olvidado.

Para empezar a jugar se nos ocurrió analizar los siguientes trabajos de Winnicott donde él expone sus ideas sobre la agresión, dando cuenta de la complejidad de su teoría:

“La agresión en relación con el desarrollo emocional” (1950 – 1955).

“Agresión, culpa y reparación” (1960).

“El uso del objeto y la relación por medio de identificaciones” (1969).

 

II a. Algunos trazos sobre la agresión en Winnicott…

“La agresión en relación con el desarrollo emocional” (1950-1955)

El texto esta incluido en el libro “Escritos de Pediatría y Psicoanálisis” y dentro del mismo se presentan dos ponencias de DWW, una del año 1950 y otra de 1955. Con un estilo denso, poco habitual en él, se propone relacionar la agresividad individual con los fenómenos sociales, diciendo que para ello se hace necesario conocer las raíces profundas de la misma.

Para el autor el origen de la agresividad esta dado desde la movilidad intrauterina, junto a las primeras expresiones amorosas. Así afirma que “el erotismo oral reúne una serie de elementos agresivos”. (Winnicott, 1950. Pág. 282)

En cuanto al desarrollo emocional temprano, distingue una fase muy primitiva de “preinquietud” en la cual la agresión forma parte del amor. Por lo tanto la pérdida de la agresión en estas fases puede llevar a la pérdida de la capacidad de amar. Luego describe una fase intermedia en la que hay preocupación por el resultado de las propias acciones (podríamos decir, un reconocimiento temprano de otro) que tendría como consecuencia el sentimiento de culpa, referido al daño que se podría haber producido a la persona amada. Aquí relaciona estos sentimientos con la actividad social posterior del individuo y de alguna manera retoma el planteo inicial de la agresividad y los fenómenos sociales. A la tercera fase la llama “total personal” y en ella se dan las relaciones interpersonales, las situaciones triangulares y la diferenciación conciente inconciente.

El apartado titulado “Crecimiento del mundo interno”, sección muy winnicotiana por cierto, describe el estado de salud como aquel en el que existe una buena interacción entre mundo interno-mundo externo. “El niño extiende una especie de puentes (juegos, sueños, etc.) entre uno y otro” (Ib. Pág. 286). Con ejemplos muestra como en un niño la agresión que viene del mundo externo y no puede ser tramitada en el mundo interno, vuelve aparecer puesta en el afuera.

La segunda parte del artículo lleva como título: “Las raíces precoces de la agresividad”. Allí  Winnicott se pregunta, “¿(…) la agresión viene de la ira suscitada por la frustración o bien tiene una raíz propia?” (Ib. Pág. 289). A modo de respuesta sostiene que la agresión desde el comienzo es reactiva a la insatisfacción de las necesidades del ello y que para hablar de destrucción es necesario pensar en un yo integrado y organizado que pueda sentir ira. “Por tanto el odio no es posible decir que exista en las fases precoces” (Ib. Pág. 290). Nos preguntamos nosotros ¿son afectos diferentes ira y frustración o la diferencia esta dada por el nivel de estructuración psíquica y la capacidad de elaboración que esta conlleva?

Continua nuestro autor rastreando en la prehistoria del elemento agresivo, afirma que una madre suficientemente buena expresa el amor en términos físicos, se identifica y adapta a las necesidades del yo incipiente y así posibilita al bebé ir integrándose y tolerando la hostilidad. Cuando esto no sucede el niño puede sentirse atacado y reaccionar contra estos ataques replegándose sobre si mismo.

Las experiencias de agresividad, si todo va bien, implican operatorias de separación, de existencia, es más, nos dice DWW: “la suma de experiencias de movilidad (agresividad primaria podríamos llamarla también) contribuye a la capacidad individual para comenzar a existir” (Ib. Pág. 294).

En el apartado “Sobre la naturaleza externa de los objetos”, nos plantea que en la salud hay una fusión de componentes eróticos y agresivos. En las primeras fases del desarrollo las experiencias eróticas se producen cuando el objeto es “subjetivamente concebido, personalmente creado” (Ib. Pág. 295). Es el componente agresivo el que permite la separación del yo de un objeto externo.

“El niño vive gracias a que se lo seduce hacia una experiencia erótica, pero aparte de la experiencia erótica que nunca da sensación de ser real, se halla una vida reactiva, puramente agresiva y que depende de la experiencia de oposición” (Ib. Pág. 298). Es decir de la frustración óptima que la madre suficientemente buena permite a su niño.

A lo largo de este artículo y con el paso de los años DWW desarrolla su pensamiento acerca de la agresión y vemos como este concepto se articula fuertemente a sus desarrollos teóricos.

II b. “Agresión, Culpa y Reparación” (1960)

Casi 10 años después de los artículos de “Escritos de Pediatría y  Psicoanálisis”, DWW escribe este texto donde profundiza un aspecto particular sobre la agresión. Como suele suceder con los escritos de DWW, no intenta ni generalizar ni sistematizar.

En los primeros párrafos dice que va a disertar sobre una “tema recurrente en el trabajo analítico… una de las raíces del trabajo de construcción” (Winnicott, 1960. Pág. 161) que lo vincula con el sentimiento de culpa al que representa como tensado (¿o será más bien presentado como una situación paradojal?) entre la destructividad y la actividad constructiva. Y de entrada nos pone a pensar que la agresión no tiene una raíz única o última sino que puede ser múltiple.

Para él la “simple secuencia” (que muy lejos esta de ser simple o sencilla) destruir un objeto – sentir culpa – construir implica un logro dentro del desarrollo emocional del individuo. Afirma  que en la temprana infancia (parece que DWW no es amigo de fechas exactas y aunque las diga rápidamente las desdice) el niño /bebé es incapaz de sentir culpa, es más, dice  que  “la temprana infancia  podría concebirse como un estado en que el individuo es incapaz de sentirse culpable” (Ib. Pág. 162). En este punto comienza a despuntar las diferencias con M. Klein, particularmente cuando para él mucho ha de suceder antes de pensar un yo que pueda experienciar sentimientos de culpa.

Aquí es necesario incluir dos conceptos, el de integración y su paralelo sostén. El primero da cuenta del desarrollo del yo mientras que el segundo es condición de cuidado del ambiente para que el primero se dé. Respecto del yo va a decir en otro texto que “(…) el principio está en el momento en que empieza el yo” agregando a pie de página otra paradoja, “conviene recordar que el principio es una suma de principios”. (Winnicott, “Los procesos de Maduración y el Ambiente Facilitador”, Paidós. Pág. 74)

Es interesante resaltar la importancia que DWW da a la experiencia y al ir haciendo la experiencia de… crear, amar, destruir, romper, construir y otras más, todas ellas base del estar vivo, del sentirse real y del vincularse con otros. Y esas experiencias son las bases de la integración que cuando falla (no radicalmente ya que nos encontrarías con patologías severas) se paga el precio de perder  “aquella destructividad que en realidad nos pertenece” (Ib. Pág. 163), apelando al mecanismo de proyección.

Estar vivo, sentirse real, tener un cuerpo, habitar un soma, vincularse con otros son frases que ameritan otro desvío en el texto. A veces sucede que DWW usa frases y/o palabras coloquiales que dan cuenta de un arduo proceso previo pero condición necesaria para pensar en un yo. Procesos que implican las maniobras necesarias (generalmente imperceptibles cuando todo va bien) que hace el medio ambiente: sostener, manejar y presentar.

En este artículo, DWW se centra más en la idea de destructividad que de la agresión. Plantea dos tipos de destructividad. La primera la podemos reunir bajo el nombre de reactiva (frente a la frustración, frente a lo despreciado, frente al miedo). La segunda la define como “inherente a la relación de amor” o  “forma primitiva de amar”. También la describe como “la meta destructiva presente en su forma más temprana de amor” o finalmente como “la destructividad  básica vinculada con el amor que es parte integral de uno mismo y que llamamos comer”. (Ib. Pág. 165/ 169)

A través de algunos casos clínicos nos permite pensar “…un aspecto del sentimiento de culpa que nace de la tolerancia de nuestro impulsos destructivos en la forma primitiva de amor. Dicha tolerancia genera algo nuevo: la capacidad de disfrutar de ideas (…) y de las excitaciones corporales correspondientes”. Ello lo liga con “la oportunidad de contribuir”, es decir, con la idea de ofrecer un espacio y un tiempo para hacer la experiencia de “aceptar la destructividad básica vinculada con el amor que es parte integral de nosotros mismos y que llamamos comer”. (Ib. Pág. 168/9)

Pero no siempre resulta constructiva. Muchas veces puede devenir en un falso uso de esta oportunidad, ser vivido como un reproche, caer en una depresión o utilizar la proyección como búsqueda de alivio frente a lo destructivo. Clínicamente es importante ubicar y discernir el momento emocional en el que se encuentra cada paciente para saber cómo intervenir y no perder una valiosa oportunidad de integración.

Estas ideas le permiten pensar y redefinir la destructividad compulsiva como problema específico tanto de la adolescencia como de la tendencia antisocial. (Ya que sobre este tópico versan los textos que forman parte de la compilación, donde se encuentra el texto trabajado y que hoy no pondremos a trabajar específicamente).

II c. “El uso del objeto y la relación por medio de identificaciones” (1969)

Al final de su vida, en el libro “Realidad y Juego” (Winnicott 1969), en el capítulo sobre “El uso del objeto y la relación por medio de identificaciones”, Winnicott vuelve a trabajar el tema de la agresividad poniendo especial acento en el uso del objeto, concepto inédito hasta ese entonces en el pensamiento psicoanalítico.

Acerca de la utilización del objeto su postulado principal será: el desarrollo de la capacidad de utilizar el objeto, resultante de los procesos naturales de crecimiento y su interacción con el ambiente suficientemente bueno, permite al niño escapar de los confines limitados de su mundo interior.

Winnicott establece una diferencia entre la relación de objeto y el uso del objeto. Dirá que la relación de objeto implica mecanismos proyectivos; el objeto adquiere un sentido pero aún no es reconocido como completamente otro. En cambio, la utilización del objeto involucra la aceptación de la existencia independientemente de éste, el objeto es percibido objetivamente y debe pertenecer a la realidad compartida.

No obstante, el pasaje de la relación al uso del objeto no se da de forma espontánea o innata,  para usar el objeto es preciso que el sujeto haya desarrollado una capacidad que le permita usarlos. Al comienzo el pequeño conoce nada más que el objeto subjetivo y, debido a la experiencia transicional, pasa gradualmente de la relación de objeto a la utilización del objeto. La experiencia transicional se encuentra en la frontera entre el inicio de la vida interior y la inauguración de su capacidad para reconocer la realidad externa.

DWW considera que lo que existe “entre”, es la ubicación que el sujeto hace del objeto fuera de la zona de control omnipotente, es decir su percepción del objeto como un fenómeno exterior, como una entidad con derecho propio.

En un primer momento el niño está en relación con el objeto, luego éste pasa a destruirlo. El sujeto destruye al objeto cuando se vuelve exterior, si el objeto sobrevive al quebranto, cobra valor para el sujeto por haber sobrevivido, entonces el pequeño puede pasar a utilizarlo. “Mientras te amo te destruyo constantemente en mi fantasía (inconciente). Aquí comienza la fantasía para el individuo. Entonces el sujeto puede utilizar el objeto que ha sobrevivido” (Winnicott, 1971, pág. 121). Siguiendo esta línea, ¿todo amor implica destrucción? ¿Qué relación hay entre autonomía y agresión?

De esta forma el objeto desarrolla su propia autonomía y vida… claro, si sobrevive y no muere en el intento. Gracias a la supervivencia del objeto, el sujeto puede vivir una vida en el mundo de los objetos, cosa que le ofrece muchos beneficios pero Winnicott dirá: “es preciso pagar el precio, en forma de la aceptación de la creciente destrucción en la fantasía inconciente vinculada con la relación de objeto” (Ib, pág. 122). Los objetos pasan por el proceso de “ser destruidos porque son reales y de volverse reales porque son destruidos” (Ib, pág. 122). Winnicott sostiene que la destructividad en la fantasía cumple un papel en la elaboración de la realidad.

¿Cuándo se pone en juego el mecanismo de la destrucción?

 El postulado central de DWW es que el sujeto no destruye al objeto subjetivo (material de proyección), pues la destrucción aparece y se convierte en un aspecto central cuando el objeto es percibido de manera objetiva, tiene autonomía y pertenece a la realidad compartida. La agresión tiene un papel fundamental en la formación de la realidad, pues permite ubicar al objeto fuera de la persona.

¿Qué hace experiencia? La posibilidad del niño de crear el objeto, en el sentido que éste encuentra la exterioridad misma. La experiencia depende de la capacidad del objeto para sobrevivir.

Para concluir Winnicott diferencia la agresión, de la aniquilación y del ataque colérico. Dirá que la aniquilación es más primitiva, originaria y  significa la destrucción real del objeto. En cambio, el ataque colérico, es un concepto secundario a la destrucción y refiere al encuentro con el principio de realidad.

Entonces, podemos pensar que para Winnicott la agresión es posibilidad, es potenciadora de sobrevivencia, hay alegría ante la supervivencia del objeto. A partir de este momento el objeto es destruído en la fantasía, la sobrevivencia fortalece la constancia del objeto, pues ahora se lo puede usar.

Reúne amor y agresividad, no como fuerzas contrarias sino como aspectos de una misma pulsión de base en su camino hacia la integración y un self capaz de vivir de manera creativa y de sentirse real.

Finalizando el juego…     

Por necesidades formales tenemos que ir concluyendo este trabajo, que sigue produciendo pensamientos en nosotras.

Acerca de la agresión, Winnicott tiene pensamiento propio. Su concepción sobre la agresividad difiere sustancialmente de la formulada por Freud y de la desarrollada por Melanie Klein. Para él, la agresión, junto con el amor, es innata, y el ambiente modula su orientación constructiva o destructiva. En consecuencia, la agresión no deriva de la pulsión de muerte, por lo que no hay un sadismo y envidia innatos, pues al comienzo la agresividad del bebé no tiene una finalidad dañina intencional; más bien considera que la agresividad primaria cifra su origen en la motilidad muscular del bebé, que intensifica los impulsos eróticos.

En Winnicott el amor y el odio constituyen los principales aspectos a partir de lo cual se elabora lo humano. A través de su obra DWW nos desafía a pensar paradojalmente;  Amar lo odiado y odiar lo amado ¿no es otra de sus paradojas?

 

BIBLIOGRAFÍA:

Green, A. (2008). Jugar con Winnicott. Buenos Aires: Amorrortu Editores.

Grego, B. (compilación). Lecturas de Winnicott. Buenos Aires: Editorial Lugar.

Gesammelte Werke, Sigmund Freud. (1940), Imago Publishing Co, Ltd, London.

Hartmann, Kris y Loewenstein. “Notas sobre la teoría de la agresión” en Revista de Psicoanálisis de New York, año 1951, Tomo 8, Número 3, publicado por la APA, pp. 402-429.

Winnicott, D.W. (1958). Escritos de Pediatría y Psicoanálisis. Buenos Aires: Editorial Paidós.

Winnicott, D.W. (1962). La Integración del Yo en el Desarrollo del Niño en los Procesos de Maduración y el Ambiente Facilitador. Estudios para una Teoría del Desarrollo Emocional. Buenos Aires: Editorial Paidós.

Winnicott, D.W. (1964). El Niño y el Mundo Externo. Buenos Aires: Editorial Paidós.

Winnicott, D.W. (1971). Realidad y Juego.  Barcelona: Editorial Gedisa.

Winnicott, D.W. (1989). Exploraciones Psicoanalíticas I. Buenos Aires: Editorial Paidós.

Winnicott, D.W. (1989). Sostén e Interpretación. Buenos Aires: Editorial Paidós.

Winnicott, D.W. (1954). Deprivación y Delincuencia. Buenos Aires: Editorial Paidós.

[1] Psicoanalista, presidente y miembro fundador de SPS. Mail: ricardoavenburg@yahoo.com.ar. Buenos Aires.

[2] Psicoanalista, miembro de SPS. Mail: reycheja@gmail.com. Buenos aires.

[3] Psicoanalista, miembro de SPS. Mail: babsvd@fibertel.com.ar. Buenos Aires.

[4] Psicoanalista, miembro de SPS. Mail:carovilas@hotmail.com. Buenos Aires.

[5] Psicoanalista, miembro de SPS. Mail: belen_sivori@hotmail.com. Buenos Aires.

[6] Psicoanalista, miembrote SPS. Mail: juliamengual@gmail.com. Buenos Aires.

[7] Revista de Psicoanálisis Tomo VIII – Número 3 – Año 1951, pp. 402-429.

[8] Insisto en agregar el término alemán “Drang” cada vez que aparece el término pulsión para que no se lo confunda con el uso que se le da en la traducción de Amorrortu.

Trackbacks

Leave a Comment

Plugin creado por AcIDc00L: bundles
Plugin Modo Mantenimiento patrocinado por: seo valencia