LA ESCRITURA DE CASOS CLINICOS EN PSICOANALISIS: ¿ESTUDIO DE CASO, DESCRIPCIÓN, RELATO O NARRATIVA? 

Ana Cláudia Santos Meira[1]

 

Resumen

Este artículo tiene como objetivo plantear cuestiones sobre el formato de la escritura de casos clínicos en psicoanálisis. Esta escritura tiene diversas nominaciones, como: caso clínico, estudio de caso, relato de caso, informe de supervisión, historia clínica, entre otras. Luego, debemos pensar: ¿Por qué tantas designaciones? ¿Será que la variedad de nombres no delata una molestia o una imprecisión sobre lo que, de hecho, hablamos? Un estándar psiquiátrico de presentación del caso clínico se estableció como una herencia que, ahora, debe ser deconstruída, para que nos encontremos, nuevamente, con un estándar mas rico, mas vivo, mas dinámico, de escritura de la clínica, como Freud desarrolló y nos ofreció.

Palabras-clave: Psicoanálisis, Escritura de Casos Clínicos, Casos Clínicos, Escritura, Clínica.

 

 

“Tengo miedo de escribir.

Es tan peligroso. Quien intentó, sabe.

Peligroso de tocar en lo que esta oculto.

– y el mundo no está a flote,

está oculto en sus raíces sumergidas, en profundidad del mar.

Para escribir, tengo que ponerme en el vacío

En este vacío es que existo intuitivamente.

Pero es un vacío extremadamente peligroso: de él saco sangre.

Soy un escritor que tiene miedo de la trampa de las palabras:

las palabras que digo esconden otras –

¿Cuales? Tal vez las diga.

Escribir es una piedra lanzada en el fondo del pozo”

(Clarice Lispector).

Escribir la clínica todavía más: todavía más peligroso, cuando escribimos sobre el oculto, el vacío, el profundo de donde todavía voltea sangre… tal vez por eso tantos nombres para designar la escritura: Caso clínico, estudio de caso, relato de caso, informe de supervisión, historia clínica son algunas de las denominaciones que se refieren – parece – a una misma cosa.

Todavía, sólo la constatación de que hay distintos nombres en la literatura y en las instituciones ya nos pone a pensar: ¿Por qué tantas designaciones? ¿Una de estas palabras no debería dar cuentade lo que buscamos definir? Bien, si pensamos que “deber” no es verbo conjugado en el Psicoanálisis, sabemos tener que seguir pensando si la variedad de nombres no delata una molestia o una imprecisión acerca de que, de hecho, hablamos.

Escribimos mucho, aunque, a veces, contrariados e impedidos de reconocer que la escritura puede ser, arriba de una tarea a cumplir en cada año de la Formación, una posibilidad privilegiada de habernos con nuestras más intimas y intensas vivencias. En especial, en nuestro oficio, la escritura de la clínica se va desde el material para la supervisión semanal – sesiones dialogadas, o un relato mas descriptivo sobre las sesiones de aquel periodo –, un resumen del caso con viñetas para el Seminario Clínico, el relato de supervisión del Segundo Año, hasta el Teórico-Clínico del Cuarto Año de Formación.

Presentamos la historia de un analizado y el progreso del tratamiento, algunos fragmentos o una sesión, pero, con cierta frecuencia, no incluimos lo que sentimos, pensamos e percibimos; lo que no fue hablado. Seguimos el tradicional estilo del “Analista – … / Analizado – …”, pero, ahí, ¿donde colocamos lo que ni él ni nosotros dijimos? Algunos ya se dan cuenta de escribir sobre lo que pasó para más allá de las palabras, pero, normalmente, esta es la parte que “hablamos” en supervisión, como si no hubiera espacio en el papel para esto, si al papel fuese destinado apenas lo dicho. ¿Pero es con esto que trabajamos? ¿Con lo dicho?

Creo que todos han pasado por la experiencia de – desde la graduación – tener que escribir sobre pacientes, preparar material para la supervisión, módulos y relatosde las pasantías, el trabajo final de la graduación. Si tuvieron la misma experiencia que yo, nos era presentado un modelo de obedecer, lo que tal vez, para aquella época, hasta estuviera bien. Un estándar psiquiátrico de presentación de caso clínico nos indicaba elementos que deberían ser seguidos: datos de identificación, impresión general transmitida, motivo de la búsqueda del tratamiento, historia anterior, historia actual; y, a veces, para empeorar, diagnostico, pronostico y “examen de las funciones del yo”. Y seguíamos…!

Heredero de una lógica científica en la visión mas limitada de lo que viene a ser esto, lo de la investigación cuantitativa, este modelo trataba con datos, y era con esto que nos ocupábamos: datos de la historia de alguien. Había un modelo a ser seguido. Íbamos llenando como una ficha de anamnesis, de tal manera que, si escribiésemos sobre varios “pacientes”, los relatos se parecerían mucho entre si. Y los nuestros con los de nuestros compañeros, y así sucesivamente – o así del mismo, en el punto fijo de repetición. Pero hasta ahí, todo bien; estábamos sólo comenzando…

Esto pasa a ser algo que nos invita a pensar cuando, terminada la graduación, hoy analistas en formación, por veces continuamos a reproducir este estándar de escritura de la clínica, imaginando que tal modelo consigue reflexionar lo que se pasa en nuestro encuentro con un analizado, que es así y que esta correcto. “Correcto” hasta puede estar; no es el punto. El punto es, antes, pensarnos que formato de la escritura es capaz de transmitir algo de lo que sucede en la intimidad de nuestros consultorios.

Y ahí hay un problema: el psicoanálisis no es condecente con matrices o formatos. Pontalis (2002)llama la atención: un relato de caso sugiere una narración linear, que rehace etapas hasta su conclusión, mientras la clínica no se desenrolla bajo la forma del relato.

Cuando un paciente permanece en la narración, se puede decir que todavía no esta en análisis, pues el se contenta solo en contar su vida o los acontecimientos de la semana, en hacer una especie de crónica de los acontecimientos que se tendrían pasado en la realidad. Por lo tanto, narración y análisis son términos que podríamos casi cualificar de antagónicos (Ibid., p. 30)

Sin embargo, no necesitan ser. Freud inauguró – más allá del psicoanálisis – una forma peculiar de escribir la clínica, distinta de la tradición medica de la época. Él mismo describe:

No siempre fui exclusivamente psicoterapeuta. Como otros neuropatologistas, fui preparado a emplear diagnósticos locales y electro pronósticos, y todavía me sorprende que los relatos de los casos que escribo parezcan cuentos y que, como si pudiera decir, les falta la marca de seriedad de la ciencia. Tengo  que consolarme con la reflexión de que la naturaleza del asunto es evidentemente la responsable por esto, y no cualquier preferencia mía. La verdad es que el diagnostico local y las reacciones eléctricas no llevan a ningún lado en el estudio de la histeria, al paso que una descripción pormenorizada de los procesos mentales, como las que estamos acostumbrados a encontrar en las obras de los escritores imaginativos, me permite, con el empleo de algunas formulas psicológicas obtener por lo menos alguna especie de comprensión sobe el curso de esa afección. Los casos clínicos de esa naturaleza deben ser juzgados como psiquiátricos; sin embargo poseen una ventaja sobre estos últimos, a saber: una llamada intima entre la historia de los sufrimientos del paciente y los síntomas de su enfermedad… (Freud, 1895, p. 124).

Freud era minucioso en la descripción de la vida y de la neurosis en los casosque había publicado, pero no se restringía a eso. Además de las informaciones detalladas sobre el caso, que juzgaba enlazar en los hilos de la neurosis, él iba construyendo y mostrando al lector la comprensión teórica de lo que sucediera en la vida del sujeto, en la formación de los síntomas y en el tratamiento. Ya alejado del estereotipo psiquiátrico, él nos regaló con narrativas dinámicas, en las cuales se va presentando los datos de la historia, exactamente en la medida en que ellos nos posibilitan acompañar su pensar analítico.

Será el proprio Freud, entonces, que nos convocará a abandonar el confortable lugar de dominio que tenemos cuando pretendemos apenas describir hechos y datos del caso. Bien, el psicoanálisis no trabaja ni con hechos ni con datos. Antes, ella se ocupa con aquello que está mas allá – o por debajo – de la exposición de acontecimientos y de la cronología de lo que ocurrió en la vida de aquél que nos busca.

Entonces, más que una exposición, nuestra escritura tendrá que ser tan dinámica como las tramas del inconsciente y el movimiento de la sesión. Será necesario que dispongamos a presentar más de lo que escuchamos con los oídos, pero aquello que fue escuchado por la atención flotante, sentido en la carne, vivido en la piel. Por lo tanto, tal vez mas de lo que la escritura del caso, será la escritura de la escucha, nuestra escucha con todo lo que ella es capaz de capturar, en especial de lo que nos pasó a nosotros en el lugar de analistas. De esta manera, sin embargo, nos exponemos más.

Nos exponemos más todavía cuando, en lugar de elegir un analizado donde las cosas están relativamente bien, la persona con quien trabajamos en la frecuencia mas alta, “un caso interesante”, muestra de nuestra capacidad y saber, elegimos escribir a partir de un caso que nos desacomoda, desestabiliza, lo que no sabemos, no conseguimos, con quien fallamos. ¿Y eso no es lo que se trata? ¿No es eso que, en el discurso del analizado, tendrá mas sentido? ¿Un agujero, donde tropieza, lo que falla, lo que escapa, cuando no se sabe? ¿Y si sirve a él en la sesión, por que no serviría a nosotros en la escritura? ¿La escritura de la clínica debe traer oxigeno a nuestras teorías, poner en juego el exceso de certezas y cuestionar ideas tomadas como absolutas; debe proponer debate, en un ejercicio de cambio de las posibles escuchas de diferentes analistas.

Acostumbrados a la protección de las cuatro paredes de nuestro consultorio, al posicionarnos en este otro lugar, cual sea, el de la construcción de una escritura viva de la clínica, ingresamos en una aventura que no es a priori conocida. Lo que ya fue conocido, vivido, fue la experiencia en la sesión. La escritura de esto es en sí otro acontecimiento psíquico. Por lo tanto, no podemos pensarla como transcripciónde una realidad vivida, como una cinta a ser desgravada: esta todo registrado en el audio, va todo igual al papel; nada fue creado y también nada ocurrió. El inconsciente no es la cinta gravada, no tiene cualquier objetividad y solo podemos escucharlo de forma genuina desde lo que es creado a partir de él, en el analizado y en nosotros. Nuestra escritura será unotro momento, de vivir de nuevo la misma intensidad de todo aquello que nosotros disponemos a vivir con nuestro analizado, del fondo del pozo a la superficie del papel.

Si necesitarnos un modelo, tendría sentido pensar en el modelo de la sesión que Freud nos propone, que ocurre libre y flotante, atención a las palabras y al sentido implícito, al sonido y al silencio, a lo que aparece y a lo que se esconde, a lo que se muestra y a lo que esta latente, a las vivencias de quien esta en el diván y a las de quien esta en el sillón. Al abordar el comienzo de la escucha de una analizada, en su tratamiento, Freud (1905, p. 939) compara: el “primer relato será como un rio no navegable, cuyo curso es desviado, algunas veces, por masas de rocas, y dividido, otras veces, por los bancos de arena que le quitan profundidad”.

Si usarnos la misma analogía para la escritura de la clínica, un relato fluidamente navegable, con todo lo que informamos sobre el analizado estará enlazado con los bajíos y rocas y montes de aquello que se dio en nosotros, pues también estábamos allá en cada sesión. Entonces, por más que prestemos un ordenamiento o una lógica secundaria a esta escritura, no podemos comprender la escritura de la clínica psicoanalítica como relato del manifiesto, o un texto sin la intensidad que caracteriza el profundo trabajo analítico.

No propongo que dejemos de presentar la historia del analizado, hasta en orden cronológica si fuera apropiado. Sin embargo, esto solo tendrá un significado si nos impulsar para el más allá, para lo que representa cada información ofrecida o cada evento narrado, para la historia que cuenta cada una de ellos y que marcas dejó.

La tridimensionalidad que caracteriza el encuentro analítico no puede perder fuerza cuando es impresa sobre un papel. Delorenzo (2001, s/p) señala:

Escribir, para un psicoanalista, es intentar dominar una experiencia difícil de decir, sea por su efecto de exceso o por la impresión de un vacío. Es intentar se apoderar de algo, cercar, imprimir, inscribir, tanto lo que obsesiona como lo que le escapa. Aquello que deseamos someter a la ley del lenguaje habita el registro de las pasiones dilacerantes, del horror y del placer ignorados, de los hombres mas locos y mas secretos.

En unintento de mantener en lo publico el dominio del privado, no podemos pasteurizar una experiencia que es del orden del subjetivo, escribiendo de forma objetiva y muerta a aquello que estaba vivo en el transito entre inconscientes de esta dupla. No podemos someter el conocimiento que tenemos del analizado a un proceso de paralización que roba de la vivencia toda la riqueza que ella tiene. De lo contrario, lo que veremos allí será un amontonado de informaciones, y nada que incluso se parezca con la experiencia que vivimos en la privacidad de nuestra clínica.

Freud (1905) habla de esto:

No puedo dejar de sorprenderme con la manera como los autores consiguen presentar relatos clínicos tan terminados y precisos de los casos de histeria. En la realidad, los pacientes son incapaces de proporcionar los relatos acerca de sí mismo. De hecho, pueden dar al medico muchas informaciones coherentes sobre este o aquel periodo de sus vidas, pero luego se sigue otro periodo en relación al cual sus comunicaciones son escasas, dejando lagunas y enigmas; y en otras ocasiones se queda antea nuevos periodos de completa obscuridad, no iluminados por una única información que tenga utilidad. Las conexiones, inclusive las aparentes, son en su mayoría desconectadas, y la secuencia de los diferentes acontecimientos es incierta. Durante el propio relato, los pacientes corrigen repetidamente un pormenor o una fecha, tal vez para regresar, después de mucha hesitación a su versión inicial.

La escritura de esta clínica solo puede caracterizarse con las mismas cualidades necesarias a un proceso psicoanalítico: como una escritura viva, con lagunas, fendas y enigmas, espacios para respirar. Irá abrir brechas, lanzar dudas, levantar cuestiones, planear otras posibilidades; al final, deberá producir pensamiento, tal como proponemos al analizado, en nuestra invitación a preguntarse sobre si mismo.

A ejemplo de lo que ocurre en la transferencia, esta escritura funciona como transporte que ignora tiempo, espacio y realidad objetiva. Como lograba Freud, esta escritura mas viva de la clínica hace el lector vivir como si con nosotros hubiese estado, en el calor del horario analítico. Por nuestra narrativa, el se siente participando, sufriendo con nosotros nuestras angustias, dividiendo nuestras dudas, compartiendo nuestras preocupaciones, sintiéndose también acompañado en aquello que, un día, solo, se preguntó.

Luego, tendremos de perseguir este estado tal que la escritura de nuestra clínica haga dragar el lector o oyente para la cena vivida por nosotros: que de ella sepa lo que pasó para mas allá de aquello que podría ser observado. Que nuestra escritura no sea solamente descripción de los dramas que enfrentamos, especialmente cuando todavía no han pasado a nosotros. Que una escritura viva permita que el otro escuche nuestra respiración apretada, nuestros dientes crujiendo, que sienta nuestro corazón taquicardia, que lea en estas líneas nuestros pensamientos, y en el sentido implícito lo que vivimos, cuando allá estuvimos. Que toque en aquello que es tocado en la análisis: en los dolores mas profundos, en los mayores sufrimientos, en la herida mal cerrada que no cicatriza, el pasado todavía actual.

Será a partir de ella y a travésde ella que transitaremos por la soledad del consultorio y por la compañía de quien, después, nos escucha; por las líneas del inconsciente del analizado y, entonces, por lo nuestro; para un buceo en las raíces sumergidas de la clínica y, luego, afuera de donde estuvimos sumergidos. Tal vez nunca sin miedo, pero sin – en función del miedo – evitar, huir o escondernos. La escritura es no solo la respiración del pensamiento, como decía el poeta Carlos Nejar; ella es un espacio de respiración del propio Psicoanálisis. Y de nosotros.

Referencias

Delorenzo, R. M.; Mezan, R.; Cesarotto, O. (2001). Narrar a clínica. Percurso, São Paulo, Vol. 1, Nº 25, pp. 105-110.

Freud, S. (1895). Estudios sobre la histeria: Caso 5. In: _____. (1981). Obras completas de Sigmund Freud. 4. ed. Vol. 1. Madrid: Biblioteca Nueva.

Freud, S. (1905). Analisis fragmentário de una histeria. In: _____. (1981). Obras completas de Sigmund Freud. 4. ed. Vol. 1. Madrid: Biblioteca Nueva.

Pontalis, J.-B. (2002). Entrevista. Jornal de Psicanálise, São Paulo, Vol. 35, Nº 64/65, pp. 29-47.

[1] Psicóloga, Master en Psicología Clínica (PUCRS), Doctor en Psicología (PUCRS), Provisional Miembro del Centro de Estudios Psicoanalíticos de Porto Alegre (CEPdePA), Cuarto Año del Curso de Formación Analítica en CEPdePA, Autora del libro “La escritura científica en el diván” (EDIPUCRS). Email: anameira@gmail.com. Porto Alegre-RS, Brasil.

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